Se publica el mensaje del Papa por la Jornada mundial de oración para el cuidado de la creación

«Usemos misericordia con nuestra casa común»

Se publica el mensaje del Papa por la Jornada mundial de oración para el cuidado de la creación

La Santa Sede ha hecho público el mensaje del Papa Francisco para la II Jornada mundial de oración para el cuidado de la creación. El mensaje de este año lleva como título «Usemos misericordia con nuestra casa común».

(InfoCatólica) Mensaje del Santo Padre

En unión con los hermanos y hermanas ortodoxos, y con la adhesión de otras Iglesias y Comunidades cristianas, la Iglesia católica celebra hoy la anual «Jornada mundial de oración por el cuidado de la creación». La jornada pretende ofrecer «a cada creyente y a las comunidades una valiosa oportunidad de renovar la adhesión personal a la propia vocación de custodios de la creación, elevando a Dios una acción de gracias por la maravillosa obra que él ha confiado a nuestro cuidado, invocando su ayuda para la protección de la creación y su misericordia por los pecados cometidos contra el mundo en el que vivimos». Es muy alentador que la preocupación por el futuro de nuestro planeta sea compartida por las Iglesias y las Comunidades cristianas junto a otras religiones. En efecto, en los últimos años, muchas iniciativas han sido emprendidas por las autoridades religiosas y otras organizaciones para sensibilizar en mayor medida a la opinión pública sobre los peligros del uso irresponsable del planeta. Quisiera aquí mencionar al Patriarca Bartolomé y a su predecesor Demetrio, que durante muchos años se han pronunciado constantemente contra el pecado de causar daños a la creación, poniendo la atención sobre la crisis moral y espiritual que está en la base de los problemas ambientales y de la degradación. Respondiendo a la creciente atención por la integridad de la creación, la Tercera Asamblea Ecuménica Europea (Sibiu 2007) proponía celebrar un «Tiempo para la creación», con una duración de cinco semanas entre el 1 de septiembre (memoria ortodoxa de la divina creación) y el 4 de octubre (memoria de Francisco de Asís en la Iglesia católica y en algunas otras tradiciones occidentales). Desde aquel momento dicha iniciativa, con el apoyo del Consejo Mundial de las Iglesias, ha inspirado muchas actividades ecuménicas en diversos lugares.

Debe ser también un motivo de alegría que, en todo el mundo, iniciativas parecidas que promueven la justicia ambiental, la solicitud hacia los pobres y el compromiso responsable con la sociedad, están fomentando el encuentro entre personas, sobre todo jóvenes, de diversos contextos religiosos. Los Cristianos y los no cristianos, las personas de fe y de buena voluntad, hemos de estar unidos en el demostrar misericordia con nuestra casa común `la tierra´ y valorizar plenamente el mundo en el cual vivimos como lugar del compartir y de comunión.

1.  La tierra grita…

Con este Mensaje, renuevo el diálogo con «toda persona que vive en este planeta» respecto a los sufrimientos que afligen a los pobres y la devastación del medio ambiente. Dios nos hizo el don de un jardín exuberante, pero lo estamos convirtiendo en una superficie contaminada de «escombros, desiertos y suciedad» (Laudato si’, 161). No podemos rendirnos o ser indiferentes a la pérdida de la biodiversidad y a la destrucción de los ecosistemas, a menudo provocados por nuestros comportamientos irresponsables y egoístas. «Por nuestra causa, miles de especies ya no darán gloria a Dios con su existencia ni podrán comunicarnos su propio mensaje. No tenemos derecho» (ibíd., 33).

El planeta continúa a calentarse, en parte a causa de la actividad humana: el 2015 ha sido el año más caluroso jamás registrado y probablemente el 2016 lo será aún más. Esto provoca sequía, inundaciones, incendios y fenómenos meteorológicos extremos cada vez más graves. Los cambios climáticos contribuyen también a la dolorosa crisis de los emigrantes forzosos. Los pobres del mundo, que son los menos responsables de los cambios climáticos, son los más vulnerables y sufren ya los efectos.

Como subraya la ecología integral, los seres humanos están profundamente unidos unos a otros y a la creación en su totalidad. Cuando maltratamos la naturaleza, maltratamos también a los seres humanos. Al mismo tiempo, cada criatura tiene su propio valor intrínseco que debe ser respetado. Escuchemos «tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres» (ibíd., 49), y busquemos comprender atentamente cómo poder asegurar una respuesta adecuada y oportuna.

