4.02.22

El ciudadano de la Ilustración y de la Revolución francesa será exterminado por el sujeto digital

Entrevistamos al escritor José Sierra sobre su libro Sobre la pandemia y la política. El presente libro es una continuidad de las tesis del anterior trabajo: Orden cultural versus Orden digital…pero adaptadas y concretadas a la situación derivada de la declaración mundial de pandemia y a la aceleración de algunos de los procesos que allí ya se describían. (Parte 2)

¿Vivimos un cambio de paradigma como nunca hubo antes?

No. Creo que se trata del advenimiento del orden digital que está desplazando al orden analógico.

La digitalización, la automatización, la conjunción hombre-máquina, la robotización… todo esos fenómenos no son teorías. Como tampoco son teorías el impacto que está provocando el despliegue de esos fenómenos en el sujeto. Tampoco es teoría todas aquellas consecuencias que están produciendo su implementación, en el ámbito de los sentidos y de las percepciones, en el plano de los procesos de pensamiento, en las formas en que se generan nuevas dependencias tecnológicas o sanitarias, en la eliminación del factor trabajo ante máquinas automáticas, en la licuación de la familia sustituida por una exterminación de la finalidad del sexo convertido en puro placer…otra cosa es que se quiera ignorar.

No se trata, pues, de un nuevo paradigma. Es una hecatombe civilizatoria de sustitución total y absoluta de un modo de existencia basado en la razón y sus derivados (sea la teología, sea la política o sea la economía) por otro orden de existencia que se fundamenta en la información pura.

Este nuevo poder solo podemos entenderlo desde la materia de la que está constituido: información (bits y dentro de poco de qubits). Y tenemos que comprenderlo abarcando también tanto aquellas aplicaciones que procesan la información como a través de las infraestructuras en red que permiten su circulación.

El destino final del sujeto es la de convertirse en objeto, un objeto orgánico pero un objeto al fin y al cabo que existirá en la duplicidad del mundo que ha creado la información pura. Nada de alma, de espíritu, nada de salvación. Todo eso carece de sentido en un universo descarnado donde el hombre es tratado como una máquina y confundido después por una máquina.

Seguramente podríamos estar, por primera vez, frente a un acto estricto de creación: la de un sistema universal expansivo, integral y total que propende a la sustitución del principio de realidad natural por el universo artificial y de síntesis y del principio lógico, el del pensamiento, por la inteligencia digital que reduce todo a información y desecha todo lo demás.

Me censuran mucho con quienes hablo y muchas veces que sea tan brutal y que no tenga esperanza. Ya no hay absolutamente nada que pueda escapar de este agujero negro que representa el orden digital: una atracción fatal que engulle todo lo que se aproxima en el horizonte de su singularidad, los hijos de la oscuridad.

Malos tiempos para los hijos de la luz.

¿Cuál es el fin último de este Nuevo Orden Mundial?

No lo sé. En el libro soy muy reacio en utilizar terminología caduca o de semántica dudosa: posmodernidad, capitalismo, globalismo, élite mundial… y Nuevo Orden Mundial.

Para cierta teoría la globalización sería la fase actual del capitalismo que ha alcanzado a todo el mundo y a todas las esferas, no solo las comerciales. Un mundo global gobernado de facto por una élite global muy consciente y activa que tiene un programa que ejecutar y que está reflejado en las propuestas del Foro Económico Mundial, en la Agencia 2030 de la ONU o en los supuestos planteamientos conspiratorios de varias organizaciones mundiales de los grandes plutócratas reservados o secretos. Pero eso son meras hipótesis.

Esa teoría sostiene que esa élite mundial tiene representantes muy destacados y archimillonarios: la familia Rockefeller, Bill Gates, George Soros, etcétera.

Se trata de un modelo de interpretación simplista y que sigue conservando las esencias del modelo de buenos y malos tanto de la crítica marxista a la burguesía como de la del liberalismo respecto a la aristocracia: unos malos, muy malos, que se organizan para explotar y expoliar al mundo en su beneficio y unos buenos, muy buenos, que los sufren y que se organizan para revolucionar el mundo en el sentido de la igualdad y de la libertad. Por ahí ronda, sin duda, el mito eterno de la liberación.

Pero no estamos ante un Nuevo Orden Mundial sino ante un conflicto interno del orden analógico, un conflicto a muerte, como en todo enfrentamiento entre potencias analógicas.

Se trata del conflicto entre quienes defienden los principios y los valores del capitalismo del carbono y los que sostienen los principios y los valores del capitalismo del silicio o del grafeno.

El libro describe la situación actual remitiéndose a esa dinámica de conflictos entre partes opuestas del mismo orden cultural o analógico. Por ejemplo, Rusia y China están en tensión bélica con Estados Unidos y el resto de los países occidentales no solo por una cuestión de hegemonía geopolítica o de acaparamiento de los recursos del planeta, también por el distinto sentido de la existencia y la forma de gestión y ordenación de las sociedades.

La diversidad mundial engendra polaridad, enfrentamiento, choque y desafectaciones. Aquí, en un escenario de permanentes conflictos históricos, parece operar la infatigable ley eterna que ordena la perpetua competencia entre diferentes hasta la aniquilación completa del otro.

Mientras el orden analógico exista, presenciaremos esos conflictos irredentos. Sin embargo, lo que los hace actualmente temibles y definitivos sería que los medios para la destrucción de uno también sirvan para acabar con el otro. Y aquí, como en el dislocamiento de la seducción o en la locura desatada, no existe ni cálculo ni mesura.

El orden digital, por su parte, sigue su curso en paralelo al orden analógico, ni se mezcla ni pretende acabar con el orden analógico. No hace falta porque, ciertamente, quienes forman parte del orden analógico, con su soberbia y su poder, ya parecen que pueden hacer el trabajo de exterminio solos y sin necesidad de ayuda.

¿Hasta que punto lo que cuenta en el libro es algo perfectamente constatado y comprobable, lejos de peregrinas teorías de la conspiración?

Bueno, no participo de ninguna teoría de la conspiración. Me limito a hacer planteamientos y propuestas teóricas atrevidas que huyan de lo académicamente correcto o aceptable.

Pienso que la mal denominada vacuna contra el virus no tiene como finalidad reducir la población, por ejemplo. Desde hace tiempo en los países occidentales las tasas vegetativas de la población (la diferencia entre muertos y nacidos) son negativas: hay más muertos que nacidos. En España, pongo por caso, estaríamos reduciendo población desde hace décadas sino se hubiera inmiscuido la política permisiva de inmigración masiva e indiscriminada… que, ciertamente, tampoco se necesita.

Me constan que existen diversas alternativas médicas y de productos muy eficaces que la que proporciona el tratamiento universal de la vacuna y con menores consecuencias secundarias. Pero eso responde, evidentemente, a la pretensión de eliminar a los restantes competidores de las grandes farmacéuticas quienes se han adueñado, en el discurso sanitario público, de la vacuna como ‘solución única al virus’ y, por tanto, del fabuloso negocio que eso supone.

Sin esa calculada exclusión de otras alternativas de curas del virus y sin la imposición de un relato uniforme sobre la pandemia, la verdad, no hubiera podido implantarse del modo en que se ha impuesto la cultura de la enfermedad que no es más que una respuesta o solución artificial a un virus artificial para crear adictos.

No creo que haya un puñado de elitistas neomalthusianos que busquen la ruina del mundo occidental y la eliminación calculada y sistemática de los que sobran, de los inadaptados o de los rebeldes. Es una forma muy simplista de ver y entender las cosas que están sometidas a múltiples variables y a funcionamientos de sistemas muy complejos difíciles de modelizar o normalizar en normas.

Ahora bien, todo ese conjunto de saberes menores y de teorías que se denominan negacionistas, no presentan el mismo nivel intelectual de rigor y de seriedad. Se puede encontrar planteamientos muy rigurosos y estudios perfectamente catalogables como científicos que, por cierto, no han sido rebatidos en sus mismos términos salvo por exabruptos e improperios.

Pero también podemos comprobar la existencia de teorías conspiratorias distintas de las estigmatizadas como negacionistas. No puede negarse la existencia de otras propuestas, políticas, ideologías o como quiera decirse, que defienden grupos de toda condición, partidos políticos de todo el espectro y muchas personas en los países occidentales que tienden y llevan al mismo resultado que las teorías de la conspiración: políticas que se implementan como si fueran una bendición para salvar el planeta y a la especie de su exterminación cuando no son más que la consecuencia de su destrucción.

El ecologismo, una de cuyas ramas sería la denuncia del calentamiento global, es una teoría de la conspiración acientífica y determinante en la ejecución de políticas mundiales muy bien subvencionadas que, en el fondo, solo pueden alcanzar justo aquello que pretenden evitar: la destrucción del planeta y de sus sistemas primarios (energéticos, acuáticos, alimentarios, económicos, urbanos, etcétera) y, por tanto, producir un dramático impacto para los equilibrios precarios del comportamiento de las poblaciones.

Esa es la paradoja del ecologismo militante: que se constituye en un acelerador de la destrucción del planeta y de la población cuando ejecuta sus objetivos de preservación del medio y del calentamiento global.

Pero esa labor, suicida, también la podemos ver con la plasmación práctica del ideario feminista y su permanente ataque a la familia y al sexo biológico. Desde hace unas décadas también opera la ultradeterminación de la ideología del género con la consiguiente obligación de ser algo, lo que sea, siempre que no seas ni un hombre ni una mujer, dualidad afectada por el patriarcado.

Dentro de poco se debatirá sobre el ingreso mínimo vital como fórmula no tanto para asistir al necesitado de forma extraordinaria o de fuerza mayor y coyuntural, sino como medio para producir un ‘estilo de existencia’ adocenado, sin vigor, sin intensidad ni energía, siempre subordinado y dependiente a un destino sinsentido: la economía de la parvedad.

No me extenderé sobre el multiculturalismo, sobre la migración, el racismo positivo, los veganos, el nudismo y otras ideologías al uso.

No sé si esas propuestas son teorías de la conspiración positivistas al modo en que se habla de las otras, las negacionistas. Tienen muchas cosas en común y comparten idéntico desprecio por la complejidad y, sin duda, no son saberes científicos.

En ese sentido no es posible exigir, como indica su pregunta, constatación o comprobación a ese conjunto de saberes dispersos porque no estamos en el ámbito de la formación del pensamiento científico.

Es el debate científico el que ha padecido la exclusión más radical y de malos modos en todo este asunto de la pandemia. Se ha cercenando todo debate, todo intercambio de ideas o de perspectivas y de visiones tanto en el mundo de los medios de comunicación como también en los medios académicos y científicos.

No puede exigirse a esos saberes, negacionistas o positivistas, una aplicación rigurosa de los métodos científicos, de unos procedimientos técnicos, de unas condiciones de análisis, mediante la constatación de la falsabilidad de las hipótesis intentando refutarlas mediante un contraejemplo y que la comprobación o reproducción del método aplicado para alcanzar cierta hipótesis pueda realizarla cualquier otro científico.

Pero lo curioso, dicho sea de paso, es constatar que la inmensa mayor parte de los planteamientos supuestamente científicos sobre el virus y la enfermedad (el coronavirus) adolecen precisamente de seriedad y rigurosidad científica.

La literatura sobre el virus y la enfermedad es un torrente tortuoso y contradictorio, a veces lacerante, de opiniones imaginativas y de sinsentidos… seguramente formulados con la finalidad de ser suministrados y canalizados a través de los medios de comunicación y de información.

Esta situación de estupideces encadenadas se produce no tanto por la versatilidad del virus sino porque los supuestos expertos no saben de qué hablan y a la población no les importa nada más que su propio miedo y quieren ser consolados aunque sea con verdades falsas o falsas verdades.

A veces he estado tentado de pensar que esa patente confusión propiciada sobre el virus y la enfermedad podría deberse al hecho de que no existe el virus y, claro, ¿cómo puede hablarse con rigurosidad de algo que no existe? Para hablar de la nada tenemos la metafísica, pero para hablar de la nada del virus tenemos el totum revolutum de saberes confusos que pretenden dar cuenta de él.

Conviene, en todo caso, no mezclarse con esos saberes, de uno y otro lado, salvo para conocerlos lo justo, separar el grano de la paja, tener una voz propia, dudar de todo hasta alcanzar el convenimiento íntimo, y buscar hasta el agotamiento en el océano del sentido y de la verdad de las cosas.

¿Qué consecuencias prácticas tendrá para la vida del ciudadano?

El ciudadano de la Ilustración y de la Revolución francesa será exterminado. En su lugar tendremos al sujeto digital.

