InfoCatólica / Joan Antoni Mateo García / Archivos para: Diciembre 2008

6.12.08

Educar el corazón

Pregunta

¿Qué podemos hacer para educar a nuestros hijos en una visión más humana y cristiana de la sexualidad? La verdad es que estamos bastante desanimados. El mensaje con que les bombardean constantemente es éste: mientras se eviten embarazos no deseados y enfermedades, vía libre; además de poner a su alcance anticonceptivos, píldoras abortivas y, en breve por lo que sabemos, “formación y asesoramiento” al margen de los padres…

Respuesta

El reto, efectivamente, está en educar. En introducir a los hijos a la realidad vivida desde un sentido pleno, el sentido de Cristo. Estoy convencido que el primer paso de esta educación cuyos protagonistas principales sois los padres, es el testimonio callado del ejemplo, de la vivencia por vuestra parte de este sentido que pretendéis transmitir. Esto vale para todo, incluida la educación en la afectividad y sexualidad. Después de esto y junto a esto, la palabra razonada y convincente. Vuestros hijos son más razonables de lo que creéis. Hay que ayudarles con argumentos sólidos a contrarrestar esta nefasta contraeducación que reciben del poder de este mundo. Hay que hablar con ellos y con la máxima claridad. Muchos padres esperan y esperan y no afrontan la cuestión, y cuando lo hacen ya es bastante tarde. Hoy más que nunca debemos proclamar el evangelio gozoso de la familia y de la vida, de la sexualidad según el designio de Dios. Un primer asunto que deberíamos dejar claro es que en las relaciones sexuales no sólo intervienen los órganos genitales. El centro es siempre (si hablamos de una sexualidad humana y no simplemente animal) el corazón. Entiendo por corazón el centro de la afectividad. Y es precisamente el corazón el que recibe más destrozos en una relación sexual prematura, superficial e irresponsable. Superar una enfermedad y asumirla es difícil pero posible, asumir un embarazo no deseado es más que viable pero recomponer un corazón roto es harto laborioso y casi nunca se logra del todo. Muchos chicos y chicas inician su edad adulta con un corazón destrozado como consecuencias de la vivencia de una sexualidad desenfrenada. Arrastran en su interior grandes heridas que, a menudo, les imposibilitan de vivir con éxito un compromiso maduro como es el matrimonio. Y esto no hay preservativo que lo evite. El ser humano es cuerpo y espíritu en una unidad sin fisuras. La sexualidad es camino de amor y éste tiende a ser exclusivo. Esto implica la continencia y la guarda del corazón. Sólo podrá darse el que sabe poseerse. Hace poco, Josep Miró Ardevol escribía estas sabias palabras: “Potenciar la fidelidad, la responsabilidad en la relación sexual y su retraso hasta la madurez del sujeto es algo de puro sentido común. El que coincida con buena parte de lo que enseña la Iglesia refrenda la sabiduría mutua”. La educación afectiva y sexual, como parte de una preparación remota al matrimonio, es una de las más grandes urgencias educativas y pastorales de hoy.

3.12.08

Anotaciones a "Jesús. Aproximació històrica" de J.A. Pagola

Dado el interés que me han manifestado muchas personas por el análisis que realicé de la obra de Pagola en su edición catalano, reproduzco ahora mi escrito en el blog para que pueda ser consultado permanentemente por aquellos que lo deseen.

Anotaciones a Jesús. Aproximació històrica, de J.A. Pagola
(Editorial Claret, Barcelona, 2008, 684 pp.)

Hace un par de meses que circula por Cataluña una edición “renovada” del conocido libro de J.A. Pagola. Como es sabido, en su día, la obra recibió estudios críticos por parte de diversos autores y por la Comisión Episcopal de la Doctrina de la fe de la CEE. En su momento leí la obra en su edición española, los estudios y recensiones y la mencionada Nota de la Comisión Episcopal. También las respuestas que dio el autor a las interpelaciones recibidas. La edición en lengua catalana y algunas promociones de la misma me llevan ahora a expresar en el foro público algunas anotaciones de mi lectura. Hace pocos días, la hoja diocesana de dos diócesis de la Tarraconense escribía una breve presentación de la obra de Pagola. Decía así:

“Editorial Claret acaba de publicar la edición renovada de este libro después que en la primera edición en castellano estuviese acompañada de polémica. El libro es denso, con 692 páginas de texto y abundante bibliografía, pero su lectura no comporta ningún esfuerzo especial. “Parte de la investigación más reciente y sólida y nos acerca a la persona de Jesús combinando el rigor histórico con una presentación clara y agradable. El autor se esfuerza por “captar” el impacto que Jesús provocó en sus contemporáneos y lo narra con palabras sencillas a los hombres y mujeres de hoy”. Lo que pretende, en definitiva, es dar respuesta a una pregunta que continúa vigente más que nunca: “Quien es Jesús?” Pagola reconoce que se esfuerza para seguir a Jesús “no siempre con la fidelidad que yo querría, en el seno de la Iglesia Católica”.
(Full Diocesà Solsona/Vic, 26 octubre 2008)

Me pregunto si el redactor de la nota ha leído a fondo la obra y, conociendo las serias objeciones que ha planteado la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la CEE, ha consultado a los Obispos responsables de dicha hoja diocesana para su publicación. Tengo serias dudas al respecto .

