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12.01.09

Max Macram, un obispo de Sudán

Hace ahora catorce años, en las fechas anteriores a la Epifanía del Señor, tuve la oportunidad de conocer a un obispo negro valiente cien por cien. Se llama monseñor Max Macram Gassis.

Monseñor Macram Gassis es una figura casi legendaria en Sudán desde la primera vez que habló en contra de los abusos a los derechos humanos en su país ante un comité del Congreso de los Estados Unidos en 1988.
Monseñor Max Macram Gassis

Nacido en 1938 en Sudán, llevó a cabo sus estudios en seminarios de Italia e Inglaterra, regresando a Sudán para trabajar en una parroquia en 1964. En 1968, fue canciller de la archidiócesis de Khartoum, y cinco años después comenzó un largo período como secretario general de la Conferencia Episcopal Sudanesa.

En 1979, recibió un título en derecho canónico y de administración de la Universidad Católica. Se encargó de Caritas-Sudán durante los primeros años de la década de los ochenta y después de cinco años como administrador apostólico de la diócesis de El Obeid en Sudán central , que es tan grande como Italia, fue consagrado como obispo en 1988.
El nuevo obispo actuó como enlace entre los obispos católicos y el gobierno hasta que fue sometido a un proceso judicial por las autoridades por criticar en el extranjero los abusos a los derechos humanos cometidos en Sudán.

En 1990, a Monseñor Macram Cassis le diagnosticaron un cáncer y viajó a los Estados Unidos para ser tratado. Allí se enteró que el gobierno sudanés había prohibido su retorno. Esto se convirtió en un punto crucial en la vida del obispo. Dándose cuenta que se encontraba en una posición estratégica para denunciar ante el mundo los sufrimientos de los cristianos en su derruido país, Monseñor Macram puso al tanto a distintas Conferencias Episcopales y a representantes de gobiernos.

En estos momentos llegó a Andalucía para ordenar de sacerdote comboniano a un joven llamado, Alberto J. Eisman Torres, ceremonia que tuvo como centro el altar mayor de la Catedral de Jaén el 6 de enero. Este misionero está actualmente en Nairobi y a medias con otro compañero lleva un magnifico blog en: http://blogs.periodistadigital.com/enclavedeafrica.php

En aquellos dias de la mitad de los noventa, preparé una rueda de prensa para que monseñor Macram diera a conocer toda la situación en Sudán. Expuso las malisimas relaciones entre el gobierno islámico y la Iglesia, e invitó a que se publicara las aberraciones que el fanatismo musulmán estaba haciendo en su propia diócesis, a la que las autoridades no le dejaban volver.

Días pasados, el amigo Alberto, ante mi pregunta por donde andaba Monseñor Macram, me envió un correo electrónico donde me decía: “El obispo Max Macram sigue por el Sudán; ahora sí que puede entrar oficialmente e incluso en el primer encuentro que la Conferencia Episcopal Sudanesa tuvo con el Presidente Bashir, hubo ahí un abrazo al parecer bastante esperado y sentido después de años de condenaciones y amenazas.”

La libertad de expresión de Monseñor Macram me dejó una gran huella. Hoy deseo dejar constancia de mi agradecimiento a esta figura de la Iglesia sudanesa, tan perseguida como desconocida y pido al Señor le siga ayudando en su misión apostólica.

Tomás de la Torre Lendínez

Los laicistas, México y el Papa

Los laicistas están sacando, desde hace unos dias, la munición dialéctica otra vez. Con motivo de la Fiesta de la Sagrada Familia, en Madrid, perdieron todas sus previsiones y se tuvieron que meter en un rincón una vez más. Pero no cejan como los de la ceja.

Ahora la están montando con motivo del VI Encuentro Mundial de las Familias a celebrar desde el 14 al 18 en la ciudad de México. Y como no tienen argumentos sólidos contra este acontecimiento, que lleva en su progama el estudio profundo de la familia desde todos los puntos de vista: humano, cristiano, económico, educativo, transmisor de valores personales….y hasta la situación de las familias en situación irregular, como divorciados….

Entonces, la toman con que el Papa no esté presente, y mande al cardenal Bertone, como legado pontificio, y que solamente se hará presente Benedicto XVI por videoconferencia, algo que “tiene a los miles de personas asistentes muy desconectados de lo que en realidad debería ser el Encuentro Mundial".

Estos laicistas desean que el Papa enferme por la altitud de la ciudad mejicana, lo que ha llevado a los médicos aconsejar al Pontifice que no estuviera presente fisicamente, pero gracias a los medios actuales de comunicación, Su Santidad podrá estar en México y alentar con su palabra a todas las familias del mundo entero.

Como no tienen argumentos nuevos para atacar a la familia, los laicistas se les ocurre apelar al “descontento general” de los asistentes porque no pueden ver fisicamente al Papa. Menudos pájaros son los laicistas, a quienes la figura de Benedicto XVI les trae sin cuidado. Ellos van a su bola: a echar sombras sobre las luces, a ennegrecer la blancura de un montón de personas de todo el mundo que durante estos cuatro días estarán presentes en la reunión mejicana.

Así son los laicistas. Encima de miedosos, son unos embusteros, deseando que el Papa se vaya al otro mundo cuanto antes al precio que sea. Benedicto XVI sabe hasta donde su edad y su salud le permiten y es obediente a los médicos que lo tratan.

Y la gente presente en México es comprensiva ante la situación humana de una persona que tiene más de ochenta años. Por lo tanto no existe desánimo en el encuentro mundial. Ni mucho menos. Es todo mentira. Es un invento más de los laicistas, que se volverán a comer la propia lengua como les ocurrió con la misa en la plaza de Colón.

México será un éxito y los laicistas se cubrirán, una vez más de mentira, que es de lo que viven desde siempre.

Tomás de la Torre Lendínez