Todo el elenco de derechos del hombre serán sustituidos por uno y único: el derecho a estar conectado.

Y el ciudadano, desintegrado, se regirá por un único principio: convertirse en digital o desaparecerá.

¿Qué es lo que aportará al lector la lectura del libro?

Me gustaría aportar una sola: que reflexione y piense. Pido lo imposible, pero en algo tengo que parecerme al Calígula de Albert Camus.

10 comentarios

  
Marta de Jesús
Pues un poco desalentador, cachis.
No creo que estemos en la era de la información. Más bien de la desinformación. La ideología de género y sus inventos, pej, no están basados en información, sino en mentiras flagrantes aceptadas incluso por católicos. Ustedes creen que se basan en subjetividades. Pero no. O no solo en eso. Lanzaron tales teorías que se verían todos ustedes creyéndose cualquier cosa menos hombres heterosexuales. Y a nosotras las hembras llevaría a creernos cualquier cosa menos mujeres heterosexuales. En otros muchos temas igual. Cuando nos damos cuenta de lo pequeñitos que somos, nos hacemos conscientes de la necesidad de Dios para salvarnos. Y de que solo Dios basta.

En mí brilla la Esperanza y la Fe. Que también lo haga la Caridad, la más importante de las tres. Dios hará surgir un resto fiel 💓✝️🕊️🛐, del que le pido formar parte. Y nos protegerá, como al pueblo de Israel antes de Jesús, hasta su segunda y definitiva venida. No sé cómo. Pero eso creo.
04/02/22 11:07 AM
  
Nova
Que algo sea una hipótesis no quiere decir que sea falso. Y no todo son hipótesis, también hay hechos. Por ejemplo, el hecho de que existen elitistas malthusianos; ellos mismos se han revelado como tales, en palabras y en hechos. Además, bastante de lo que este señor plantea son hipótesis francamente.
Me encanta la respuesta final. Por lo visto, todos somos idiotas, menos él, que es el único que reflexiona y piensa. Pues hale, estupendo, oye.
Que conste que la entrevista me parece buena, no obstante. Todas las entrevistas de Javier Navascués lo son.
04/02/22 5:39 PM
  
Cos
Se trata de un modelo de interpretación simplista y que sigue conservando las esencias del modelo de buenos y malos tanto de la crítica marxista a la burguesía como de la del liberalismo respecto a la aristocracia: unos malos, muy malos, que se organizan para explotar y expoliar al mundo en su beneficio y unos buenos, muy buenos, que los sufren y que se organizan para revolucionar el mundo en el sentido de la igualdad y de la libertad. Por ahí ronda, sin duda, el mito eterno de la liberación.
Se trata del conflicto entre quienes defienden los principios y los valores del capitalismo del carbono y los que sostienen los principios y los valores del capitalismo del silicio o del grafeno.
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Estoy de acuerdo en que poco a poco se esta conformando una dictadura totalitaria de tipo tecnológico que se expresa en dos características: la capacidad de control del individuo y la reducción de éste a información. Además de la ruptura de la diferenciación entre natural y artificial y otras cosas que ha propuesto el autor: la búsqueda de la narcotización del individuo, la ruptura de las comunidades naturales, etc.
El globalismo está claro que no lo explica todo dentro del orden político mundial, siguen existiendo grandes potencias y grandes espacios de confluencia geoestratégica, pero lo significativo del globalismo es que actúa y es un actor transversal que puede llegar a penetrar las grandes potencias. Algunos creen que el globalismo tiene una impronta anglosajona, otras veces pareciera que China está detrás impulsándolo, pero también podríamos identificarlo con el escenario que dibuja el autor del nuevo orden digital. La tres afirmaciones no lo explican completamente, creo.
En cualquier caso aquí lo que nos importa no es tanto que el globalismo pretenda derrotar al "capitalismo de carbono" -curiosa coincidencia entre capitalismo de silicio y capitalismo financiero-, sino que en el orden político anula la capacidad de decisión de las naciones -el caso de España es especialmente patético- y, en el orden espiritual, se contrapone al orden cristiano, la economía de la salvación y los deberes para con Dios, nuestro Señor. Y, por supuesto, no cabe en ningún caso la falta de esperanza. Hoy como hace mil años, y como siempre ha sido, estamos y seguiremos estando en manos del Señor.
¡Cristo Impera!¡Viva Cristo rey!
05/02/22 10:28 AM
  
Cos
Por cierto, hay una palabra que sobrevuela toda la entrevista aunque el autor no la nombra, que es posthumanismo. Quizá no le guste.
05/02/22 2:04 PM
  
África Marteache
Nova: No es el único este señor, las librerías están llenas de libros con parecida temática. Ni es el primero ni será el último. La pandemia ni siquiera ha terminado, aunque le quedan tres telediarios porque la pandemia es, como casi todo, un asunto semántico y los sociólogos y otras yerbas se van a echar sobre el asunto en bandada. La pandemia no lo es por lo que supuestamente significa sino por cómo la llaman, el simple cambio de nombre puede convertirla en gripe y ahora ya toca dar el cambiazo. El asunto es: ¿qué interesa más? ¿Ampliarla para que la digitalización o el transhumanismo, como dice Cos, prosperen o dejarla inconclusa y en barbecho para cuando sea necesaria? ¿Será más conveniente seguir con el mismo virus o ya es suficiente porque la población ha entendido perfectamente que los virus nos acechan y a la COVID le seguirá otro? Un mundo virusizado es un mundo distinto que el que dejamos atrás y está claro que todo lo que contribuya a quemar etapas pasadas es conveniente. Aunque la aparición de la llamada "cultura woke", el LGTBI, la eutanasia y el aborto ya son suficientemente eficaces en cuanto a un reseteo de las mentes, una enfermedad de este tipo, es decir en la que el prójimo es un peligro, es de una eficacia total para fomentar la digitalización.
05/02/22 4:44 PM
  
África Marteache
La sustitución del hombre por el animal doméstico, como único acompañante vivo, ya es un hecho. Si yo tengo un perro y me digitalizo no necesito más: ese es el mensaje. De momento los perros no serán trasmisores de enfermedades porque no interesa, cuando hasta eso sea demasiado parecido a lo humano podemos sustituirlo por las piedras, que también son naturales pero no están vivas, y después hasta estas desaparecerán para que todo lo que nos rodee sea artificial.
05/02/22 4:53 PM
  
Marta de Jesús
Nova, me ha hecho gracia su comentario.

No es que haya que pensar mucho, además. Para lo concreto sí, cada uno en su materia puede aportar, aunque saber las cosas a ciencia cierta, complicado. Más bien vamos avanzando entre bruma. Pero en lo genérico creo que es más fácil la reflexión.
###El Mal está en un momento de mucho poder, al haberse producido un alejamiento de Dios por parte de sus criaturas. Pero Cristo volverá algún día en Gloria y Majestad. Solo hemos de preocuparnos de formar parte de su resto fiel. Sin miedo a la persecución si ésta se produjera. Creo que estamos en ese momento, en el de la formación de ese grupo fiel a Cristo_Dios. No en el propio del Anticristo que sería después, no sé cuándo. Seamos pocos o muchos, siempre con Él###.
06/02/22 12:49 AM
  
José
Todos estos "apocalipsis" que cita el entrevistado, están vistos desde una óptica occidental. Transhumanismo, ideología de género, materialismo dialéctico, malthusianismo, cientifismo etc,etc funcionan desde una óptica occidental postcristiana y si me apuran orientalista para incluir a China y países satélites ( budistas e hinduistas). Pero con quien no cuentan es con el Islamismo que es inmune a esas tendencias disolventes. El Islam se convertirá en el azote de Occidente y no sólo por enfrentamiento, sino por sustitución demográfica y religiosa. Al igual que acabaron con la civilización Romana y Cristiana del Norte de África y de la civilización Persa. Porque una Civilización se cimenta en una Religión, cuando acabas con una Religión esa Civilización se queda sin cimientos y cae como un castillo de naipes.
06/02/22 8:41 AM
  
Carmen L
El entrevistado dice:"Ahora bien, todo ese conjunto de saberes menores y de teorías que se denominan negacionistas, no presentan el mismo nivel intelectual de rigor y de seriedad. Se puede encontrar planteamientos muy rigurosos y estudios perfectamente catalogables como científicos que, por cierto, no han sido rebatidos en sus mismos términos salvo por exabruptos e improperios."
Agradecería poner un ejemplo de esto.
06/02/22 10:59 AM
  
África Marteache
José: Dudo mucho que el islamismo sea inmune a todo esto porque los musulmanes se quedan totalmente pegados a la tecnología, como cada hijo de vecino, y lo que tiene efectos para unos los tiene también para otros. Tienen más sentido de la familia y no andan con perritos por la calle, lo que hace suponer que el efecto será más tardío en ellos, pero ya lo dijo McLuhan: "El medio es el mensaje" y así como la imprenta despertó en ellos menos interés, la tecnología les encanta.
06/02/22 4:02 PM

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3.02.22

El sujeto digital está completamente desarraigado de la trascendencia, de los valores y de la familia

Entrevistamos al escritor José Sierra sobre su libro Sobre la pandemia y la política. El presente libro es una continuidad de las tesis del anterior trabajo: Orden cultural versus Orden digital…pero adaptadas y concretadas a la situación derivada de la declaración mundial de pandemia y a la aceleración de algunos de los procesos que allí ya se describían. (Parte 1)

Un libro sobre la pandemia y la política… no podía haber un tema más actual.

En estos momentos la pandemia parece competir con otro acontecimiento mundial: la expectativa de conflicto o no entre Rusia y Ucrania.

La pandemia nos trae la muerte y la guerra también. Pero ambos acontecimientos parecen estar afectados por el mismo síntoma: su descafeinización conceptual. Estamos ante una pandemia (casi) sin muertes y ante una guerra anunciada pero que no tiene lugar.

En ese sentido, creo, no sería muy correcto hablar ni de pandemia ni de guerra (hasta que llegue el momento en que se desate la muerte en proporciones bíblicas).

Se habla mucho de pandemia, por ejemplo, cuando en realidad detrás o al margen del fenómeno vírico solo te encuentras con una inmensa simulación técnica que determina el comportamiento de la población (el miedo), que moviliza a los colectivos de la salud (la vacunación) y que hace actuar a los Estados (imponiendo medidas restrictivas económicas y limitando derechos fundamentales).

No podemos sostener que todo sea una gran mentira, porque hay algunos muertos, la vacunación de la población ha alcanzado niveles asombrosos y las medidas limitativas económicas y jurídicas han campado a sus anchas durante estos casi dos últimos años.

Sin duda, no se trata de los efectos provocados por un virus que haya aparecido de pronto y que irrumpe en nuestras vidas y que parece tener una extraordinaria capacidad de adaptación taumatúrgicas a situaciones adversas. El virus es prácticamente innocuo. Lo que estamos viviendo no es más que el resultado, asombroso, de una simulación técnica, de una ficción virtual a nivel global que está arrasando y determinándolo todo.

No es un problema sanitario sino de otro orden, es decir, del advenimiento acelerado de un orden digital que ya estaba en ciernes.

De hecho han conseguido que no se hable de otra cosa.

La pandemia ha generado su propia narrativa, que es como su misma justificación, convertida en relato mítico y ha invocado a sus creyentes.

Es evidente que la fuente de formación del mito ya no es únicamente atributo del Estado a través del correspondiente ministerio o consejerías de sanidad.

Puede señalarse, directamente, a los medios de comunicación; también a los supuestos expertos y demás profesionales de la salud que han dado credibilidad al relato y lo han fomentado (aunque eso supusiera contradicciones permanentes); y, en medida decisiva, a la mayor parte de la población que ha asumido y actualizado, con su indolencia miedosa, el discurso endiosado del virus.

En ese sentido, estamos en presencia del virus de la información. Todos lo querían desde los mass media hasta cualquier individuo y cada uno ha hecho del fenómeno lo que ha creído oportuno: unos se lo creen y lo fomenta, otros no se lo creen y lo estigmatiza.

Lo que debe de constatarse en esta situación, la de la pandemia, es las ansias de la población de satisfacer su íntima e interna necesidad de creer impulsada por el miedo, el pánico y el terror de perder la vida. Hay mucho de comportamiento religioso en eso del virus, con sus prácticas patéticas (como la de llevar mascarilla en medio del campo o la de inocularse una pócima de eficacia incierta de forma regular… y ya van cuatro), seguramente porque desde que Dios ya no rige nuestra existencia no se ha sabido asimilar la orfandad trascendental.

Pero también es verdad que este fenómeno de la llamada pandemia tiene los días contados.