2.  …porque hemos pecado

Dios nos ha dado la tierra para cultivarla y guardarla (cf. Gn. 2,15) con respeto y equilibrio. Cultivarla «demasiado» esto es abusando de ella de modo miope y egoísta´, y guardarla poco es pecado.

Con valentía, el querido Patriarca Bartolomé, repetidamente y proféticamente, ha puesto de manifiesto nuestros pecados contra la creación: «Que los seres humanos destruyan la diversidad biológica en la creación divina; que los seres humanos degraden la integridad de la tierra y contribuyan al cambio climático, desnudando la tierra de sus bosques naturales o destruyendo sus zonas húmedas; que los seres humanos contaminen las aguas, el suelo, el aire. Todo esto es pecado». Porque «un crimen contra la naturaleza es un crimen contra nosotros mismos y un pecado contra Dios».

Ante lo que está sucediendo en nuestra casa, que el Jubileo de la Misericordia pueda llamar de nuevo a los fieles cristianos «a una profunda conversión interior» (Laudato si’, 217), sostenida particularmente por el sacramento de la Penitencia. En este Año Jubilar, aprendamos a buscar la misericordia de Dios por los pecados cometidos contra la creación, que hasta ahora no hemos sabido reconocer ni confesar; y comprometámonos a realizar pasos concretos en el camino de la conversión ecológica, que pide una clara toma de conciencia de nuestra responsabilidad con nosotros mismos, con el prójimo, con la creación y con el creador (cf. ibíd., 10; 229).

3.  Examen de conciencia y arrepentimiento

El primer paso en este camino es siempre un examen de conciencia, que «implica gratitud y gratuidad, es decir, un reconocimiento del mundo como un don recibido del amor del Padre, que provoca como consecuencia actitudes gratuitas de renuncia y gestos generosos […] También implica la amorosa conciencia de no estar desconectados de las demás criaturas, de formar con los demás seres del universo una preciosa comunión universal. Para el creyente, el mundo no se contempla desde fuera sino desde dentro, reconociendo los lazos con los que el Padre nos ha unido a todos los seres» (ibíd., 220).

A este Padre lleno de misericordia y de bondad, que espera el regreso de cada uno de sus hijos, podemos dirigirnos reconociendo nuestros pecados contra la creación, los pobres y las futuras generaciones. «En la medida en que todos generamos pequeños daños ecológicos», estamos llamados a reconocer «nuestra contribución –pequeña o grande– a la desfiguración y destrucción de la creación». Este es el primer paso en el camino de la conversión.

En el 2000, también un Año Jubilar, mi predecesor san Juan Pablo II invitó a los católicos a arrepentirse por la intolerancia religiosa pasada y presente, así como por las injusticias cometidas contra los hebreos, las mujeres, los pueblos indígenas, los inmigrantes, los pobres y los no nacidos. En este Jubileo Extraordinario de la Misericordia, invito a cada uno a hacer lo mismo. Como personas acostumbradas a estilos de vidainducidos por una malentendida cultura del bienestar o por un «deseo desordenado de consumir más de lo que realmente se necesita» (ibíd., 123), y como partícipes de un sistema que «ha impuesto la lógica de las ganancias a cualquier costo sin pensar en la exclusión social o la destrucción de la naturaleza», arrepintámonos del mal que estamos haciendo a nuestra casa común.

Después de un serio examen de conciencia y llenos de arrepentimiento, podemos confesar nuestros pecados contra el Creador, contra la creación, contra nuestros hermanos y hermanas. «El Catecismo de la Iglesia Católica nos hace ver el confesionario como un lugar en el que la verdad nos hace libres para un encuentro». Sabemos que «Dios es más grande que nuestro pecado», de todos los pecados, incluidos aquellos contra la creación. Allí confesamos porque estamos arrepentidos y queremos cambiar. Y la gracia misericordiosa de Dios que recibimos en el sacramento nos ayudará a hacerlo.

