29.07.21

Explosión de gozo en Covadonga

El anuncio de que se iba a organizar una peregrinación en España como la que transcurre desde hace casi 40 años entre París y Chartres me llamó mucho la atención. ¿Cómo no iba a ser así si desde hace tiempo miro con envidia esas fotos de Francia que reflejan una juventud que se echa a los caminos a peregrinar, a rezar, a dar testimonio, a ondear sus bellas banderas y estandartes, recordándonos dónde está el elemento vital de nuestra civilización, tantas veces enterrada pero que sigue muy viva en esos jóvenes?

Una conversación con un amigo me acabó por animar y unirme al Capítulo (la peregrinación está organizada por grupos que reciben este nombre) de Santa Eulalia, que se había formado en Barcelona. No podía haber caído en un lugar mejor (y no solo por su intendencia, envidia de tantos capítulos). Empezaba así una aventura a la que se unieron los miembros de mi familia sin compromisos anteriores esos días, una incógnita para quienes no habíamos estado nunca en una peregrinación de este tipo, que además se realizaba por primera vez, así que no podíamos recurrir a la experiencia de nadie. ¿Qué nos íbamos a encontrar?

Los días previos al inicio de la peregrinación fueron turbulentos. Se anunciaban lluvias en Asturias, que luego casi no tuvieron lugar (la Divina Providencia nos cuida siempre con cuidado maternal), pero lo que realmente sacudió a los peregrinos fue el motu proprio Traditionis Custodes, pues la santa misa durante la peregrinación se iba a realizar según la forma extraordinaria. La incertidumbre se disipó pronto: la peregrinación se mantenía y si no se podía celebrar en las iglesias, se celebrarían misas de campaña. Aquello era imparable.

Así llegamos a Oviedo, un poco preocupados por los ánimos de los participantes y por cómo podría repercutir en el ambiente de la peregrinación, temiendo que se pudiera convertir en algo tristón, o peor aún, resentido y quejoso. Los temores eran infundados.

¿Qué me encontré? En torno a 600 peregrinos, con una abrumadora mayoría de gente joven, alegres, entusiastas, convencidos de estar viviendo algo muy bueno, un gran regalo, una peregrinación histórica que marcará un antes y un después. Dispuestos a pasar fatigas e incomodidades (y puedo asegurar que no son pocas en un trayecto de tres días y casi 100 kilómetros) por algo que realmente grande. ¿Quién había dicho que los jóvenes de hoy en día son unos comodones incapaces de afrontar retos exigentes? A lo mejor es que no les proponemos nada por lo que valga la pena dejarse la piel.

El ambiente que encontramos era alegre, festivo a pesar del cansancio, un ambiente de camaradería entre todos los participantes en el que enseguida te encontrabas a gusto, consciente de la suerte de estar viviendo unos días inolvidables. Y también recogido cuando tocaba, como en los momentos de adoración al Santísimo o, especialmente, durante las misas, preciosas, cuidadas, vividas con gran piedad y con un coro que nos ayudó, y mucho, a vivir con intensidad el momento más importante del día. Pudimos asistir además a las misas solemnes de San José, de la solemnidad del Apóstol Santiago y de Nuestra Señora de Covadonga. Los sermones fueron para enmarcar y mucho podría comentarse sobre ellos: desde aquello del converso Mahler sobre que la Tradición no es la adoración de las cenizas, sino la preservación del fuego, hasta la advertencia de que, en nuestros días, quizás la tentación más grande sea la de la desesperanza (de ahí la importancia de pedir la gracia de la esperanza y cultivarla) o la insistencia, sin ocultar los momentos difíciles que vive la Iglesia de seguir rezando, con más intensidad si cabe, por la Iglesia y por el Santo Padre. Los vivas al Papa que aquellos jóvenes lanzaron en numerosas ocasiones eran un grito de amor y fidelidad al vicario de Cristo que desarbolaban por completo las falaces acusaciones que han de soportar día sí, día también. En esta reacción la actitud de los sacerdotes que han acompañado la peregrinación, intachable, creo que sido clave.

Me gustaría destacar también el tono espiritual de la peregrinación, dedicada en esta ocasión a San José en su año jubilar, y el intenso tono mariano de la misma, la devoción con que se ha rezado el rosario durante la marcha y las canciones que se han entonado, voces jóvenes que te animaban a superarte cuando flaqueaban las fuerzas. La llegada a Covadonga, todos en grupo, entonando el Laudate Mariam a pleno pulmón fue de las cosas más emocionantes que he vivido. Y luego, la adoración al Santísimo en el interior de la iglesia (con unas calurosas palabras de bienvenida del rector del santuario, recordando la importancia de pedir por la Iglesia y por nuestra patria, España, que se agradecen mucho), que fue bellísima.

No puedo acabar esta breve crónica de lo que he vivido estos días sin resaltar el enorme trabajo de los voluntarios que la han organizado: tiene mucho mérito y estoy convencido de que se han ganado un trocito de cielo. Y también el esfuerzo por organizar la peregrinación de familias, en las que las familias con niños pequeños podían participar en la peregrinación andando menos gracias a unos autocares con los que cubrían algunos tramos. Si la presencia de jóvenes, decíamos antes, ha sido abrumadoramente mayoritaria, el hecho de que también hubiera familias (¡qué buena gente todos aquellos con los que pude charlar!) creo que le da un tono especial a una peregrinación que representa a toda la Iglesia en marcha.

