El tesoro que no ha de enterrarse
“Sólo en la verdad resplandece la caridad y puede ser vivida auténticamente. La verdad es luz que da sentido y valor a la caridad… Sin verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo […] La verdad libera a la caridad de la estrechez de una emotividad que la priva de contenidos relacionales y sociales, así como de un fideísmo que mutila su horizonte humano y universal” (Caritas in veritate).
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No rara vez sucede que cuando alguien se anima a plantear en un grupo que tal o cual cosa es un error y que es necesario rectificar algo, inmediatamente recibe como respuesta: “¡Mira quién lo dice! ¿Acaso no eras tú quien…? ¡Eres la persona menos indicada para opinar en este asunto!”.
El recurso al descrédito personal suele no sólo echar por tierra las aspiraciones de quien tenía intenciones de corregir algo o subsanar una situación injusta, sino también demostrar que no hay interés por alcanzar la verdad.
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