Bonny aprieta y advierte de que el Sínodo perdería credibilidad si Roma no autoriza sacerdotes casados
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Convierte el celibato en examen del Sínodo

Bonny aprieta y advierte de que el Sínodo perdería credibilidad si Roma no autoriza sacerdotes casados

En abril decía que sobre los sacerdotes casados la última palabra es del Papa. Ahora el Obispo de Amberes advierte de que una negativa de Roma sería «un golpe fatal» para todo el proceso sinodal.

(InfoCatólica) En abril, el Obispo de Amberes, Johan Bonny, aseguraba que sobre la ordenación de hombres casados «hay un Papa y es él quien dice sí o no». En su última entrevista, con la revista alemana Herder Korrespondenz, da un paso más y advierte de que una negativa de Roma la pagaría todo el proceso sinodal.

«Confío en que, antes de que concluya el proceso sinodal en otoño de 2028, pueda encontrarse una regulación adecuada», afirma el prelado. «Sería un golpe fatal para la credibilidad y la aplicación de todo el proceso sinodal que no se alcanzara para entonces una regulación».

Las declaraciones llegan seis meses después de que anunciara su plan en la carta pastoral Implementatie van het synodaal proces in bisdom Antwerpen, del 19 de marzo, donde escribía «Pondré todos los medios para ordenar de aquí a 2028 a algunos hombres casados como sacerdotes para nuestra diócesis», y semanas después de confirmar en el diario belga La Libre que varios candidatos reciben ya formación.

Del «lo veremos» al emplazamiento

En la entrevista concedida en abril a katholisch.de, preguntado por un posible veto romano, Bonny respondió que no podía contestar todavía, que no actuaría contra la eclesiología de la Iglesia y que «lo veremos en 2028». Ahora sitúa la respuesta de la Santa Sede como una prueba para el Sínodo, aunque niega que se trate de presión. «No quiero hacer una campaña pública, pero como obispo tengo que poder dar una respuesta a la grave escasez de sacerdotes en nuestra diócesis».

El obispo apoya su confianza en el Papa León XIV y en su manera de ejercer el ministerio «como constructor de puentes». «Como un buen padre, sabe lo que necesitan sus hijos, y eso no es lo mismo en todas partes ni para todos», sostiene.

Invoca también el respaldo de «hermanos en el episcopado de distintos países y continentes que me confirman personalmente que luchan con la misma necesidad y defienden la misma solución». En abril situaba esos apoyos «sobre todo» en Europa occidental. En ninguno de los dos casos ha dado nombres.

Un Sínodo que no lo recoge

Bonny presenta su carta como la aplicación del Documento final del Sínodo sobre la sinodalidad, que a su juicio «viene del Vaticano». Sin embargo, como señaló en marzo CathoBel, portal de la Iglesia francófona belga, ese documento no recomienda la ordenación de hombres casados. La propuesta tampoco prosperó tras el Sínodo de la Amazonía de 2019, y el Papa Francisco no la recogió en la exhortación Querida Amazonia.

Dentro de Bélgica, el obispo afirma que «también en nuestra Conferencia Episcopal Belga continúa la discusión». Su presidente, el Arzobispo de Malinas-Bruselas, Luc Terlinden, ha matizado que el plan concreto es una iniciativa del Obispo de Amberes. En junio, Bonny expuso su caso en Roma al Cardenal Lazarus You Heung-sik, prefecto del Dicasterio para el Clero, y al Cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo, que según su relato le dijeron que hablarían de ello con el Papa. En agosto, Terlinden y otros obispos belgas se reunieron con León XIV. Hasta ahora no consta ninguna autorización de la Santa Sede.

Candidatos ya en formación

Mientras espera, el obispo mantiene, según explica, «conversaciones personales con algunos candidatos potenciales con vistas a su formación posterior». Los requisitos son los del diaconado permanente, que incluyen tener al menos 35 años, contar con el consentimiento de la esposa, llevar una vida familiar estable y no tener ya hijos pequeños. Bonny justifica la urgencia en que «en nuestra diócesis ya no hay ningún sacerdote vinculado a un hospital, a un movimiento juvenil o a una escuela».

Lo que tardó San Pablo VI

El planteamiento repite el del Concilio Pastoral holandés de 1970, con el mismo argumento de la escasez y en el mismo ámbito geográfico, según recordó InfoCatólica. Entonces San Pablo VI respondió en días y en público, defendiendo el celibato como «la ley capital de nuestra Iglesia latina». Seis meses después de la carta de Amberes, Roma no ha dicho una sola palabra pública.

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