Vio rasgarse el cielo
Homilía para la Fiesta del Bautismo del Señor (Ciclo B)
Juan es el precursor de Jesús. Su bautismo de agua, de penitencia, que expresa el deseo de ser purificados de los pecados, es todavía imperfecto y provisional. Puede desconcertarnos a nosotros, como desconcertó a los primeros cristianos, que Jesús fuese bautizado por Juan. Jesús no tenía pecado ni, en consecuencia, necesidad de ser purificado. Además, Jesús es superior a Juan.
¿Cuál es, entonces, la razón de su Bautismo? Santo Tomás de Aquino indica un motivo de ejemplaridad: “Cristo quiso ser bautizado para inducirnos al bautismo con su ejemplo”. Y añade: “por eso, a fin de que su incitación fuese más eficaz, quiso ser bautizado con un bautismo que evidentemente no necesitaba para que los hombres se acercasen al bautismo que necesitaban”.
El Señor, haciéndose bautizar por Juan, se acerca más a nosotros; se introduce entre los pecadores, se hace solidario con nosotros compartiendo, por decirlo así, nuestra suerte para de esa manera transformala en camino de salvación.
San Marcos escribe en su evangelio la visión que, apenas salió del agua, tuvo Jesús: vio rasgarse el cielo y al Espíritu Santo bajar hacia Él como una paloma (cf Mc 1,9-11). El cielo no simplemente se abre, sino que se rasga. Se cumple así el deseo expresado por el profeta Isaías: “¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!” (Is 63,19).
En el Bautismo de Jesús, Dios ha rasgado de un modo irrevocable los cielos, que ya no podrán cerrarse de nuevo. Se anticipa, en el Bautismo del Señor, lo que acontece en su Pascua, cuando en el momento de su muerte “el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo” (Mc 15,38).
A través de esta cortadura de gracia, Dios derrama su Espíritu en la tierra. Al igual que el Espíritu Santo sobrevuela en el momento de la creación las aguas originales del caos (cf Gn 1) desciende ahora hacia Jesús como una paloma. En Él, en Jesús, comienza la nueva creación, el mundo reconciliado con Dios.

No se equivocan quienes identifican el creer con un acto intelectual. Lo es. Se trata de un asentimiento. Pero el asentimiento no excluye, sino que incluye, una disposición moral por parte del sujeto.
Homilía para la solemnidad de la Epifanía del Señor (Ciclo B)
Homilía para la solemnidad de Santa María, Madre de Dios
No todos los santos están, ni estarán, en el Martirologio. A muchos santos solo los habrán conocido, en la tierra, quienes han convivido con ellos. Y tengo la convicción de que todos, más o menos, hemos conocido a santos. No a personas perfectísimas, no. A personas limitadas que, a su modo, según sus posibilidades, han respondido a la gracia de Dios. Personas que nos han querido, que se han sacrificado por nosotros y que, a pesar de sus límites, han sido íntegras, coherentes, fieles a sí mismas y, sobre todo, fieles a Dios.












