El celibato ha venido para quedarse

El Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa analiza las bendiciones que ha traído el celibato a la Iglesia y las que va a seguir trayendo.
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25.03.23

El Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa analiza las bendiciones que ha traído el celibato a la Iglesia y las que va a seguir trayendo.
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24.03.23

Miguel Ángel Quintana Paz es licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Salamanca, donde tras disfrutar en el curso 1995-96 de una beca de colaboración del Gobierno Vasco, alcanzó en 1996 el Premio Nacional de Terminación de Estudios en Filosofía. También en la Universidad de Salamanca realizó sus estudios de postgrado, gracias a la beca de Formación de Personal Investigador de esa Universidad (1997-2001) y a una beca doctoral de la Fundación Caja Madrid (2001), con las que logró el entonces llamado «Título de suficiencia investigadora» (equivalente a los títulos de máster actuales) tanto en el entonces denominado Departamento de Filosofía y Lógica y Filosofía de la Ciencia como en el Departamento de Historia del Derecho y Filosofía Jurídica, Moral y Política.
Se doctoró en 2002 en Filosofía por la Universidad de Salamanca, y obtuvo el Premio Extraordinario de Doctorado de ese año gracias a su tesis doctoral Normatidad, interpretación y praxis: Wittgenstein en un giro hermenéutico nihilista. Es profesor y director académico en el Instituto Superior de Sociología, Economía y Política desde 2021. Ha sido profesor agregado en la Universidad Europea Miguel de Cervantes entre 2007 y 2021; y profesor adjunto en la misma entre 2006 y 2007. Fue profesor adjunto en la Facultad de Comunicación de la Universidad Pontificia de Salamanca entre 2004 y 2006.
Autor de numerosos libros y publicaciones es asiduo en los medios de comunicación como brillante contertulio. En esta entrevista analiza un tema cada vez más actual como las ciudades de 15 minutos y nos advierte de sus peligros y de su maldad intrínseca.
¿Qué son las ciudades de 15 minutos? ¿Cuál es el gran engaño que encierran, tras la apariencia de mejorar la calidad de vida?
Como toda propuesta del mercado político, las «ciudades de 15 minutos» son ante todo un eslogan bien sonante. ¿Quién va a negarse a tener a solo 15 minutitos de casa todo lo que necesita para su día a día? Ahora bien, como toda propuesta política de nuestras élites mundiales, este eslogan esconde una realidad menos benévola para la mayoría de nosotros. Porque lo que en realidad se está proponiendo es dificultar al máximo el transporte de un lado a otro de las grandes ciudades: alguien ha decidido que los vecinos normales y corrientes contaminamos demasiado por esa manía que tenemos de desplazarnos libremente. Primero nos subieron el coste del combustible para la calefacción, luego los viajes en avión, y ahora van a por nuestros desplazamientos cotidianos.
Por ello, las ciudades de 15 minutos en realidad deberían llamarse las ciudades de solo 15 minutos. Es decir, ciudades donde si quieres moverte fuera de tu barrio o ir más allá del perímetro que puedas hacer caminando, arrostres serias dificultades. Por ejemplo, si quieres llevar a tus hijos a un colegio que refleje tu ideario (y que quizá quede algo lejos de casa), el proyecto es que tengas que hacerlo solo en bicicleta o transporte público, pues en el momento en que quieras usar cualquier otro medio (un coche, por ejemplo, que es lo más cómodo si tienes familia numerosa) se te penalizaría con tasas especiales. O directamente se te prohibirá usarlo más de seis o siete veces al mes.
¿Hasta qué punto serían graves las restricciones a la libre circulación? ¿Podríamos decir que quedaríamos encerrados por tanto en una especie de ratoneras?
El intento más cercano que tenemos de imponer estas «ciudades de solo 15 minutos» es el de Oxford, que ha cosechado hace poco tal protesta por parte de sus vecinos que logró acceder a la prensa internacional. Su plan incluye cerrar numerosas calles al tráfico de los no residentes, implantar filtros para que por algunas calzadas solo puedas pasar unas pocas veces al año, limitar también las horas en que se puede circular por ciertas vías. Todo un enmarañado conjunto de normas que, para empezar, será difícil de recordar por el ciudadano corriente y, por tanto, le acarreará inevitables infracciones por descuido, con el consiguiente incremento suculento de ingresos por multas para los ayuntamientos.
