27.10.24

Rodrigo Fernández Diez: “El católico debe dedicarse a la política, pero no a través de medios inmorales”

Rodrigo Fernández Diez. Licenciado en Derecho por la Universidad Panamericana (Méjico). Maestro en Ciencias Jurídicas por la Universidad Panamericana. Doctorando en Derecho por el Colegio Mayor de Humanidades (Méjico). Coautor del libro «Los contratos civiles de garantía» (Ed. Tirant lo Blanch) y autor de varios artículos de investigación. Articulista en el periódico «La Esperanza». Fue hasta el año 2023 catedrático de Derecho Romano en la Universidad Panamericana.

En esta entrevista analiza algunos aspectos de la implicación del católico en política según la enseñanza tradicional de la Iglesia.

El clero nos exhorta continuamente, como católicos, a participar en la política. Y hay algunos seglares que se animan a hacerlo a través de los medios que ofrece la democracia moderna, como también los hay que se rehúsan a ello. ¿Existe realmente tal deber? Y si existe, ¿cómo se debe cumplir?

Existe el deber de aportar al bien común a través de la acción política como parte del cumplimiento de nuestros deberes patrios. Pero no existe el deber de hacerlo a través de medios intrínsecamente inmorales. Por el contrario, hay obligación de evitar tales medios y acudir a otros que no sean inmorales, aunque no tengan el mismo grado de eficacia inmediata.

¿Pero la participación política a través de los medios que en nuestro tiempo se nos ofrecen es intrínsecamente inmoral?

Permítame desgranar el punto por pasos, recordando también que no es lo mismo participar como candidato que simplemente como elector.

François Hollande, presidente de la República Francesa entre los años 2012 y 2017, confesó en una entrevista que se le hizo en el 2012 que la relación entre la masonería y la República era tan grande, que en Francia todo aquel que quisiera hacer carrera política había de pasar necesariamente por las filas de la masonería. En los países en que tal condición sea necesaria, hay impedimento absoluto para la participación política por los medios convencionales, con ralliement pontificio o sin él. Y para los electores que voten por tales candidatos a sabiendas, tal vez el grado de culpabilidad sea menor, pero no inexistente.

¿Pero qué decir de los países en los que tal condición no es imperativa? Hasta donde sabemos, en algunos países, como España y la República Mejicana, no todos los partidos exigen esa membresía sectaria para hacer carrera en sus filas, cuando menos para los escalones inferiores de su jerarquía.

Yo también lo creo así. Pero en tales casos ello no es suficiente para resolver el dilema moral. En nuestros respectivos países —en realidad piezas desgajadas de una misma patria— la masonería puede no tener ya el mismo peso que tuvo en otro tiempo, pero si es así, se debe a que ya no tiene necesidad de él. El ciudadano ordinario y también el católico común ya piensan y actúan como liberales, sin necesidad de ser iniciados en logia alguna. La masonería de nuestros respectivos países bien puede decir que el trabajo arduo está hecho y sólo hay que esperar el devenir paulatino de las consecuencias, sin necesidad de afiliar gente nueva a un flanco y al otro.

En la práctica no hay diferencia alguna entre el iniciado auténtico y el no-iniciado que, por liberal, piensa y actúa como si lo fuera: sus frutos son los mismos. Por tanto, no es suficiente evitar el camino político que requiera la iniciación: también hay que evitar el partido o asociación que, sin requerirla expresamente, actúe sobre los mismos principios ideológicos, aunque lo haga por ingenuidad. Con ello en mente, se ve que la posibilidad de participación política a través de los medios convencionales es cada vez menor.

¿Sumarse al activismo opositor de las iniciativas moralmente disolventes, prescindiendo de los partidos políticos, podría constituir una vía aceptable?

Sí y no. Hay que considerar las causas y los medios. Vayamos primero a la cuestión de la causa. Debemos combatir las iniciativas moralmente disolventes con la mayor energía posible, pero no sólo las presentes, fijando nuestra atención exclusivamente sobre ellas como si aceptáramos las anteriores en calidad de irreversibles.

Para nuestra generación fueron especialmente graves la permisión del aborto y la eutanasia, así como la regulación civil de las uniones sodomíticas. La oposición a tales iniciativas marcó el activismo de nuestro tiempo y no puede soslayarse la influencia que tal activismo tuvo en nuestra formación. Pero por influencia del tiempo y de la propia perversión de la Revolución, siempre creciente, mucha gente ya considera tales temas como superados o cuando menos como poco urgentes, sobre todo considerando las nuevas iniciativas que se perfilan en el horizonte. La legalización de las perversiones tiene ese efecto: con el tiempo se dejan de considerar como tales, porque la sociedad se acostumbra gradualmente a ellas, provocando indignación o asombro sólo las perversiones inauditas.

Así, para la generación más joven que la nuestra los grandes retos serán, al parecer, la oposición al transexualismo y la oposición a la regulación permisiva de la pedofilia, porque son los nuevos temas polémicos. Como para la siguiente generación los grandes temas probablemente sean, en la medida en que se equiparen los estatutos jurídicos del hombre y del animal, el bestialismo como nueva unión contra natura y el canibalismo como nueva preferencia personal, entre otras aberraciones que hagan su aparición.

Pues bien, para combatir con sensatez la regulación de las nuevas uniones contra natura, a dichas generaciones convendrá tener una noción clara del matrimonio natural, lo que implicará no haber aceptado, ni por costumbre ni por resignación, las uniones sodomíticas que fueron polémicas en tiempos de sus padres. Y ello será difícil, porque la ley y el tiempo habrán hecho su respectiva mella. Es decir, para poder defender las posiciones futuras, no hay que rendir las presentes ni las pasadas, a pesar del transcurso del tiempo, porque entre ellas hay íntima conexión y la defensa, para ser sólida, debe ser coherente.

Pero debemos reconocer un error de nuestra generación y de las inmediatamente precedentes: ya nos olvidamos de las posiciones que la Iglesia defendió hace no mucho tiempo, aceptando, por negligencia o por resignación, una serie de errores que nos ha dejado parcialmente inermes, olvido que seguirá teniendo su efecto debilitador en el futuro.

¿Pero qué posiciones son esas? ¿En qué hemos claudicado ya?

Me refiero a los temas que fueron polémicos mucho tiempo atrás, que pocos católicos son capaces de recordar todavía, pero cuyo recuerdo es necesario para poder continuar. Creer que sólo son males las iniciativas que atentan directamente contra la familia como institución es una deformación reciente. Introducida, hasta donde puedo ver, por el modernismo eclesiástico. Espero no se malinterprete lo que intento decir. Es imperativo oponerse a los sacrificios humanos —conocidos hoy como «aborto»—, como también a la eutanasia, a la legalización de las relaciones contra natura y a la promoción de la promiscuidad en general, pero no exclusivamente. Los protestantes también se oponen a esas cosas y no dejan de ser enemigos del orden cristiano. Hay que oponerse también a las tres perversiones modernas originales: la promoción de los credos falsos —sean heréticos o sean paganos—, a la usura y a la propia democracia moderna.

A algunos puede parecer una extravagancia y a otros hasta risible. Pero si se supiera que hace unas generaciones fueron los temas por los que nuestros mayores se jugaron la vida, se recapacitaría. Verá usted, esos son los tres temas o grietas a través de los cuales se infiltró la noción moderna de libertad y que sirvieron como ariete para derrumbar la ortodoxia pública, paso sin el cual habría sido imposible que la Revolución llegara hasta donde se encuentra hoy.

La aceptación de la libertad religiosa relativizó nuestros deberes de justicia para con Dios. La aceptación de la usura relativizó nuestro deber de justicia más básico para con nuestro prójimo: el neminem laedere de Ulpiano (no dañar a otros). Y la aceptación de la democracia moderna fue, y sigue siendo, la negación de los deberes de justicia para con las autoridades naturales, que son formas de paternidad: la política, la familiar, la sacerdotal, la monástica y hasta la magisterial. Claudicar en esos tres frentes hace que todo lo demás —desde el aborto hasta el canibalismo— no sea sino una avalancha de consecuencias irrefrenables. Desengáñese el que crea que es posible aspirar al orden cristiano sin resistirse a esas tres aceptaciones.

¿Pero no es posible una democracia buena?

La democracia que desde la infancia se nos presentó bajo la imagen de Pericles y los atenienses togados es la democracia antigua, que no es sino una forma de tomar decisiones prácticas de gobierno, y que en efecto puede ser buena. Es la participación popular que en cierto modo subsistió en el municipio durante los siglos de la Cristiandad. Y si quiere un ejemplo más gráfico, es lo que se practica cuando un grupo de amigos pide bocadillos a domicilio, ahora que la tecnología lo permite, eligiendo por votación a qué restaurante. Pero es para lo único que sirve: para tomar decisiones prácticas en el cabildo municipal y para pedir bocadillos. Su radio sensato de aplicación es muy limitado.

Y esa misma práctica —el sufragio corporativo— requirió, para subsistir, intervención monárquica que la protegiera de la corrupción y cooptación por parte de las oligarquías locales que, al menos desde el siglo XV, hicieron su aparición. Tal es la razón del nombramiento de regidores perpetuos por parte de la Corona, entre otras medidas. El caso de Italia es particularmente esclarecedor: donde no había presencia española —monárquica— protectora desde arriba de los municipios, imperaban los condotieros, que doblaban la voluntad de los funcionarios municipales con la mayor facilidad. En nuestro tiempo lo mismo ocurre en los municipios mejicanos, cooptados y regidos por narcotraficantes. El sufragio municipal sólo puede existir bajo una égida protectora que no esté sujeta a sus mismos principios rectores y que lo proteja de sí mismo.

Pero si pasamos a la democracia moderna veremos que es una cosa completamente diferente. No pretende sólo tomar algunas decisiones prácticas de gobierno. Es la pretensión de determinar por votación lo bueno, lo justo y lo verdadero, al grado de poder determinar, por mayoría, desde la abolición de instituciones de Derecho Natural hasta la transformación de pecados en derechos. Para quien no haya entendido: se pone en el lugar de Dios. Filosóficamente es una falacia, teológicamente es una blasfemia, históricamente una aberración y desde el sentido común una estupidez. Por donde se analice es indefendible. Y es el tipo de democracia que tenemos hoy, en todas las constituciones del mundo, sean confesionales o no. Y cuando el clero nos pide participar en ella parece no tener ni la noción más elemental de lo que nos está pidiendo.

