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1.11.09

Que toquen a sus muertos

Siempre se dice que los políticos prefieren la paz de los cementerios, porque allí nadie les protesta ni les molesta. Libertad Digital presenta a estas horas la siguiente noticia:

“Familiares y allegados con seres queridos enterrados en la zona antigua del cementerio de la Almudena se han encontrado este domingo, festividad de Todos los Santos, con las tumbas levantadas y los restos retirados. El Ayuntamiento de Madrid, lamentan, no les había avisado.”

Está claro, los restos mortales, las cenizas no votan, no interesan al concejo madrileño. Pero estos difuntos tienen sus familiares, quienes al encontrarse a sus antepasados así van a emprender acciones legales contra el municipio de la capital de España.

Siempre es lo mismo: quien manda, aunque sea por la fuerza de los votos, toma a los ciudadanos como objetos de recambio, y a sus difuntos, los quita de enmedio sin más razones que los hechos consumados.

¿Si tratan así a los difuntos?, ¿cómo nos tratan a nosotros, los que vivimos y votamos?.

Con la punta de la bota del poder. Por eso, es bueno extraer una conclusión de esta trágica y mortuoria noticia, en esta noche vispera del Día de los Difuntos:

Los ciudadanos podemos mandar a las candidaturas municipales o nacionales, en la fecha de las elecciones, a convertirlas en cenizas transportables en urnas funerarias, para que ni vuelvan a robar, a trasegar con nuestro dinero, ni a tocar a nuestros muertos, que toquen los suyos propios.

Mientras llega ese día electoral, los cristianos rezamos por todos, vivos y difuntos, y rogamos al Señor que nos ilumine y ayude a respirar aíre limpio, nunca lleno del olor pestilente de la asentada corrupción que cubre el mapa de España.

Y los munícipes madrileños que toquen sus muertos, y dejen descansar a los de los demás, que no les han molestado y, a lo mejor, los votaron alguna vez.

Tomás de la Torre Lendínez

Un laico, graduado en Sagrada Teología

Es una persona de 42 años. Se llama Miguel Ángel. Casado y con un hijo de 14 años. Ha trabajado en el mundo del comercio. Ahora está en el campo de productos de belleza y de cosmética.

Un buen día decidió comenzar los estudios de Teología en el Centro Diocesano de Ciencias Religiosas, y ahora acaba de graduarse en Sagrada Teología con matricula de honor, ante un tribunal, que así lo ha calificado.

El modo de cómo ha sacado tiempo para realizar sus estudios teológicos solamente lo sabe Miguel Ángel y su familia. Ha hecho compatible trabajo, familia, estudios y demás compromisos.

Tiene un gran amor por la música clásica, singularmente por la coral, y en especial por el gregoriano. Posee una mediana biblioteca a la que admira, pues la ha comprado con el sudor de su frente. Tiene autores de Filosofía, Sagrada Escritura, Teología y Moral a los que ha leido y subrayado con mucho afán y gran esfuerzo.

Es un cristiano normal. No tiene su nombre inscrito en ningún grupo eclesial. No tiene ningún adjetivo destrás de cristiano. Ama profundamente la vida espiritual de los grandes místicos españoles pasados y presentes.

Lee y ora con San Juan de la Cruz, de quien tiene aprendida una gran humildad, una gran vaciedad del yo personal, para vivir libre y despojado hacia el Tú, que es Cristo el Señor. Me temo que estas líneas le caerán como un tiro, porque no desea salir en ningún medio público ni publicado.

Pero, hoy, lo traigo como ejemplo de buena persona anónima, como trabajador honesto, como esposo y padre responsable, cuando en toda la Iglesia es la Fiesta de Todos los Santos, y celebramos a tantos hombres y mujeres sencillos que vivieron el mensaje de Jesús y hoy gozan del Reino de los cielos.

Miguel Ángel, el teologo graduado a pulso, si no cambia su trayectoria vital, está en el buen camino para seguir a Cristo, y ayudar a otros en ese andar por el camino de la santidad.

!Ah, se me olvidaba¡. Mi amistad con Miguel Ángel nació cuando con 14 años lo tuve en clase de Religión Católica en un centro público.

Tomás de la Torre Lendínez