Otro aspecto que no hay que olvidar es que todas esas medidas se controlarán mediante cámaras que sabrán en cada momento dónde nos encontramos cada uno: habrá que despedirse del antiguo privilegio de poderte mover por tu ciudad sin que tus gobernantes supieran si estás aquí o allá. Hay que remontarse a distopías como la de la novela 1984, de George Orwell, para captar la magnitud de toda la privacidad que perderemos.
Por otra parte, lo que está claro es que se implantarían todas esas prohibiciones y vigilancia ipso facto, mientras que la añagaza de que todos tendríamos todo lo necesario (hospitales, colegio, comercios, parques, administraciones…) a 15 minutos de casa sabemos que no se cumpliría con tanta eficacia como nos quieren hacer creer. Pero al que proteste por sus dificultades de acceso a esos recursos básicos se le tildará enseguida de enemigo del Medio Ambiente. Así que, aparte de perjudicado, se convertirá en un paria moral de la nueva sociedad.
¿Por qué muchas personas se niegan a ver este perverso plan?
La verdad es que tenemos un experimento reciente, el de la pandemia de covid, durante el cual se demostró que era fácil mantener a la gente encerrada en su casa, su barrio o su ciudad y sin demasiada oposición, siempre y cuando lo justificaras todo bajo la excusa de la Salud o la Seguridad. Ahora la nueva excusa será el Cambio Climático. Recordemos además que llegamos a vivir hace poco experiencias tan absurdas como las de que se nos permitiera caminar solo en un 1 kilómetro a la redonda de nuestro domicilio, cuando sabido es que un virus se contagia igual a 1000 que a 1200 metros de cualquier vivienda. Ninguna de esas medidas tenía fundamento científico alguno, como ya entonces se podía fácilmente comprobar. Pero todas fueron acogidas sin dificultad por una población acrítica, que incluso se puso a ejercer de vigilante o delatora de aquellos congéneres que nos negábamos a acatar estupideces.
El experimento social sin duda salió bien. El ser humano demostró ser, en este siglo XXI, tan manipulable como si no hubiera aprendido nada de los experimentos totalitarios del siglo XX. De hecho, hay una pregunta que nuestros antepasados apenas se hicieron (¿es legítima una orden estúpida?) y que cada vez urge más afrontar si queremos seguir siendo libres.
¿Cree que esto es algo a largo plazo o no es un plazo tan lejano?
El caso de Oxford, que acabo de citar, se aprobó en noviembre pasado. Para estas elecciones municipales de mayo en España ya hay partidos, como Más País, que exhiben este eslogan como la joya de la corona de sus programas. La Historia nos enseña que siempre que el poder ha tenido ocasión de tenernos controlados a sus súbditos, se ha apresurado a hacerlo. Rita Maestre, por ejemplo, candidata de Más Madrid a la alcaldía, se estuvo riendo el otro día en su Twitter de mis advertencias contra esta medida. No tengo duda de que, si llegara a alcaldesa, le encantaría tenerme controlado a mí, o a cualquier ciudadano que le lleve la contraria, cada vez que salimos de casa o si nos movemos de un lado para otro de la ciudad. Y que le encantaría hacerlo lo antes posible.
¿Puede haber resistencia ante estas imposiciones globalistas?
Puede haberla y la habrá. Pero será tildada de «conspiracionista», «enemiga del medio ambiente», «insolidaria», «populista». Los habituales adjetivos que emplean nuestras élites cada vez que nos resistimos a que crezca esta nueva desigualdad: la que les separa a ellas (que seguirán viviendo en lugares sin restricciones, o que podrán pagarse el incumplirlas) y nosotros, el pueblo. Por eso la defensa de ese pueblo, el populismo, es una opción política a tener cada vez más en cuenta.