Esas son las causas, ¿y qué hay respecto a los medios?

Hay cuando menos tres áreas concretas de acción cuyo grado de influencia es más o menos directo en lo que atañe al refrenamiento de las iniciativas moral y socialmente disolventes: 1) El cabildeo legislativo; 2) el litigio estratégico en los tribunales; y 3) lo que genéricamente podríase llamar «acción cultural».

En el ámbito del cabildeo legislativo hay asociaciones y movimientos de relativa organización que, en la época del democratismo obsesivo, aparentan ser fructíferos: apoyan las campañas de diputados pro-vida o pro-familia en general, presentan iniciativas de reforma a tal o cual artículo, incluso llevan a cabo el cabildeo en instancias internacionales como la ONU. Y tal vez ese tipo de activismo tenga su efecto, por lo que no debe descuidarse. El problema con él, sin embargo, es el tipo de alianzas que en ocasiones implica. En Méjico el partido que debería ser el primero en oponerse a las innovaciones perversas es el Partido Acción Nacional, pero como buen partido democristiano es tan inútil como el Partido Popular español. Con quienes hay que estar buscando alianzas es, en consecuencia, con los protestantes, que son los más activos cuando se trata de contrarrestar las perversiones de última generación, como también son enérgicos defensores de las de primera generación, de tal modo que la acción queda un tanto entorpecida, además de que suelen tener una influencia geopolíticamente favorable al gobierno estadounidense, lo que hace que su influjo político sea riesgoso a largo plazo.

El litigio estratégico en los tribunales, al cual yo mismo me dediqué hace muchos años, tiene la virtud de constituir el activismo más técnico y profesional, pero es también el de menor eficacia, creo yo. No sólo porque la mayoría de los jueces está ideologizado —situación en la que el grado de culpa de las universidades no es menor—, sino porque las propias asociaciones y los individuos que postulan las buenas causas se acostumbran a considerarlas bajo la óptica exclusiva de los derechos humanos, al ser el único lenguaje tendiente a la admisión procesal de los ocursos, constituyendo una suerte de corrupción intelectual que se vuelve conveniente por su eficacia.

Y esa corrupción intelectual que deriva de la ideología de los derechos humanos contamina el tercer campo de acción, el de carácter cultural, porque sustituye la noción clásica de lo bueno por la pseudo-ética de la autodeterminación, la noción clásica de lo justo por el pseudo-Derecho del «empoderamiento», y la noción clásica de la Caridad por su negación más radical, que no es la avaricia común y corriente sino la filantropía burguesa. Si en los dos campos anteriores hay necesidad de teñirse con los colores revolucionarios para obtener algún fruto inmediato, en el de la acción cultural, por el contrario, es imperativo abandonarlos para no corromper la causa y a las generaciones venideras.

¿Podría dar algunos ejemplos clarificadores de ello?

Sí, le voy a dar tres ejemplos.

Primer ejemplo. La oposición al aborto bajo la óptica exclusiva del derecho humano a la vida, que es enteramente comprensible en los tribunales, en el campo social y cultural de acción es contraproducente a largo plazo, porque las mismas razones por las que tal derecho se opone al aborto se pueden invocar en favor de la eutanasia y el suicidio asistido, especialmente el del respeto a la libre disposición de la propia vida, que es el argumento de los libertarios como Javier Milei. Es decir, la idea de que la vida es un bien disponible en libertad sólo por su titular puede resultar en una victoria retórica en un frente, pero ser catastrófica en otro, además de ser una idea intrínsecamente falsa, porque nadie es realmente dueño de su vida.

Segundo ejemplo. El apoyo del uso y distribución de anti-conceptivos como alternativa al aborto, iniciativa que apoyan muchos activistas pro-vida estadounidenses, que en cuanto medida de carácter preventivo tiene una apariencia de bondad y que en el discurso tecnificado de las libertades individuales se puede invocar como «derecho sexual o reproductivo». Tal medida, aunque pueda constituir una victoria a corto plazo en la morigeración de las políticas administrativas, a largo plazo tiene un doble efecto destructivo, porque promueve la costumbre de la cópula como actividad lúdica y porque inocula la idea de que es una actividad a la cual hay derecho, consolidándose los pilares de la mentalidad abortista.

Tercer ejemplo. La insistencia, frente a las iniciativas de los gobiernos izquierdistas, de la propiedad como libertad individual. Que a corto plazo es una táctica que puede suponer una victoria legislativa y quizá también en los tribunales, sobre todo porque casi la totalidad de las constituciones modernas otorga tal derecho. Pero que también, a largo plazo, tiene el efecto de consolidar la cultura del egoísmo individual, porque al quitar a la propiedad su finalidad familiar y de aportación al bien común, rápidamente se convierte en una justificación para atentar en contra de ambas. Así, por ejemplo, la pareja sentimental que, para no hacer peligrar su patrimonio, decide abortar. O vea usted cuántos economistas van por el mundo diciendo, contra la lógica más elemental, que el motor de la economía es la avaricia individual, en lugar de decir que es el ánimo de los padres de familia de proveer al sostenimiento de sus familias, lo contrario de la avaricia individual.

Pero entonces, ¿qué podemos hacer?

Ahora que está de moda la apreciación de las religiones falsas, quizá no esté de más un detalle que los moros entienden bien y nosotros hemos olvidado. Dicen ellos que todo hombre debe librar dos guerras: la espiritual interna (que llaman yihad mayor) y la corporal externa (yihad menor). Hay una idea similar en San Bernardo de Claraval: la guerra simultánea contra las realidades visibles y las invisibles, que hasta hace no mucho fue común entre los católicos y que es necesario recuperar.

Naturalmente, para librar la guerra interior contra nuestros pecados y malas inclinaciones, hay que intensificar la vida espiritual en el seno de la piedad tradicional de la Iglesia. Pero al respecto no puedo decir gran cosa, porque no soy clérigo.

Contra las realidades visibles, pugna a la que estamos llamados los seglares de manera particular, me parece que antes de preguntarnos qué hacer debemos preguntarnos qué dejar de hacer, porque nuestros deberes de abstención son los más fáciles de cumplir y no requieren la existencia de estructuras políticas complejas. En tal línea, debemos, en primer lugar, dejar de creer en el error y debemos dejar de predicarlo. Ello implica el emprender una cierta formación, comenzar a leer, para que el día que sintamos el demonio del liberalismo saliendo de nuestra tripa por la garganta, podamos reconocerlo y mordernos la lengua. Y en tercer lugar, paso que para muchos entiendo es muy difícil, difícil al grado de no requerir sólo templanza sino incluso fortaleza: dejar de participar en los comicios electorales por costumbre o presión social, sobre todo considerando el efecto adictivo y corruptor del alma que tiene la democracia moderna.

Si logramos cumplir nuestros deberes básicos de abstención, quizá podamos, a continuación, dar un paso más. Al respecto creo conveniente advertir contra la tentación de creer que se puede cambiar individualmente el rumbo de las cosas. No se puede. Y quienes lo han podido, ha sido por auxilio demoníaco y siempre para mal. La Providencia no dirige así a los suyos y quien anda ese camino creyendo que hace bien suele acabar en la frustración.

Para hacer las cosas bien es necesario emprender tal esfuerzo en comunión con otros y bajo la disciplina que implica la subordinación a una jerarquía, para no desviarnos. Esa jerarquía, naturalmente, no debe ser la clerical, ni siquiera la de orientación tradicional, porque no es asunto de su jurisdicción ni suele tener formación al respecto. El lugar correcto para formarse, para orientarse, para encontrar a los compañeros en armas con el mismo objetivo y siempre contando con una capitanía de miras claras, es el círculo carlista de la localidad. Quien no se una a él, me temo que está condenado a vagar perpetuamente en su propia individualidad, por genial que sea.

Por Javier Navascués

 

5 comentarios

  
Nova
Magnífica entrevista. Yo añadiría que en España, tenemos un grave problema añadido: La Conferencia Episcopal Española, al tiempo que pide a los católicos que intervengan en política, les impide hacerlo en partidos políticos que no sean el Partido Popular (un partido que, por sus frutos, es absolutamente perverso). Más aún, cuanto más quiere un partido político conformarse a los valores del Evangelio, más se esfuerzan los Obispos españoles en destruirlo. Es sorprendente, pero es así. Por si lo anterior fuera poco, los Obispos, encima, han estado mintiendo al pueblo español, diciendo que no hay partidos políticos en España que respondan enteramente a los valores del Evangelio. Sí que los ha habido (y no me refiero a VOX, partido respecto al cual tengo mis reservas) y se han estado presentando a las elecciones. Pero el Catolicismo patrio les ha eclipsado y ninguneado al máximo, no fuera a ser que los católicos llegáramos a tener representación parlamentaria en cuanto tales; ¡Algo que no se puede permitir...! ¿Verdad, Ilustrísimos Obispos?

Yo he formado parte de uno de esos partidos, cuya existencia ya no pudimos prolongar (con mucho dolor para nosotros) y puedo dar fe de todo lo que he escrito. El daño que los Obispos españoles han hecho a España con su actitud, en mi opinión, ha sido enorme; y el daño que nos han hecho a nosotros, en particular, también. Cuando yo muera y me presente ante el Tribunal de Dios, el Señor sabrá que hice lo que estuvo en mi mano para defender los intereses de Jesucristo en la vida pública española. No sé lo que pasará con quienes han combatido nuestra labor política (y la de otros partidos de corte católico), pero no dudo que tendrán que responder ante Dios del daño causado. Dios se apiade de ellos.
27/10/24 12:46 PM
  
Pablo
Gracias por la entrevista. Hay algún caballo de comunicación directa con Rodrigo que puedas compartir
27/10/24 2:25 PM
  
Gilbert
Excelente entrevista!
Muchas gracias
30/11/24 11:01 AM
  
Pablo Martínez
Interesante la propuesta. Aunque me pregunto si esta posición no es poco realista, pues propone huir de la participación política como existe hoy en día, en función de que se la considera intrínsecamente mala y pervertida.
¿Cómo cambiar entonces las cosas? ¿Abstenerse de votar y decidir abstenerse de toda forma de participación, aunque ésta sea constructiva? ¿Cómo cambiaríamos los sistemas y estructuras políticas? ¿Con revoluciones armadas? ¿O haciéndose ermitaños creando colonias autosuficientes en las montañas y en las provincias, al estilo de varias utopías? ¿Y qué tanto impacto tendrían estos proyectos? ¿Cuánto habrá que esperar para que las estructuras sean transformadas? ¿500 años? ¿1500 años? Yo no sé cual sea la solución, pero me parece que, ciertamente, ésta que se propone no es una solución viable. Es muy angelical, poco realista, demasiado utópica, y no carente de ciertos sesgos. Habrá que seguir discutiendo y buscando.
16/12/24 7:39 PM
  
Marc
Pablo Martínez, no tenga prisa por los resultados, no tenemos porque verlos, no seamos ansiosos e impacientes, Dios nos los dará, no nosotros con nuestra voluntad dañada y nuestros racionalismos. Utópica mas bien diria yo que es la idea de pensar que comportandonos como un liberal en la política y con partidos conservadores (mal llamados catolicos) liberal moderados, vamos a hacer algun bien si quiera por el Reinado, digo yo vaya...
Buscad el Reino y el resto se os dará por añadidura.

