Chantaje
Ceder al chantaje siempre fue un error. El que una vez lo aceptó, queda marcado para siempre. El chantajista ha descubierto que tiene el poder y desde ese momento hará lo que quiera con el chantajeado. Que no nos pase en la Iglesia, por favor. Porque nos podría pasar. A todos los niveles.
Imaginen una parroquia cualquiera. Imaginen que alguien te dice: “o callas de esto, o cierro el grifo”. Y tal vez como el grifo es de abundantísimo caudal, aunque el agua no sea de la mejor calidad, uno calla, consiente, acepta que el presidente de la hermandad sea Fulano a pesar de ser vox populi su vida del todo inaceptable, consiente en no volver a tocar el asunto de los vendedores de droga en el entorno y se olvida de eso que dicen de los trabajadores ilegales. Lo malo es que uno se justifica con eso de que se necesita el dinero para que la parroquia pueda sustentarse y hasta para realizar imprescindibles obras de caridad.

De crío aprendí eso de las nueve partes de la oración, eso de artículo, nombre, adjetivo, pronombre… Y dentro de los adjetivos, una clase que eran los adjetivos calificativos. No me enseñaron otra: los adjetivos descalificativos, de los que cada vez escucho y leo más, particularmente en el campo de la desinformación religiosa.
Se contaba que, en una ocasión, alguien se dirigió al generalísimo Franco para contarle que había estado de viaje en alguna zona de España y que había podido comprobar el descontento de algunas personas, así como constatar ciertos problemas sociales. La respuesta de Franco fue contundente: “menos viajar, y más leer la prensa”. La prensa entonces era o la del Movimiento, o casi, y ya se encargaba esa prensa, más que prensa pura propaganda, de señalar lo que había, lo que se decía y cómo se debía pensar.
Me gustaría lanzar una pregunta a los participantes del sínodo amazónico. Sería una pregunta compleja, pero fundamental. Una pregunta global, clave, trascendente: ¿cómo hacer que el mundo viva en paz y en justicia? ¿cómo lograr la conversión del mundo y la evangelización de la Amazonía?
Lo tengo comprobado y más que repetido. Todo aquel que pretenda quedar bien con todos lo único que conseguirá será no acabar bien con nadie. Pobre Iglesia nuestra.