4.  Cambiar de ruta

El examen de conciencia, el arrepentimiento y la confesión al Padre rico de misericordia, nos conducen a un firme propósito de cambio de vida. Y esto debe traducirse en actitudes y comportamientos concretos más respetuosos con la creación, como, por ejemplo, hacer un uso prudente del plástico y del papel, no desperdiciar el agua, la comida y la energía eléctrica, diferenciar los residuos, tratar con cuidado a los otros seres vivos, utilizar el transporte público y compartir el mismo vehículo entre varias personas, entre otras cosas (cf. Laudado si’, 211). No debemos pensar que estos esfuerzos sean demasiado pequeños para mejorar el mundo. Estas acciones «provocan en el seno de esta tierra un bien que siempre tiende a difundirse, a veces invisiblemente» (ibíd., 212) y refuerzan «un estilo de vida profético y contemplativo, capaz de gozar profundamente sin obsesionarse por el consumo» (ibíd., 222).

Igualmente, el propósito de cambiar de vida debe atravesar el modo en el que contribuimos a construir la cultura y la sociedad de la cual formamos parte: «El cuidado de la naturaleza es parte de un estilo de vida que implica capacidad de convivencia y de comunión» (ibíd., 228). La economía y la política, la sociedad y la cultura, no pueden estar dominadas por una mentalidad del corto plazo y de la búsqueda de un inmediato provecho financiero o electoral. Por el contrario, estas deben ser urgentemente reorientadas hacia el bien común, que incluye la sostenibilidad y el cuidado de la creación.

Un caso concreto es el de la «deuda ecológica» entre el norte y el sur del mundo (cf. ibíd., 51- 52). Su restitución haría necesario que se tomase cuidado de la naturaleza de los países más pobres, proporcionándoles recursos financiaros y asistencia técnica que les ayuden a gestionar las consecuencias de los cambios climáticos y a promover el desarrollo sostenible.

La protección de la casa común necesita un creciente consenso político. En este sentido, es motivo de satisfacción de satisfacción que en septiembre de 2015 los países del mundo hayan adoptado los Objetivos del Desarrollo Sostenible, y que, en diciembre de 2015, hayan aprobado el Acuerdo de París sobre los cambios climáticos, que marca el costoso, pero fundamental objetivo de frenar el aumento de la temperatura global. Ahora los Gobiernos tienen el deber de respetar los compromisos que han asumido, mientras las empresas deben hacer responsablemente su parte, y corresponde a los ciudadanos exigir que esto se realice, es más, que se mire a objetivos cada vez más ambiciosos.

Cambiar de ruta significa, por lo tanto, «respetar escrupulosamente el mandamiento originario de preservar la creación de todo mal, ya sea por nuestro bien o por el bien de los demás seres humanos». Una pregunta puede ayudarnos a no perder de vista el objetivo: «¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo?» (Laudato si’, 160).

5.  Una nueva obra de misericordia

«Nada une más con Dios que un acto de misericordia, bien sea que se trate de la misericordia con que el Señor nos perdona nuestros pecados, o bien de la gracia que nos da para practicar las obras de misericordia en su nombre».

Parafraseando a Santiago, «la misericordia sin las obras está muerta en sí misma. […] A causa de los cambios de nuestro mundo globalizado, algunas pobrezas materiales y espirituales se han multiplicado: por lo tanto, dejemos espacio a la fantasía de la caridad para encontrar nuevas modalidades de acción. De este modo la vía de la misericordia se hará cada vez más concreta».

La vida cristiana incluye la práctica de las tradicionales obras de misericordia corporales y espirituales. «Solemos pensar en las obras de misericordia de una en una, y en cuanto ligadas a una obra: hospitales para los enfermos, comedores para los que tienen hambre, hospederías para los que están en situación de calle, escuelas para los que tienen que educarse, el confesionario y la dirección espiritual para el que necesita consejo y perdón… Pero, si las miramos en conjunto, el mensaje es que el objeto de la misericordia es la vida humana misma y en su totalidad».

Obviamente «la misma vida humana en su totalidad» incluye el cuidado de la casa común. Por lo tanto, me permito proponer un complemento a las dos listas tradicionales de siete obras de misericordia, añadiendo a cada una el cuidado de la casa común. Como obra de misericordia espiritual, el cuidado de la casa común precisa de «la contemplación agradecida del mundo» (Laudato si’, 214) que «nos permite descubrir a través de cada cosa alguna enseñanza que Dios nos quiere transmitir» (ibíd., 85). Como obra de misericordia corporal, el cuidado de la casa común, necesita «simples gestos cotidianos donde rompemos la lógica de la violencia, del aprovechamiento, del egoísmo […] y se manifiesta en todas las acciones que procuran construir un mundo mejor» (ibíd., 230-231).