06/06/25 11:44 AM

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26.10.24

Martínez Peñaranda: “La tiranía global ya ha llegado como una apisonadora, solo necesita consolidarse”

Francisco Martínez Peñaranda analiza su libro La apisonadora global

Francisco Martínez Peñaranda es un padre de familia, casado y con siete hijos. Escritor de relatos infantiles y juveniles. Artista, en especial en arte sacro. Autor de los libros Sin Paternidad No hay libertad. La tiranía del género, La apisonadora global, libro del que habla en esta entrevista. Es el Presidente de la asociación Libertas Sui Iuris.

¿Por qué decidió escribir el libro La apisonadora global?

La Apisonadora Global es el segundo libro de una trilogía sobre IDEOLOGÍA DE GÉNERO, que se aborda desde distintos puntos de vista y enfoques:

Política, filosofía, historia, sociología, antropología, ciencia, cultura, sicología etc.

El motivo por el cual decidí escribir sobre este tema tan profundo y controvertido a la vez, fue por la necesidad de dar una respuesta a mis hijos de un modo sencillo y didáctico sobre un asunto que estaba minando las bases de su educación moral y de su visión antropológica.

 Existen muchas ideologías en la actualidad que marcan nuestra época, son como religiones sin dios, que idolatran ciertas corrientes de pensamiento teóricamente salvadoras y llenas de promesas, y que pretenden rescatar al ser humano de sus miedos y esclavitudes; cada época tiene por así decirlo “sus demonios”, pero en la generación actual, la ideología más demoledora por excelencia es la que se basa en la teoría del género.

Tal como digo, existen otras ideologías que flotan en los entresijos de la cultura, pero la más disolvente es sin duda la del género. En el momento en que esta ideología, se comenzó a instalar en todas las instituciones públicas y privadas y especialmente en la educación, fue cuando comprendí la necesidad de enfrentar el problema.

Como padre de siete hijos, que en aquellos años estaban todavía “por criar”, era necesario no desertar de la responsabilidad de tomar cartas en el asunto; pues tal como decía Cicerón: La verdad se corrompe tanto con la mentira, como con el silencio y callar hubiera sido una complicidad para mí imperdonable y connivente con este mal. 

¿Cuáles son las etapas de la implantación de una ideología?

Según mi punto de vista, existen cuatro etapas fundamentales y bien diferenciadas de implantación de una ideología, aunque alguna  de estas etapas requiere de variantes y matices. No obstante en el caso de la Ideología de género se cumple de forma inequívoca la hoja de ruta pre-diseñada para su implantación.

 La primera etapa es la ETAPA DE NORMALIZACIÓN y consiste en blanquear, promocionar y magnificar sus postulados en todos los ámbitos de la vida pública y privada.

Se trata de hacer ver a la población que un cierto comportamiento, pensamiento, idea o estilo de vida es común, bueno, positivo y loable. Consiste en financiar y promover de forma deliberada actitudes, teorías e ideas que son rechazadas por la comunidad social, académica, cultural, educativa, familiar o religiosa. Se trata en definitiva de mover paulatinamente la Ventana de Overton hasta hacer creer a la mayor parte de la población de que aquello que rechazaba por considerarlo negativo, es recomendable y beneficioso, quede normalizado en un primer paso y aceptado como bueno a la postre. Esta ingeniería social, no es sencilla de realizar, requiere mucho esfuerzo y financiación, a través de los medios de comunicación, la televisión, radio, cine, series, dibujos animados, campañas publicitarias, concursos, canciones, etc. Y para conseguirlo con eficacia debe ir de la mano y casi simultáneamente de la ETAPA EMOTIVA.

 La segunda etapa es LA ETAPA EMOTIVA O DE VICTIMIZACIÓN y sin ella, la etapa de normalización queda insuficiente y es en cierto modo ineficaz, por tanto debe implantarse casi al unísono y de la mano.

Esta etapa consiste en tocar los sentimientos de la población que se pretende manipular, considerando que la contemplación del sufrimiento ajeno, conmueve y bloquea la razón. Consiste en magnificar el supuesto sufrimiento que ciertos colectivos padecen, o han padecido históricamente, motivando el complejo de culpa en el receptor, es decir, en el sujeto manipulado. Y creando en él, la necesidad de subsanar la injusticia, de modo urgente e irreflexivo.

La tercera etapa es LA ETAPA LEGISLATIVA. Esta etapa se deriva de las anteriores y se produce cuando, la población ya ha interiorizado la normalización y sobre todo el victimismo. Y puesto que es necesario corregir la injusticia, para compensar a la víctima y castigar al victimario se debe legislar y se legisla sin criterio ni reflexión, sin asesoramiento de expertos. Se legisla en definitiva, contaminado por la ideología que impregna todo e informa al legislador.

El argumento fundamental es que el victimario, en el caso de las ideologías, suele ser la sociedad culpable de no compartir los postulados de las mismas. Postulados que son discutibles y en absoluto son certezas y que son el fruto de una manipulación sesgada y motivada por actores que la han propiciado.

A partir de ahí, se pone en marcha LA ETAPA DE LA TIRANÍA y todo aquél que no participe de este pensamiento obligatorio, implantado será considerado culpable de marginar, de odiar, de pensar de modo dañino para la convivencia y el interés general. Sin derecho a discrepar, bajo amenaza de castigos ejemplares, tales como: suspensión de empleo y sueldo, marginación profesional, condena al ostracismo e incluso a multas y cárcel en algunos casos. Y solo por disentir de este modo de pensamiento que es falso y parte de premisas falsas y es indemostrable. Porque por eso se trata de una ideología, ya que si fuera demostrable y contrastado, se trataría de una certeza.

¿Por qué considera que estamos en la cuarta etapa, en la de la tiranía?

La ETAPA DE LA TIRANÍA está ya en marcha, y no hay más que mirar a nuestro alrededor, es cierto que aún es incipiente, pero paso a paso va tomando cuerpo, ya que todo aquél que ose disentir, será destruido civilmente, puede incluso perder a sus hijos si pretende oponerse a la educación en ideología de género.

Las leyes despóticas que se han dictado en este sentido, contemplan la posibilidad de considerar a unos padres opositores, como maltratadores, por no permitir a su hijo, su autodefinición, hormonarse o castrarse, por ejemplo, en el caso de la transexualidad; a un médico o personal sanitario perder su carrera y a un profesor, ser suspendido de empleo y sueldo, por poner unos ejemplos.

La tiranía ha llegado, solamente necesita ir consolidándose, es cierto que su cumplimiento no es aún arrollador, pero si está en la ley, solamente es cosa de tiempo y de ir venciendo paulatinamente los obstáculos para que se instale definitivamente.

¿Qué es el movimiento queer y cómo ha llegado a adoctrinar en los colegios?

El término Queer significa trasgresión, pero en inglés americano, coloquialmente hablado, tiene unas connotaciones peyorativas. Es algo así como decir raro o anormal.

 Si el “salir del armario” de los homosexuales con el orgullo de serlo por bandera, pudo parecerle a algunos un movimiento trasgresor pero “respetable”, (ya que cada cual puede vivir como le parezca oportuno) el movimiento queer es ni más ni menos, que dar siete vueltas de tuerca más al movimiento de reivindicación de orgullo gay para pasar a otro campo que se adentra de lleno en el género constructivista. Es existencialismo en estado puro. Es pasar a lo que podríamos llamar del orgullo gay al orgullo queer.

Este salto mortal es cualitativo y sin red, es, por así decirlo, rizar el rizo hasta el límite de lo inimaginable, incluso diría yo de lo absurdo. No es reivindicar un estilo de vida, sino, cuestionar la realidad y su interpretación objetiva.

El problema surge, cuando se impone en la educación y se permite a ciertos colectivos que tengan derecho a educar a los hijos de los demás según sus ideas.

Es como si el Estado se hubiera hecho confesional, pero no de una religión sino de una ideología, y al hacerla propia obliga a las familias a aceptar coactivamente la religión del Estado. Y la obligación no es de ser tolerante, de forma racional y respetuosa,  sino que hay que considerar ciertos estilos de vida, recomendables y además, todo esto por la fuerza de forma obligatoria.

¿Cuáles son los nuevos derechos que impulsan los organismos internacionales?

Después de los horrores de la Segunda Guerra Mundial, en El Convenio Europeo de Derechos Humanos se reafirmó  la libertad de conciencia, frente a las imposiciones de los Estados Totalitarios que en el siglo XX remarcaron la primacía de lo colectivo por encima de la dignidad del individuo. En este convenio se consolidó la obligación de los Estados de garantizar el respeto a la libertad de conciencia y de religión, debiendo actuar en sus legislaciones de forma positiva a este respecto.

Con la Ideología de género volvemos una vez más en la historia a confundir los derechos humanos con una ideología libertaria; el derecho del individuo, de la persona, queda supeditado a la premisa de la que parte esta ideología, que informa al legislador, la cual está por encima de cualquier otra consideración; la premisa es falsa pero indiscutible, es una certeza de la que se parte no una conclusión a la que se llega y de nuevo nos propone unos neo-derechos que serán impuestos por la fuerza.

Las leyes que de ella se derivan son la demolición sistemática de  la libertad de conciencia y del respeto a la dignidad del ser humano que lleva implícita.