Creo que ha habido varios objetivos importantes y todos ellos se han alcanzado en mayor o en menor grado, sin perjuicio de su entera realización en un futuro cercano. Momento en el cual debe de plantearse el final del relato de la pandemia para ir favoreciendo y desarrollando otros fenómenos que gocen de las mismas características y que tiendan a reforzar las mismas finalidades que el relato del virus.

Primer objetivo alcanzado: Se ha producido un negocio inmenso para las grandes farmacéuticas y, sobre todo, se ha formado en la población un grupo elevadísimo de adictos o yonquis de nueva generación 1.0 (aquí entran todos los enfermos imaginarios o hipocondríacos, los que están vencidos por el miedo y la ignorancia, y toda esa turbamulta de creyentes del virus de todo tipo y condición) que mantendrán, con sus exigencias ilimitadas de requerimientos de ‘salud’, los beneficios futuros de las empresas farmacéuticas.

Se ha alcanzado, sin duda, el objetivo de hacer dependiente a la mayoría de la población de los medicamentos artificiales génicos y los de síntesis química.

Segundo objetivo logrado: Se ha constatado, incluso en contra de toda lógica política de liberación colectiva o individual, la total y absoluta aceptación por parte de la población de las restricciones y limitaciones económicas, jurídicas, emocionales, psicológicas… y, por tanto, se ha asumido una nueva clase de poder (incluso político) y del Estado ya no basado en la fuerza, en la violencia o en lo físico.

Ahora el poder ha transformado su naturaleza en poder integral, virtual y artificial, que impide que sea desobedecido.

Tercer objetivo alcanzado: Se ha señalado durante la pandemia qué sectores de la producción y de los servicios van a ser exterminados sin miramientos y qué otros van a seguir como esenciales. Ya no hay problema para aceptar de grado las próximas medidas como la desaparición del dinero en efectivo, la precariedad permanente en el trabajo por cuenta ajena, la percepción de una ‘paguita’ por no hacer nada…

La máquina, con la automatización acelerada que se implementará por todas partes, ya está en perfectas condiciones de expulsar al sujeto de todos los procesos de servicios y de producción innecesarios.

Cuarto objetivo: Lo presencial se retira de la escena y quedaremos frente a frente ante lo virtual. Todo eso impactará en nuestra forma de percibir y percibirnos. Se producirá una brutal sustitución, de grado o por la fuerza, de nuestras relaciones con el mundo, las cosas y las personas. A partir de este punto de inflexión antropológico que supone la eliminación de lo presencial (del mundo y de los demás), se convertirá en normal relacionarnos más y más íntimamente con una máquina que con otro sujeto.

Las implicaciones a que conduce ese hecho son inmensas y están sin analizar de forma exhaustiva salvo parcialmente y con aplicación de esquemas arcaicos de pensamiento insuficientes e inútiles para alcanzar suficiente luz.

En definitiva, para no hacer una enumeración exhaustiva, se ha alcanzado el objetivo central de convertir a la población en un recurso biótico y la pandemia ha sido el medio propicio para ello.

En el subtitulo distingue entre la vieja y la nueva política. ¿Qué es lo que distingue una de otra?

Esta pregunta exige una respuesta algo extensa. Pero voy a intentar sintetizar lo máximo posible la contestación.

La vieja política se limita a organizar a una colectividad definida formada por un conjunto de comunidades diversas. De entre todas las formas políticas posibles para alcanzar la toma de decisiones la vieja política, desde hace poco, ha adoptado el modelo de la representación democrática, modelo que presentan un progresivo vaciamiento hasta el punto en que, en estos momentos, ya no hay representado más que como excusa para justificar las elecciones regulares que cohabita con un representante que hace, literalmente, lo que le viene en gana con el voto.

No cabe duda que la vieja política, al menos desde el siglo XX y en unos lugares antes que en otros, precisa de la conformación de un tipo de sujeto preciso: el individuo de consumo, es decir aquel que piensa que puede elegir entre distintas opciones políticas del mismo modo como lo hace cuando elige entre una gama de productos o de servicios.

El individualismo de elección o de consumo sería, pues, la forma en que el sujeto expresa su dependencia y la subordinación al ‘todo’ en que está integrado (llámese estructura, sistema, capitalismo, etcétera).

Lo que caracteriza a este individuo en occidente es creer en el libre albedrío de forma absoluta, de modo que piensa que todos sus actos dependen de su propia voluntad.

En cambio la nueva política, la que parece que se irá imponiendo a partir de marzo de 2020 aceleradamente, tiene por finalidad ‘desorganizar’ lo que antes estaba ordenado conforme al modelo de la representación democrática, de la sociedad del bienestar y del consumo, de las formas de producción del capitalismo basado en la energía del carbono. Es decir, la nueva política aspira a desmantelar todos los elementos constitutivos de la sociedad conocida y todos los dispositivos que la identificaban y nos la hacía reconocible.

El tipo de individuo que precisa esta nueva situación, en este momento, es la de un individuo de transición entre lo analógico, que es de donde venimos, y lo digital, que sería hacia donde vamos. La verdad es que este individuo es indiferente a la representación política. Refractario a los hábitos, creencias, gustos, ideas, etcétera que animan al individuo de consumo, consumo que será eliminado y, por tanto, carece de todo sentido tener como centro de distinción del sujeto la ‘capacidad de elección’ cuando ya no habrá ofertas ni de bienes ni de servicios que adquirir.

Este individuo de transición está mediado por la tecnología digital sin la cual no podría ser definido ni reconocido. La digitalización no solo afecta a todo aquello que sea susceptible de ser convertido en información sino que, extendiendo su impacto binario, también digitaliza a todos los que se constituyen en nodos o puntos de la red en que discurre esa información: el sujeto se convierte en una terminal integrada, como un circuito integrado más, donde se almacena, se produce, se recibe y se transmite información.

Ese desmantelamiento de lo analógico es el que tenemos que analizar porque su eliminación implica que vendrá algo que lo va a sustituir. Por eso tendríamos que adelantarnos y ver, en lo posible, si podemos influir en el sentido de las transmutaciones tanto del poder como en el resto de los condicionantes de la existencia.

Tal vez deliro o se trata de una tarea imposible. Pero es lo que debería constituir la preocupación y la atención central de nuestra actividad teórica antes que seguir rumiando con categorías arcaicas que resultan inanes para explicar.

¿Cuáles son las metamorfosis más relevantes que se están produciendo en el ámbito del poder político y en el escenario del Estado como consecuencia del impacto de la tecnología digital y de la pandemia?

La tecnologización total de la existencia constituye la base de todas esas metamorfosis y que la pandemia, como medio, ha servido para hacer emerger y acelerar: la cultura de la enfermedad (que eliminará a los inservibles), la exterminación del trabajo frente a un capital automatizado y robotizado en todos los procesos de producción y de servicios (que eliminará al factor trabajo), la eliminación del ámbito de lo presencial frente a la potenciación de lo virtual (aislamiento, soledad, eliminación de la familia con el problema de la gestión de un sexo sin finalidad), la conversión de la existencia en una interrelación permanente y sustancial con programas y algoritmos de todo tipo (eliminación de la realidad, de las personas y de las cosas)…

Lo digital no tiene más propósito que diseñar de raíz toda la existencia de las poblaciones.

Y es evidente que en el plano del poder y de su ejercicio las cosas no van a funcionar como antes.

Siempre pongo el mismo ejemplo: en materia de tráfico se ha alcanzado un comportamiento generalizado determinado de aceptación con el semáforo que regula el movimiento de los vehículos y de los transeúntes. Bastan tres luces colores.

¿Puede imaginarse el efecto que está produciendo la acción concertada de las tecnologías de mano (móviles, tabletas, PCs, etcétera) en la percepción y en el moldeo cognitivo de los sujetos y con capacidad ilimitada de impactar y determinar el comportamiento presente y futuro de los ‘enganchados’?

La paradoja está en que cuando menos capacidad de elección existe en el sujeto digital, sobredeterminado por el uso de las tecnologías digitales, se produce una exaltación de la libertad como mito.

Trato de entender cómo funcionan las nuevas relaciones de dependencia digital. Sabemos que son condicionantes no violentos que ya no proceden del Estado ni de sus mandatos o leyes ni de sus dispositivos, es decir, la generación de las nuevas dependencias digitales se producen con independencia y sin necesidad de que actúen, se materialicen o se ejerciten las potestades del Estado. El comportamiento es automático y se alcanza sin el estímulo de una presencia o de una coacción física exterior del Estado: basta con estar integrado en la aplicación o dejarse llevar por el algoritmo.

La pandemia en todo esto ha servido para implantar, con la cultura de la enfermedad, otra nueva dependencia que se prolongará a lo largo del tiempo, que se perfeccionará y que culminará en un situación de subordinación física del sujeto a los nuevos medicamentos artificiales (ARN mensajero) producto de síntesis de la ingeniería molecular y biológica.

Mientras lo digital condiciona al sujeto en lo cognitivo, lo biotecnológico condicionará el cuerpo y el estado de salud del sujeto. Se trata de una conjunción de desplegamientos interdependientes y que actúan al unísono y de modo paralelo.

¿Lo que se busca a propósito sería, en última instancia, la exterminación de los sujetos inadaptados o refractarios al proyecto del orden digital? No estoy en estos momentos en condiciones de contestar esa pregunta.

¿Por qué esas incidencias están provocando un cambio radical en el concepto del poder, de su naturaleza y de su forma de ejercicio?

Si el moldeado de la conducta ya no procede de una exigencia exterior de los poderes del Estado sino de las aplicaciones y algoritmos que constituyen el nuevo sistema digital integral en red que tiene la capacidad de general un universo artificial y una dimensión cognitiva virtual, tendríamos que analizar varias cosas:

Primera: las nuevas relaciones de dependencia digital se producen masivamente y, en estos momentos, por las grandes empresas tecnológicas. No me interesa tanto cómo obtienen fabulosos beneficios sino, más bien, qué tipo de sujeto están forjando, qué clase de efectos y cómo están impactando y moldeando la cognición para generar un nuevo sujeto, el sujeto digital, completamente desarraigado de toda referencia a la realidad, al contacto, al pensamiento, a la trascendencia, a la familia…a todos los valores culturales.

Ya no se trata de jugar en la pantalla sino de integrarte, como un elemento más, dentro del mismo juego del dispositivo convirtiéndote en materia pura para la ficción. Eso es Metaverso.

Ya no se trata de que puedas elegir este o aquel producto o servicio, esta o aquella opción política, este o aquel tipo de diversión o de compañía. Se trata de que tu conducta sea predecible y que se te pueda predeterminar de modo absoluto antes incluso de tomar cualquier decisión. Eso es Amazon y todas las aplicaciones que utilizan los resultados del big-data.

Lo que nos invita a pensar que, evidentemente, todo ese caudal de potencialidades será o regulado por el Estado en su provecho o será asumido también por el Estado (que producirá sus propias aplicaciones que vayan más allá de una simple gestión administrativa).

Segundo: la tecnología digital tiene la virtud de crear un ámbito de existencia integral para el sujeto al que puede acceder fácilmente pero del que resulta casi imposible salir.

No es suficiente con explicarse el fenómeno achacándolo a una mera dependencia digital: un yonqui del algoritmo. Hay algo más: si te desconectas quedas sin vida (al menos la única que importa al sujeto digital), quedas neutralizado, un sujeto sin valor.

Solo habría que pensar en cómo hacemos muchas de las transacciones económicas, cómo accedemos a nuestras cuentas bancarias, cómo recibimos información de otras personas o de las instituciones, privadas u oficiales, cómo nos divertimos y obtenemos música, películas… no estar conectado sería como la muerte digital del sujeto.

Por tanto, estar o no conectado ya no es un acto de voluntad sino que representa la misma condición sine qua non de vivir en un nuevo ambiente, extraño al analógico, donde el sujeto forme parte integrada en un circuito digital y del que emana determinaciones y dependencias que, como el semáforo, ya no es posible desobedecer o resistir.

Eso sería uno de los efectos más fantástico de la dependencia digital que es como hablar de las nuevas relaciones del poder y del Estado: no puede ser desobedecido.