6.  En conclusión, oremos

A pesar de nuestros pecados y los tremendos desafíos que tenemos delante, no perdamos la esperanza: «El Creador no nos abandona, nunca hizo marcha atrás en su proyecto de amor, no se arrepiente de habernos creado […] porque se ha unido definitivamente a nuestra tierra, y su amor siempre nos lleva a encontrar nuevos caminos» (ibíd., 13;245). El 1 de septiembre en particular, y después durante el resto del año, recemos:

«Oh Dios de los pobres,

ayúdanos a rescatar a los abandonados

y a los olvidados de esta tierra

que son tan valiosos a tus ojos. […]

Dios de amor,

muéstranos nuestro lugar en este mundo

como instrumentos de tu cariño

por todos los seres de esta tierra (ibíd., 246).

Dios de Misericordia, concédenos recibir tu perdón

y de transmitir tu misericordia en toda nuestra casa común.

Alabado seas.

Amen.

Vaticano, 1 de septiembre de 2016

FRANCISCO

 

20 comentarios

qué cansancio
¡Ay Dios mío! que no me da abasto de arrepentirme tanto pues esto del cuento del calentamiento me calienta de ésta otra forma @[email protected]Ø%$ﮚ#. Bueno salgo a ver si me encuentro un árbol al que abrazar, quien sabe si Gaia me habla y consuela que mi estómago me está produciendo unos gase de metano y CO2 y temo me excomulguen por incitar el calentamiento global.
Por cierto hay quien se traga todo pero eso de que el 15 o el 16 fuera record de calor es MENTIRA
1/09/16 9:10 PM
Juan Andrés
Lo mío con la casa común es sólo una situación irregular que, por mis particularidades personales y situación actual, me veo imposibilitado de cambiar sin perjudicarme ni perjudicar a otros. Por consiguiente estoy en camino y proceso de discernimiento para clarificar cualitativamente mi conciencia porque ignoraba sin culpa aquello del cambio climático antropogénico, pero mientras tanto sigo recibiendo la comunión porque en este momento eso de examen de conciencia, arrepentimiento y propósito de enmienda es para los miembros de Greenpeace pero no para los impuros como yo.
1/09/16 10:09 PM
Alfonso Gerona Lérida
Totalmente de acuerdo con "qué cansancio".

El cuidado de la Creación no es ningún problema, papa Francisco, en ningún caso, no existe ningún peligro para la Creación, o sea, para la Tierra (porque el resto del Universo, es inabarcable y absolutamente intrascendente a la acción humana).

Lamento esta pérdida de tiempo en tonterías sin sentido del actual Vicario de Cristo. No sé por qué se obsesiona tanto con este tema, que no es, ni de lejos, el principal problema de la Humanidad, amén de que no es ningún problema para la Humanidad, para nada.

Esta pérdida de tiempo y energías del Vicario de Cristo con esta obsesión ecologista, NADA tiene que ver con el Evangelio ni con la SALVACIÓN DE LAS ALMAS, nada.

En el Evangelio, Jesucristo no dedica ni una sola palabra al materialismo ecológico, ni una, lo cual no quiere decir, obviamente, que haya que ir pegando fuego a los bosques, que es de sentido común, papa Francisco.

Todos queremos los arbolitos y los delfines, etcétera. ¿El deber del Vicario de Cristo no era el defender la sana doctrina, predicar contra el relativismo moral de nuestra época, hablar de escatología, de Infierno, Cielo, condenación y salvación eterna?

