
Yo los exhorto a que se despierten y a que levanten sus ojos hacia el Sol de justicia. Quien duerme no puede contemplar el sol ni recrear sus ojos con la visión bajo la belleza de sus rayos. Todo lo que ve, lo ve entre sueños.
Por esto necesitamos confesar nuestros pecados y derramar muchas lágrimas, porque estamos pecando sin remordimiento, porque nuestros pecados son grandes y no merecen perdón. Muchos de los que me están oyendo son testigos de que no miento. Sin embargo, aunque no merezcan perdón, convirtámonos y obtendremos una corona.
Yo llamo “convertirse” no sólo a apartarse del mal pasado, sino – lo que es mejor – practicar en adelante el bien.
San Juan Bautista dice: Haced dignos frutos de conversión. ¿Cómo los haremos? Practiquemos las acciones contrarias. Como si dijera: ¿Has robado lo ajeno? Entonces ahora da hasta lo que te pertenece. ¿Has vivido mucho tiempo deshonestamente? Ahora sé casto con tu esposa, practica la continencia. ¿Has insultado o has herido a quien estaba a tu lado? Ahora bendice a los que te insultan, haz bien a los que te hieran.
Leer más... »