Esto enlaza con el eslogan de Davos «No tendrás nada y serás feliz» o con la imposición de comer insectos, etc…
Sí, esos son ejemplos de otras medidas que nuestras élites han decidido que pronto marquen nuestras vidas. Si nos fijamos, todas apuntan en la misma dirección: desposeernos. Desposeernos de nuestra libertad de movimientos (durante la pandemia o en las «ciudades de solo 15 minutos»). Desposeernos de elegir nuestra dieta (cambiar la carne por comida sintética o insectos). Desposeernos de nuestros vínculos familiares o nacionales (la familia o la nación se publicitan cada vez más como entidades «opresivas»). Desposeernos, al fin, incluso de nuestras mínimas propiedades físicas («no tendrás nada»), esas que nos dan un reducto de seguridad, para que seamos siempre dependientes de un poder que se presenta como bondadoso (el que quieren aumentar ellos), pero que la historia demuestra que, siempre que se acumula, siempre acaba siendo despótico.
¿Quiénes están realmente detrás de esta dictadura totalitaria encubierta?¿Se podría decir que en el fondo buscan un cambio de paradigma, un nuevo modelo de sociedad?
Siempre digo que cuando la gente señala a tan solo un individuo o grupo de personas como los beneficiados de estos planes, ¡se me quedan cortos! ¡Ojalá fuera solo George Soros, o Bill Gates, o los ricos de Beverly Hills los que están detrás de estos planes!
En realidad nos encontramos ante élites muy diversas (luego volveré sobre esto) que han perdido la fe que ha marcado nuestra civilización judeocristiana-grecolatina durante los últimos 1700 años. La fe en que el ser humano es lo más precioso de la tierra (no somos solo un animal más, ni mucho menos un virus que esté malogrando el medioambiente; somos más bien imagen de Dios). La fe en que un rico privilegiado, por serlo, no es mejor persona que un pobre (algo que hoy, cuando solo los ricos puedan permitirse pagar las altas tasas ecologistas o vivir de modo «sostenible», también se va perdiendo). La fe en que tus obligaciones principales son hacia tu prójimo, tu próximo, tu convecino o tu familia (mientras que hoy se estimula la delación ante aquel que vive a tu lado y la obediencia a poderes lejanos, como el estatal o el supranacional).
En suma, se trata de todo un intento de cambio civilizacional. Adiós a Grecia, Roma y Jerusalén; hola a Davos, Bruselas y la ONU de Manhattan. A favor de este cambio están desde las élites empresariales (que favorecen lo que muchos llamamos un capitalismo moralista) a las del mundo del entretenimiento (hoy cada serie de televisión o película nos tratan de inculcar estos mismos valores). A favor están desde las élites periodísticas (que coinciden a menudo en un mismo relato, solo desafiado por fortuna desde las redes sociales) a las élites académicas (casi toda la universidad estadounidense está ya imbuida de esta misma ideología, y en España no le andamos a la zaga). Y a favor de este proyecto están, por supuesto, las élites políticas, que en realidad solo siguen a las otras cuatro citadas.
¿Hay salida ante un desafío similar?
Se trata de un envite contra nuestro modo de vida habitual, pero también contra el espíritu que lo anima, que nos anima desde hace siglos a los herederos de la Cristiandad. Así que solo podremos defendernos con las armas de nuestro espíritu. En especial con una, la fortaleza, que no en vano hoy está denostada con respecto a valores más blanditos: resiliencia, adaptabilidad, aquiescencia, «buenrollismo». ¡Incluso dentro de la Iglesia católica! Frente a todo ello, hay que recordar el cántico de Ana en el libro primero de Samuel: «Mi fortaleza en el Señor se exalta y mi boca sin temor habla contra mis enemigos».
Por Javier Navascués
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23.03.23

Rafael Nieto es Doctor en Periodismo por la Universidad San Pablo CEU de Madrid. Tiene más de 20 años de experiencia profesional, sobre todo en radio. Autor de varios libros, el último de ellos «Autopsia al periodismo». En esta ocasión analiza con motivo del Día Mundial de las personas con Síndrome de Down, celebrado recientemente, las razones por las que son muchas veces rechazados en esta sociedad hedonista, tanto es así que se les priva de nacer en la mayoría de los casos.