Y si hay que orar por algo es por los millones de almas que van rumbo al infierno y por los cristianos martirizados. La Creación no necesita salvación, es criatura, para velar por la misma hay cientos de ONGs. ¿Acaso el que lleva el timón de la barca de Pedro ha perdido el curso de nuestra barca, la
1/09/16 10:48 PM
Principios Catolicos
Esto me parece nefasto e inconcebible. Ya estoy un poco harto de este tema. También vamos a mezclar ahora la Misericordia y la mentira ecológica. Hasta donde vamos a llegar? Esto se ha convertido en dar cada vez un pasito más adelante o me lo parece a mi?
1/09/16 10:58 PM
Percival
Todo muy bonito. La galería aplaude furiosamente.
1/09/16 11:27 PM
antonio
Cobertura moral a los documentos/bodrios con los que la masonería trilla las mentes de las personas , tales como la Carta de la Tierra, Nueva Etica Planetaria, etc. Hace unas semanas la cosa era oración por el "indigenismo"; hace dos meses "todos somos hijos de Dios" practicando cada uno su religión. La pregunta es: ¿que pasa aqui?. Mi cabeza no puede entender que una persona mayor, consciente de le queda muy poco para dar cuentas Dios, haga esto dentro de su misión de dirigir la Iglesia.
1/09/16 11:32 PM
Gerardo
Me parece que no corresponde introducir como obra de misericordia el cuidado de la casa común. De acuerdo al N°2447 del Catecismo las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales. Son acciones específicas de caridad que se hacen a personas concretas, en forma directa, para ayudarlos en situaciones difíciles y particulares de su vida. El cuidado de la casa común (la tierra, los mares, los bosques, los campos, el universo mundo)no guarda relación con las obras de misericordia y si la hay sería muy remota e intelectualmente forzada.
2/09/16 12:01 AM
blaloma
Estoy tan cansada de este tema que estoy empezando a echar las botellas de cerveza al cubo con todo lo demás en señal de rebeldía
2/09/16 1:30 AM
"Ha llegado el momento de destruir a los que destruyeron la
En el sonido de la séptima trompeta de Apocalipsis 11, el pronunciamiento del juicio de Dios y del derramamiento de su ira incluye la declaración: "ha llegado el momento de destruir a los que destruyen la tierra."
Las naciones se habían encolerizado; pero ha llegado tu cólera y el tiempo de que los muertos sean juzgados, el tiempo de dar la recompensa a tus siervos los profetas, a los santos y a los que temen tu nombre, pequeños y grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra.»
2/09/16 3:38 AM
Una
La creación es una maravilla, contemplándola encuentras la belleza de Dios. En cambio qué lejos de ser bellos nos encontramos nosotros. La conversión va hacia la búsqueda del verdadero amor y Jesús nos enseña ese camino, pues Él es el camino.
Que el padre de la Iglesia Católica, que el supuesto sucesor de Pedro, con la excusa de la Creación, transforme lenguajes religiosos buscando una casa común sincrética y gobernada sin el Espíritu que "se le concedió" hace que el tutelado mensaje de Cristo se desvanezca en aparentes y superficial verdades sin el alma del Redentor. Una pena la ceguera y silencio colectivo de sacerdotes, obispos y cardenales respecto a lo que está sucediendo con la Iglesia de Cristo. Cada vez vamos dirigidos a un estado de desolación ocupada para una pagana terrible abominación vestida de color claro.
2/09/16 8:18 AM
Una
Me ha sido dado todo poder en el cielo y la tierra. Id pues, enseñad a todas las gentes bautizándoles en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñàndolos a guardar todo cuanto yo os he mandado. Yo estaré con vosotros hasta la consumación del mundo. Mateo 27, 16-20.
2/09/16 8:33 AM
Tito Livio
No me canso de rezar por las secouyas. Son tan lindas... (Ironía).
2/09/16 10:09 AM
rastri
9. No retrasa el Señor la promesa, como algunos creen; es que pacientemente os aguarda, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan a penitencia."

10. Pero vendrá el día del Señor como ladrón, y en él pasarán con estrépito los cielos, y los elementos, abrasados, se disolverán, y asimismo la tierra con las obras que en ella hay.

11. Pues si todo de este modo ha de disolverse, ¿cuáles debéis ser vosotros en vuestra santa conversión y en vuestra piedad,

12. en la expectación de la llegada del día de Dios, cuando los cielos, abrasados, se disolverán, y los elementos, abrasados, se derretirán?

13. Pero nosotros esperamos otros cielos nuevos y otra tierra nueva, en que tiene su morada la justicia, según la promesa del Señor,

14. Por esto, carísimos, viviendo en esta esperanza, procurad con diligencia ser hallados en paz, limpios e irreprochables delante de El,


Y adios la Pachamama y sus ecologistas.
2/09/16 12:20 PM
Tony de New York
Dos parágrafos hubieran sido SUFICIENTE!

