InfoCatólica / Tomás de la Torre / Archivos para: Noviembre 2008, 19

19.11.08

Un difunto con un móvil

Una familia amiga ha perdido a un ser querido. Están en el tanatonio el tiempo estipulado por la ley. Por allí pasaron un montón de personas al ser unos vecinos muy queridos en la localidad. Durante las largas horas de velatorio los teléfonos móviles no paran de sonar para expresar las condolencias correspondientes.

Un momento antes del funeral de entierro de cuerpo presente, los funcionarios del tanatorio le sugieren a la familia que si desean despedirse directamente del difunto, lo van a colocar en la capilla, donde le abrirán la parte del arcón que da a la cara del muerto, estarán a puerta cerrada y despues se comenzará la ceremonia fúnebre.

Así lo hacen. Todo resultó tal como estaba previsto. Estuvimos varios sacerdotes concelebrando la Eucaristía. Acabada la ceremonia litúrgica, se formó la comitiva camino del cementerio. Ya en el mismo, la caja fue introducida en el nicho. Los operarios comienzan a poner los ladrillos con el yeso sobre la entrada. Están terminando y perfilando con la plana para que luego se pudiera colocar la correspondiente lápida.

Pero, en ese momento, surgió algo inesperado. El silencio sepulcral del cementerio se rompió ante el sonido de un móvil. Todos se miraron unos a otros. Nadie era el culpable. Todos con sus caras de miedo, reafirmaban no ser el dueño del móvil insistente, que llegó a pararse. Los sepultureros están recogiendo los avíos de su trabajo, y el móvil vuelve a sonar, uno de ellos acerca el oído al nicho mortuorio, y pasmado constata que el sonido sale del interior de la tumba. Las treinta personas asistentes se retiraron despavoridas.

Uno de los hijos del difunto se mete la mano en el bolsillo de la camisa y comprueba que no tiene el móvil. Rapidamente cae en la cuenta: cuando le ha dado un abrazo al difunto, el teléfono se le ha caído dentro de la caja. El jefe de los sepultureros manda abrir el nicho para encontrar el dichoso móvil. Lo hacen y todo era como había pensado el hijo. Todo se acaba con volver a lodar la entrada mortuoria.

La familia consternada se retira de allí. Nadie desea recordar las escenas de miedo que han vivido. Pero la realidad es que los móviles sacan de muchos apuros y tragedias: accidentes de tráfico…pero también dan unos sustos inmensos a unos pobres familiares doloridos por la muerte del abuelo.

Ahora han celebrado la Eucaristía del mes siguiente a la muerte. Ahora lo narran entrecortandose las risas con las lágrimas. Como es la vida misma: sonrisas y lágrimas.

Tomás de la Torre Lendínez





Cuarenta "sin techo" andan por Jaén

Es dificil contabilizarlos porque no siempre están en los mismos sitios, pero según estimaciones de Cáritas Diocesana alrededor de cuarenta personas deambulan, haga frio o calor, por las calles de diversos pueblos de la provincia, fundamentalmente los núcleos urbanos más grandes.

Son los denominados “sin techo", personas que cargan a sus espaldas historias muy diferentes, algunas de mala suerte en la vida, otras de mala cabeza…pero todas con el mismo final: un banco del parque o unos cartones como cama. Como casa el demodelor frio de la noche. A lo sumo, los bajos de un puente o las instalaciones de un cajero automático.

En su auxilio acuden todos los días los voluntarios que Cáritas tiene en diversos puntos de la provincia. Intentan darles una solución a su problema, ayudarles a buscar un empleo y a que poco a poco la vida les sonría de nuevo. Pero no es fácil. Hay muchos que no se dejan ayudar, otros que han perdido la noción del tiempo y desconocen en qué mundo viven. En general, la autoexclusión planea sobre todos ellos.

En la ciudad de Jaén desde hace un año funciona el hogar de los sin techo, una acogedora vivienda, adosada al convento de Santa Clara en la que conviven diariamene en torno a una decena de personas, indigentes a los que el equipo de Cáritas ha conseguido “sacar” de la calle. Presicamente el próximo 23 de noviembre se celebra el Día de los Sin Techo.

Por desgracia, se calcula que un 30 por ciento de los ciudadanos vive por debajo del umbral de la pobreza, pero la cifra sube en los últimos tiempos a pasos agigantados. La crisis que todo lo toca y casi todo lo hunde, también se nota en Cáritas.

En los últimos cinco o seis meses ha crecido de forma muy importante el número de personas que acuden a pedir ayuda. Ese crecimiento se cifra en el 40 por ciento. Son personas que debido a la situación económica se ven incapaces de pagar la hipoteca, los recibos, incluso de poder comprar comida para alimentar a su familia.

La administración andaluza debe implicarse más con el problema de la pobreza, pues lo único que se ha conseguido en los años de bonanza es que los ricos sean más ricos y los pobres más pobres. La cifra de parados sube escandalosamente y las necesidades de las familias de la provincia aumenta hacia un futuro incierto y grave.

Y todo esto ocurre en la Andalucía imparable, según el slogan de la Junta de Andalucía, donde todos los males son y serán posibles, junto a un clientelismo atroz.

Tomás de la Torre Lendínez