Por Javier Navascués

1 comentario

  
África Marteache
Ya lo estamos viendo: el individuo con el móvil, la tablet o lo que sea, y el perro. No es lo mismo ver a alguien leyendo un libro o rezando el rosario en un banco que dándole al móvil con un perro resignado echado a sus pies.
Con la edad la pereza para rezar o leer, que necesitan concentración, aparece, pero el móvil no se deja. Conozco personas de más de 80 años que se pasan todo el día con el móvil en la mano porque, independientemente de la pericia, la digitalización solo necesita concentrarse en el medio, no en el mensaje. Tocando esta tecla parece esto, tocando la otra aparecen emoticonos. ¡Qué bien!
El individuo que se enfrenta a un libro se enfrenta al pensamiento de otro que tiene que descifrar, el que reza se concentra en Dios o la Virgen; los medios digitales exigen la concentración en el medio, no en el mensaje. De hecho el mensaje puede ser una estupidez, así que se salta de una estupidez a otra por el mero hecho de saltar, y eso ya empezó con el mando de la TV.
Así que, eliminada la relación con nuestros semejantes, solo queda el onanismo del medio digital y el perrito que mueve la cola, el primero suple el conocimiento que dan el leer o el rezar y el segundo la presencia humana por el hecho de ser un animal (es decir casi como una persona que se toca y se observa) pero sin la pejiguera de tener que aguantar una voluntad distinta a la tuya.
03/02/22 4:23 PM

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2.02.22

Obituario de Javier Barraycoa ante la muerte de Luis Vives Suriá, para que conste que hubo hombres así

Comparto por su interés un emotivo obituario de Javier Barraycoa sobre Luis Vives Suriá, recientemente fallecido para que quede constancia de que hubo hombres así.

Rogamos oraciones por su eterno descanso. 

Luis Vives Suriá, mucho más que un amigo. Por Javier Barraycoa

Don Luis, como le llamábamos. Luis, como el insistía en que le llamáramos, nos ha dejado. Mejor dicho, Nuestro Señor le ha reclamado a su presencia, a su Juicio ineludible y, por su puesto, para desbordar sobre él su Divina Misericordia. Sé que se enfadaría si escribiera un melifluo obituario diciendo que “ya está en el cielo”. Él, católico a machamartillo, era consciente de que la bonhomía clerical, especialmente en las prédicas funerarias, era frecuentemente una negación de facto del dogma de la existencia del purgatorio y del infierno. Compartíamos frecuentemente, cuando alguien conocido fallecía, que el proceso de purificación, hasta gozar de la presencia de Dios tras la muerte, era prácticamente inevitable para todos, incluso para los más santos. Pero también tenía la confianza de que este paso fuera llevadero gracias a la intercesión de la Mare de Déu y san José, patrono de la Buena Muerte. Por eso, desde que inició su agonía, recé, sigo rezando y rezaré durante mucho tiempo por la salvación de su alma y para que interceda por nosotros. Eso es lo que él quiere, de ello estoy más que seguro.

En la relación de amistad pasa una cosa curiosa, nunca puedes decir exactamente cuando empieza, pero sí tienes por cierto cuándo existe. A Luis lo debí conocer hace tantos años que ni me acuerdo. Posiblemente fue en aquellas celebraciones de la Inmaculada Concepción, patrona del Requeté, en el Círculo familiar de Montserrat (una tapadera carlista), en la calle Bonavista del barcelonés barrio de Gracia. Correría el final de los 70. El tiempo pasa, sí. Coincidimos en actos carlistas ilustres como los de Poblet en los ochenta; o año tras año en la celebración de los Aplechs de Montserrat, pero entonces éramos simplemente correligionarios que coincidíamos en los encuentros. Son recuerdos aún difusos. Me acuerdo que durante unos años, cada tercer lunes de mes, pasábamos cerca de su casa para recoger a su hijo José Luis, en el coche del Juan Casañas, para cumplir con el turno de Adoración nocturna en el Tibidabo. Era el turno de “los carlistas”, hasta que hace poco un diablo vestido de salesiano decidió que adorar al Santísimo Sacramento toda la noche era una cosa del pasado y que era mejor expulsar a los adoradores del Tibidabo (pero esta es otra historia).

La crisis de la Iglesia la fuimos viviendo y sufriendo en paralelo. Eso es lo que nos llevó, por diferentes caminos, a reencontrarnos en la Santa Misa, en una capillita pequeña en espacio pero enorme en la gloria que daba a Dios. La “regentaba” en su jubilación el P. Mariné. Cosas de la vida, era el antiguo párroco fundador de la parroquia de  San Félix Africano, donde el requeté barcelonés celebraba muy muy antaño sus misas. Y donde yo, con 16 añitos, había acudido para formar en la guardia de requetés durante la Santa Misa. El P. Mariné fue un sacerdote muy querido por muchos, siempre fiel a la Tradición y uno de esos grandes santos que pasan por el mundo sin hacer ruido, pero sembrando el bien sin parar. En esa época, me di cuenta que Luis ya era un amigo -hablo de la verdadera amistad- además que un correligionario. Junto a otro excelente amigo de Valls (y muchas buenas gentes imposibles de relacionar aquí), hicimos lo posible e imposible por mantener la Capilla de Nuestra Señora de la Merced. Éramos pocos los que asistíamos hace 20 años a la capilla, pero hoy se desborda de fieles cada Domingo.

Son imborrables las tertulias en la calle Laforja, al salir confortados por la Santa Misa. Las conversaciones alegres, los gracejos cariñosos, los quejidos por nuestra Santa Madre Iglesia y por España eran los temas comunes. Compartíamos risas y penas, hablábamos de lo trivial y de lo trascendente. Luis, siempre generoso sin límites, muchas veces nos arrastraba a comer con una condición: ¡Pago yo!, se permitía imponernos. En esas tertulias y sobremesas siempre aprendíamos algún hecho insólito de su vida. Con orgullo nos contaba cómo de pequeño, al ser liberada Barcelona por los nacionales, ayudó a su madre a rajar y arrancar la bandera republicana que ondeaba en el edificio donde vivían y la sustituyeron por una bicolor que habían guardado celosamente durante toda la guerra. De su boca siempre salía algún dicho o giro en legua catalana que demostraba que era mucho más catalán que esos payasos que van de catalanistas. Con frecuencia traía recortes de prensa para comentar el desastre social y espiritual que estábamos (estamos) viviendo. Le leí cartas escritas por él, en las que sin ningún rubor les cantaba las cuarenta a los obispos que abandonaban su grey.

Grupo de fieles de la Capilla de Nuestra señora de la Merced, con el P. Mariné.

Algunos, muchos, pensaban que era un radical. Y sí, era un santo radical e intolerante para con el error, el engaño y el mal. Si atizaba con su verbo y pluma a los eclesiásticos era por su profundísimo amor a nuestra Santa Madre la Iglesia Católica. Si ponía el dedo en la llaga de los salvapatrias, era por su inmenso amor a Cataluña y España. Desconfiaba más de las traiciones de los conservadores de derechas que de las prepotencias de la izquierda. He de decir públicamente, él no lo hubiera permitido, que su caridad era sigilosa pero inmensa. Y no hablo sólo de caridad monetria. Acogió en su casa a su hermano Jaume, aquél indomable excombatiente del Tercio de Montserrat, cuando languidecía en sus padecimientos hasta su postrer suspiro. Al igual a que se negó a que su esposa pasara su larga enfermedad en un Hospital. Fueron sus hijos y nietos los que la cuidaron en casa, como debía ser, hasta que Dios la llamó a su seno. Todo ello, repito, lo hacía de forma silenciosa y humilde, y nos edificaba a muchos.

Es también justo decir que cada vez que yo publicaba un libro, corría a encargar varios ejemplares para regalarlos a familiares y amigos, era su forma de ayudarme y animarme a seguir en la brecha. Luis, estaba siempre dispuesto a ayudar a cualquier causa justa, aunque también es cierto que las causas justas por las que luchar cada vez eran menos. Cuántas desilusiones se llevaba su corazón ante los acontecimientos que se aceleraban en la Iglesia y en España. Muchas veces, mientras hablábamos, miraba al cielo y decía: “qué pensarán desde el cielo aquellos requetés que lo dieron todo e la Cruzada”; o bien: “dónde están aquellos carlistas, nunca hubieran permitido lo que ahora pasa”. Le dolía, y no en sentido metafórico, la sangre derramada, y ahora despreciada, en la Cruzada del 36. Lloraba por dentro por los desvaríos de la Iglesia catalana o el catalanismo eclesiástico. Sufría, como tantos otros nos dolemos, por cómo habían enterrado la memoria de nuestro obispo mártir D. Manuel Irurita y miles de mártires catalanes.

Pero no eran sólo palabras lo que nos transmitía. Recuerdo perfectamente cómo cumplía con las obras de misericordia que manda la Iglesia. Cómo se preocupaba de los viejos carlistas y tradicionalistas conocidos, los iba a visitar en las residencias donde muchas veces los habían dejado abandonados sus familiares, les reconfortaba con sus frecuentes visitas, nunca los olvidaba y los acompañaba en sus agonías. Y, cómo no, siempre estaba presente en sus sepelios. Sí, sé que muchos lo consideraban como una persona exaltada y que tomaba decisiones extremas. Y que en sus últimos años parecía haber roto con todo lo de este mundo. Pero no era así. Creo que en esos años de aflicción por la Iglesia y por España, estuvo participando más que ninguno de nosotros en la comunión de los santos y la pasión de Cristo. Luis, simplemente, no quería ser colaborador ni testigo mudo con la profanación del Tabernáculo y del Sacrificio agradable a Dios. Amaba tanto la Santa Misa que tenía que resguardarla en lo más hondo de su alma -y muchas veces recogido en su casa- para no sentir que maltrataban ante su presencia el cuerpo de Cristo.

Sé que es difícil entender posturas como la suya. Pero yo se lo agradezco. Sin decir nada nos enseñó a amar la liturgia, el sacrificio del altar, la doctrina heredada de los apóstoles. Nos enseño a discernir a los verdaderos pastores de los lobos disfrazados de corderos. Y nos transmitió ese espíritu de lucha en el que es preferible morir que renunciar a los principios. Lo hemos dicho, era una pura manifestación de la santa intransigencia, pero ello no le impedía acariciar con amor de padre y abuelo a los niños a la salida de la Santa Misa, a felicitar a sus madres, a tener siempre una sonrisa en la cara y una dulzura en la mirada, a acompañar a los sacerdotes fieles en sus tribulaciones. Creo que esa alegría provenía de sentirse reconfortado con nosotros, pues sentía que en esa cruzada personal no estaba solo. En los últimos años, viendo la putrefacción de su querida Cataluña, quería marcharse de esta tierra. Estas Navidades nos vimos por última vez en los oficios. Estaba feliz. La familia había comprado una casa en el Maestrazgo para retirarse. Con toda crudeza y con toda afabilidad, dijo que no quería vivir sus últimos años en la tierra que le vio nacer. Le dolía demasiado. Pero Dios ha dispuesto que no fuera su voluntad sino la Suya la que se cumpliera.

Luis, no es que fuera un hombre de otra época, era de esos hombres que representan la Cataluña y la España sempiterna, la que ha de ser o no será. Él no estaba desfasado en el tiempo, como algunos pensarían, sino que son nuestros tiempos los desfasados de la realidad y la verdad, y por eso no los podía soportar. No me entristece su marcha, me alegra pues se encamina a la unión con el Amado y eso me produce sana envidia. Y seguro que portará su boina, para presentarse al juicio como el buen y humilde requeté de cuerpo y alma que siempre fue. Estará feliz deseando encontrarse con sus hermanos, especialmente de José y Carlos, de los que tantas veces se deshacía en elogios y admiración. Luis era más que un amigo, más que un correligionario y, hablo en nombre de muchos, era casi como un padre. Era un hombre de esos que, si no lo hubieras conocido, algo en tu corazón diría que algo magnífico te habías perdido en la vida. Cuando nos despedíamos de los encuentros, nos solía decir en tono jocoso: “hasta mañana si Dios quiere … si la burra no se muere”. Ahora nos toca decir, como decíamos cuando otros carlistas y amigos nos abandonaron antes: “Ens veiem al cel”.

Fins al cel Lluís, amic, correligionari, germà i pare alhora. Què Déu Nostre Senyor et beneeixi eternament.

Grupo de fieles de la Capilla de Nuestra Señora de la Merced, con el P. Mariné.