Recientemente se celebraba el Día Mundial de las personas con Síndrome de Down, un día que suele pasar muy desapercibido. ¿Por qué no hay apenas gente que defienda sus derechos y celebre este día?
En primer lugar, porque la sociedad actual es tremendamente egoísta, al contrario de lo que pregonan sus aduladores profesionales. Lo que no le toca directamente, no le interesa. Es un problema “de otros", no suyo. En segundo lugar, porque al faltar la presencia de Dios en la vida pública, falta también la conciencia de la dignidad del otro. Y si no son capaces de ver la dignidad de nadie, mucho menos la van a ver en una persona discapacitada. Cuando el hombre pierde de vista a Dios, al siguiente que pierde de vista es al prójimo.
Quizá el doctor Jérôme Lejeune fue uno de los mayores defensores que han tenido estas personas…
Sin duda. Lejeune es un gigante de la medicina, pero sobre todo de la humanidad. De saber entender la ciencia a la luz de Dios, lo que conduce a poner en práctica de verdad el juramento hipocrático, no como una simple declaración de intenciones teórica, sino como una vivencia práctica. Gracias a Dios, cada día tenemos a Lejeune más cerca de los altares.
Usted afirmaba en un reciente artículo que en España más del 85% de los niños con Síndrome de Down no llegan a nacer porque son abortados…¿Hasta que punto es grave este genocidio silencioso?
Pues es grave en la medida en que refleja ese egoísmo del que hablaba en mi artículo de NTV España. Cuando se asesina a un niño no nacido, la culpa es la misma que si hubiese nacido ya. Es una persona. Eliminar esa vida, aparte de cruel y terrible, es profundamente cobarde porque para que tú puedas vivir mejor (más cómodo y tranquilo) has tenido que matar a otro. Sé que estas palabras son duras, y que pueden provocar reacciones en contra, pero si callase esta verdad evidente, yo también estaría contribuyendo a perpetuar este problema.
Quizá una de la razones principales sea que al avanzar mucho las técnicas del diagnóstico prenatal, ya se puede ver con antelación y claridad si vienen con el Síndrome de Down. Y desgraciadamente la mayoría de la gente prefiere no tenerlos.
Sí, pero un adelanto técnico como ese no implica la toma de una decisión tan disparatada y criminal. La prueba es bueno que exista, porque significa conocer, saber. Lo que debe acompañar luego a ese conocimiento es una toma de decisión responsable, madura y humana. Una respuesta firme a favor de la vida de otro individuo que tiene el mismo derecho a nacer y a vivir que tú, sean cuales sean sus defectos.
¿Por qué esta sociedad hedonista es tan reacia a tener un niño con una incapacidad o minusvalía?
El hedonismo es la cara b del agnosticismo. No creer en la Providencia, ni en la Vida Eterna, implica agarrarse con desesperación a esta vida terrena (esta “mala noche en mala posada", como decía Santa Teresa), intentando acumular placeres y buenos ratos. Prohibido sufrir, prohibido darse malos ratos a uno mismo, ni siquiera si te los das por amor al otro. En esa “lógica hedonista” no cabe aceptar que tu hijo o hija va a tener una discapacidad de por vida (como el Síndrome de Down), la vas a tener que querer, ayudar y proteger más que a un hijo no discapacitado. Es demasiado para ellos porque no creen que vayan a poder recuperar nunca la “felicidad perdida".
Sin embargo usted en su artículo habla de la inocencia y la bondad que suelen tener los niños con Síndrome de Down. ¿Cómo refleja esta inocencia la bondad de Dios?
La nobleza de corazón tiene su origen en Dios, sin ninguna duda. Estos niños, incluso ya de adultos, carecen de maldad, son seres puros y auténticos, sin dobleces ni hipocresías. ¿De qué persona no discapacitada, en el mundo actual, se puede decir lo mismo? Seguramente, de muy pocas. La santidad consiste en eso, en ser como era Jesús incluso sin conocerlo, sin tener noticia de Él. Pero tratando a los demás con ese amor que sólo es posible en estas personas maravillosas, hoy tristemente excluidas de la sociedad, porque simplemente no se las deja nacer.
