Crónicas de un viaje importante para confirmar a África en la fe

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Después de casi una semana de intensas actividades, ha concluido hoy el decimoprimer viaje apostólico del Papa Benedicto XVI que lo ha llevado, por primera vez, al continente africano para visitar Camerún y Angola. Se trata de un viaje pastoral que puede definirse como grandioso, a pesar de los furiosos intentos de gran parte de la prensa occidental por oscurecer este viaje, tergiversando las palabras del Pontífice sobre algunos temas puntuales e ignorando totalmente el resto de la visita buscando boicotear el principal objetivo del viaje papal: “Vengo a estar con vosotros como pastor. Vengo para confirmar a mis hermanos y hermanas en la fe. Éste fue el papel que Cristo confió a Pedro en la Última Cena, y éste es también el papel de los sucesores de Pedro” (cfr. Discurso en la Ceremonia de bienvenida).


Ya desde su llegada a Camerún, el viaje apostólico se caracterizó por la llamada del Papa a la esperanza, una esperanza posible aún en medio de situaciones dolorosas, una esperanza real porque está fundada sólo en Jesucristo: “También en medio del mayor sufrimiento, el mensaje cristiano lleva siempre consigo esperanza. La vida de santa Josefina Bakhita ofrece un espléndido ejemplo de la transformación que el encuentro con el Dios vivo puede producir en una situación de gran penalidad e injusticia. Ante el dolor o la violencia, ante la pobreza o el hambre, la corrupción o el abuso de poder, un cristiano nunca puede permanecer callado. El mensaje de salvación del Evangelio debe ser proclamado con brío y claridad, de modo que la luz de Cristo pueda brillar en la oscuridad de la vida de las personas”.


En su primer encuentro con obispos del continente, los de Camerún, el Vicario de Cristo consideró oportuno recordar “la necesidad urgente de anunciar el Evangelio a todos”, una prioridad que sigue siendo actual. Y en vistas a esta necesidad urgente, les indicó tres puntos a considerar: “una profunda comunión que una a los Pastores de la Iglesia entre sí” (“más allá de las reuniones institucionales” ); “una relación de calidad con los sacerdotes” poniendo una atención especial en “la fidelidad de los sacerdotes y personas consagradas a los compromisos contraídos con su ordenación o entrada en la vida religiosa”; y, por último, “un esencial discernimiento serio” para la gran cantidad de jóvenes que se presentan como candidatos al sacerdocio. En este mismo encuentro, el Santo Padre se refirió a la Sagrada Liturgia: “estas celebraciones eclesiales son festivas y alegres, manifestando el fervor de los fieles, felices de estar juntos, como Iglesia, para alabar al Señor. Es esencial, por tanto, que la alegría demostrada no sea un obstáculo, sino un medio, para entrar en diálogo y comunión con Dios a través de una verdadera interiorización de las estructuras y las palabras que componen la liturgia, con el fin de que ésta refleje realmente lo que sucede en el corazón de los creyentes, en una unión real con todos los participantes. Un signo elocuente de ello es la dignidad de las celebraciones, sobre todo cuando tienen lugar con gran afluencia de participantes”. Hay que reconocer, llegados a este punto, que Monseñor Guido Marini y sus colaboradores han llevado a la práctica, con fidelidad y eficacia, estas directivas del Papa para las celebraciones litúrgicas en África.


Esta misma claridad y sabiduría del Santo Padre se reflejó en el encuentro que mantuvo con los obispos de Angola, a los que dirigió un discurso en el que afirmó que “frente a un relativismo difuso que no reconoce nada como definitivo y tiende más bien a tomar como criterio último el yo personal y los propios caprichos, nosotros proponemos otra medida: el Hijo de Dios, que es también verdadero hombre. Él es la medida del verdadero humanismo. El cristiano de fe adulta y madura no es alguien que sigue la ola de la moda y las últimas novedades, sino quien vive profundamente arraigado en la amistad de Cristo. Esta amistad nos abre a todo lo que es bueno, y nos da el criterio para discernir entre la verdad y el error”.


En la homilía de la Misa que celebró en Yaoundé, en la Solemnidad de San José, el Papa advirtió sobre los riesgos que corre la sociedad africana si no reconoce al verdadero Autor de la vida. Y, en ese contexto, los llamó a defender la familia (la cual pasa por un período difícil “que superará gracias a su fidelidad a Dios” ) y la vida (ya que “todo ser humano, por pequeño y pobre que sea, es creado «a imagen y semejanza de Dios». Tiene que vivir. La muerte no ha de prevalecer sobre la vida” ). Al final de esa Santa Misa, el Pontífice entregó a los obispos el texto del Instrumentum Laboris de la Asamblea especial para África del Sínodo que tendrá lugar en Roma, el próximo mes de octubre. A ese mismo texto hizo referencia en el discurso que pronunció esa misma tarde ante el Consejo especial del Sínodo, donde el Papa teólogo afirmó: “Sería bueno que vuestros teólogos siguieran hoy explorando la hondura del misterio trinitario y su significado para el día a día africano. Tal vez este siglo permita, con la gracia de Dios, un renacer en vuestro Continente, aunque ciertamente de una forma nueva, de la prestigiosa Escuela de Alejandría. ¿Por qué no esperar que, de este modo, se pueda ofrecer a los Africanos de hoy, y a la Iglesia universal, grandes teólogos y maestros espirituales que contribuyan a la santificación de los habitantes de este Continente y de toda la Iglesia?”.