Esta ideología actualiza el vigor de la intransigencia revolucionaria y recupera la consigna del TERROR: “No hay libertad para los enemigos de la libertad”.

Estos nuevos derechos del género chocan frontalmente con los derechos naturales más elementales que son sistemáticamente despreciados: El derecho del niño a tener un padre y una madre y a ser criados y educados por ellos. El derecho a la vida de todo  ser humano en todas las etapas de la misma. El derecho a la libertad de conciencia. Así un largo etc.

¿Por qué todo ello va encaminado a una gobernanza global?

La ONU y sus organismos apéndices que nacieron en teoría para defender los derechos humanos y para promover las libertades, ahora se dedican a promover el comunismo y la defensa de la tierra frente a la especie humana que, según parece ser, es una plaga maligna que debe ser controlada y fumigada por estos organismos supranacionales. Por cierto, me gustaría subrayar que nadie ha elegido a estos mandatarios para que decidan nuestro destino. Y curiosamente, estos personajes están al servicio del capitalismo más salvaje. Y paradojas de la vida, están sustentados por las multinacionales que los subvencionan, que quitan y ponen rey a su antojo según sus intereses.

Aunque pueda parecer contradictorio, en este momento comunismo y capitalismo son dos caras de la misma moneda, aunque entenderlo requiere su estudio y análisis. El ansia de poder y de dinero siempre ha sido uno de los motores del mundo en todas las épocas, y en un mundo cada vez más global, este ansia de poder y de dinero es del mismo modo cada vez más global.

Hace ya décadas que estas y otras directrices ideológicas pasaron de ser recomendaciones a ser imposiciones a las naciones, encaminándolas hacia sus objetivos mediante el chantaje y el soborno, caminando paulatinamente hacia un gobierno global, gestionado y dirigido por una élite privilegiada que ostenta cada vez y con más descaro el poder mundial.

¿Cómo se puede resistir a estas imposiciones?

Gran pregunta. No cabe la menor duda, que el enemigo es grande y poderoso, de eso podemos estar seguros y no es fácil hacerle frente.

En primer lugar conviene formarse adecuadamente para comprender sus intenciones y peligros.

En segundo lugar, reforzar los lazos familiares, no hay que olvidar que la familia es su gran enemigo a batir, si la familia resiste, el monstruo se bloquea y desactiva.

En tercer lugar, es importante volver a nuestras raíces cristianas, pilares y fundamento de nuestra civilización.

El gran problema de occidente no es otro que la apostasía, el abandono de la Luz que vino al mundo y fue rechazada, y hoy una vez más está siendo despreciada. Y así nos va. Estamos recogiendo los frutos de esa apostasía.

No obstante no debemos perder la esperanza, hoy como ayer, David puede vencer a este Goliat que tiene los pies de barro, pero no caerá sólo, debemos enfrentarlo con fe y determinación. Y sobre todo blandiendo nuestra onda con el guijarro adecuado, aquél que puede derribarlo, aquél que es la Verdad con mayúsculas.

¿Por qué España está a la cabeza de este despotismo?

Una vez más parece como si España luchara por la hegemonía en el fanatismo despótico.  España está siendo pionera en la implantación de esta y otras ideologías disolventes de la nación, de la cultura de raíces cristianas y de la familia. Pionera en el aborto como derecho, pionera en las mal llamadas leyes de “igualdad, que suprimen la presunción de inocencia, pilar fundamental en un estado de derecho, pionera en el adoctrinamiento en las aulas, y si no pionera en todo, si lo es, en cuanto a vehemencia e implicación de sus gobernantes. La injerencia del gobierno y las instituciones en España es cada vez más intensa. Es necesario recordar que la patria potestad no es solo un derecho de los padres sino también un derecho de los hijos a su papá y a su mamá y no a un Papá Estado.

¿Considera que puede haber una reacción del pueblo español ante la tiranía mundialista?

Sí, es absolutamente necesario una reacción, pero antes de nada, se necesita tomar conciencia de la trampa y del mal que esto supone.

Nada va a cambiar fácilmente, hasta que no tomemos conciencia de este mal. Por el momento, la propaganda ha calado en la población y se necesita ver las consecuencias de esta deriva para comprender el daño que se nos avecina y los sufrimientos que nos ocasionará. De no reaccionar, la catástrofe está asegurada: Lucha de sexos, odio al varón, misoginia, divorcios y rupturas familiares, padres contra hijos, hijos contra padres, abandono de nuestros mayores y eutanasia;  aborto y odio a la maternidad, envejecimiento de una población casi sin niños, confusión de identidad y delirio colectivo de género, una juventud desquiciada y una importante subida del índice de suicidios. Esto ya está sucediendo, aunque se oculta y no se quiere abordar, ya está sucediendo. La reacción es urgente, aunque tal vez se necesita que la temperatura siga subiendo aún más, antes de la toma de conciencia y la reacción. Tal vez.

¿Por qué merece la pena leer su libro y qué aporta de nuevo en relación a este tema?

Es posible que no suene muy estético que sea el propio autor quien recomiende su propio libro, pero si usted me lo sugiere lo hago con mucho gusto. La Apisonadora Global es un libro apasionado, es un acercamiento a un tema muy importante y grave que afectará a nuestras vidas, y especialmente a la vida de nuestros hijos. Como sociedad tenemos un problema, pretender ignorarlo es el camino seguro hacia la esclavitud. No tenga usted ninguna duda.

Le agradezco esta oportunidad que me ofrece, con esta entrevista, de poder ayudar posiblemente a muchos que desean comprender mejor este tema tan delicado y controvertido.

Por Javier Navascués

5 comentarios

  
Juan Mariner
El mundialismo o el NOM o el globalismo es intrínsecamente liberal y masónico, ya se habría implantado antes a no ser por el comunismo imperialista que había que eliminar con el marchamo de la "libertad-igualdad-fraternidad", la democracia parlamentaria, los derechos humanos, el pluralismo y estas cosas, mal copiado del catolicismo. Estas ansias del liberalismo, noqueado el comunismo imperialista, se van poniendo en marcha. Algunos nostálgicos de la lucha anticomunista de la Guerra Fría se inventaron aquello del "marxismo cultural", pero el mundialismo es de esencia liberal occidental y judeo-masónica.
26/10/24 11:52 AM
  
Nova
Hay una fase previa a la de normalización. Si algo es muy malo, no lo presentan, en un inicio, como algo bueno y beneficioso, saben que no pueden; sino que lo presentan como algo no tan malo, al menos, en algunos casos excepcionales, que magnifican, aludiendo, también, a los sentimientos de las gentes y tratando de manipularlos. Es después de esta fase cuando, incluso, se ha producido la legalización; así ocurrió en España, por ejemplo, con el aborto; el sistema de legalización por supuestos fue puesto en marcha antes de presentar el aborto como algo bueno y beneficioso. Así lo hizo el que es, para mí, uno de los mayores criminales de la Historia de España: Felipe González (y ojo, que el rey Juan Carlos ha sido quien ha mandado a los españoles guardar y hacer guardar esa y otras muchas leyes perversas a más no poder).
26/10/24 1:16 PM
  
Nova
Quizá sea el momento de recordar que las libertades de conciencia, de pensamiento y de expresión fueron, en un principio, condenadas por la Iglesia, que enseñó que los Estados tienen la obligación de defender a los pueblos de la mentira y el error; es decir, deben defender la Verdad. Esas supuestas "libertades" no fueron proclamadas para defender la dignidad humana, sino para destruir el Cristianismo; y ahora, una vez que el Cristianismo ha retrocedido gravemente, esas "libertades" ya no son útiles para sus muñidores y, en consecuencia, dejan de respetarse. Desde luego, no se van a respetar en el caso de los católicos, ya lo estamos viendo.

Por otro lado, mientras el Ejército respete el actual estado de cosas, los civiles no podemos hacer apenas nada. Es triste, pero es así. No hay más que ver cómo están en países como Corea del Norte, Cuba o Venezuela; ¿Por qué están así? Porque el Ejército apoya sin fisuras el sistema que hay allí. Sin más.
26/10/24 1:29 PM
  
Rosita
De ahí que todo el que trabaje despertando inteligencias, merece nuestro reconocimiento y nuestro agradecimiento. Porque esta especie de "religión sin Dios" como dice el autor de este post, ha penetrado todos los estamentos de la vida social, en mayor o en menor medida. Con todo el dolor que eso significa.
26/10/24 4:08 PM
  
Tamayo
Las leyes de igualdad no suprimen la supresión de la presunción de inocencia.
La mitad de las denuncias por violencia de género son archivadas, solamente la mitad llegan a juicio y solamente el 20% de los acusados acaba siendo condenado.
Si bastara con la simple denuncia el 100% estarían en la cárcel.
26/10/24 7:19 PM

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25.10.24

La Fragua de la Caridad... un viaje apasionante al corazón de los niños para forjar santos

César Augusto Castro Almeida (Las Palmas, España, 1983) es un cristiano católico, licenciado en Administración y Dirección de Empresas, funcionario de carrera de la Administración General del Estado, casado en santo matrimonio, y autor de los libros “La Fragua de la Caridad” (novela catequética; año 2016) y “El Núcleo de la Caridad” (novela postpandemia en defensa de la Eucaristía; año 2021), los cuales se encuentran a la venta en la Web de Amazon en versión impresa, y de forma gratuita en formato electrónico en Play Libros (Google Play).

¿Cómo nace la idea de escribir La Fragua de la Caridad?

Un sábado por la mañana, mientras desayunaba con la intención de ir a la Santa Misa, llegó a mi teléfono móvil un mensaje de texto providencial, del cual extraje una idea (como un granito de arena, que después se convertiría en una montaña, y que venía a decir que “si nosotros los cristianos no hacemos lo que debemos de hacer, ¿quién lo hará?”) que sirvió de detonante para desarrollar toda una historia catequética, una situación que explico en el prólogo del libro.

Como anécdota, recuerdo que de camino (en coche) a la Santa Misa, la idea del esqueleto del libro fluía en mi interior, y que tras la Santa Misa acudí a una cafetería para escribir en servilletas el esqueleto del libro (y varias pinceladas principales del mismo) mientras repetía parte del desayuno: otro café.

¿En qué medida está inspirado en su experiencia de niño en las excursiones infantiles?

