Las verdades del barquero según Federico Jiménez Losantos
Una madre deja salir a su hijo una noche de un fin de semana. Le promete el chico a la progenitora que no tomará alcohol. Ella espabilada en la cama conyugal va contando las horas de la noche. De repente se abre la puerta de la vivienda, entra una sombra tambaleante, se agarra a la percha para colgar el abrigo y vomita, consigue entrar en el aseo y vomita, se mete en la cama vestido y deja la última huella de su borrachera en el suelo.
La madre no se mueve del lecho, lo oye todo, musita algunas interjecciones, y deja amanecer. Se levanta y se planta a no limpiar las pruebas de una melopea de primera categoría. Hacia las dos de la tarde, el hijo sale de su dormitorio quejándose de un dolor fuerte en la cabeza y de un mal olor imposible de aguantar.
La madre le dice que ahí tiene las pruebas de su falsa promesa de no beber para volver beodo a la casa. El chico protesta, chilla, golpea y obedeciendo a la madre tiene que limpiar las señales de sus vomiteras sembradas en la casa.
Las pruebas fehacientes
Acabo de leer el libro El linchamiento, escrito por Federico Jiménez Losantos. He tardado una semana a caso hecho. He leído algunas partes dos y tres veces. He subrayado bastantes párrafos.




