Dos “feos” ante un espejo: CV y Ian Gibson
Conozco a dos enemigos feos de veras. Un tercero los reunió en su casa buscando hacerlos amigos. El par de feos se miraron en el mismo espejo, a la vez, los dos sobraban ante sus fealdades demostradas por quien nunca miente que es el espejo, el único confesor de nuestras intimidades físicas y psicológicas para quienes hablen solos por su casa, que, también, existen.
Uno de los “feos” es CV, quien en su último artículo para devotos empedernidos de sus fobias, pone al otro “feo”, Ian Gibson al pie de los caballos de la berlina donde fue tiroteado el general Prim, objeto del debate.
El irlandés ha ganado un premio literario andaluz muy cotizado, que Vidal no lleva en su medallero particular. Aprovechando esta ausencia hace un retrato de las fealdades de Gibson como escritor, historiador, extraño en este país, embaucador con huesos de un poeta fusilado en Granada, y fabulador de quienes fueron los que mataron al general Prim en la calle del Turco madrileña en los días finales de diciembre de 1870.
Vidal no se da cuenta que en ese retrato que le traza al “feo” de Gibson, está describiéndose él mismo con todas sus arrugas mentales, con sus fantasmas vivos o muertos, con sus métodos de corta y pega, con sus churros literarios llenos de agujeros chorreando aceite, con sus fobias persecutorias interminables.
Para Vidal, Gibson sobra en el mapa español. Porque Vidal es tan ególatra que domina todo el espejo ante el cual él mismo se dice: “Eres el mejor de los mejores, el único”.