3 comentarios

  
Cesar alonso
Ofrecere la SANTA MISA por su alma. Muchos como el permanecen en el silencio en ESPAÑA que el BUEN.DIOS los conforte.
02/02/22 12:38 PM
  
Curro Estévez
Estos hombres que daba antes Cataluña, y España entera, son un bálsamo ante tanta bazofia nacional y, lamentablemente, también eclesiástica. Me emociona ver al padre Meriné. En cuanto a don Luis, que Dios lo tenga en su gloria. Mis oraciones por ello no van a faltar.
02/02/22 2:15 PM
  
Pep
"Sé que es difícil entender posturas como la suya"
Yo la entiendo perfectamente.
02/02/22 11:11 PM

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1.02.22

Cómo hablar de Dios con un ateo (Sekotia). Carlos Alberto Marmelada analiza a fondo su libro

Carlos Alberto Marmelada. Nacido en Barcelona en 1962, es licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Barcelona. Con más de 20 años de experiencia docente es en la actualidad profesor de la Universitat Internacional de Catalunya. Es autor de los libros: El origen del hombre. Cuestiones fronterizas. Charles Darwin. Evolución y vida. Y Darwin y el mono (junto a Daniel Turbón). Así mismo ha publicado más de 180 artículos sobre evolución humana, cosmología, metafísica y el diálogo entre ciencia, razón y fe. Ha impartido numerosas conferencias sobre estos temas en diversas universidades e instituciones. Ha sido ganador del Premio Arnau de Vilanova.

https://www.amazon.es/C%C3%B3mo-hablar-Dios-ateo-posmodernas/dp/8418414278

¿Por qué un libro sobre cómo hablar de Dios con un ateo?

El ateísmo de nuestros días tiene unas características muy distintas a las del ateísmo de los dos siglos anteriores. El mundo cambia, la sociedad cambia y el perfil del ateo de nuestros tiempos también ha cambiado. Por eso resulta esencial hacer una radiografía detallada del ateísmo actual, para así poder dialogar con él de un modo sincero, honesto y, sobre todo, fecundo; ya que, si el diálogo no conduce a ninguna parte, ¿para qué sirve? Este libro pretende prestar una contribución positiva al importante y necesario diálogo entre los que sostienen una visión teísta del universo y la vida (especialmente la humana) y la cultura actual (que, en Occidente, se caracteriza por una evidente ausencia de Dios).

En el s. XIX y la primera mitad del s. XX, las grandes figuras del pensamiento ateo intentaron dar pruebas racionales de la no existencia objetiva de Dios. A esta postura se la conoce como ateísmo teórico positivo. Durante la segunda mitad del s. XX el ateísmo dimitió de esta pretensión; ni una sola de las pruebas presentadas por el ateísmo fue capaz de resistir la crítica. En el libro se analizan estos argumentos y sus correspondientes críticas. De modo que el ateísmo teórico positivo fue sustituido por un agnosticismo que se extendió por todas las capas de la sociedad. El agnosticismo se vivió como un ateísmo práctico y, con el paso de las décadas, acabó dando lugar al indiferentismo religioso que caracteriza a nuestra sociedad; y que es la forma de ateísmo dominante en nuestros días. Este libro pretende ser una herramienta útil para poder dialogar con esta forma nueva de ateísmo.

¿Tiene sentido hablar de Dios hoy?

Por supuesto que sí. Siempre lo tendrá. Kant decía que el ser humano es metafísico por naturaleza, ya que la razón humana no puede vitar el plantearse las cuestiones más importantes que afectan a nuestra existencia desde la misma raíz. Para el filósofo de Königsberg la metafísica es connatural al hombre, de manera que mientras haya seres humanos habrá metafísica. Efectivamente, la propia necesidad le impulsa hacia unas preguntas que no pueden ser respondidas mediante el uso empírico de la razón; es decir, con la ciencia. Por todo esto, siempre ha habido algún tipo de metafísica, y la seguirá habiendo en todo tiempo. Estoy totalmente de acuerdo con Kant, y con Cornelio Fabro cuando afirma que el problema de Dios es el problema esencial del hombre esencial. En efecto, no es lo mismo que Dios exista que que no exista. No es lo mismo que nuestra alma sea inmortal que todo aquello en lo que consistimos, desaparezca con nuestra muerte. ¡No! ¡No es lo mismo! El giro es de ciento ochenta grados. Este libro, entre muchas otras cosas, arroja luz sobre esta cuestión.

¿Tiene sentido hablar de Dios hoy? ¡Claro que sí! Pensemos por un momento en una dicotomía muy simple; no es lo mismo que el ser humano sea un simple producto de la evolución biológica resultado del azar, que que sea un ser creado por Dios y que esté llamado por éste a vivir eternamente una vida bienaventurada. Dicho de otro modo, no es lo mismo ser un mono con suerte que una imagen y semblanza de Dios. La cosa cambia mucho, ¿verdad? Por esto es tan importante hablar de Dios hoy…, y siempre. Dios siempre será un tema de actualidad; es una de esas cuestiones perennes. Mientras haya seres humanos, seguirá en pie la reflexión acerca de Dios. Para el ser humano, Dios es una cuestión inevitable e ineludible. Como he dicho antes, todas las personas somos metafísicos por naturaleza; por esto mismo estoy totalmente de acuerdo con el ateo Camus cuando afirma que nada puede desalentar el ansia de divinidad que hay en el corazón del hombre.

¿Por qué no atrae la idea de Dios al hombre moderno?

Estamos cambiando de época. La modernidad, nacida en el s. XVIII y extendida hasta casi el final del s. XX, es un proyecto que se ha agotado. Estamos dejando atrás la modernidad, para entrar en una nueva etapa de la historia. No nos damos cuenta porque estamos justo en medio de todos estos cambios; es aquello de que los árboles no nos permiten observar la auténtica frondosidad del bosque. Aún no ha pasado el tiempo suficiente como para que los historiadores y los filósofos puedan encontrar un nombre específico que nos identifique en el registro historiográfico; por eso mismo, nos autodenominamos posmodernos. Está claro que ciertos valores de la modernidad aún perduran, todavía no le hemos dejado tan atrás; pero también lo es que han aparecido otros nuevos, o que algunas de las características que se habían dado puntualmente en algunas épocas, ahora se hicieran presentes en unas dimensiones que antes resultarían inimaginables. En el libro se habla esta cuestión y al final se analizan algunas propuestas.

El agnosticismo, el ateísmo práctico masivo y universal, el relativismo axiológico y gnoseológico, el escepticismo, el nihilismo, el hedonismo, el consumismo, el materialismo, el cientificismo… Frente a todo esto se alza la voz de Jesucristo diciéndonos que hemos de ser santos como lo es nuestro padre celestial (Mt 5, 48). No nos dice que nos esforcemos en ser buenos, o que hagamos en la vida lo que buenamente podamos. ¡No! Nos dice, ni más ni menos, que seamos santos como lo es Dios mismo. ¡Apaga y vámonos! ¿No es esta una carga demasiado pesada? ¿No es esta una pretensión que no merece la pena esfuerzo alguno por nuestra parte, porque sabemos que es una batalla que está perdida de antemano? Y quien dice esto, dice el peso que puede suponer el decálogo: ¿cómo ser un empresario cristiano y no pagar comisiones bajo mano, sobornos, para que te den contratación de obra pública, por ejemplo? ¿Y que decir de la exigencia de la ética sexual cristiana? Y tantas otras cosas. Efectivamente, un Dios que exige tanto… ¿cómo puede ser atractivo? A esto cabe recordar, al menos dos cosas; la primera es que, si fuera algo que dependiera exclusivamente de nuestro esfuerzo (pelagianismo), no tendríamos nada que hacer. Pero, junto a esa propuesta (la de la aspiración a la máxima santidad, y la fidelidad al decálogo) está el ofrecimiento de la gracia santificante. Y la segunda, que no se trata de ver el decálogo en clave negativa (no harás esto, no harás aquello…), sino en clave de perfeccionamiento personal; por eso la invitación es a vivir el mensaje de Cristo con alegría sobrenatural; ese gozo (gaudium) que surge de la esperanza (spes) entendida como virtud sobrenatural.

En pleno cambio de época (impulsado por una revolución tecnológica que está transformando las relaciones humanas, la sociedad y el planeta), la idea de Dios parece estar desplazada por una sobreestimulación. Pero al final, en la soledad de su alma, como decía Platón, las personas llevan a cabo un diálogo consigo mismas; y ahí está Dios.

¿Qué propuesta da en el libro para romper esta dinámica?

Ya hemos dicho antes que los tiempos están cambiando significativamente; y, en consecuencia, el ateo del s. XXI no tiene el mismo perfil que el de los siglos XIX y XX. Hay que saber hacer atractiva la figura de Dios a la persona de la posmodernidad. También hemos comentado que el libro, entre otros objetivos, tiene la voluntad de ser una herramienta que pueda contribuir a este propósito. En este sentido, cabe recordar que Dios sigue siendo atractivo (de hecho, lo será siempre), porque las cuestiones fundamentales que interpelan al hombre de la posmodernidad, siguen siendo las mismas que instan al hombre en cuanto tal. Hoy somos posmodernos, sí; pero, ante todo, somos personas.

Resulta evidente que, desde una visión teísta de la vida hay que defender el máximo respeto por todas las personas, independientemente de sus ideas y credos religiosos. La apuesta ha de ser por un debate ideológico, una confrontación intelectual de ideas y de modelos de vida. Y, naturalmente, lo mejor es partir de aquello que nos une. Todas las personas, independientemente de si son creyentes o ateas, amamos la libertad, por esto en el libro reflexionamos a fondo sobre esta cuestión. A todos nos preocupa encontrar una respuesta razonable a la injusticia que supone el sufrimiento inmerecido de los inocentes; especialmente, en el caso de los niños. ¿Y qué decir de la existencia del mal moral? En efecto, cómo es posible seguir creyendo que Dios existe verdaderamente, después de haber visto los campos de exterminio nazis, los gulags soviéticos, los crímenes de Mao o de los Jemeres Rojos, el genocidio del pueblo armenio; las matanzas de Srebrenica, Biafra, Katanga, Ruanda, y tantas otras atrocidades (y eso que, deliberadamente, nos hemos querido limitar a unos pocos, en verdad, muy muy pocos, ejemplos del s. XX). Pues sí, Dios existe. E, incluso en medio de todas esas desgracias, se le puede encontrar. En el libro se explica cómo es esto posible.

También es muy importante depurar la idea de Dios. En efecto: ¿Cuándo los ateos niegan la existencia de Dios, a qué idea de Dios se están refiriendo? Esto es muy importante, porque según cual sea la caracterización que hagan de Dios, los teístas también podríamos coincidir en su rechazo y en su negación. Por ejemplo, Nietzsche y Sartre, niegan la existencia de Dios porque dicen que Dios no puede ser causa de sí mismo; pero éste es el Dios de Hegel, no el del cristianismo, ni el del teísmo propuesto por la metafísica del ser. Lo mismo pasa cuando se rechaza la existencia de Dios porque se le identifica con la nada; y, así, podrían multiplicarse los ejemplos; como es el caso del juez sancionador, que es una figura propia del teísmo moral kantiano, que nada tiene que ver con el Dios Amor del que nos habla San Juan; ni del Dios infinitamente bueno (puesto que es el mismo bien subsistente, ya que el bien y el ser se identifican por ser trascendentales del ente) de la teología natural tomista. Como decíamos, es muy importante depurar la imagen de Dios; y, para ello, resulta capital ver cuál es la idea que tienen de Dios los ateos cuando niegan su existencia real. En el libro se trata mucho toda esta cuestión.

En realidad, no se trata de hacer el Evangelio atractivo; porque ya lo es.

En efecto, el ideal de vida, la propuesta de santidad a la que nos invita el cristianismo, es atractiva per se; y, por muchos siglos que pasen, no se marchitará nunca. Pero, una cosa es cierta, ese mismo paso del tiempo ha traído nuevos retos. Pongamos un par de ejemplos. Con todo lo que sabemos hoy en día acerca de la evolución humana, ¿todavía tiene sentido hablar de Adán y Eva? ¿En serio? ¿De verdad? Acaso no es razonable que las personas de la posmodernidad se pregunten cómo puede ser posible que en un mundo tan tecnificado y dominado por el conocimiento científico, siga habiendo personas que crean literalmente en este relato, aparentemente, tan infantil, sobre nuestros orígenes biológicos. En este asunto, los intelectuales cristianos, ya sean filósofos o teólogos, tienen una buena ocasión para interactuar desde la visión teísta del mundo con la cultura actual y arrojar luz de un modo decisivo sobre este tema antropogénico que resulta clave.

