InfoCatólica / Joan Antoni Mateo García / Archivos para: 2013

10.03.13

Hace cinco años escribía sobre Pagola...

Los lectores atentos pueden localizar fácilmente en el histórico de mi blog lo que escribía hace cinco años sobre la obra más difundida y conocida de Pagola. Me permito recordar la conclusión de aquel largo análisis:

“A modo de conclusión
Después de releer el libro de Pagola en su versión en catalán y supuestamente revisada me pregunto sobre la impresión que se llevaría un lector de la obra al confrontarse con la presentación que la Iglesia hace ordinariamente de Jesús y de su historia. Difícilmente encajarían ambas lecturas en numerosos e importantes aspectos de la persona y mensaje de Jesús. Como decía la Nota de la comisión episcopal para la doctrina de la fe del 18 de junio del presente año, el “Jesús histórico” que presenta el autor es incompatible con el Jesús que presenta la Iglesia. Las causas de esta divergencia fueron profundamente analizadas en el estudio que suscitó dicha nota de la Conferencia Episcopal. Si Pagola hubiera aceptado el contenido de la nota de los Obispos habría tenido que reescribir “da capo” toda su obra. Es evidente que no lo ha hecho. Ha introducido una larga presentación a modo de claves de lectura de su obra, ha remozado algunos párrafos y ha ampliado su última parte. Pero todo continúa fundamentalmente idéntico.
Es evidente que la profesión de fe de la Iglesia no puede reducirse a una lectura histórica, por rica y completa que sea. Pero también es verdad que la profesión de fe no se produce sin la respuesta a una revelación que acontece en la historia. Jesús tuvo clara conciencia de su identidad de Hijo de Dios y lo manifestó en sus palabras y lo reivindicó con sus obras.
Volviendo a aquella reseña hecha en una hoja diocesana y que citaba al inicio de estas reflexiones, lo que el lector encontrará en la obra de Pagola no es la respuesta a la pregunta fundamental ¿Quién es Jesús? Y, de hecho, creemos que Pagola, no intenta dar respuesta a esta pregunta en su obra. El mismo dice al inicio del libro: “Los lectores encontraran en estas páginas un estudio histórico sobre Jesús que trata de responder a preguntas como éstas: ¿Cómo era? ¿Cómo entendió su vida? ¿Cuáles fueron los trazos básicos de su actuación y las líneas de fuerza o contenido esencial se su mensaje? ¿Por qué lo mataron? ¿En qué acabó la aventura de su vida?” (p. 7). Y ni siquiera encontrara, ni mucho menos, las respuestas que desde la lectura histórica de Jesús pueden darse a estas preguntas.
Me pregunto si lo que busca Pagola con ese Cristo rebajado no es presentar el cristianismo sin el escándalo de la divinidad de Cristo y sin el escándalo de su sacrificio en la cruz, ya que todo se reduce a mantener la bondad misericordiosa de Dios y a promover la dignidad humana. Pero Cristo de esta forma ya no sería el centro de nuestra fe y de nuestra vida. Y, ¿por qué habría de serlo si en el fondo era un simple profeta, por muy gran profeta que fuera, que murió por una causa noble y cuyo cadáver podría ser encontrado un día? Se trataría de un cristianismo sin escándalo alguno, un cristianismo secularizado y a la medida del hombre de hoy.
La lectura histórica de Jesús que hace Pagola sigue siendo del todo insuficiente. El autor declara en su obra que intenta seguir a Jesucristo, no siempre con la fidelidad que el querría, en el seno de la Iglesia Católica. Sinceramente creo que tiene la posibilidad de mejorar en esta fidelidad de una manera fácil. Que acepte de manera efectiva las observaciones que la Iglesia ha hecho a su libro y que las incorpore en una verdadera revisión de la obra. Yo creo que con ello prestaría un gran servicio y daría un excelente testimonio. Además, las buenas páginas que se encuentran a lo largo de la obra refulgirían con plena luz en un contexto renovado que no las desvirtuaría. Personalmente es el camino que yo intentaría seguir si hubiera escrito una obra y hubiera recibido las fraternas correcciones de la autoridad de la Iglesia".

Veo que no está tan lejos de la resolución de la Congregación de la Doctrina de la fe. Tampoco puedo dejar de preguntarme sobre los efectos de esta obra “peligrosa” en miles de lectores…

25.02.13

Pecados de la Iglesia, escándalos de la Iglesia, Iglesia pecadora... Un lenguaje a matizar

Recibo una pregunta sobre la Iglesia. Mi interlocutor parece que está perplejo ante el lenguaje muy extendido de “pecados de la Iglesia” o “Iglesia pecadora” y lo formula así:

¿SANTA O PECADORA?

Parece que la Iglesia tampoco escapa a la realidad de escándalo y corrupción. Oigo hablar mucho últimamente de los “pecados de la Iglesia”. Entonces, ¿podemos seguir diciendo que la Iglesia es santa? Y si no lo es, ¿podemos seguir confiando en ella?

Trato de ser breve en la respuesta:

Es evidente que un sujeto no puede ser santo y pecador al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto. Cada fiel de la Iglesia puede ser justo o pecador. Si es justo lo es por gracia de Dios que nos santifica. Y así hablamos de “vivir en estado de gracia”. Por el pecado podemos deteriorar o perder esta vida de gracia y podemos recuperarla por la conversión y la penitencia.

Ahora bien, me parece absolutamente impropio poner la Iglesia como sujeto de pecado. Podemos hablar de los pecados de los miembros de la Iglesia pero no equiparar la Iglesia a un sujeto pecador. La Iglesia es una realidad más grande que sus miembros actuales. Es una realidad que nos precede y en la que somos incorporados.

