Para ser santos nos sobran los peros, y nos falta querer (Mn. Jaume Melcior)

Del diálogo con personas estupendas, de amigos sacerdotes y llevándolo a la oración, nace este escrito-reflexión que deseo compartir con cada lector. Muchas veces nos pasa que el amor que le profesamos al Señor, queda entorpecido por nuestra debilidad. Una flojera fruto de nuestra inclinación al pecado, que nos conduce fácilmente, de la determinación de ser santos, a un simple deseo cada vez más tenue, que por tibieza y comodidad, tiende incluso a desaparecer, al dejarnos llevar por la corriente. Creo que hay dos perspectivas de la santidad, que nos suceden con frecuencia en el caminar por este mundo. La primera es muy gris y ceniza, cuando vivimos vencidos. Y la segunda que expondré, creo que cambia totalmente el enfoque y nos lanza a lo alto, pero ustedes juzguen.


Mientras en una casa frente a la Plaza, varios hombres preparan la imagen de la Virgen de Fátima (una réplica de la venerada en Portugal y que va peregrinando diversos países del mundo)…. a un lado de La Plaza, se fue formando una interminable cola de decenas de hombres, quienes se preparaban para el sacramento de la confesión. Muchos de ellos hacía tiempo que no iban a Misa ni se confesaban.