Y el otro ejemplo lo encontramos en el tema del origen del universo. ¿Todavía necesitamos seguir creyendo en la existencia de un Dios creador, cuando podemos explicar el origen del universo a partir de un big bang? Y si nos dicen que seguimos necesitando a Dios para explicar el origen del big bang, podremos contestar que tampoco lo necesitamos, puesto que nuestro universo sería una burbuja, una región, de un multiverso infinito; o el resultado de una colisión entre dos universos de P- branas. El teísta también tiene aquí una magnífica ocasión para hablar de Dios con la cultura actual. Por ejemplo, lo sorprendente no es saber cómo es el universo; sino que lo verdaderamente admirable es que haya algo en vez de nada. Esta cuestión nos planta justo en frente del misterio del ser. Es decir, el teísta siempre le podrá preguntar al cientificista: ¿por qué existe un multiverso infinito en vez de nada? O, ¿por qué existen una infinidad de universos de pn branas, que chocan entre sí para dar lugar a otros universos? El teísta siempre podrá recordar que, por mucho que se postergue a Dios o se pretenda eliminar su necesidad creadora afirmando que nuestro universo surge de otros, habrá que decir que, por definición, sólo puede existir un único universo; por lo que las preguntas metafísicas fundamentales acerca de la razón explicativa del ser del universo, siguen en pie.

Y, finalmente, no hay que olvidar que lo más atractivo del cristianismo, no es el debate intelectual con la cultura actual, algo que es apasionante en sí mismo e importantísimo; sino el vivir la propuesta cristiana, ya sea de una forma tan heroica y meritoria como es el caso de las misiones, como el no menos heroico reto de santificar la vida ordinaria.

Y de sacudirse muchos complejos y defender la verdad con convencimiento.

Claro. Tanto es así que, otro de los objetivos del libro es prestar una ayuda a la superación de complejos por parte de personas de fe que están tentadas a pensar que tienen razón los ateos cuando afirman que creer en la existencia de Dios, del alma y de un más allá es algo retrógrado. Antes hicimos una referencia a Adán y Eva; pero es que esa, y tantas otras ideas comprendidas en la Biblia, no serían ideas propias de un modo de pensar mitológico y supersticioso, más propio de un estadio precientífico que ya no tiene ningún sentido hoy. Serían ideas propias de una conciencia temerosa, poco formada en el pensamiento crítico, que necesita de mitos consoladores para sobrellevar las angustias existenciales que toda persona tiene debido a la apertura metafísica que le brinda su condición racional.

Nietzsche decía que, frente la falta de formación de tantos creyentes, no era necesario gastar munición real (esgrimir extensos y farragosos argumentos), sino que bastaba con los fulminantes. Es decir, Nietzsche se refiere al hecho de que no son pocas las personas que tienen un escaso conocimiento de los fundamentos de sus creencias religiosas, de modo que no es necesario gastar tiempo y esfuerzos en someterles a arduos argumentos; en el caso de estas personas, para quebrantar su fe, basta con exponerlas a eslóganes emotivos e ingeniosos. El libro entero está consagrado a brindar al teísta de las herramientas, los argumentos y los contenidos propios para superar esta situación, a sacudirse, con un fundamento racional sólido, esos complejos a los que se aludía en el enunciado de es este apartado. Y, en este sentido, la introducción del libro se titula, precisamente, de pólvora y fulminantes; toda una declaración de intenciones.

Por otra parte, en esta época en la que la verdad es un valor en desprestigio (no en vano, una de las características de la posmodernidad es ser la época de la posverdad), uno de los recursos para manipular a las masas consiste en no apelar a la razón, sino al corazón. Ya no se argumenta con razonamientos convincentes, sino con eslóganes apotegmáticos que apelan a los sentimientos y las emociones. A este respecto, Benedicto XVI, cuando era el cardenal Ratzinger, nos recordaba algo muy importante, y es que el cristianismo no nació con la pretensión de ser una religión más entre muchas otras, sino de ser la verdad; y, algo muy importante, lo hacía desde la defensa de la racionalidad. En el libro se explica la importancia de todo esto.

¿Por qué es necesario recuperar la filosofía realista del tomismo, frente a la inmanencia de la filosofía reciente?

En mi opinión, no solo es necesario, sino que, además, es inevitable. Me explicaré. Parece muy posmoderno eso de hablar de que vivimos en una época que se caracteriza, entre muchas otras cosas, por estar más allá de la verdad. La posverdad no deja de ser una versión 2.0 del viejo ideal sofista consistente en convertir en débil el argumento fuerte y en fuerte el argumento débil. ¿Qué significa esto, sino el ideal marxista de insistir en que la verdad es histórica -relativismo-; o que la verdad es lo que triunfa en la práxis -pragmatismo-?

Por muy actual que nos pueda parecer todo esto, no hemos de olvidar que la naturaleza humana es la que es y no ha cambiado, a pesar del transcurso de los milenios. En efecto, la mente humana, por su propio modo de ser, está naturalmente abierta al conocimiento del ente. Ya decía el viejo Parménides que lo mismo es pensar y ser. O sea, que nuestra mente está capacitada de un modo natural para conocer cómo son verdaderamente las cosas. Conocemos el ser de modo natural; y, la verdad es ser son lo mismo, de modo que, nuestro entendimiento está naturalmente abierto al conocimiento de la verdad. Y esto será siempre así; porque nosotros somos así. Sobre esta realidad podemos añadir todas las superestructuras epistemológicas alienantes que se quieran, pero no se podrá cambiar nuestra naturaleza. Nuestra mente está hecha, por así decirlo, para pensar y decir la verdad; y eso no puede cambiarlo nadie. Es cierto que no conocemos las cosas en sí mismas, sino las representaciones que nos hacemos de las cosas. También es cierto que cada especie viviente tiene sus propis estructuras cognitivas que le hacen representarse la realidad de un modo determinado; pero esto no impide que, tal como sostiene el realismo moderado de la epistemología tomista, nuestras representaciones se corresponden con aspectos fidedignos de la realidad.

¿Qué aporta de nuevo el libro con todo lo que se ha escrito de nuevo?

El tema del ateísmo es sumamente complejo, y en el diálogo entre el teísmo y la increencia entran en juego muchos factores. Pues bien, creo que es muy importante, y muy útil, realizar una buena síntesis que permita interrelacionar todos esos factores en un todo coherente dotado de sentido; de modo que nos permita obtener una radiografía ajustada del tema; algo que puede ayudar a identificar los puntos débiles y las insuficiencias argumentativas de los planteamientos ateos. Algo que contribuye, en buena medida, a aquella superación de complejos a la que aludíamos anteriormente.

Siguiendo esta línea argumentativa, entre otras cosas, en el libro se analizan las características del ateísmo actual; se reflexiona sobre la importancia del problema de Dios; se estudian -y se deconstruyen- las falsas caracterizaciones de Dios (que servían para justificar el ateísmo); se analizan los argumentos más importantes de los ateos más famosos, de tal manera que se evidencian las insuficiencias y los déficits de sus planteamientos. Se estudia a fondo el único argumento que les queda en pie a los ateos actuales, la cuestión del mal; y vemos cómo, paradójicamente, la existencia del mal no solo no sirve para probar que Dios no existe, sino que demuestra la necesaria existencia de Dios. También se estudia la compatibilidad de la existencia de Dios con la libertad humana. Se analizan las causas del indiferentismo religioso actual; así como los distintos tipos de indiferencia. Todo esto son instrumentos que permiten ajustar el marco adecuado para el diálogo con el indiferentista, lo que brinda la posibilidad de poder establecer unas claves idóneas para la realización de la Nueva Evangelización que pedía el papa Juan Pablo II, en el contexto de la propuesta de una recristianización de Europa. Este libro está escrito de una forma que sea comprensible para todos los lectores; de tal modo que aborda temas complejos con un lenguaje asequible, sin renunciar al tratamiento profundo y riguroso de los temas, de manera que el conjunto pretende ser una herramienta útil para el pensamiento teísta.

https://www.amazon.es/C%C3%B3mo-hablar-Dios-ateo-posmodernas/dp/8418414278

Por Javier Navascués

23 comentarios

  
Juan Caballero
Felicito a Infocatolica por la presentación de este libro através de esta entrevista y espero que muchos lo compren y sirva para el diálogo con los agnósticos e indiferentes que pululan en nuestros días.
01/02/22 10:39 AM
  
Ratpenat
Fué mi profe de filosofía en COU (si, hace años) y lo hacía genial. No es fácil que chiscos de 17 años se interesen por la filofía y el lo conseguía (eso si, con su apellido mucho chiste :)
01/02/22 11:15 AM
  
Carlos Dueñas
Ni ateos ni creyentes pueden demostrar filosófica o científicamente sus creencias. Unos y otros tienen sus razones muy respetables para defender su forma de pensar. No veo ninguna necesidad de diálogo entre ellos, sino de respeto mutuo y colaboración en aquellos ámbitos en que sea posible.
01/02/22 11:34 AM
  
Luis I. Amorós
"cómo es posible seguir creyendo que Dios existe verdaderamente, después de haber visto los campos de exterminio nazis, los gulags soviéticos, los crímenes de Mao o de los Jemeres Rojos, el genocidio del pueblo armenio; las matanzas de Srebrenica, Biafra, Katanga, Ruanda, y tantas otras atrocidades"

Siempre me han intrigado estas argumentaciones como excusa para perder la fe o ponerla en duda. A mí la existencia del mal moral (el causado por el hombre contra el hombre, como el que describe el entrevistado) jamás me ha hecho dudar de la existencia de Dios, lo que ha hecho ha sido confirmarme la existencia del demonio, porque no parece que un ser humano, por pervertido que esté, pueda imaginar por sí solo tanta crueldad y atrocidades.
El hombre es libre, ese es el ABC del cristianismo, porque Dios nos creó para amarle libremente. Y para rechazarle libremente también.
La existencia del mal en el mundo es un misterio... relativo. Conocer realmente al hombre es asumir que el mal moral existe y existirá (léase el Apocalipsis, por si las dudas). Una religiosidad basada en que Dios va a evitarnos a todos las dificultades, como si fuese una niñera, es una religiosidad pueril, y ciertamente no necesitaba Auschwitz o Srebrenica para perderse.

Enhorabuena a Javier Navascués por la entrevista y a Alberto Marmelada por el libro.
01/02/22 11:35 AM
  
Marta de Jesús
Muy interesante.
Aunque desde mi experiencia, y hablo solo desde mi experiencia, he llegado a la conclusión, tras una experiencia infernal -en vida-, que mi vida sería casi exactamente igual si no fuera creyente. Obviamente sin oraciones y sin sacramentos, pero por lo demás, igual. El infierno, crean o no, ya se vive en vida. Los esclavos del pecado y del Mal viven un infierno. Y los que nos vemos atacados y perseguidos por esos esclavos, en cierta manera también. Una cosa es ser pecadores, todos. Y otra muy distinta, esclavos del pecado, es decir, justificadores de dichos pecados, tan de moda hoy día. Los sodomitas, los infieles, los ladrones, los asesinos, las prostitutas, los promiscuos, etc, qué vida creen que tienen? Pues un horror de vida. Huir de eso, creamos o no, es esencial. Muchos no creyentes o directamente pasotas se están dando cuenta del horror que se les avecina y quieren seguir subidos a las ventajas culturales del cristianismo, pero sin Fe y sin hacer gran cosa, por inercia. El edificio sobre arena se derrumba. Y tarde o temprano el horror se les presentará. Ya se les ha presentado en forma de aborto, de divorcio (próximamente estará prohibido el matrimonio) y ahora de eutanasia. Las talibanAs de occidente y los talibanEs de oriente al acecho. Los abecedario contra los niños. Los asiáticos y sus mantras. Sin Cristo no puede mantenerse el cristianismo. Sin Él nada podemos.
01/02/22 12:44 PM
  
Laura
Hola muy interesante el artículo, dónde se puede adquirir el libro en Argentina?
01/02/22 12:56 PM
  
Marta de Jesús
Luis, con usted.

Conocí, sin buscarlos, y sin saber de su existencia, personas que se definían como satánicas. Me decían cosas similares. Yo les decía, cuanto más os conozco, más amo a Dios y mi vida en Él.

Esos horrores se dieron además, en el SXX, en el nazismo del pagano Hitler y el ateísmo comunista... Después de que Nietzsche filosofara sobre la muerte de Dios en el mundo. Sin Dios nada podemos.
01/02/22 2:45 PM
  
Marta de Jesús
También veo interesante el comentario de Carlos Dueñas. Aunque la Salvación hemos de ofrecerla, no sé cómo, a todos. Eso nos pidió Cristo. Creo que el intento de diálogo va por ahí: cómo ofrecer la Salvación a los ateos del SXXI.
01/02/22 3:11 PM
  
Jorge Cantu
"Como he dicho antes, todas las personas somos metafísicos por naturaleza; por esto mismo estoy totalmente de acuerdo con el ateo Camus cuando afirma que nada puede desalentar el ansia de divinidad que hay en el corazón del hombre".