El mensaje es CONFUSO, INSUFRIBLE de lo laaaaaaaaaaaaaargo que es.
2/09/16 12:43 PM
Beatriz Mercedes Alonso (Córdoba - Argentina)
Lean el artículo "Si la Iglesia cae en manos de Soros..." en Religión en Libertad de Riccardo Cascioli del 29 de agosto de 2016 y entenderán todo lo que está pasando.

Oremos mucho por el Papa Francisco y por la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Que el Espíritu Santo la ilumine y la Santísima Virgen María la cubra con su manto.

Bendiciones.
2/09/16 1:51 PM
rastri
Dios nos hizo el don de un jardín exuberante, pero lo estamos convirtiendo en una superficie contaminada de «escombros, desiertos y suciedad»

Dice el Papa
________________


Y digo yo:

El don que Dios nos dio fue el de un jardín que a modo de Paraíso Terrenal, todo él, era de luz y de vida iluminado y poblado sí. Pero Dios no nos dio un jardín como éste de oscuridad y de muerte pleno; ciertamente que no.

Nosotros o nuestros padres fuimos quienes por causa de Pecado Original convertimos este jardín planeta Tierra en un lodazal de oscuridad y de muerte.

Y en justicia de amor, vino Jesús el Cristo a destruir, dividir y separar la oscuridad y la muerte de la luz y la vida de este jardín, que en aciago día fuera hecho por los hombres bajo el mandato de Satanás.

Maldigamos pues la causa y la consecuencia de nuestro Pecado Original que sofocó la luz y la vida de este mundo planeta Tierra. Y en la medida que lo hagamos, como caña que no se casca y como pabilo de luz que no se apaga, veremos la original verdadera luz y verdadera vida de este jardín que procediendo de Dios, aún, en él persiste en vivir e iluminar.

Y a fin de volver al origen y poder ver y gozar del cielo y Tierra nueva prometidos; Antes de que lo elegidos pierdan la fe: destruyamos pues este viejo planeta Tierra sometido.
2/09/16 6:25 PM
Cecilia
QUE LASTIMA LEER ALHGUNOS COMENARIOS.
ES JUSTO Y BUENO, REZAR PARA Q LAS PLANTAS NO SE CONTAMINEN CON PESTICIDAS Q DURAN AÑOSSS. QUE TIENE DE MALO ORAR POR LA BIENAVENTURANZA DE NUESTRO SUELO, AIRE, Y TODO LO CONTAMINABLE.

PQ DENOSTAR TODO? Y MAS AUUN LO QUE NOS PIDE NUESTRO PAPA FRANCICO?, ACASO SAN FRANCISCO NO LE PREDICABA A LOS PECES, ACASO NO DOMABA LOBOS CON SU AMOR? SERA QUE TODOS NECESITAMOS SER DOMADOS CON AMOR?

ASI, NO IREMOS DERRAMANDO PALABRAS TOXICAS Q NOS ENVENENAN EL ALMA.

CUIDADO, CUIDEMOS TODO: NUESTRO CUERPO, NUESTRA ALMA, NUESTROESPIRITU, NUESTRA TIERRA Y NUESTRO CIELO!!! GRACIAS PAPA FRANCISCO!!!! ABRAZO PARA TODOS
2/09/16 7:17 PM
Beatriz Mercedes Alonso (Córdoba - Argentina)
Cecilia
Lo que podrías hacer por la creación, o al menos por nosotros, es NO escribir con mayúsculas. Escribir con mayúsculas significa que estás gritando. No hace falta. Nosotros te escuchamos lo mismo. Bendiciones.
2/09/16 9:26 PM
Jesus Pereira
¡Santidad! Y todo lo demás vendrá por añadidura. Hasta el cuidado de la "casa común". Entonces, predicar la santidad: Sed perfectos... Sed perfectos... Y basta.
3/09/16 4:22 AM
blaloma
Cecilia, también es muy bueno hacer deporte y comer muchos vegetales, pero nadie se puede inventar que eso sea la doctrina cristiana. De eso que se ocupen las autoridades sanitarias. ¿Vamos a empezar a rezar para que todos hagamos media hora de deporte al día, que así estaríamos todos sanísimos? Y a confesarnos porque no hemos ido al gimnasio o porque nos hemos comido un pastel de nata? Lo estoy viendo venir…
3/09/16 4:58 AM

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