InfoCatólica / Caballero del Pilar / Categoría: Textos

12.08.26

Eclipse de Dios

Con el advenimiento del verano el balón se erigió en el centro del universo. Se paralizó en seco el planeta para contemplar en éxtasis a las estrellas fugaces del bautizado como deporte rey. Deidades de oropel exhibidas en la pasarela de un firmamento galáctico falaz, diseñado a imagen y semejanza de la FIFA y vendido al mundo, a precio de oro, como holograma global.

Los astros del balón eclipsaron por momentos todo lo demás, incluso al mismo Dios. La angustia vital de un planeta, que se desangra en guerras y crisis intestinas, desapareció por hipnosis colectiva e higiene mental.

Se llenaron las plazas de devotos feligreses que incensaban a sus ídolos. La liturgia del balompié congregó a millones de hombres y mujeres con un mismo atuendo unisex. Los templos profanos de plástico y cemento acogieron a turbas sedientas de goles, hechizadas bajo el sortilegio del balón.

Antiguamente los reinos luchaban en buena lid por altos ideales, hoy las naciones por la posesión del balón. Y en eso hemos sido los mejores. España dominó el planeta fútbol y ese dominio mundial nos trajo saudades del Imperio, de la conquista del mundo para Cristo, rosario en mano, bajo el signo de la cruz.

No digo que no se pueda seguir el fútbol sanamente, con amigos o en familia, y alegrarse de los laureles patrios. Critico la masificación idolátrica del circo millonario y su poder borreguizante. Un mero entretenimiento no puede ser nunca el ideal más alto de nadie, ni inocularnos sutilmente el veneno de la mundanidad.

Muchos chavales tienen entronizados los posters de sus atléticos ídolos de pies de barro en la habitación, banderas, bufandas, tal vez una camiseta firmada. Pero en muchas de esas habitaciones posmodernas ha desaparecido el crucifijo, la imagen de la Virgen, la más mínima alusión a la fe. Una tertulia deportiva o unos vídeos sustituyen a las oraciones de la noche.

Leer más... »

7.08.26

Asociación Litúrgica Magnificat (Una Voce Chile), 60 años como bastión en defensa de la Tradición

Jaime Alcalde Silva es abogado y profesor universitario. Es casado y padre de dos hijos. Participa en la Asociación Magnificat desde hace más de 20 años. En esta entrevista dialogamos con él sobre la historia de la asociación.

¿Cómo nace la Asociación Litúrgica Magnificat en Chile, en qué contexto y con que finalidad?

La primera constitución aprobada por el Concilio Vaticano II fue Sacrosanctum Consilium sobre la sagrada liturgia. Comenzaron prontamente las innovaciones, mientras en la Santa Sede se iniciaba el trabajo de la comisión que prepararía una reforma de los ritos. Varios documentos fueron publicados en ese sentido y ya en 1965 se hizo público un nuevo ordo de transición. Era un tiempo de mucha experimentación e improvisación.

Muchos católicos en el mundo estaban desconcertados de lo que estaba ocurriendo con la Misa, a la que el Concilio situaba como centro y culmen de la vida cristiana. En Chile, durante 1966, el joven historiador Julio Retamal Favereau (1933-2025) y otras personas intentaron establecer la celebración de una Misa tradicional en alguna iglesia, pero sus esfuerzos no dieron resultado.

Con algunas de ellas, entre las que destacaban Carlos José Larraín, Laurence Azaïs, Patricio Garreaud y otros, ensayaron la Misa de Angelis. Los contactos con la familia Valdés Subercaseaux fueron muy fructíferos, pues doña Margarita Valdés, mujer de don Alfonso Letelier, fue un apoyo decisivo y logró un permiso de parte de su hermano el Obispo de Osorno, monseñor Francisco Valdés Subercaseaux (1908-1982), quien era el encargado del canto sagrado en la Conferencia Episcopal chilena. Desde entonces, ese grupo de laicos comprometidos con preservar la antigua liturgia contó con una autorización oficial para celebrar Misas con cantos en latín.