Incluso es muy curioso el caso de personas con Síndrome de Down que se llegan a superar hasta el punto de acabar carreras universitarias y tienen trabajos cualificados…
Por supuesto que sí. Algunos de ellos pueden alcanzar un grado de autonomía muy grande, y ofrecer grandes servicios a los demás. Pero ni siquiera esa perspectiva, totalmente real, supone para el colectivo una salvaguarda o protección. Sólo aquellos padres que tienen la valentía y la altura moral de querer tenerlos, pueden luego comprobar de lo que son capaces sus hijos.
¿Por qué es necesario que las familias tengan coherencia y coraje para tener un hijo con síndrome de Down?
En cierto modo, podemos decir que de ello depende la supervivencia de nuestra especie. La lógica materialista o utilitarista (o sea, las vidas que merecen nacer y existir son sólo las “útiles", social, laboral o económicamente) es una lógica perversa, antihumana, y que conduce al suicidio colectivo. Todas las vidas son útiles porque son dignas, y son dignas porque son obra de Dios. Esa es la realidad que debemos defender los católicos. Si aceptamos ese principio diabólico de enfoque utilitarista, cada vez se exigirá a los humanos más “perfección” para poder tener derecho a nacer, lo cual es una aberración intolerable.
Por Javier Navascués
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22.03.23

La isla de Madagascar es la más grande de África y la cuarta del mundo. Esta zona tan remota es tierra virgen para que la semilla del Evangelio arraigue con fuerza. La Diócesis de Morombe se encuentra en una de las zonas menos desarrolladas del país, con grandes carencias materiales y mucha pobreza intelectual. Pero allí en medio de la nada, en el desamparo humano más absoluto, Dios hace maravillas y suscita almas eucarísticas y muchas vocaciones al sacerdocio.
El P. Guillaume Norson estudió en el Gran Seminario San Juan Bautista de Vohitsoa (2004-2011) y fue ordenado sacerdote el 16 de septiembre de 2012. Lleva 10 años de vida sacerdotal. El Padre Guillaume apenas habla español y hemos tenido que traducir la entrevista del inglés, idioma en el que se expresa con más soltura. El mensaje es directo y muy potente en su sencillez.
¿Cómo nació su vocación sacerdotal?
Yo tenía 3 cebúes y 10 chivos a los 15 años, y mis padres los vendieron, entonces me dije a mí mismo que quería ir a estudiar. Como no había escuela en casa, pagué a alguien para que me enseñara.
Todo empezó cuando un día un sacerdote se perdió en su camino y providencialmente se detuvo frente a nuestra casa. Me preguntó si quería ser sacerdote, pero yo en ese momento no sabía bien lo que me estaba diciendo. Me dijo que me convirtiese en sacerdote para atender a las escuelas y a las iglesias en el monte… E inmediatamente después, con 15 años como dije, decidí prepararme para ir al seminario y años después, con la ayuda de Dios, fui ordenado sacerdote. Estoy muy feliz de hacer mi misión con los niños del monte.
¿Qué significa para usted trabajar en la Diócesis de Morombe?
Aquí soy como un enviado de Dios para mi diócesis y especialmente para los niños y la gente del monte. Esta diócesis es la fuente de mi vocación porque nuestro pueblo está en el monte, lejos de la ciudad. Sin iglesia, sin escuela, durante mi formación sacerdotal, mi corazón se conmovía verdaderamente de compasión al ver a los niños que no asistían a clase y a las personas que no podían orar. El gran problema que encuentro ahora es la falta de infraestructuras en la misión, pero no se como hacerlo porque estoy solo. Confío en Dios.
¿Cuál es la situación del país y el nivel de desarrollo de la zona?
Nuestra provincia se encuentra en el suroeste más subdesarrollado de Madagascar. Así que nuestra diócesis se encuentra todavía en una situación humana de falta de desarrollo. La situación climática es seca, falta de lluvia y los caminos son secundarios y desgastados. El nivel intelectual es muy bajo. Por lo tanto, se necesita mucho esfuerzo y hay muchas cosas que hacer, pero con la ayuda de Dios todo es posible.
