7.09.09

Tiempo de despedidas

Ha comenzado el nuevo “curso” y nunca un mes de septiembre me había resultado tan movido, la verdad. Es un mes de despedidas. Algunas más públicas que otras, pero todas tienen su importancia.

Por supuesto, está la del Nuncio de Su Santidad en España, Monseñor Monteiro de Castro, a quien tuve el placer de saludar por última vez en el CEU, hace ya algún tiempo, durante el transcurso de mi master. Un hombre con sus puntos fuertes, y sus puntos flacos. Muy humano, y un nuncio al que se echará de menos en España. Pero no, no me quiero detener solo en él. Mucho se ha hablado del nuncio y hoy es su despedida. Me parecía importante mencionarlo.

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4.09.09

Dimite Dino Boffo, director de Avvenire.

Una de las cosas que diferencian a Italia y España es que en el país verdaderamente “latino", la Iglesia posee varios medios, entre los cuales se cuenta el diario Avvenire, que está entre los más leídos de ese país.

Me ha dolido leer en estos días la polémica suscitada en Italia con Berlusconi, en la que el diario ha tomado parte, como todo hijo de vecino, y de hecho como le corresponde al ser un creador de opinión pública. Un diario tiene derecho a tomar una postura editorial aunque el objetivo de esa opinión sea un presidente del consejo, y su gusto por el sexo opuesto.

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31.08.09

(Media) oportunidad en Pueyo

En el Monasterio de El Pueyo toman el relevo. Los Claretianos se van, y “hereda” el monasterio el Instituto del Verbo Encarnado, que tuvo sus comienzos en Argentina, el 25 de marzo de 1984, fundado por el padre Carlos Miguel Buela. Su figura canónica es de Instituto religioso de derecho diocesano, con decreto firmado por S.E. Monseñor Andrea María Erba, obispo de Velletri-Segni, el 8 de Mayo de 2004.

La particularidad de este instituto es que, junto a la celebración de la forma ordinaria, incluye en su espiritualidad de manera habitual, la celebración de la forma extraordinaria, comúnmente conocida como ‘Misa Tridentina’.

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28.08.09

Confesarse, cosa de "tridentinos".

Leo, apenado, que hay curas que defienden la desaparición de un Sacramento de la Iglesia. La Confesión, Penitencia, reconciliación o como quieran ustedes llamarla, la instituyó, así como la Eucaristía, Nuestro Señor Jesucristo el día de Pascua:

“Recibid el Espíritu Santo a quien perdonareis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retuviereis, les serán retenidos” (Jn 20, 22).

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23.08.09

De reformas (o construcciones) veraniegas

Informábamos hoy en Infocatólica del último “soplo” que ha sentado bastante mal a Bastantes y Vidales. Lo cierto a pesar de desmentidos, no es una excesiva sorpresa, a tenor de las manifestaciones pasadas y presentes del antiguo Arzobispo de Toledo, Don Antonio Cañizares, y del propio Papa Benedicto XVI. Sorprende quizás lo rápidamente que se ha producido ese desmentido del Servizio Stampa. Sobre eso ya escribe Luis Fernando Pérez-Bustamante, y yo tengo poco que añadir.

El caso es que, a tenor de “reformas", el otro día comentaba con un religioso cómo la Forma Extraordinaria ha tenido ciertos cambios a lo largo de su historia, “reformas” que culminaron con el Misal que publicó el Beato Juan XXIII en 1962, y cuya apostilla ha sido la actualización de la oración por los judíos en el triduo pascual ordenada por Benedicto XVI (y que hasta donde yo sé se ha aplicado con ejemplar disciplina por las órdenes adscritas a Ecclesia Dei).

La discusión con este religioso fue francamente fructífera, ya que como seglar, no percibo a veces detalles que sólo una persona que hace de la Liturgia no ya el centro de su vida espiritual, sino de su vida diaria, puede aportar.

Me comentaba, por ejemplo, de cómo la Sacrosanctum Concilium del Concilio Vaticano II propuso cosas (que luego, obviamente se sacaron de contexto). El religioso me comentaba que en la Liturgia de la Palabra, las lecturas habrían sido más accesibles en lengua vernácula. Creo que a partir da la última reforma (1962) ya se comenzaron a leer las lecturas en lengua vernácula. También tratamos, algunos días antes de que volviera a aparecer la famosa carta del entonces Cardenal Ratzinger, la incorporación de las oraciones móviles, la ordenación de las lecturas bíblicas (calendario litúrgico), nuevos prefacios, oraciones y comunes que se usan normalmente en la forma ordinaria (algo que llevaría, sin duda, a un Misal de Benedicto XVI, dado el calado de esas reformas).

Sin saberlo, íbamos en la dirección que explicaba el Cardenal en aquella carta. Un rito, librado de los excesos modernistas, bien en lengua vernácula, bien en Latín, pero hilado con el misal de Juan XXIII -y quizás el de Pablo VI-, que no fuera una ruptura.

Porque no nos podemos engañar. Aunque en 1969 la disciplina imperante en la Iglesia facilitó la implementación del Novus Ordo Missae, o forma ordinaria, la ruptura fue en que no fue una reforma de la Misa, sino un misal totalmente nuevo, de lo que se deduce “ruptura". Precisamente, el Santo Padre es muy claro al respecto de que tienen “igual dignidad” (Cf. Motu Propio Summorum Pontificum), pero ha contemplado, durante todo el posconcilio, como se multiplicaban los abusos, las “liturgias creativas". etc. Todo amparado en el “Espíritu del concilio”

¿Es una reforma la respuesta?
Más que usar esa palabra, de amargo recuerdo protestante, soy de los que abogan por una reconstrucción. Los cimientos de nuestra Iglesia se hunden en 2.000 años de historia, y el “edificio” está dañado, quizás, pero está lejos de estar destruido. En su seno han surgido un buen abanico de movimientos que encauzan tal o cual modo de vivir la espiritualidad. Cuando se juntan, y trabajan juntos, surgen diócesis tan dinámicas como la de Toulon-Fréjus en Francia.

Y eso que apenas puedo hablar de focolares, kikos, etc. etc. Lo único que he tratado fuera de la iglesia diocesana ha sido a Opus Dei y Jesuitas, pero me doy cuenta de que los carismas que no me atraen a mi pueden ser un camino para otros. Es por eso que defiendo con uñas y dientes lo necesario de la forma extraordinaria: sin ella estamos obviando una parte importantísima de lo que ha sido, y desde luego aún es la Iglesia.

Por eso me alegra la “desmentida reforma", porque se va a poner remedio a los muchos prejuicios que sigue habiendo en torno a la forma extraordinaria y a quienes tratamos devotamente de expandirla en la Iglesia. Son cosas como estas las que dan sentido al término del conocido padre John Zuhlsdorf “brick by brick", es decir “ladrillo a ladrillo"…