Leer más... »

1.08.26

De Chartres a Covadonga: cuando la misión continúa en el servicio. Por el P. Luca Paitoni

Este año entre los voluntarios de la peregrinación NSC a Covadonga se encontraba también un grupo de italianos

Reproducimos por su interés un fraternal texto por parte del sacerdote Luca Paitoni, en representación del grupo de voluntarios italianos que peregrinó de Oviedo a Covadonga

Cada año, la peregrinación tradicional de Oviedo a Covadonga, Nuestra Señora de la Cristiandad, reúne a cientos de jóvenes españoles junto con peregrinos procedentes de toda Europa e incluso de otros continentes. Lo que contemplan quienes los ven llegar a los pies de la Santina es el rostro más conocido de la peregrinación: rostros marcados por el cansancio, pero iluminados por la alegría; familias, sacerdotes, jóvenes, cantos, rosarios y oraciones que han acompañado tres días de camino por las montañas de Asturias.

Pero existe otra cara de la peregrinación, mucho menos visible y, sin embargo, absolutamente indispensable. Es la de los voluntarios.

Sin ellos, nada sería posible. Cada etapa, cada comida, cada traslado, la atención a los peregrinos con dificultades, la distribución del equipaje, el montaje de las infraestructuras, la seguridad a lo largo del recorrido y las innumerables necesidades que surgen inevitablemente durante tres días de marcha son fruto de un trabajo silencioso que comienza cuando los demás aún duermen y termina solamente cuando ha llegado el último peregrino.

Leer más... »

26.07.26

Renunciar a la pastoral de San José María Rubio es renunciar a la devoción al Sagrado Corazón de Jesús

REEDICIÓN LIBRO: “PADRE RUBIO: CRÓNICA DE UN SACERDOTE SANTO” por Agnus Dei Prod

San José María Rubio, sacerdote jesuita, no es un santo del siglo pasado cuya praxis apostólica ya está en desuso ¡No! La pastoral que ejerció el Padre Rubio es tan válida hoy como ayer. Siguiendo las pautas espirituales de este santo varón se llegaba a la santidad porque el Padre Rubio ejercitaba a los fieles en el camino santo de la santa perfección de la siempre vigente y actual formación cristiana a la cual estamos todos llamados. Miles de personas buscaban la dirección espiritual con él. ¡No perdáis el tiempo, hijos míos, no perdáis el tiempo! (Solía repetir el Padre Rubio). ¡Cuántas distracciones, caprichos, comodidades, intereses egoístas…! Y al final, llega la muerte tan rápido como un suspiro: ¿No te ves? Canoso y aún volcado en tu necedad de hacer tu voluntad… ¿Y cual es la voluntad de Dios? … ¡Qué seas santo! ¡No que seas “medio santo"!. España no mejorará si los españoles no se forjan en la santidad. El única camino es el de la renuncia al pecado mortal, combatir el pecado venial deliberado y las imperfecciones: huye de las malas compañías, de las lecturas perniciosas, del cine y televisión corrupto y corruptor, de las modas indecentes, del uso de tacos y palabras mal sonantes… formate con el Catecismo Tradicional de la Iglesia Católica, lee vidas de santos y aprende de uno y de otro, busca la santidad en la ejercitación de las virtudes cristianas (humildad, fe, mortificación, caridad, castidad, oración…) alejándote de todo vicio que ensucia tu alma: haz oración, penitencia…

25.07.26

El protagonismo del sacerdote: cuando deja de desaparecer ante el Misterio. Por Agnus Dei Prod

Hay una enfermedad espiritual que puede afectar al sacerdote sin que llegue a advertirla. No siempre nace de la vanidad, sino de una deformación pastoral aparentemente generosa. El sacerdote comienza a sentirse obligado a sostenerlo todo. Debe ser cercano, comprensible y acogedor; medir cada palabra, evitar silencios incómodos y procurar que nadie se sienta demasiado interpelado. Estas preocupaciones pueden ser legítimas. Pero, cuando la necesidad de agradar pierde su medida, el centro se desplaza. El sacerdote puede acabar más pendiente de los rostros que del altar, más atento a la aceptación que a la adoración y más preocupado por no incomodar que por introducir a las almas en el sacrificio de Cristo. El problema no es que sea visible. Por su ordenación actúa en nombre de Cristo y de la Iglesia. El problema comienza cuando esa visibilidad deja de ser ministerial y se convierte en protagonismo. Entonces la celebración empieza a girar alrededor de su voz, su carácter y su capacidad para crear un determinado ambiente. Ya no se limita a servir el misterio, sino que siente la necesidad de hacerlo atractivo y adaptarlo constantemente. Pero el altar no reclama un animador de lo sagrado. Reclama un sacerdote. El sacerdote no está allí para resultar interesante, sino para ser fiel; no para atraer las miradas hacia sí, sino para conducirlas hacia Cristo. Su grandeza consiste en ser configurado con Cristo, Sacerdote y Víctima.