Las líneas que siguen son fruto de una lectura y reflexión ágil sobre la reciente edición en catalán de la obra de Pagola. La lectura de la obra en catalán me lleva a constatar, en mi opinión, que siguen en pie las observaciones que la Nota de la Comisión Episcopal para la doctrina de la fe hizo en su momento para clarificar la obra de Pagola. Hecha esta observación paso a exponer algunas notas que he tomado en el transcurso de la lectura de la edición “renovada” en catalán, sin pretender ser exhaustivo, ni mucho menos.

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1.12.08

Testigos de Jehová a por los chinos

Leo en Religión en Libertad que Testigos de Jehová españoles aprenden chino para captar fieles entre los inmigrantes. La noticia me recordó una divertida anécdota que viví hace años con los Testigos. Por aquel tiempo yo estaba estudiando teología y acudía también a clases de Filología Clásica en la Universidad de Barcelona. Estando de vacaciones en mi pueblo natal, una tarde de verano llamaron a la puerta de mi casa dos jóvenes testigos de Jehová, un chico y una chica. Me dijeron que el mundo estaba muy mal y que se nos venía algo gordo encima. Me preguntaron si me interesaba conocer la Palabra de Dios y se ofrecieron a orientarme. Les hice pasar. Nos sentamos y sacaron su Biblia. Les pregunté si no tenían inconveniente en que yo usara mi propia Biblia. Me dijeron que no había problema. Fui a mi biblioteca y agarré una edición griega del Nuevo Testamento y un Antiguo Testamento en hebreo. Y empezó el diálogo. Me propusieron un texto del Nuevo Testamento y yo fui a buscarlo en el mío. La chica vio mi libro y exclamó: ¿Oiga, esto es chino o qué?
No era chino. Era la lengua con que se escribió el Nuevo Testamento, al menos, en los primeros papiros y códices que disponemos del mismo. Les pregunté dónde habían estudiado la Biblia, pues me parecía muy raro que unos expertos que se disponían a dar clase de Biblia ignoraran la lengua del Nuevo Testamento. Se pusieron muy nerviosos y me dijeron que volverían en otra ocasión. No los vi nunca más. Y ahora resulta que aprenden chino. Me parece muy bien. Ampliar los horizontes lingüísticos y culturales siempre es positivo, y a lo mejor, y esto es más fácil que aprender chino, se ponen a estudiar griego y algo de hebreo y empiezan a tener una comprensión más cabal de la Biblia.
La vida da muchas vueltas. El pasado curso académico, en una de las clases que impartía en el Instituto de Teología Espiritual de Barcelona me pasó una cosa muy curiosa. Se me acercó un alumno después de la clase y me dijo: Oiga, yo a usted le conozco. ¿Verdad que es usted de Tremp? Le dije que sí. Yo no le recordaba, pues hacía años que ya no vivía allí. Se dio a conocer. Era, nada más y nada menos, que el testigo de Jehová, anciano responsable de toda aquella zona del prepirineo y Pirineo, y por tanto, el responsable de aquel par de jovencitos que vinieron a catequizarme. Después de muchos años en los Testigos, el Señor le concedió la luz, como él mismo me dijo, y regresó a la Iglesia Católica. Ahora estudia teología, trabaja en un grupo que ayuda a salir de sectas y adicciones y es un buen amigo mío. Nos reímos mucho cuando le conté lo del Nuevo Testamento en griego que sus ex acólitos tomaron por chino.
Al margen de la anécdota, sí me parece muy digno de imitación por parte de los católicos este celo de los Testigos (no tanto sus métodos) por hacer apostolado y dar a conocer aquello que más valoran: su fe. Los inmigrantes de otras religiones que conviven con nosotros tienen el derecho de conocer el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo y consiguientemente nosotros tenemos el deber de anunciárselo. De la misma forma que la Iglesia envía misioneros a países y lugares lejanos para anunciar a Jesucristo, nosotros debemos ser misioneros para con los que viven con nosotros y todavía desconocen a Jesucristo. Proponer la fe, invitar a creer es sin duda uno de los mejores servicios que les podemos ofrecer.