¿Por qué es tan importante su trabajo con los niños en las escuelas?
Es darles un futuro mejor, permitirles tener las mismas oportunidades que los demás niños de la ciudad para salvarlos de la pobreza intelectual, de la pobreza física y sobre todo de la pobreza espiritual que tiene la gente del monte. El que les saca de esta situación es verdaderamente su prójimo y el Dios Todopoderoso es el que les da la vida.
Es clave su trabajo con los jóvenes con el movimiento juvenil eucarístico…
Sí, porque los niños y jóvenes necesitan acompañamiento espiritual. Les hago amar la oración y amar a Cristo con la adoración y la Santa Misa. Pronuncian sus votos por amor al movimiento eucarístico, que es el amor al mismo Cristo. Mi misión es hacerles amar antes que nada las cosas espirituales y la vida eterna.
¿Por qué surgen un buen número de vocaciones al sacerdocio?
Porque aquí la escuela es el verdadero vivero de la Iglesia y la fuente de la vocación religiosa y sacerdotal. Llevar a los niños a la escuela y enseñarles poco a poco la fe y el Amor de Dios es el semillero de nuevas vocaciones.
¿Es África por tanto el futuro de la Iglesia?
Estoy seguro de ello amigo porque hay mucha fe y las vocaciones en África van en aumento, y hay muchos misioneros africanos que ya hacen un gran trabajo en Europa y América.
Por Javier Navascués
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21.03.23

Daniel Arasa Favá (Tortosa 1944) es periodista, doctor en Humanidades y Ciencias Sociales e ingeniero técnico químico. Padre se siete hijos, durante más de cuarenta años ha ejercido como periodista, de ellos veintiséis como redactor jefe de Europa Press de Cataluña. Sigue colaborando en diversos medios, como “La Vanguardia” y la Cadena COPE-Cataluña. Fue profesor asociado de las universidades Pompeu Fabra y Abat Oliba-CEU, y es Defensor Universitario de esta última.
De los más de treinta libros que ha publicado en castellano y catalán, una veintena han sido de temas históricos sobre la participación de españoles y catalanes en la Segunda Guerra Mundial, los maquis, el franquismo y la Guerra Civil Española. De esta última se ha centrado en tres campos: el conflicto religioso y la represión en los dos bandos, la propaganda de guerra y la batalla del Ebro.
Ha publicado libros de temas religiosos como Entre la Cruz y la República, Católicos del bando rojo, Drets Humans i religió a Catalunya y Cristianos, entre la persecución y el mobbing, así como otros relacionados con la familia, tales como A las 9 en la luna. Un paseo a través de 50 años de amor imperfecto, Rafael Pich, pasión por la familia, o Un avi i set supernets. Fundador y Presidente de organizaciones familiares y culturales como la Plataforma per la Família, el GEC o CinemaNet, ha promovido y coordinado libros colectivos como 100 poetas y la familia, El aborto es cosa mía, de dos… de todos y Sobre por qué la gente no tiene hijos.
¿Por qué un libro titulado “Cine y familia?
El cine, por medio de películas, de series o de otros contenidos audiovisuales influye de una manera enorme en las personas. Y por ello mismo en las familias.
Precisamente por su influencia en las personas y en las familias creamos los premios cinematográficos “Familia”, para reconocer aquellos films que muestran valores humanos, familiares, educativos y sociales. Ahora, al cumplirse la 25 edición de dichos premios, editamos el libro “Cine y familia” para exponer y analizar muchos aspectos de la influencia del cine en la familia, así como aportar ideas que permitan aprovechar el cine en favor de la familia y de una educación sólida. Puede ser muy útil a los padres de familia y a los educadores.
¿Hasta qué punto es importante descubrir los valores que encierran algunas de las películas claves en nuestra vida?
El cine es un medio, no un fin. Lo realmente importante es la persona, la familia. Pero el cine que hayamos visto, sea en la gran pantalla, en la televisión, en el ordenador, el móvil, etc., de una manera u otra nos marca. Seamos conscientes o no, nos transmite e incorpora ideas, formas de ver las cosas, maneras de enfocar la vida, sentido de esta. Voy a ponerle un ejemplo. Cientos de millones de personas de todo el mundo vieron la película “Titanic”, de James Cameron.
