Opaca transparencia
Los casos de abusos con niños y jovencitos nos llevan revolviendo meses o incluso años. El historial que se ha ido conociendo desde hace años, sobre todo en Estados Unidos, es terrible. Diócesis arruinadas, muchos sacerdotes implicados, y hasta obispos y todo un cardenal, McCarrick, que, en gesto del todo inusual, ha renunciado a su dignidad de príncipe de la Iglesia.
Los fieles han sufrido, están sufriendo, un auténtico shock, como lo estamos sufriendo los mismos sacerdotes. Es muy duro ver a tu Iglesia todo el día en la picota, abriendo informativos en los medios de comunicación, dando la impresión de que somos un nido de degenerados tapados por quienes debían cuidar del rebaño. Es lo que la gente siente: una panda de sinvergüenzas que se tapan unos a otros. No podemos seguir así.

De mis tres pueblos, y consiguientemente de mis tres parroquias, mis lectores conocen sobre todo Braojos. Pero La Serna y Gascones también existen.
Es como si una invisible barrera nos impidiera llegar al fondo de la cuestión. Constantemente leo y escucho lo que deben ser las prioridades de la Iglesia en esta hora del mundo. Unas veces que si el agua, otras que los pueblos amazónicos, por supuesto los pobres, las mujeres que sufren violencia, los emigrantes, los jóvenes, la gravísima cuestión de los abusos, el mundo homosexual, la violencia, el entendimiento con otras religiones.
De cuando en cuando algunos lectores me preguntan por esas iniciativas pastorales que se pusieron en marcha en mis pueblos, simplemente para saber si van bien, si continúan o simplemente si aquello acabó en fracaso monumental. De todo hay. Hoy quería hablar de la adoración nocturna, ese turno, de momento provisional, y que tuvo su primera vigilia en el mes de mayo.
No suelo repetir artículos. Hoy hago una excepción porque ayer hablaba con un compañero cura y volvía a salir el asunto.