El modus de la excursión, fue una “excusa” para poner a un grupo de niños y de niñas en un ambiente catequético vivo, en un ambiente catequético que cobra vida, en el cual los niños y niñas de una forma no forzada aprenden distintas verdades de nuestra Fe católica, verdades que después llevan a la reflexión personal y detonan un cambio de vida de dentro para fuera, un cambio que surge desde lo más profundo del propio ser tras quedar grabadas en el corazón distintas Verdades.

Hay partes del libro que están basadas en mi propia experiencia personal como niño. Por ejemplo, en el capítulo “Los puentes de la gracia” (capítulo introductorio de una serie de capítulos en donde se abordan los siete sacramentos) a la hora de abordar los dones del Espíritu Santo, y en concreto el don del Santo Temor de Dios, uno de los niños pregunta al personaje principal del libro: “¿tenerte miedo es un don?”, a lo que éste con una amplia sonrisa contesta: “El don del Santo Temor de Dios no tiene nada que ver con tenerle miedo a Dios, no tiene nada que ver con tenerme miedo. Gracias a este don, el cristiano al reconocer su pequeñez, su debilidad, tiene miedo de disgustar a Dios, tiene miedo de separarse de mí, y por tanto tratará de evitar toda aquella ocasión que le pueda llevar a pecar, y por tanto a disgustarme.”.

Pues bien, precisamente siendo niño por no pensar lo suficiente en la consecuencia de mis actos (a muchos nos pasaría) le ocasioné a mi padre (y a mi madre) un disgusto por hacer aquello que me advertían que no hiciera porque entrañaba un peligro para mí (estuve a punto de perder un ojo…), algo que relato en el libro como una experiencia propia de uno de los niños protagonistas.

Para no disgustar al Buen Dios con nuestra forma de proceder, como a veces nos ha podido suceder con nuestro padre terrenal, tenemos un “Libro de Instrucciones” infalible, conformado por los diez Mandamientos de la Ley de Dios y por los cinco Mandamientos de la Santa Madre Iglesia Católica, aspectos que son abordados en uno de los capítulos del libro.

Movidos por el don del Santo Temor de Dios, este “Libro de Instrucciones” nos ayuda a poner los medios óptimos para alejarnos del Mal, del Maligno, y así no poner en riesgo la salvación de nuestras almas (y por ende no darle un disgusto a Padre Dios).

¿Por qué en esa edad de la inocencia el corazón está más abierto a recibir la Verdad?

A una edad temprana el corazón (entendido como la sede de los sentimientos) no está suficientemente contaminado, y es por ello que la inocencia, la pureza del espíritu, es un terreno fértil en donde la Verdad que es Cristo, puede ser sembrada y dar buen fruto (ver Mt 13, 3.8-9), una predisposición que se puede observar especialmente en los niños y niñas que acuden a catequesis de primera Comunión.

La pureza de corazón (la “inocencia” bien entendida en la edad adulta) es nuestra responsabilidad el mantenerla; ¿cómo? con la Confesión frecuente de los pecados actuales y de los pecados de la vida pasada.

Los pecados de la vida pasada, son aquellos aspectos en los cuales suele arreciar mayormente la tentación en el presente (como aquella hierba mala que una vez estuvo, y que dejó un hueco, en el cual una y otra vez trata nuevamente de germinar para luego propagarse con sus efectos nocivos y tóxicos), aspectos que si bien no siempre se convierten nuevamente en pecado (mortal o venial) al quedarse la tentación en una tentación, sirven de “excusa” saludable para recibir la gracia sacramental frecuentemente en el sacramento de la Confesión (acudiendo al mismo con un nuevo arrepentimiento contrito los pecados de nuestra vida pasada que ahora arrecian como tentaciones, con las cuales el Maligno quiere inducirnos a ser necios y repetir nuestras sandeces -ver Proverbios 26, 11-) y seguir adelante en la vivencia de las virtudes cristianas en la vida ordinaria.

Hay que perderle el miedo al sacramento de la Confesión, ya que éste sacramento bien celebrado supone un revulsivo en nuestra alma, un revulsivo operado por la gracia de Dios, que como el fuego de fundidor o la lejía de lavandero viene a purificar nuestra alma (ver Malaquías 3, 2) y a darle nuevamente su brillo original.

¿Consideras que tocas en él todos los temas esenciales de la Fe?

A lo largo del libro se tratan múltiples aspectos esenciales de nuestra Fe, conformando un conglomerado que no solo puede ser útil para aquellas personas que se dediquen a la labor catequética, sino también para aquellas personas que no frecuentan los ambientes eclesiales (bautizados alejados o personas sin bautizar) que deseen una aproximación “fresca” a las distintas verdades de nuestra Fe católica.

En el libro se tratan diversos aspectos como pueden ser: el trabajo que el Buen Dios hace en las almas moldeándolas convenientemente si éstas se dejan moldear; la noche oscura de los sentidos y la noche oscura del alma; el Cielo, el Purgatorio y el Infierno (con su “camino ancho” precedente); la matanza de niños inocentes en el vientre de sus madres por los nuevos Herodes: un pecado que clama al Cielo; la importancia del Vicario de Cristo en la Tierra (en la actualidad el Santo Padre Francisco); la importancia de la Virgen María en el acercamiento de las almas a Dios; las tres Personas de la Santísima Trinidad; los diez Mandamientos de la Ley de Dios y los cinco Mandamientos de la Santa Madre Iglesia; la diferencia entre el pecado mortal y el pecado venial, y sus consecuencias en el alma; la inexistencia de la reencarnación (tan de moda en los ambientes New Age); las indulgencias plenarias y parciales; los siete sacramentos de la Santa Madre Iglesia (los siete “puentes” de la gracia santificante); las virtudes teologales y cardinales; los siete dones y los doce frutos del Espíritu Santo; la existencia del ángel custodio (nuestro guardaespaldas espiritual); la importancia del rezo diario del Santo Rosario y de usar con devoción el Santo Escapulario, etc.

¿Cómo ha logrado meter tanto contenido catequético/teológico de manera amena?

La génesis del libro supuso un duro trabajo de documentación (Catecismo de la Iglesia Católica, YOUCAT, Código de Derecho Canónico, Suma de Teología de Santo Tomás, rituales litúrgicos, libros, artículos y audios diversos), y de reflexión personal para lograr que aspectos tan diversos y numerosos pudieran formar parte de una línea argumentativa que no perdiera la frescura expositiva.

Sin duda, esta obra sin la asistencia y ayuda del Buen Dios no hubiera sido posible.

¿Se podría decir que en el fondo el libro es un llamado a la conversión?

Sí, el fondo del libro es un llamado a la conversión, un llamado a la santidad, un llamado a dejar hacerse por Aquel que nos amó primero, para que un día seamos partícipes del Cielo: “la Sala Final”.

Uno de los niños del libro tiene un fuerte anhelo de llegar al Cielo (a la “Sala Final”), y para ello está convencido de que es necesario dejarse hacer diariamente por el “Herrero” que todo lo puede. A su vez está convencido de que querer es poder, y que si todos aquellos que le rodean quieren, también podrán, por ello le pide al “Herrero” que ellos quieran, y que si alguno es presa de algún falso herrero, que lo abandone antes de que sea demasiado tarde.

Ante tal anhelo, el consejo del “Herrero” no se hace esperar:

coopera conmigo todos los días de tu vida, para que así mi amor llegue a más y más personas. Reza […] el Santo Rosario por todos aquellos que no han conocido cómo les amo. Reza por ellos […] y sé siempre obediente a la Santa Madre Iglesia Católica incluso en lo más pequeño, sé siempre obediente pase lo que pase. Predica siempre con tu ejemplo, y si hace falta también con tus palabras. Haz tuya la siguiente frase de mi sierva la Beata María Cristina Brando, y ponte manos a la obra: “Debo ser santa; quiero ser santa".

Repite todos los días de tu vida: “debo ser santo; quiero ser santo". Pídeme todos los días de tu vida que te ayude a ser santo, abandónate en mis manos, y te haré santo. Lo haré contigo y con todo el que me lo pida de corazón. Lo prometo y lo cumpliré.”

¿Por qué considera que este libro es muy útil para los catequistas?

Puede ser un libro útil para los catequistas al suponer un repaso integral de partes esenciales de nuestra Fe católica, aspectos que habitualmente se exponen a los niños que se preparan para recibir la primera Comunión y a los jóvenes que se preparan para recibir el sacramento de la Confirmación. “La Fragua de la Caridad” es un libro que cuenta con ejemplos de la vida cotidiana que tratan de hacer más cercanos los conocimientos catequéticos/teológicos.

Además, ¿a qué tipo de personas puede ayudar?

Tal y como comenté anteriormente, el libro puede ser de utilidad también para aquellas personas que no frecuentan los ambientes eclesiales (bautizados alejados o personas sin bautizar), ya que expone con frescura (de forma cercana y accesible), mediante una gran parábola vivencial, distintos aspectos de nuestra Fe católica.

Las parábolas fueron un recurso esencial en la predicación de Nuestro Señor Jesucristo, tal y como nos recuerda el personaje principal del libro:

Las parábolas son un recurso que utilicé hace dos mil años para hablar a los hombres, con el cual obtuve muy buenos resultados. Gracias a las parábolas muchas personas sencillas fueron capaces de aprender lo esencial de mi mensaje, fueron capaces de entender mi Evangelio.”

¿Por qué merece la pena adquirirlo y cómo se puede hacer?

“La Fragua de la Caridad” es una obra que puede servir de inspiración al lector, ofreciendo una guía práctica para mejorar la propia vida y fortalecer la propia Fe, un pequeño apoyo para tomarse enserio el llamado a la santidad en estos tiempos tan convulsos que vivimos de apostasía generalizada.

La versión impresa (en versión tapa blanda) de la “La Fragua de la Caridad”, se encuentra disponible a la venta en la Web de Amazon, mientras que la versión electrónica del mismo se encuentra disponible gratuitamente en Play Libros (Google Play).

¿Cómo complementa a este libro “El Núcleo de la Caridad”?

El libro “El Núcleo de la Caridad” fue un libro posterior (año 2021), un libro que fue fruto de una dura experiencia personal de sufrimiento litúrgico postpandemia, un sufrimiento que compartimos muchas personas a lo largo y ancho del orbe, al ver como se nos prohibía recibir la Sagrada Forma en la boca, a pesar de que los obispos, por regla general, respetaban el derecho de los fieles a recibir la Santa Comunión en la boca.