Como escribe precisamente uno de los coautores del libro, lo que esta película transmite sobre las relaciones prematrimoniales, la forma de entender el amor de pareja, el noviazgo, etc., ha tenido mayor influencia en la sociedad que miles de charlas, conferencias o artículos sobre estos temas. Y en este caso la aportación ha sido negativa porque presentó el enamoramiento como lo sublime y que, en base a él, se puede hacer todo, sin ir ligado al compromiso de entrega que implica el verdadero amor. Al ser mostrado de forma tan atractiva, lo asumimos prácticamente sin darnos cuenta.
¿Por qué las películas tienen tanto poder para transmitir tanto los valores como los antivalores?
El cine es tan poderoso porque afecta a todos nuestros sentidos y a nuestros sentimientos. Es el arte que reúne en sí la imagen, el sonido, la música, el movimiento, el color, la narración. Ningún otro arte llega a todos los sentidos.
De otro lado, al igual que las palabras, las películas no son neutras. En lo referente a la familia y la educación pueden servir para conectarnos con los valores familiares o para contribuir a deteriorarlos. Sin caer en modo alguno en pesimismo, es innegable que una buena parte del cine actual más bien promueve antivalores en este campo. Normaliza como si fuera habitual y hasta buena la infidelidad matrimonial, aparecen muchos “tipos de familia” como si todos fueran válidos e incluso algunos que no son la familia natural son presentados como los deseables, muestra en ocasiones como positivo lo que son aberraciones, etc.
Pero, atención, también hay buen cine. Y no solo por sus características técnicas o por la calidad en la narración, sino porque aporta mucho en la línea de elevar a las personas.
Aconsejo a las familias y a los profesores que para ver películas con sus hijos y sus alumnos se informen bien de su contenido, y luego puedan comentarlo con ellos. También para poner en evidencia lo que pueda ser negativo y que quizás no se han dado cuenta.
¿Cuáles serían, por tanto, los valores en torno a la familia?
Los valores forman una unidad. Si nos esforzamos por mejorar en unos también lo hacemos en otros.
Sobre todo entre cristianos, para entendernos mejor será preferible hablar de virtudes, porque también hay valores negativos, o por lo menos muy lights, muy poco sólidos aunque no sean malos en sí.
En la familia se ejercitan todas las virtudes y en grado elevado. Unas humanas, aunque pueden estar impregnadas de sentido sobrenatural. Así, el amor tanto paternal y conyugal como filial y fraternal, la fidelidad, la generosidad, la sinceridad, la laboriosidad, el espíritu de servicio, la alegría, el orden, el espíritu de superación, la amistad, el respeto, el perdón, la magnanimidad, la paciencia, y muchas otras.
Pero, además, los cristianos sabemos que pueden formarse y vivir las virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza) y las teologales (fe, esperanza y caridad).
¿Por qué los padres, los educadores, están muy preocupados por la influencia de las series, las películas… en sus hijos y alumnos?
Porque tienen muy clara su propia experiencia y la de otras familias. A los niños, adolescentes y jóvenes puede influirles mucho más una serie televisiva que muchos consejos y discursos.
Voy a ponerle un ejemplo de los últimos tiempos, que es muy preocupante. Disney, ha sido el gran creador de conceptos y de entretenimiento en el cine de animación. El cine de dibujos para que lo entendamos en lenguaje corriente. Ha sido el referente mundial. Cualquiera de los lectores puede recordar Pinocho, La Cenicienta, Alicia en el país de las maravillas, Peter Pan, la Isla del tesoro, El libro de la Selva, Aladdin, El rey león y muchas otras. Ahora está mostrando figuras en clara promoción del homosexualismo, el mundo LGTBI+, del feminismo radical, etc. Se trata de inocular en los espectadores, y de forma especial a los niños y jóvenes, la idea de que esto es lo más normal del mundo, de que pueden escoger sexo o ir cambiando en función del deseo, etc.