La diferencia es cómo entendemos esa "ansia de divinidad": como afán amoroso y humilde de unirnos a Dios, nuestro real Creador y Redentor, o aspirando a ser nosotros, en rebeldía, nuestros propios 'dioses' ficticios que exigen de los demás sumisión y que obedecen sólo a sus caprichos y soberbia.
01/02/22 7:21 PM
  
esron ben fares
Calos Dueñas, La naturaleza divina es inmaterial.
La ciencia se encarga de la materia y la energía.
El método científico se encarga de la creación.
La filosofía y a teología se encargan del Creador.
Cada una en su campo.

Piensa en la salvación de las almas de los ateos.
01/02/22 8:14 PM
  
Jaume
Me gustaría saber si Marmelada está radicalmente en contra del evolucionismo y de Teihlard de Chardin, como debe ser, porque ha escrito mucho sobre esta materia por lo visto. ¿O hace equilibrios?
02/02/22 12:10 AM
  
Néstor
Si somos nosotros los que tenemos que hacer atractivo a Dios, estamos arreglados.

Saludos cordiales.
02/02/22 1:20 AM
  
Néstor
"Es cierto que no conocemos las cosas en sí mismas, sino las representaciones que nos hacemos de las cosas."

Profesión de fe idealista. La mente no sale de sí misma, conoce solamente sus propias representaciones. Por tanto, no puede conocer ninguna cosa que no sea representación suya. Ahora bien, si Dios es Dios, entonces no es una representación nuestra. Ergo, no podemos conocer a Dios.

Cada vez que veo una de estas empresas apologéticas tiemblo pensando en la filosofía subyacente a las mismas, y lo peor es las veces que acierto.

Saludos cordiales.
02/02/22 1:24 AM
  
Vivi
Cuando hay que negarse a uno mismo por amor a Dios y a sus mandatos (que son por nuestro bien), cuando se sabe que a los cristiano por seguir a N.S.Jesucristo nos va cada vez peor en este mundo regido momentáneamente por el maligno es más fácil ser ateo...Pero es grande la puerta que lleva a la perdición y estrecha la que conduce a la salvación.
Es preferible morir que vivir en un mundo sin Dios.
02/02/22 3:12 AM
  
Javidaba
Hablando con ateos suelen decir la frase (o parecida) : "Dios, no es más que..." y ¡claro!, entran reduciendo la verdad del Ser de Dios, a lo que su mente juzga sobre el diosecillo que elucubran, al mismo tiempo que parodian a Dios cuando sentencian sobre su Ser. Ante ese diosecillo que confiesan, yo también soy ateo.
Muchas gracias, D. Javier y profesor Marmelada.
02/02/22 9:05 AM
  
Romina
Excelente. ¿En qué librerías argentinas podemos conseguirlo? Gracias
02/02/22 12:53 PM
  
sofía
Parece interesante.
Se trata de evangelizary como dice el autor, el evangelio es en sí atractivo. Dios es atractivo. El Dios que se revela en Jesucristo nos atrae a todos. Nada que ver con el "dios" de Calvino, por ejemplo, ni con el de ningún especulador que pretendiendo estar en la verdad, en realidad, se aleje del Dios del evangelio de Jesús, de su buena noticia.

Las ideas que expresa el autor no se pueden mutilar, pues el resultado sería una tergiversación:
"Es cierto que no conocemos las cosas en sí mismas, sino las representaciones que nos hacemos de las cosas. ... pero esto no impide que, tal como sostiene el realismo moderado de la epistemología tomista, nuestras representaciones se corresponden con aspectos fidedignos de la realidad."
04/02/22 10:29 AM
  
Hermenegildo
"...¿todavía tiene sentido hablar de Adán y Eva?"

Ya San Agustín dijo que los primeros capítulos del Génesis no tenían que ser interpretados literalmente y el Papa Pío XII abordó sin complejos el origen del hombre. En cualquier caso, sí es de fe que hubo una primera pareja humana.
04/02/22 8:20 PM
  
Carmen L
Don Néstor, ¿cómo debería ser planteado eso mismo en clave realista? Me interesa, aunque como comprenderá de filosofía, muy, pero que muy justa.
06/02/22 9:55 AM
  
Néstor
"Es cierto que no conocemos las cosas en sí mismas, sino las representaciones que nos hacemos de las cosas. ... pero esto no impide que, tal como sostiene el realismo moderado de la epistemología tomista, nuestras representaciones se corresponden con aspectos fidedignos de la realidad."

Lo que pasa es que esa frase ya viene mutilada de fábrica, es decir, es contradictoria. Las palabras lo soportan todo, las ideas ya son más intolerantes.

Si nuestras representaciones se corresponden con aspectos fidedignos de la realidad, tal como lo entiende la epistemología tomista, entonces no conocemos solamente o en primer lugar las representaciones que nos hacemos de las cosas, sino las cosas en sí mismas.

Por eso, queriendo responder también a Carmen, hay que plantearlo simple, de entrada, para poder entender algo: lo que conocemos ¿es o no es independiente del hecho de que lo conozcamos?

La respuesta afirmativa es el realismo, la negativa, el idealismo. No hay otra respuesta posible, porque es un caso de tercero excluido. No hay términos medios ni componendas posibles entre ser independiente y no serlo.

Si lo que conocemos no son las cosas en sí mismas, sino las representaciones que nos hacemos de ellas, entonces lo que conocemos no es independiente del hecho de que lo conozcamos, porque evidentemente que nuestras representaciones, como tales, no son independientes de nuestro conocimiento. Y entonces estamos en el idealismo.

Inversamente, si lo que conocemos es independiente del hecho de que lo conozcamos, como dice el realismo, entonces conocemos las cosas tal como son independientemente de nuestro conocimiento, o sea, en sí mismas.

Hace poco publiqué un video sobre este tema, al que remito para no alargar demasiado este comentario:

https://www.infocatolica.com/blog/praeclara.php/2011020433-el-principio-idealista-de-inm

El error fundamental de la modernidad es pensar que nuestras representaciones son objetos del conocimiento, en vez de ser medios para el conocimiento de los verdaderos objetos, que son las cosas mismas.

Por eso, en el realismo se distingue entre la existencia de la representación, y el objeto de la representación. Es claro que la existencia de la representación depende de nuestro conocimiento, pero de ahí no se sigue que el objeto de la representación dependa también de nuestro conocimiento.

Por poner un ejemplo, la existencia de la fotografía depende del fotógrafo, pero no lo fotografiado en ella (quitando los temas de punto de vista, ángulo, etc., que justamente no se dan en el conocimiento intelectual).

Otro ejemplo: un cuadro está hecho de lienzo y pigmentos, pero Don Juan, retratado en él, no lo está.

Al tomar la representación, y no la cosa representada, como objeto de conocimiento ("sólo conocemos nuestras representaciones"), el idealismo hace imposible conocer otra cosa que lienzos, pigmentos, y papeles fotográficos, por así decir.

En realidad, las representaciones sólo se conocen en un momento posterior, reflexivo, cuando tomamos conciencia de nuestro conocimiento de las cosas, que es el conocimiento primario y directo.

Como si luego de quedar encantados con el tema de un cuadro, nos pusiésemos a mirar las pinceladas.

El orden es: "Este perro existe", "Por tanto, conozco que este perro existe", "Por tanto, debo tener en mi mente alguna representación que me haga conocer al perro real que está fuera de mi mente".

Saludos cordiales.
06/02/22 11:19 PM
  
sofía
Gracias, Néstor, por la explicación. De acuerdo en todo, menos en el juicio sobre la cita entrecomillada, que no es contradictoria ni idealista.

En ese párrafo no hay nada que contradiga la idea de que "lo que conocemos es independiente de que lo conozcamos". No hay idealismo por ninguna parte.
Se da por sentado que lo que conocemos es independiente de que lo conozcamos, porque dice que "nuestras representaciones se corresponden con aspectos fidedignos de la realidad".
La primera parte no quiere decir que lo que conocemos sean solo representaciones sin una correspondencia con la realidad, sino que las cosas, que existen realmente independientemente de que las conozcamos o no, no podemos conocerlas más que a través de representaciones. Pero se añade que estas representaciones se corresponden con la realidad. Las personas normales lo entendemos así, aunque sea más exacto el modo en que usted lo explica.

Saludos cordiales
07/02/22 2:45 AM
  
Néstor
"La primera parte no quiere decir que lo que conocemos sean solo representaciones sin una correspondencia con la realidad, sino que las cosas, que existen realmente independientemente de que las conozcamos o no, no podemos conocerlas más que a través de representaciones."

Pues no, lo que dice es: "Es cierto que no conocemos las cosas en sí mismas, sino las representaciones que nos hacemos de las cosas." Y después viene un punto.

Por eso, lo que dice después, que conocemos aspectos de las cosas reales, no es una aclaración, sino una contradicción.

Saludos cordiales.
07/02/22 3:58 PM
  
sofía
Ok. El caso es q los q no sacamos punta a las expresiones expuestas en una entrevista, entendemos correctamente el final como complementario de lo expuesto anteriormente. Yo lo he entendido bien.
Lo cual no quiere decir q su explicación esté de más, x si hay algún idealista x aquí q entiende otra cosa.

Despedida cordial
08/02/22 12:26 AM

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31.01.22

González Cuevas: “El régimen del 78, la democracia liberal, no da ya más de sí”

Pedro Carlos González Cuevas es historiador y profesor universitario. Es profesor titular de Historia de las Ideas Políticas y de Historia del Pensamiento Español en la UNED. Es autor de importantes obras sobre la derecha y el conservadurismo en España y experto en diferentes figuras como Ramiro de Maeztu, Charles Maurras, Carl Schmitt, Maurice Barrès, José Ortega y Gasset o Gonzalo Fernández de la Mora.

Analiza su libro, Historia y de Política. Escritos polémicos (SND), en esta entrevista.

¿Por qué un libro de crítica política y cultural en donde analiza la obra de algunos intelectuales críticos a la Transición así como la crisis de la democracia liberal?

Este nuevo libro pretende ser una obra de crítica política y cultural. Su fundamento último es el carácter político del saber histórico. Toda historia, hasta la aparentemente más lejana, es contemporánea, porque siempre se realiza desde la perspectiva del presente. Y quien dice política dice polémica. Su punto de arranque es lo que denomino “agonismo de derechas”, que entiende que la dialéctica derecha/izquierda sigue estando vigente en las sociedades occidentales. La renuncia al debate y la crítica de ideas, histórico-doctrinal es uno de los más grandes errores del conjunto de las derechas españolas, y principalísimamente del Partido Popular, en ese sentido más peligroso que el PSOE y que todas las izquierdas, ya que, salvo en lo que compete a la economía, asume como propio, cuando llega al gobierno, todo el bagaje ideológico de las izquierdas, en parte por complejo y en parte, y esto hay que decirlo, por convicción. Por eso, es necesario que no nos engañen una vez más; que no se repita una etapa tan estúpida y vacua como la de Mariano Rajoy. Para eso, que gane la izquierda. En realidad, el Partido Popular, en su comportamiento cotidiano, más que derecha habría que denominarle “no-izquierda”; quizás “extremo centro”. Carece de proyecto político-cultural.

Analiza a los tres grandes intelectuales de la transición De la Mora, Aranguren, y Bueno…¿En qué medida pueden coexistir la vía realista, la utópico moralista y contra la izquierda moral y la razón cínica?

Las figuras de Fernández de la Mora, López Aranguren y Gustavo Bueno son muy distintas, individual y doctrinalmente. Ahora bien; les une, a mi juicio, algo esencial en la vida cultural de una sociedad: la valentía, el valor, la capacidad dialéctica. El agonismo, en fin. Fueron, por emplear el término clásico griego, auténticos parresiastas, defensores de la necesidad de defender su “verdad” frente a todas las convenciones sociales dominantes. Desde distintas perspectivas, los tres sometieron a crítica los lugares comunes de la denominada “Cultura de la Transición”. Una doctrina oficial que ha demostrado ya su absoluta obsolescencia y en la que nadie cree ya, en realidad. El régimen del 78 se encuentra en crisis. Y las críticas de Fernández de la Mora, López Aranguren y Bueno han demostrado su capacidad de previsión, sobre todo en el caso de Fernández de la Mora.

Hoy, todo el mundo sabe que el Estado de las autonomías fue un grave error, que ha servido de plataforma al separatismo vasco y catalán. Incluso en algún momento se hizo referencia a la emergencia de un nacionalismo andaluz, lo que era ya el colmo. Y algunos estúpidos han intentado, e intentan, fomentar el galleguismo y, a través del bable, un nacionalismo asturiano. Además, ha fomentado todos los particularismos, a lo que se son tan aficionados ciertos políticos españoles, incapaces de ver en la unidad nacional una conquista histórica. El Estado de las autonomías ha ahondado en las desigualdades sociales entre españoles; y en la creación de un caciquismo de nuevo cuño.