Algunos pensaban que la peregrinación de Nuestra Señora de la Cristiandad iba a ser algo mortecino, el canto del cisne de unos pocos nostálgicos. Fue todo lo contrario: una explosión de gozo y vitalidad de centenares de fieles, muchísimos jóvenes, que superó todas las previsiones, algo que no habría sido posible con solo los meros esfuerzos humanos y en lo que se percibe que el Espíritu Santo sigue inspirando a quienes se abren a su acción con docilidad. En definitiva, un gozo muy grande que quienes lo hemos vivido no podemos callar y que esperamos repetir el año que viene de nuevo. Y quienes este año no han podido asistir, os aseguro que no os arrepentiréis. Algo muy bueno para la Iglesia, para nuestra patria y para todos y cada uno de los peregrinos, ha nacido camino a Covadonga.

 

6.07.21

¡Creer o morir! Historia políticamente incorrecta de la Revolución francesa

Fue uno de los acontecimientos culturales en Francia de 2019: el prestigioso historiador Claude Quétel, con casi 40 libros a sus espaldas, había osado romper el tabú que aún pesa sobre la Revolución francesa y acercarse a ella dejando a un lado los prejuicios ideológicos que la envuelven.

Ahora nos llega la versión en español, ¡Creer o morir! Historia políticamente incorrecta de la Revolución francesa, de la mano de Homo Legens. Un libro que desmonta muchos de los tópicos que rodean a este suceso que ha marcado nuestra historia y que inaugura un nuevo modo de combate contra la religión católica con la Constitución civil del clero y la guerra de exterminio en la Vendée.

He tenido el honor de escribir el prólogo. Os lo adelanto:

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28.06.21

De la crisis a la excepción (y vuelta) por Miguel Ayuso

La aparición de un nuevo libro de Miguel Ayuso es siempre una buena noticia, la seguridad de que encontraremos reflexiones que nos interpelarán y nos harán profundizar y replantearnos algunas ideas que quizás habíamos asumido demasiado precipitadamente.

En este caso, con De la crisis a la excepción (y vuelta), además el campo sobre el que fija su mirada el autor es muy amplio: desde el ámbito del Derecho hasta el de la política, pasando por las relaciones Estado-Iglesia o la guerra.

Resulta difícil encontrar tiempos más propicios para hablar de crisis, algo que parece sustancial a nuestra época. Crisis que no ha aparecido ahora, con la pandemia, sino que se lleva arrastrando desde hace tiempo, que es financiera y económica, que es política e institucional, que es social, que es antropológica y moral, que es, por fin, metafísica y religiosa.

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21.06.21

Vayan a ver Human Life

El pasado sábado fui a ver al cine Human Life. La vida siempre vale la pena. Salí gratamente sorprendido: es un documental muy recomendable que especialmente los jóvenes debería de ver.

La culpa de todo fue de mi hijo, al que llegaron unas invitaciones de rebote para su estreno. Allí fue, no muy convencido. ¿Un documental? ¿Con discapacitados, supervivientes del aborto, mutilados…? No parecía el mejor plan para una tarde de fin de semana veraniego… y sin embargo fue mi hijo quien, al acabar, me dijo: tienes que ir a verla.

Así que fui… y no puede más que repetir lo mismo: tenéis que verla.

Human Life es un documental de poco más de una hora de duración en el que se intercalan diversos casos y testimonios, que reaparecen más tarde y van creando así un mosaico que nos dice que cualquier vida, en cualquier circunstancia, siempre vale la pena. Algunos son realmente impactantes, como el del brasileño que acoge a niños que sufren graves discapacidades de resultas de los intentos de aborto que han sufrido. Ha entregado su vida a estos niños, más de cuarenta de los cuales son sus hijos adoptivos, que cuida en una institución que ha fundado, «comunidad Jesús niño» (Jesus menino en portugués). También hay un joven pintor tetrapléjico, un surfista que perdió las manos en un accidente, una ex medallista olímpica que abandona las Olimpiadas para sacar adelante a su hijo en vez de abortarlo, la madre de una niña con síndrome de Down, una superviviente del Holocausto…

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18.06.21

CREATION in Gaudí: un corto que vale la pena

Acabo de ver el corto titulado CREATION in Gaudí. La Sagrada Familia y el cuidado de la Creación y no puedo dejar de recomendarlo.

Es un corto, cinco minutos, pero unos minutos muy bien aprovechados y que nos muestran un despliegue de belleza fascinante. La directora de este corto producido por la Fundación Cultural Ángel Herrera Oria, María Laín, ha conseguido captar la belleza de la Sagrada Familia de Gaudí y muy en especial el efecto de la cambiante luz en ella. Ya solo por esto son unos minutos bien invertidos.

Pero además tenemos a Chiara Curti, una arquitecta italiana experta en Gaudí que acompaña la belleza de las imágenes con una serie de reflexiones que nos ayudan a comprender esta inmensa obra. Y es que Gaudí se inspira en la naturaleza y consigue transmitir algo de su vida al templo. Para ello es clave el papel de la luz, que va cambiando, moviéndose desde la fachada del nacimiento, por la mañana, hasta la de la pasión, al declinar el día, y con ella es todo el templo el que cambia. Es como un bosque, siempre el mismo pero nunca igual.

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