Asociación Litúrgica Magnificat (Una Voce Chile), 60 años como bastión en defensa de la Tradición

Jaime Alcalde Silva es abogado y profesor universitario. Es casado y padre de dos hijos. Participa en la Asociación Magnificat desde hace más de 20 años. En esta entrevista dialogamos con él sobre la historia de la asociación.
¿Cómo nace la Asociación Litúrgica Magnificat en Chile, en qué contexto y con que finalidad?
La primera constitución aprobada por el Concilio Vaticano II fue Sacrosanctum Consilium sobre la sagrada liturgia. Comenzaron prontamente las innovaciones, mientras en la Santa Sede se iniciaba el trabajo de la comisión que prepararía una reforma de los ritos. Varios documentos fueron publicados en ese sentido y ya en 1965 se hizo público un nuevo ordo de transición. Era un tiempo de mucha experimentación e improvisación.
Muchos católicos en el mundo estaban desconcertados de lo que estaba ocurriendo con la Misa, a la que el Concilio situaba como centro y culmen de la vida cristiana. En Chile, durante 1966, el joven historiador Julio Retamal Favereau (1933-2025) y otras personas intentaron establecer la celebración de una Misa tradicional en alguna iglesia, pero sus esfuerzos no dieron resultado.
Con algunas de ellas, entre las que destacaban Carlos José Larraín, Laurence Azaïs, Patricio Garreaud y otros, ensayaron la Misa de Angelis. Los contactos con la familia Valdés Subercaseaux fueron muy fructíferos, pues doña Margarita Valdés, mujer de don Alfonso Letelier, fue un apoyo decisivo y logró un permiso de parte de su hermano el Obispo de Osorno, monseñor Francisco Valdés Subercaseaux (1908-1982), quien era el encargado del canto sagrado en la Conferencia Episcopal chilena. Desde entonces, ese grupo de laicos comprometidos con preservar la antigua liturgia contó con una autorización oficial para celebrar Misas con cantos en latín.