Igualmente, todo el mundo sabe que la institución monárquica no sirve hoy por hoy para nada; que es un mero títere de los partidos políticos, sin la menor autonomía y capacidad de decisión. El papel de Felipe VI me parece patético. De la misma forma, todo el mundo sabe que el actual régimen político no es representativo, que es una crasa e inmunda partitocracia, regida, en muchos casos, por la corrupción económica. Todo el mundo sabe estas cosas, pero se intentan acallar, por miedo y por incapacidad para articular un proyecto de reforma política, intelectual y moral. Lo que, en el fondo, prima actualmente en la sociedad española es el miedo al cambio. Porque nadie sabe cómo encauzarlo, aunque existe la convicción de que éste, en un sentido u otro, tendrá que venir.

Fuera de nuestras fronteras nos presenta tres corrientes liberales frente a la partitocracia representadas por Hayek, Popper y Aron ¿Cuál de ellas se ha impuesto en España?

El motivo conductor de mi exposición y análisis de las ideas de pensadores liberales como Hayke, Popper y Aron ha sido la desmitificación del fundamentalismo democrático desde la perspectiva liberal. Sus conclusiones sobre la mitología democrática no difieren cualitativamente de las defendidas por Fernández de la Mora, en su célebre libro La partitocracia y en otros ensayos suyos. Lo que los políticos y los medios de comunicación dominantes definen como “democracia” no tiene que ver nada con la doctrina clásica de la democracia, es decir, el poder decisorio del “pueblo” o la existencia de una “voluntad general”. Se trata de un sistema político basado en la competición reglada de una serie de fuerzas políticas, medios de comunicación, y grupos de poder económico.

En ese contexto, el “pueblo” carece de poder; los que lo ejercen son los partidos políticos, los alienantes medios de comunicación dominantes y los grupos de presión económicos; a los que habría que añadir las “gobernanza” europea, que es la que, en realidad, marca los límites no ya económicos, sino morales, éticos y políticos. El hombre medio carece totalmente de poder decisorio. La democracia es una utopía, en el actual contexto social y económico. En realidad, siempre lo fue. Esta visión de la democracia que desarrollaron Hayek, Popper y Aron ha sido ocultada por sus exégetas. Es demasiado realista. El más influyente ha sido Hayek, pero no como pensador político, sino como economista neoliberal. El único libro que algunos políticos, como la inefable Esperanza Aguirre, han leído de Hayek ha sido Camino de servidumbre. Yo creo que ni Esperanza Aguirre, ni José María Aznar, no digamos el pobre Rajoy, no han leído ni a Popper ni a Raymond Aron. Solo defienden tópicos.

Para abordar el temas de las transformaciones de la democracia y las ilusiones del progreso cita a Zolo y Hermet.

Menos conocidos que Hayek, Popper y Aron, Danilo Zolo y Guy Hermet son buenos analistas de la actual situación de las denominadas democracias, en la época de la globalización económica, que nos llevará tarde o temprano a la instauración de una tiránica e insufrible “Gobernanza” global. Como ya he señalado, el proceso de globalización acrecienta el poder de las oligarquías económicas, mediáticas y políticas. Hoy, vivimos ya bajo su égida. Unos partidos lo asumen ya como proyecto propio; otros se muestran remisos; algunos, como VOX, elaboran proyectos para contrarrestarlo. Pero, como señalaron Zolo y Hermet, la realidad está ahí: cada día somos menos libres y autónomos, si es que alguna vez lo hemos sido en realidad. Sólo la nación, como señaló Roger Scruton y otros, pueden servirnos de protección ante la tiranía global.

La revista Verbo y los Amigos de la Ciudad Católica por una parte y por otra el nuevo paradigma razonalista: Gonzalo Fernández de la Mora y Razón Española…¿Se puede decir que son los dos focos intelectuales más serios tras la transición?

Verbo, Razón Española o Hespérides representan, o representaron, a un sector de la intelectualidad de derechas –unos eran católicos tradicionales, otros conservadores seculares, otros partidarios de alternativas nacidas en otros países como Francia- marginados por la derecha oficial, que hizo suyo, con su habitual mediocridad, el diagnóstico de Francis Fukuyama sobre el pretendido “fin de la Historia”; lo cual significó no solo la asunción acrítica de un liberalismo muy estrecho, sino un auténtico desarme desde el punto de vista ético, moral y político. Así se demostró el 11 de marzo de 2004, pero el Partido Popular no se ha enterado todavía. Y es que el Partido Popular, y sus organizaciones culturales, no solo no piensan, sino que intentan impedir, bloqueándolo mediáticamente, que otros piensen. El Partido Popular ha ocupado, hasta ahora, un espacio que no le correspondía. La derecha española siempre ha sido plural; y la permanente hegemonía del Partido Popular ha sido nefasta a la hora de intentar articular proyectos de carácter cultural. Lo malo es que sigue anclado en una postura economicista, sin proyecto cultural alguno.

¿Qué es el revisionismo histórico?

El capítulo dedicado al revisionismo histórico es un intento de aclarar lo que significa a nivel académico. En nuestra actual miseria cultural, política e historiográfica, el término “revisionismo” adquirió tintes peyorativos, como en el caso de Lenin contra Kautsky. Sin embargo, el revisionismo es inherente al saber histórico, que opera, como la ciencia, a partir de una revisión permanente. Ya Pareto y luego Popper, Lakatos, Kuhn o Feyerabend afirmaron que el pensamiento científico se basa en una dialéctica permanente entre paradigmas o teorías rivales. La ciencia nunca puede llegar a un saber absoluto e irrefutable; se basa en la falibilidad, en el ensayo/error. Lo mismo le ocurre a la Historia.

La Historia se basa en la interpretación de una serie de hechos. Nunca podrá llegar a una certeza absoluta, porque varían las perspectivas, el descubrimiento de nuevos datos, la percepción de la realidad por parte de las nuevas generaciones, etc. El revisionismo histórico, representado por Renzo de Felice, François Furet, George L. Mosse, Ernest Nolte o Stanley Payne se basa en la crítica de la interpretación marxista de fenómenos como la Revolución francesa o los fascismos. En España, durante mucho tiempo, y aún hoy, domina esa interpretación marxista sobre todo en la interpretación de la II República, la guerra civil y el régimen de Franco, por eso es preciso popularizar en nuestro país la interpretación de estos autores y trasladar sus postulados y métodos a la realidad histórica española, frente no ya el marxismo o las estupideces de un Viñas o un Preston, sino frente a las leyes de memoria histórica. La Historia, al ser interpretación, exige libertad intelectual en la esfera pública.

¿Cuáles son las principales causas de la ineficacia político-cultural de la derecha española hegemónica representada por el Partido Popular?

Como ya he señalado, el Partido Popular es el enemigo a batir en el campo político e intelectual. Como ya dijo Stanley Payne, el Partido Popular no era la derecha; era la “no-izquierda”. Se vio con el nefasto Aznar y con el no menos nefasto Rajoy. Pablo Casado corre el peligro de convertirse en un Antonio Hernández Mancha, el efímero y grotesco dirigente de Alianza Popular tras la renuncia de Fraga. La interpretación de la historia contemporánea de España es, por parte del Partido Popular, absolutamente equivocada, incluso grotesca. Mitifica el régimen de la Restauración, sin tener en cuenta sus debilidades e insuficiencias.

Al mismo tiempo, quiso hacer suyo al nefasto Azaña. Lo cual fue visto por las izquierdas como un signo de debilidad. Al final, dijo Jorge Semprún, los vencidos en la guerra civil eran los que habían triunfado en la actualidad. El Partido Popular no tiene nada serio que decir sobre la II República, la guerra civil y el régimen de Franco. De ahí su debilidad ante los proyectos de memoria histórica de las izquierdas. No tiene nada qué decir. Tampoco ante la crisis evidente del régimen del 78. No es consciente de la situación en que nos encontramos. Todavía hay algún historiador por ahí que presenta nada menos que al conde de Romanones como precursor de la democracia española. Que Dios le conserve la vista.

¿Cuáles son a su juicio los principales defectos del Régimen del 78?

Según se deduce de lo dicho hasta aquí y de lo sostenido en mi libro, resulta necesaria una crítica radical –de raíz- del actual sistema político. No sé por qué algunas fuerzas políticas se autodenominan “constitucionalistas” cuando buena parte de la problemática actual viene del contenido del texto constitucional. Algunos en vez de mostrarse patriotas españoles parecen mostrarse patriotas constitucionales. Debería existir un auténtico proyecto de revisión constitucional, porque este régimen no da ya más de sí. Intentar conservarlo me parece un error; hay que reformarlo desde la raíz. De ahí mi insistencia en los defectos del régimen del 78. Partitocracia, autononomías, hegemonía de la izquierda “feliz”, europeísmo infantil y acrítico; todo ello debe ser sometido a crítica y revisión. Ese es el mensaje de mi libro.

¿Qué supone para usted que el prefacio del libro esté escrito por Standley G. Payne?

Para mí, es un gran honor el prólogo de Stanley G. Payne a mi libro. Payne es, junto a John Elliot, el más grande hispanista vivo. Un gran amigo de España y de su unidad. He dedicado algunos de mis artículos a exponer su interpretación de la historia de España. Y he seguido, en mis libros, sus teorías. A su lado, un Paul Preston es tan sólo me parece un histrión, financiado por el nacionalismo catalán.

Por Javier Navascués

9 comentarios

  
Javier
Valentía y parresía necesarias para que se nos vaya cayendo la venda de los ojos de una vez. Esto "no da más de sí". Verdades que los partidos no quieren ver ni en pintura porque se les desmontaría el tinglado, en el que sobran varios miles de políticos.
31/01/22 9:59 AM
  
Manuel Rodríguez Blanco
Totalmente de acuerdo con las ideas del Sr. Cuevas. Hoy mismo compraré su libro.
Gracias
31/01/22 10:21 AM
  
Desde Madrid Capital
Si, si. Si yo también estoy de acuerdo en varios planteamientos. Pero yo me pregunto... ¿Qué alternativa (real) tenemos al actual sistema? Para mí ahora mismo no la hay, o no ha sido formulada de manera correcta. Desde luego, en un país donde vota alrededor del 70% del electorado es un país donde el sistema tiene apoyo popular.
31/01/22 3:20 PM
  
Rexjhs
Esta misma crítica de la representación en la democracia liberal la ha hecho también entre nosotros Dalmacio Negro.
31/01/22 5:27 PM
  
Juan Mariner
En estos últimos tiempos, algunas élites político-económicas ven peligrar su ideología y se han dado cuenta, ya se han creado hace poco asociaciones ad hoc en defensa de la monarquía "queriendo anclarlas en un apoyo de base católica" (algunos bien intencionados católicos morderán el anzuelo, creyendo que los defienden a ellos mezclando derecho a la vida, Constitución, eutanasia, rey, aborto...), y no es tanto la Constitución como la monarquía en sí.
31/01/22 5:29 PM
  
Hermenegildo
En España y en todas partes, la democracia es un medio de selección pacífica de las oligarquías que van a gobernar, pero siempre son oligarquías las que gobierna. En ninguna parte la democracia es el gobierno del pueblo, si es que tal gobierno puede existir.
31/01/22 8:02 PM
  
Gabriel Araceli
La partidocracia nacida de la Carta Otorgada de 1978 fue denunciada desde esa fecha, día tras día y hasta su muerte por D. Antonio García-Trevijano. Recomiendo ver en youtube el documental "Frente a la Gran Mentira".
31/01/22 8:10 PM
  
juanito
hombre, todo anda mal...y todo está equivocado pero el Régimen del 78 sirvió para sujetar y posiblemente neutralizar los problemas del País Vasco y Cataluña....después de 40 años ya parece necesario dar un nuevo impulso a nuestra democracia corrigiendo errores y profundizar los aciertos... nada nuevo bajo el sol...y por último un sistema político que dura 40 años con solo algunos sobresaltos...lo que demuestra es que hay una base sólida...en realidad no muy diferente de las democracias restantes europeas...
03/02/22 5:40 PM
  
juanito
En el 78 no fue un error Las Autonomías....era lo mas posibilista, se quería enlazar con "nuestra" democracia y el antecedente era ese sistema...todo el mundo lo concibió incluso Franco como un régimen extraordinario (por sus aciertos y desarrollo si lo fue) pero simplemente estuvimos ante un régimen autoritario como tantos otros....presentes pasados y futuros...
03/02/22 5:52 PM

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