Al encontrarse en Camerún con sacerdotes, religiosos, seminaristas y catequistas, Benedicto XVI habló del seguimiento de Cristo como servicio y, profundizando en ese tema, afirmó: “No se trata de ser un servidor mediocre, sino un siervo «fiel y juicioso». La unión de estos dos adjetivos no es casual: sugiere que tanto la inteligencia sin lealtad como la fidelidad sin sabiduría son cualidades insuficientes. La una sin la otra no permiten asumir plenamente la responsabilidad que Dios nos confía”. En un encuentro similar celebrado en Angola, el Papa Ratzinger habló de la necesidad de llevar el Evangelio a quienes no lo conocen y dejó bien claro que no se trata de una opción sino de una obligación: “Muchos de vuestros compatriotas viven temerosos de los espíritus, de los poderes nefastos de los que creen estar amenazados; desorientados, llegan a condenar a niños de la calle y también a los más ancianos, porque, según dicen, son brujos. ¿Quién puede ir a anunciarles que Cristo ha vencido a la muerte y a todos esos poderes oscuros? Algunos objetan: « ¿Porqué no los dejamos en paz? Ellos tienen su verdad; nosotros, la nuestra. Intentemos convivir pacíficamente, dejando a cada uno como es, para que realice del mejor modo su autenticidad». Pero, si nosotros estamos convencidos y tenemos la experiencia de que sin Cristo la vida es incompleta, le falta una realidad, que es la realidad fundamental, debemos también estar convencidos de que no hacemos ninguna injusticia a nadie si les mostramos a Cristo y le ofrecemos la posibilidad de encontrar también, de este modo, su verdadera autenticidad, la alegría de haber encontrado la vida. Es más, debemos hacerlo, es nuestra obligación ofrecer a todos esta posibilidad de alcanzar la vida eterna.”


Los temas de la reconciliación, la justicia y la paz, cosas tan necesarias en el continente africano, estuvieron presentes en casi todas las intervenciones del Santo Padre. Pero habló especialmente de ello al pisar el suelo angoleño cuando, luego de recordar que también él vivió la experiencia de la guerra, se mostró sensible “al diálogo entre los hombres como medio para superar toda forma de conflicto y tensión, y para hacer de cada Nación –y por tanto también de vuestra Patria– una casa de paz y hermandad”. Retomó el tema ante el Cuerpo Diplomático donde afirmó que “ha llegado para África el tiempo de la esperanza”. Allí, una vez más, habló en defensa de la familia y de la vida: “Qué amarga es la ironía de aquellos que promueven el aborto como una cura de la salud «materna». Qué desconcertante resulta la tesis de aquellos para quienes la supresión de la vida sería una cuestión de salud reproductiva”. Palabras, estas últimas, que recorrieron una vez más el mundo, ya que muchos periodistas recordaron que había un Pontífice visitando un continente olvidado y se vieron en la obligación de atacarlo por promover posturas tan “peligrosas”.


Sin quitar importancia a los discursos que el Papa dirigió ante la comunidad musulmana, el mundo del sufrimiento y los movimientos de promoción de la mujer, quisiéramos destacar especialmente el encuentro con los jóvenes. Allí, el Santo Padre, en un auténtico diálogo con los jóvenes angoleños, les recordó que el futuro es Dios y los animó a dar la vida por amor: “no tengáis miedo de tomar decisiones definitivas. Generosidad no os falta, lo sé. Pero frente al riesgo de comprometerse de por vida, tanto en el matrimonio como en una vida de especial consagración, sentís miedo: «El mundo vive en continuo movimiento y la vida está llena de posibilidades. ¿Podré disponer en este momento por completo de mi vida sin saber los imprevistos que me esperan? ¿No será que yo, con una decisión definitiva, me juego mi libertad y me ato con mis propias manos?» Éstas son las dudas que os asaltan y que la actual cultura individualista y hedonista exaspera. Pero cuando el joven no se decide, corre el riesgo de seguir siendo eternamente niño. Yo os digo: ¡Ánimo! Atreveos a tomar decisiones definitivas, porque, en verdad, éstas son las únicas que no destruyen la libertad, sino que crean su correcta orientación, permitiendo avanzar y alcanzar algo grande en la vida. Sin duda, la vida tiene un valor sólo si tenéis el arrojo de la aventura, la confianza de que el Señor nunca os dejará solos”.


Sí, el viaje del Santo Padre a África puede definirse como grandioso. Porque el intento de boicotear esta importante visita ha terminado en un estrepitoso fracaso. Porque el Vicario de Cristo, soportando el peso de la fatiga y el calor, una vez más ha proclamado la Verdad a pesar de toda la oposición y el odio que ésta provoca. Porque la Iglesia de África ha respondido a su Pastor participando en grandísimo número en todas las celebraciones (algo que los medios, naturalmente, han callado) y ha manifestado un amor y una devoción al Sucesor de Pedro que debería servir de ejemplo a muchos otros católicos. Porque Pedro, siguiendo el mandato del Señor, ha confirmado en la fe a sus hermanos de África y los ha exhortado a “vivir conforme a la verdad”, aunque ello signifique ser, como Cristo, signo de contradicción.

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Todos los discursos y homilías pronunciados por el Santo Padre durante su viaje apostólico pueden verse, en español, en el sitio de la Santa Sede.

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