¿Cuáles son los principales temas que están presentes en las películas con valores?
En todas las películas hay una transmisión de ideas. aunque sean de simple entretenimiento. Lo realmente importante no es plantearse hacer películas “de valores”, sino que estos estén presentes en su contenido. Estamos en lo referente a familia. No es necesario que en una película haya discursos en favor de ella, sino puede desarrollar una historia atractiva, una narración, en la que los valores de familia están presentes. Basta pensar en una película en la que los miembros de la familia muestran actitudes positivas de amor, de sinceridad, de esfuerzo, de esperanza. Una familia en la que los espectadores vean un ejemplo a seguir.
O en una película policíaca. No es lo mismo si se transmite odio y espíritu de venganza que en otra que el norte de los protagonistas es la justicia y el respeto a las personas.
¿Hasta qué punto es clave formar el criterio para que podamos apreciar los valores que nos transmiten estas películas y distinguirlas de las que difunden los antivalores?
A los hijos, a los alumnos, hay que transmitirles los conceptos centrales del sentido de la vida, tanto humanos como sobrenaturales. También estimularles a que tengan criterio propio, que no se dejen llevar ni por el que dirán, ni asumir todo lo que les llega. Esto vale para todo en la vida, no solo para el cine o las series. Y no digamos para la inmensa cantidad de contenidos de internet.
No se pueden poner barreras. Estas las pondrá la propia persona en base a una buena formación humana y cristiana. Si vive esta tendrá muchas más facilidades para detectar y rechazar lo negativo.
¿Por qué la película “Una historia verdadera” de David Lynch es muy importante para mostrar la fuerza que tiene la familia?
Es una película curiosa, que muestra el valor de la reconciliación y la fuerza de la unión familiar. Un anciano con un montón de achaques y que vive con una hija discapacitada se entera de que su hermano, con quien no se hablaba desde hacía muchos años, ha sufrido un infarto, y decide ir a verlo y acompañarlo, y viaja en lo único que tiene, una máquina cortacésped.
Una frase que pronuncia el protagonista sintetiza un sentido de la familia: explica que si se cogen pequeñas ramitas aisladas se pueden romper con facilidad, pero si se juntan unas cuantas ya no es posible. Y esto, lo unido, es la familia.
Del resto de películas con valores seleccionadas. ¿Cuáles son las películas que los ensalzan más?
A lo largo del libro se citan cientos de películas, porque es una obra de 16 autores y cada uno trata un aspecto distinto y cita varias o muchas.
Pero puede ser útil a los lectores anotar unas cuantas películas de diversas épocas con sólidos valores familiares: Qué bello es vivir; Las uvas de la ira; El violinista en tejado; Matar a un ruiseñor; Kramer contra Kramer; Wonder; Belfast; Qué bello era mi valle; Buscando a Nemo; La familia Belier; Girasoles silvestres y Cerca de ti.
¿Por qué una obra colectiva con la participación de 16 autores?
Hemos querido que fuera un trabajo realizado por colaboradores de CinemaNet en este 25 aniversario de los premios “Familia”. Son personas cualificadas. Con muy buenos conocimientos de cine, pero también en temas familiares y educativos. Muchos son profesores.
Por Javier Navascués
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Subdirector de Ñ TV España. Presentador de radio y TV, speaker y guionista. Ha sido redactor deportivo de El Periódico de Aragón y Canal 44. Ha colaborado en medios como EWTN, Radio María, NSE, y Canal Sant Josep y Agnus Dei Prod. Actor en el documental del Cura de Ars y en otro trabajo contra el marxismo cultural, John Navasco.
Tiene vídeos virales como El Master Plan o El Valle no se toca. En la actualidad colabora en Tradición Viva, Ahora Información, Español Digital, Gloria TV, Somatemps y Tribuna del País Vasco. También ha participado en Radio Reconquista en Dallas, Texas y en el programa de Javier Cárdenas de OK diario.
Pueden contactar con el autor: [email protected]
Guillermo Juan Morado
Javier Navascués
Daniel Iglesias
Fr. Nelson Medina, O.P.
Bruno M.
José Luis Aberasturi