Podríamos compararla a una familia. Imaginemos una familia compuesta por padre, madre, hijos, abuelos, hermanos, primos…. Llamémosla la familia “X”. Imaginemos que algunos de sus miembros comenten maldades, fechorías y delitos. Sólo algunos de sus miembros. ¿Podríamos decir con propiedad que la familia “X” es una familia pecadora, una familia de depravados y delincuentes? ¿Acaso no la constituyen también miembros justos y honrados?

La comparación vale lo que vale pero sirve para ver la injusticia que supone denominar a la Iglesia pecadora por los pecados de algunos de sus miembros, aunque sean miembros significativos y numerosos. Evidentemente que el pecado de sus hijos hiere la santidad de la Iglesia, pero esto es otra cosa.
El concilio Vaticano II, en la constitución Lumen Gentium, número 39, reflexionaba sobre la realidad del pecado en la Iglesia con estas palabras: “La fe confiesa que la Iglesia […] no puede dejar de ser santa. En efecto, Cristo, el Hijo de Dios, a quien con el Padre y con el Espíritu se proclama “el solo santo", amó a su Iglesia como a su esposa. Él se entregó por ella para santificarla, la unió a sí mismo como su propio cuerpo y la llenó del don del Espíritu Santo para gloria de Dios».

Y el Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que la Iglesia, en muchos de sus miembros ha llegado a la plena santidad, especialmente en María, madre y modelo de la Iglesia. Por esto confesamos que la Iglesia es santa y debemos matizar adecuadamente cuando oímos hablar de “pecados de la Iglesia”. En la mayoría de casos suelen ser pecados y escándalos de “eclesiásticos” y confundir la Iglesia con eclesiásticos no deja de ser una forma de clericalismo a evitar.

5.02.13

Escarnios de la fe en televisión

Parece que alguna cadena de televisión caracterizada por un dudoso gusto y una notable animadversión contra la fe católica va a ofrecer una parodia del Sacramento de la Penitencia. No es casual que este producto que podríamos calificar de “excremento intelectual” aparezca a las puertas de la cuaresma cuando la Iglesia, insistiendo en el anuncio evangélico de la conversión, recordará oportunamente la necesidad del recurso habitual a la confesión para llevar una vida cristiana digna de este nombre.
Lamentablemente, muchos niños, por negligencia de sus padres, contemplan estas bazofias televisivas que tanto daño causan a sus jóvenes mentes y corazones. Debería ser una oportunidad para que los padres cristianos hagan a sus hijos una adecuada catequesis sobre este sacramento tan hermoso y por tantos tan olvidado.
Hace pocos días recibí una pregunta para la sección del Consultorio de Cataluña Cristiana. El tema es importante: los niños y la televisión. Aprovecho para ofrecerla ahora con su respuesta a los lectores del blog. Constato que muy a menudo, cuando los padres no asumen con competencia y responsabilidad su misión de educadores - misión que les confía Dios mismo- son otros los que “educan” y la televisión, entre otros, suele ser un medio de gran influencia. Hace unos años la denominé “la cátedra de Satanás” y, desgraciadamente, veo que es esto en tantas de sus modalidades.

NIÑOS Y TELEVISIÓN

¿Puede la televisión influir en el comportamiento moral de los niños? ¿Es prudente que un niño pase horas ante el televisor sin supervisión y criterio de los padres? Lo pregunto porque me sorprendió el caso de una joven madre que deja su hijo ante la tele durante mucho tiempo mientras ella hace las tareas de casa. Yo lo veo muy imprudente…

He tratado este tema en más de una ocasión. Sin duda que puede afectar al comportamiento moral pues la ficción recibida acríticamente deforma la percepción ética en la infancia. Hoy quiero citar como respuesta la opinión de un experto en comunicación. Dice así: “…sed muy prudentes con los niños. Casi hasta los tres años tendríamos que mantener la televisión fuera de su alcance, por lo menos de manera habitual… Para sus cerebros la carga de información suministrada por las imágenes televisivas es excesiva, tanto en calidad como en cantidad, y la tarea de juzgar esas imágenes es aún demasiado complicada… Los chiquillos son incapaces de desenmascarar los engaños, las trampas y las mentiras porque no tienen instalados los programas neuronales que filtran la ficción. Nuestros pequeños requieren mucha atención y mucho cariño. Mucho amor…” (Sebastià Serrano, Del amor, la mentira y la persiasión, Ed. Destino, Barcelona, 2012, página 83). Me pareen consideraciones muy prudentes y bien fundamentadas y válidas para todos. Yo añadiría que valen también en muchos casos para jóvenes adultos. Actualmente, muchos programas de televisión pretenden algo más que entretener. Están al servicio de ideologías que chocan en aspectos fundamentales de una concepción cristiana del hombre, la vida y el mundo. Pretenden adoctrinar, en el peor sentido de la palabra. A veces, comportamientos claramente inmorales, se presentan con la ficción como algo normal, incluso atractivo. Aprender a mirar la televisión no es tarea fácil y debería ser uno de los objetivos importantes en la misión educadora de los padres. Sin darse cuenta, padres y madres de familia pueden tener el enemigo en casa. Una película venenosa, un programa manipulador pueden tirar por los suelos muchos esfuerzos por educar bien a los hijos. Me decía una experta puericultora que es una lástima que los hijos no vengan al mundo con un completo manual de uso bajo el brazo. Esto nos hace ver la necesidad de preparar bien y a tiempo las jóvenes generaciones para asumir el cuidado y educación de los hijos. Sin duda, sería mucho más positivo que todos estos esfuerzos que se hacen para enseñarles a evitar los hijos.

Conclusión: Mucho ojo con lo que ven los niños en televisión. El mal puede llegar a ser irreparable.