Hay que decir que en el libro “La Fragua de la Caridad” se aborda una explicación general del sacramento de la Eucaristía (“El Cielo en la Tierra”), mientras que en el libro “El Núcleo de la Caridad” se pone el énfasis en el cuidado diligente que debemos de poner en que las partículas de la Eucaristía (en cada una de las cuales se encuentra Nuestro Señor Jesucristo realmente presente y al completo, en su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad) no se pierdan.

Cuidar nuestro manejo eucarístico, implica cuidar a Aquel que deseamos anunciar con nuestras palabras y con nuestras obras, es decir, a Nuestro Señor Jesucristo.

Por Javier Navascués

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24.10.24

Conozca por qué la Iglesia católica fue clave a la hora de configurar las bases de nuestra cultura

Javier Martínez-Pinna, profesor de Historia y escritor. Autor de varios libros como “Eso no estaba en mi libro de la Edad Media”, “Eso no estaba en mi libro de las guerras púnicas” y “Lo que hicimos por el mundo”. Colabora habitualmente con distintos medios de comunicación, publicando en revistas especializadas, como Muy Historia, National Geographic o Clío Historia, y es uno de los fundadores de la revista Laus Hispaniae. Hablamos con él de su último libro, Eso no estaba en mi libro de historia de la Iglesia católica. Un libro que llama a recuperar el mensaje del cristianismo para combatir la crisis moral del mundo postmoderno.

¿Por qué decidiste escribir este libro y qué nos aporta para entender la crisis de la Iglesia en el mundo actual?

En las últimas décadas estamos sufriendo la que, probablemente, sea la crisis más importante de la Iglesia católica. Las causas son numerosas, pero nos gustaría resaltar la imposición del pensamiento postmoderno y el relativismo moral que ha tenido un profundo impacto en la fe cristiana. Por este motivo, vimos más necesario que nunca recordar qué fue la Iglesia y qué papel tuvo a la hora de configurar las bases de nuestra cultura.

¿Qué podemos esperar de la Iglesia en este convulso siglo XXI?

Según la teóloga Jutta Burggraf, la época en la que vivimos, la de la postmodernidad, no es más que una situación de cambio, un tiempo que anticipa una nueva era que no conocemos. Por eso se pregunta cómo será la nueva cultura europea y ante esta pregunta ofrece dos respuestas. O bien continuamos con la dinámica actual y con el desmantelamiento de todas nuestras tradiciones o, por el contrario, nos fijamos en nuestras raíces para superar una crisis moral que parece llevar a la humanidad al borde del abismo.

Creemos que un mejor conocimiento de la historia de la Iglesia nos permitirá comprender los grandes errores cometidos, pero, también, la labor desarrollada para fundamentar la identidad europea. Por eso, muchos pensadores católicos consideran que el cristianismo y la Iglesia, ante la degradación moral existente en nuestros días, son los únicos que pueden ayudar al hombre actual a encontrar un pilar, una roca sobre la que se asienten los valores más adecuados para una convivencia respetuosa.

¿Cuál es el origen del cristianismo y la Iglesia católica?

A pesar de la proliferación de propuestas absurdas, más o menos sensacionalistas, a las que, por desgracia, estamos tan acostumbrados, entendemos el cristianismo como la religión inspirada por Jesús, cuyas enseñanzas se convirtieron en la base de un cuerpo de creencias que perdura en la actualidad. Los Evangelios presuponen que Jesús fue el fundador de la comunidad de creyentes que, después, desembocó en la aparición de la Iglesia.

Entre las curiosidades que nos descubres, nos llama la atención la afirmación sobre la posibilidad de justificar desde un punto de vista filológico y de la física cuántica la resurrección de Cristo. ¿Qué nos puedes decir sobre esto?

En el libro recogemos el pensamiento de dos grandes pensadores, ambos recientemente fallecidos, José Antonio Sayés y Manuel Carreira. Entre las aportaciones del primero, destacamos sus reflexiones para tratar de entender, desde un punto de vista racional, la resurrección de Cristo, considerada por él como un hecho constatable al dejar huellas en la historia. Dice el teólogo navarro que, después del análisis de los verbos utilizados en el Nuevo Testamento para referirse a las apariciones de Jesús, podemos comprobar que los discípulos sabían distinguir perfectamente el tipo de apariciones físicas, relacionadas con Jesús, de otras apariciones subjetivas. En cuanto al padre Carreira, es un sacerdote jesuita, teólogo, filósofo y astrofísico español cuyo currículo, simplemente, impresiona. Carreira asegura que la existencia que nos promete Dios en la resurrección está fuera del espacio y del tiempo, y afecta no solo al espíritu, sino también a la materia. Según él, lo que dice la fe no es incompatible con las propiedades de la materia que nos da la física. En este sentido Dios utilizaría las propiedades de la materia de una manera maravillosa para conseguir algo que no podríamos jamás soñar: conseguir una vida eterna y sin desgaste.

¿En el recorrido histórico que haces por la historia de la Iglesia hablas sobre los motivos por los que el cristianismo logró convertirse en la religión oficial del imperio romano?

El impulso para la misión cristiana partió de la actuación histórica de Jesús y de los apóstoles, pero se vio favorecida por la presencia de una cultura y una lengua común (koiné) en el Mediterráneo, por lo que el cristianismo no penetró en un desierto espiritual y cultural, sino que entró en competencia con la religión romana. En este contexto, la labor de los misioneros cristianos fue tan asombrosa que en el siglo IV la nueva religión ya había arraigado con fuerza tanto en Oriente Próximo (Siria o Asia Menor) como en Occidente. A mí, personalmente, me gusta resaltar el valor moral del cristianismo como fundamento del éxito de la nueva religión. Según Teófilo, los cristianos se dejaban llevar por la moderación, observaban la monogamia, huían del pecado y de la injusticia, testimoniaban su piedad con obras de caridad y obedecían la ley, por lo que dicha actitud sirvió para presentar al cristianismo como una auténtica fuerza moral.

Después de las persecuciones, de las que hablas en el libro, el cristianismo se convirtió en una religión lícita y después en la religión oficial del imperio con Teodosio. ¿Fue sencillo establecer el dogma católico a partir de ese momento?

En absoluto. Es cierto que la formulación dogmática se inició muy pronto, pero en medio de intensas discusiones en torno a cuestiones fundamentales como la naturaleza de la Trinidad, el misterio de Cristo o el problema de la Gracia. El debate y las confrontaciones teológicas se prolongaron durante los siguientes siglos por lo que para fijar con precisión la doctrina frente al peligro de ruptura que suponía la herejía, fue necesaria la celebración de ocho concilios ecuménicos entre los siglos IV y IX, un largo periodo que marca lo que conocemos como la historia conciliar de la Iglesia.

Llegamos a la Edad Media, a una época en la que la que el papel de la Iglesia ha sido duramente criticado por algunos autores.

Tradicionalmente, a la Iglesia se le ha acusado de sostener un orden social injusto durante la Edad Media e, incluso, se le ha visto como quintaesencia del mal por la proliferación de todo tipo de males como la compraventa de cargos eclesiásticos o la degradación moral del clero y, en parte, esto fue así en algunos contextos.

En el siglo X la crisis de la Iglesia alcanzó proporciones dramáticas, con episodios tan poco edificantes como el Concilio cadavérico por el que el cuerpo sin vida del papa Formoso fue juzgado, condenado y arrojado al Tíber, o el de la pornocracia, que hace referencia a Marozia, la papisa, que influyó en la elección de distintos papas. Solo tenemos que recordar a alguno de los papas más crápulas de la historia como Juan XII o Bonifacio VIII, al que se le llegó a considerar como el Anticristo encarnado. Esto fue realmente así, pero debemos tener en cuenta que esta situación, al menos en la Edad Media, se produce cuando la Iglesia perdió su libertad y los principales cargos fueron acaparados por miembros de la nobleza, sin ningún tipo de vocación, interesados en mantener su estatus y sus privilegios económicos y sociales. Afortunadamente, la Iglesia pudo reaccionar y luchó por recuperar, en parte, sus libertades mediante la querella de las investiduras.

Hablas en el libro sobre la grave crisis de la Iglesia católica, pero ¿cuándo podemos encontrar los primeros síntomas?

Paul Hazard, en La crisis de la conciencia europea, llamó la atención sobre una serie de cambios que se operan durante el siglo XVII y que anticipan el nacimiento de la Ilustración. Según él, la reforma protestante había roto la unidad espiritual de Europa, pero, ahora, la situación era más complicada porque era el cristianismo lo que se ponía en entredicho.

El cristianismo es una religión revelada, por lo que la introducción del racionalismo cartesiano, que proclamaba la duda metódica y el rechazo a todo aquello que no resulte evidente a la razón, trajo consigo la erosión del pensamiento cristiano, aunque Descartes, un hombre de profundas convicciones católicas, excluyó la verdad religiosa de la duda metódica porque, según él, el hombre tenía la capacidad de conocer, de forma inmediata, la existencia de Dios. A partir de Descartes, el racionalismo posterior no tuvo la capacidad de distinguir, por lo que terminó por negar el valor de todo conocimiento fundado únicamente en la fe. El rechazo a la fe tuvo como consecuencia inmediata el incremento del escepticismo religioso. Poco a poco, por las ciudades de Europa (no tanto por el campo) se extendió una nueva forma de pensamiento que ponía en duda todo lo que hasta ese momento se había asumido con total certidumbre. Estamos a las puertas de la Revolución Francesa y las consecuencias nefastas que tuvo para los católicos que sufrieron episodios de extrema violencia como en la Vendée.

¿Cómo evoluciona el catolicismo a partir del siglo XIX?

La Iglesia contemporánea ha conocido un intenso debate entre los defensores de mantener las formas de lo que despectivamente se ha llamado Antiguo Régimen, o lo que es lo mismo, el modelo de la Cristiandad que imperó en Europa hasta la Revolución Francesa, y los que han optado por adaptar la Iglesia al mundo moderno y al liberalismo burgués como nuevo sistema imperante desde los albores del siglo XIX. Frente al pensamiento cristiano tradicional, según el cual todo procedía de Dios y en el que los límites de la actuación política se encontraban en las leyes divinas, los católicos liberales consideran que ahora todo depende de la voluntad popular expresada en los parlamentos. En parte, los liberales acertaron en la idea de la conciliación con el mundo moderno ya que la Iglesia no podía cumplir su misión sin estar en armonía con la nueva realidad social y cultural, pero tampoco podemos olvidar, tal y como piensan los pensadores católicos tradicionales, que el mensaje de Cristo no debía modificarse o adaptarse en función de una ideología revolucionaria que había provocado tantos males desde finales del siglo XVIII.

