María Inmaculada y Santa

Sólo Dios puede reclamar el atributo de santidad. Por eso decimos en el Gloria: Tu solus Sanctus, “Tú solo eres Santo”.
Por santidad entendemos la ausencia de todo lo que mancha, empaña y degrada la naturaleza racional, y todo lo que hay de más opuesto y de más contrario al pecado y a la culpa.
Decimos que solo Dios es Santo, porque realmente Él posee todos Sus excelsos atributos en tal plenitud que puede decirse con toda verdad que sólo Él los tiene. Así, por lo que se refiere a la bondad, el Señor dijo al joven del Evangelio: “No hay nadie bueno mas que Dios”. Igualmente sólo Él es Poder, sólo Él es Sabiduría, sólo Él es Providencia, Amor, Misericordia, Justicia, Verdad. Esto es cierto; pero hacemos resaltar la Santidad como Su prerrogativa específica porque ella indica mejor que cualquier otro de Sus atributos, no sólo Su superioridad sobre todas Sus criaturas, sino Su diferencia radical de todas ellas. De ahí que leamos en el libro de Job: “¿Puede el hombre llevar razón frente a Dios?, ¿puede ser puro el nacido de mujer? Si ni siquiera la Luna es brillante, ni a Sus ojos son puras las estrellas. Ni a Sus santos los encuentra fieles ni la bóveda del cielo es pura a Sus ojos”.