¿Cuál es la situación actual de la Iglesia?

En la actualidad seguimos viviendo las consecuencias del Concilio Vaticano II y de la ingente labor de los padres conciliares que, entre 1962 y 1965, trataron de encontrar respuestas a los problemas de un mundo puesto en contra del hecho religioso. El programa de renovación cristiana fue muy bien acogido, pero, por lo que hemos visto, no fue suficiente para dar solución a los problemas de la Iglesia y del pensamiento tradicional. Con el mayo del 68 siguió incrementándose la crisis moral por la expansión del posmodernismo y, a ello le unimos la imposición del estado de bienestar, hoy en franca decadencia, que trajo consigo un ahondamiento de la disolución del espíritu religioso como no se había visto a lo largo de la historia. Si a ello le unimos la perniciosa influencia que los medios de comunicación de masas están teniendo sobre la sociedad, entenderemos que la situación actual de la Iglesia no nos lleva al optimismo. A pesar de todo, creemos que no todo está perdido ya que son cada vez más los que, desde distintos ámbitos, están dando un paso al frente para recordar las aportaciones de la Iglesia y el mensaje del Evangelio como base para recuperar unos valores que hoy parecen olvidados.

Por Javier Navascués

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23.10.24

Luis María Ferrández: “Vivimos en la era de la ficción emocional, sin reflexión, discernimiento y análisis”

Luis María Ferrández analiza su libro La fuerza del relato (Sekotia)

Luis María Ferrández es doctor en Ciencias de la información por la Universidad Complutense de Madrid con sobresaliente cum laude y miembro de la Academia de las ciencias y de las artes cinematográficas de España. Experto en comunicación y en estructuras narrativas, es el fundador de ficticia Korner, una plataforma de coach y asesoramiento para guionistas y escritores de ficción, convirtiéndose en uno de los analistas y scriptdoctors más reconocidos en lengua castellana. Como guionista y director de cine ha realizado varias películas como, Rabios@, que se estrenará en cines en 2025, 249 la noche en que una becaria encontró a Emiliano Revilla, la pantalla herida, hemisferio, clarividencia o Copenhague. Ha trabajado en algunas de las más importantes productoras de la industria audiovisual. Asimismo, tiene una larga carrera como docente en diferentes universidades, escuelas y masters tanto nacionales como internacionales. Cómo escritor, su primer libro de ensayo es la fuerza del relato cómo se construye el discurso ideológico en la batalla cultural editado por la el editorial almuzara al mismo tiempo que escribe columnas de opinión en diferentes periódicos de tirada nacional y local colaborando en algunas tertulias de medios de comunicación En estos momentos prepara su primera novela de ficción.

¿Por qué decidió escribir un libro sobre la fuerza del relato?

Vivimos en una sociedad absolutamente adicta y expuesta a un exceso de información. Una sociedad escaparatizada que, sobre todo, ve el mundo desde una perspectiva cinematográfica asumiendo el lenguaje de la narrativa de ficción como la manera normal de comunicarse y de entender su entorno cotidiano. Nos afecta a la hora de construir nuestro mundo y de posicionarnos en él. Nos afecta en nuestras decisiones y en nuestras ideas. Esto hace que haya una enorme proliferación de canales de información y de maneras de relacionarse en las que el lenguaje se ha convertido en un arma primordial para amoldar la realidad a nuestros propios intereses, ya sean ideológicos, profesionales o personales.

Por eso hoy, cada vez más gente quiere que le cuenten una historia o buscan ser los protagonistas de una historia sacrificando el dato por las emociones, el valor de la verdad y el de una información de calidad, contrastada y veraz. Es la fuerza del relato en una sociedad que se mueve por el sentimiento, sus filias y fobias y que ha dejado atrás la reflexión, el discernimiento y el análisis. Es, la era de la ficción emocional. Hoy todo se ha radicalizado al depender de las emociones más que nunca. Todo es un extremo porque las emociones no entienden de la ecuanimidad, de la mesura ni del equilibrio. Es todo o nada. Y eso se ha trasladado de manera peligrosa al juego político.

¿Qué entendemos por relato y por qué es tan eficaz en nuestros días?

Se entiende por relato, toda construcción narrativa, que es capaz de modificar la verdad, el hecho, el dato y el objetivo para adecuarlo a un estado emocional y resaltar así la parte más visceral del ser humano, que, desde una perspectiva del lenguaje y la terminología, se posiciona en el lado correcto de la historia para ejercitar un supremacismo moral intelectual, que posiblemente ni tiene ni le corresponde. El relato, no deja de ser una manera de modificar la realidad y de percibirla en función de nuestras necesidades. Es una herramienta al servicio de nuestras filias y nuestras fobias que va más allá de una manera de comunicarse con los demás. Es una manera de contar lo que queremos imponer a los demás para implementar nuestra razón sobre todas las opiniones ajenas. El relato ha sido eficaz en todas las civilizaciones, pero hoy en día gracias a las comunicaciones digitales y en la rapidez con la que consumimos compartimos y construimos información. Hoy la fuerza del relato está más presente que nunca y la influencia de esta metodología, en el modo de entender de practicar de construir las ideologías individuales y colectivas, se ha hecho más patente y más peligrosa que nunca.

¿De qué manera suelen construir su relato las ideologías?

La cultura occidental se desangra a través de sus discursos ideológicos. Unos discursos cada vez más emocionales pero muy alejados del rigor y del contraste. Hoy, la verdad es una molestia. Todos los discursos como el político, el empresarial, el social, el institucional, el mediático o el cultural, se han visto colonizados por un único pensamiento que intenta imponer imponerse a través del lenguaje y de lo que yo llamo la “terminología del bien común”, que no son más que una serie de frases prefabricadas y preconstruidas que moldean un discurso ficticio pero que es asumido por el imaginario colectivo como un relato que ha caído en el lado correcto de la historia y, por tanto, todo lo demás debe ser apartado cancelado suprimido y condenado a un ostracismo social. Vivimos en una época cada vez más polarizada y, esa polarización, se construye con el lenguaje de la narrativa de la ficción emocional.

Cada vez es más común ver lo que ahora se denominan bulos, que en realidad no son nada más que difamaciones construidas con información sesgada y no contrastada que se utilizan para destruir a quien no piensa como nosotros y crear un desprestigio social que lo condene y lo cancele. Esto es una forma de censura ideológica a través de la utilización del lenguaje y de los medios de comunicación, una práctica peligrosísima que cada vez es más utilizada para imponer el relato único. Ahora los modelos que más se imponen son utilizar la narrativa de la política-ficción para construir discursos con los que nos quieran gobernar, también se utiliza la narrativa apocalíptica del miedo, que construye los relatos con los que nos quieren asustar.

La narrativa del espectáculo, que se construye a través de lo que yo llamo las Ficcioticias y las psicotícias, el nuevo lenguaje de los medios de comunicación. La narrativa de la victimización y los discursos de la cancelación, la construcción de la narrativa de la ficción emocional para destruir el dato y sobreponer el sentimiento, la narrativa del consumo automático, que trabaja con la teoría de las 5 CES: Consumo, control confusión, censura y coerción o la utilización de la terminología del bien común, una serie de términos que, aunque son vacíos en su significado la gran mayoría de las veces, han caído en el imaginario colectivo como algo bueno, siendo utilizados continuamente por el relato político para vender cualquier cosa aunque esto no tenga ninguna relevancia o sea directamente mentira.

¿Cómo es concretamente el proceso de seducción y de manipulación?

La palabra es un dardo afilado que entra directo al corazón, apelando a los instintos más profundos del ser humano. Cuando he hablado de la terminología del bien común, me refiero a términos como diversidad, inclusión, transversalidad, sostenibilidad, progresismo o justicia social, son términos continuamente manoseados en el discurso político, institucional, empresarial, social o cultural pero que la gran mayoría de las veces construyen frases vacías de significado y de intenciones, pero estas términos junto con otros puestos en cualquier frase, seducen nuestro inconsciente y hacen que el ciudadano piense que sea lo que sea lo que le están contando o vendiendo, tiene que ser bueno por naturaleza.

Otro ejemplo es la utilización torticera continua y constante de la palabra democracia. Vemos como todo el mundo quiere arrogarse un supremacismo moral e intelectual a través de sentirse el más demócrata o representante de la misma. Ahora, auto identificarse con esa palabra o ejercer de garante de la misma, te coloca en el lado correcto de la historia de manera automática. En nombre de la democracia, se han cometido algunos de los crímenes y de las aberraciones más abyectas, y es cierto que es nuestro mejor modelo para ser gobernados, el que más libertades da, ya pero tiene que ser a través de un modelo garantista, plural, de derecho y de respeto a la separación de poderes, justo todo lo contrario a lo que está ocurriendo en nuestras democracias occidentales, las cuales se están muriendo al ser utilizadas de facto por los poderes argumentando que las defienden y las potencian mientras que al mismo tiempo y, haciéndolo en su nombre, se dedican a destruir al disidente, a quien no piensa igual que ellos, a todo aquello que pueda hacer sombra al discurso único eliminando cualquier tipo de contra argumento capaz de oponerse al relato opresor y descubrir sus debilidades.

¿Por qué la cultura woke ha sabido generar un discurso hegemónico, hipnótico, mágico y emocional?

El discurso woke es la nueva arma de destrucción masiva y se hace a través del lenguaje de la narrativa de la ficción emocional. Ahora todo aquel que se oponga al discurso único o al único pensamiento ideológico institucional cultural o social, es condenado a una especie de leprosería social quedando proscrito, apartado y manchado gracias a la construcción de un relato que lo coloca de manera sesgada e injusta en el lado incorrecto de la historia. Por eso, ahora lo importante es estar en el lado correcto y, estar en el lado correcto, significa ser políticamente correcto, arrodillarse al discurso único, adorar ese relato omnipresente que se impone desde lo emocional, El discurso woke es el gran enemigo de las libertades occidentales y de las democracias garantistas y los estados de derecho. El discurso woke es una construcción de la censura en la era de la comunicación digital.

Es la nueva Inquisición, la que señala, la que condena, la que sube al cadalso mediático a todos los ciudadanos que han decidido pensar por sí mismos, hacer contraargumento, reflexionar y no arrodillarse ante las grandes falacias que se están construyendo con el discurso de la narrativa de ficción. Son los nuevos Torquemada disfrazados con las togas de un catecismo único y qué, arrogándose un supremacismo moral e intelectual, que ni tienen ni les corresponde, han decidido a quién tienen que enviar a la hoguera. La historia se repite. A pesar del paso de los siglos, seguimos empecinados en imponer nuestras doctrinas señalando a quienes no piensan como nosotros y, lo peor de todo es que quien lo hace, está absolutamente convencido de defender el bien común cuando, en realidad, no es más que defender su propio bien. Estamos llamados a enfrentarnos a esta plaga que destruye los cimientos y los valores de la sociedad occidental, la más avanzada de la historia, a pesar de sus defectos.

La arenga de la cancelación a través de lo woke, es el mayor enemigo de la convivencia, de la razón y del verdadero progreso. La mal llamada cultura woke, ha destruido la política real para convertirla en la política de la ficción, una especie de circo al servicio de sus propios intereses que hipnotiza al ciudadano convirtiéndole en una especie de zombi social. En realidad, la cultura woke, desprecia la capacidad individual de cada uno de nosotros y lo que busca es unificar en una ideología única a toda la sociedad para que seamos incapaces de pensar por nosotros mismos, no sea que nos dé por pensar y nos iluminemos. Por eso, hay que generar nuevas hogueras mediáticas. Todo esto se construye de dos maneras: A través de las ficciotícias y las psicotícias, las dos nuevas maneras de construir un lenguaje emocional para pervertir la realidad y destruir a quién algunos consideran prescindibles. Esa es la clave de la batalla cultural la que se está dando a través del nuevo relato.

¿Por qué el hombre masa suele aceptar fácilmente ese discurso?

Hoy en día los estados son cada vez más supremacistas, intervencionistas, omnipresentes, restrictivos y regulatorios, porque el Estado actual del que emana el relato omnipresente, ve al individuo como una amenaza y, por tanto, lo ve como una persona inmadura, incapaz e imposible, que necesita de un Supraestado con políticas absolutamente confiscatorias e intervencionistas le dicten todo tipo de leyes y de normativas que restringen las libertades individuales y hacen que el ser, sea vulnerable. Cuando esto es así, el individuo se siente desprotegido se siente débil, se siente vulnerable y entonces busca las colectivización y adentrarse en la masa social, que es donde el discurso entra con más facilidad aborregando, zombificando a las masas sociales. En el momento en que el individuo se siente desprotegido y piensa que el Estado es el único valedor de sus posibilidades y de su seguridad entonces se queda anulado en su discernimiento, lo que provoca que esa colectivización total a asuma y se arrodille ante el discurso único como una especie de catecismo omnipresente. Así es como el relato entra en la masa y como la masa se subyuga al Estado. Los individuos que nos mantenemos inmunes hacia esto, nos convertimos en seres apartados del sistema y que terminan, como he dicho antes en un intento de ser condenados una especie de leprosería social.

¿Cómo influyen las redes sociales y plataformas como Netflix a la hora de mantener el relato?

En el libro se habla de la netflixización social desde el momento en el que las plataformas de contenidos de ficción, se han convertido en el ocio mayoritario de todo el planeta. En estos momentos no existe un solo hogar que no tenga la capacidad para tener diferentes plataformas de este tipo, lo que ha hecho dispararse el consumo de narrativa de ficción en todo el mundo. Esto ha originado que este tipo de narrativas se hayan convertido en el lenguaje común de nuestra vida cotidiana asumiendo la narrativa de ficción, como algo absolutamente normal hasta el punto de muchas veces ser incapaces de diferenciar y discernir entre lo real y lo ficcional. Para el relato de ficción emocional es fundamental que el espectador esté absolutamente acostumbrado a la narrativa propia del lenguaje cinematográfico y dramático ya que, la utilización de la narrativa aristotélica y sus herramientas de construcción como el conflicto, los detonantes, los protagonistas y antagonistas, los puntos de giro o el clímax, sean fundamentales a la hora de entender de manera inconsciente el relato social.

Hoy todo es una historia. todo el mundo quiere que le cuenten una historia. Todo el mundo quiere ser protagonista de una historia y todo el Mundo quiere posicionarse en el lado correcto de una historia. Por eso, se hace absolutamente fundamental para los creadores de los relatos, que el público esté familiarizado con este tipo de narrativas y toda su estructura. Es así como el lenguaje dramatúrgico se ha convertido hoy en día en el lenguaje cotidiano de la vida social, institucional, política cultural, empresarial y hasta mediático donde ya no se trabajan las noticias sino las psicóticas y las ficcioticias. Hoy todo es una historia y se compite para contar mejor el cuento, de la mejor manera apelando a las emociones. La verdad, ha dejado de ser importante porque ahora lo importante, es como se cuenta y no la veracidad de los hechos que se cuentan.

¿Con qué armas contamos para desenmascarar los relatos falaces?

El último capítulo del libro se llama la narrativa de la esperanza cómo practicar el contra relato. En este libro se dan las claves para desenmascarar los relatos falaces. Lo único que hace falta es tener la capacidad de discernir y de analizar lo que nos están contando con la inteligencia propia del ser humano y conocer las herramientas que se utilizan para construir estos relatos. Hay una parte psicológica muy importante así que es necesario hacer una introspección para conocer las necesidades más instintivas del ser humano. Es fácil desenmascarar la mentira, pero para hacerlo, hay que tener la firma convicción de buscar la verdad y sobre todo de conocer la narrativa de la ficción emocional.

Uno de los capítulos del libro habla sobre cómo se fabrican y estructuran estos relatos, con qué herramientas se hacen, qué terminología se utiliza y cuál es la función de los elementos retóricos para construirlos. Si conocemos todo esto, seremos capaces de desenmascarar los relatos falaces. En definitiva, creo que este libro es la mayor arma con la que contamos para desenmascarar las enormes mentiras que se esconden en esos discursos recubiertos de capas de chocolate narrativo y democrático que, aunque suene muy bien, no hacen nada más que destruirnos como sociedad y como individuos.

¿Basta con desenmascarar el relato o hay que seguir combatiendo el pensamiento único que seguirá defendiendo su relato de manera irracional?

No basta únicamente con desenmascarar el relato, sino que efectivamente, hay que seguir combatiendo cada día el pensamiento único ya que este tipo de acciones, son las que mantienen el verdadero progreso de la humanidad. A lo largo de la historia, han sido muchísimos los momentos en los que el relato ha intentado imponerse desde las emociones para anular la capacidad de los individuos, colectivizarlos y crear así movimientos totalitarios que han intentado destruir las sociedades utilizando los más oscuros instintos del ser humano. Donde haya un relato de este tipo siempre tendremos que estar en frente. Es una lucha que nunca va a acabar, es una batalla a largo plazo donde quizá no veamos resultados en el presente, pero sí los veamos para las generaciones venideras.

Todos tenemos una responsabilidad para desenmascarar la mentira y la irracionalidad ya que la palabra es el arma más fuerte que existe en la faz de la tierra para convencer, enamorar, destruir y adoctrinar. Debemos ser conscientes de su poder y debemos ser conscientes de que, con ella, debemos contraargumentar desde la razón, desde la lógica y desde la inteligencia todos aquellos discursos que están enfocados a anularnos, a colectivizar, a subyugarnos, a empobrecernos y a minimizarnos solo para que unas élites gocen de los privilegios que quieren quitar a todos los ciudadanos. Si usted tiene un compromiso con la libertad entonces tiene un compromiso con el contra relato.

¿Cómo se puede revertir este proceso en el que se ha reescrito de nuevo la historia?

Para revertir los procesos en los que se reescribe de nuevo la historia, se necesita una nueva educación, un nuevo proceso educativo en el que se ha instalado de manera insoportable todo este tipo de terminología al servicio del pensamiento único. Ahora el relato oficial se ha extendido como una masa de aceite por las instituciones educativas como los institutos y campus universitarios hasta tal punto convertirse en el epicentro de muchas de las culturas woke que hoy día estamos viendo. El adoctrinamiento es fundamental para que el relato pueda imponerse en la masa social y por eso desde los estados, los gobiernos y los poderes elitistas, saben de la importancia de manipular las políticas educativas en cada país y en el conjunto de Occidente. Algunas universidades son el epicentro de muchos de los movimientos cancelatorios que se han impuesto en nuestra cultura.

Desde allí, esa falsa terminología del bien común, esa nueva narrativa de ficción emocional al servicio de los intereses ideológicos de una parte de la sociedad ha sido dirigida para calar en las nuevas generaciones y convertirlos en una especie de zombies al servicio del pensamiento único. Todos los ambientes de las industrias culturales también han sucumbido a esta nueva narrativa de ficción emocional y a estos procesos cancelatorios para luego pasar a las instituciones oficiales, a los discursos empresariales y por supuesto, a los medios de comunicación cuando. Cuando contamos la historia tenemos un compromiso con la verdad de los hechos, con la objetividad, con el análisis y con lo riguroso y todo esto es incompatible muchas veces con una visión torticera, sectaria y emocional de los hechos. De nuevo el compromiso para preservar la educación y hacer de ella un lugar plural y al servicio de la verdad es la única manera con la que podemos compartir un relato de ficción que pretende tergiversar la historia para ponerla al servicio de las ideologías.

Por Javier Navascués

3 comentarios

  
SS
La oligarquía financiera, que domina todo, una dictadura satánica.
23/10/24 9:39 AM
  
Juan Mariner
Esto ya se empieza a ver en los templos de la Razon que son los juzgados y tribunales.
23/10/24 12:15 PM
  
Tamayo
El racismo y la xenofobia son anticristianos.
Hay un relato anti-inmigración.
Dato mata relato.
Relato:
Los inmigrantes traen delincuencia.
Dato:
Según el INE en 2003 hubo en España 587 homicidios dolosos.
En 2023 la cifra bajó a 300.
A pesar de que ahora los inmigrantes son dos millones más que hace veinte años,los homicidios dolosos han bajado a la mitad.
23/10/24 9:05 PM

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