(InfoCatólica) El Cardenal Robert Sarah, prefecto emérito del Dicasterio para el Culto Divino, ha defendido que el acceso a la forma extraordinaria del rito romano no puede ser restringido artificialmente y ha denunciado que la Iglesia no puede «hacer la guerra» a quienes participan devotamente en ella.
En una entrevista concedida a Nico Spuntoni en el diario italiano Il Giornale con motivo de la publicación de su último libro, Il Cantico dell'Agnello. Musica sacra e liturgia celeste (escrito con Peter Cater y editado por Cantagalli), el purpurado ha abordado la situación de la liturgia tradicional, los abusos litúrgicos y las restricciones impuestas por Traditionis Custodes.
La forma extraordinaria corrige abusos litúrgicos
Sarah sostiene que la liberalización de la forma extraordinaria promovida por Benedicto XVI tuvo efectos positivos sobre la celebración del rito ordinario. «Entre los efectos de la liberalización de la forma extraordinaria ha estado la influencia positiva, diría incluso corrección, de los posibles abusos en la celebración de la forma ordinaria», ha afirmado. Tales abusos, precisó, «son actos gravísimos con los cuales, sin embargo, no podemos identificar nunca la forma ordinaria en sí misma».
Según el cardenal, «muchos sacerdotes atestiguan que el descubrimiento de la forma extraordinaria les ha ayudado a celebrar mejor». En su lectura, la intención de Benedicto XVI incluía «una actitud profundamente humilde y democrática: garantizar la máxima difusión para permitir al pueblo de Dios, a lo largo de las décadas, poder elegir qué forma correspondiese en mayor medida a la vivencia de la fe».
Una decisión «ni sabia ni respetuosa»
El Cardenal Sarah no ha ocultado su juicio negativo sobre Traditionis Custodes, el motu proprio que restringió el uso de la forma extraordinaria. «Todo esto fue truncado por Traditionis Custodes mientras el Pontífice emérito aún vivía», ha lamentado, calificando la medida como «ni sabia ni respetuosa».
Sobre la reacción de Benedicto XVI, el purpurado ofreció una descripción conmovedora: «Benedicto, hombre manso como un cordero, se dejó humillar y, así, en el silencio y la oración, ofreció a Dios su sufrimiento para identificarse mejor con el dolor de Cristo por su Iglesia y purificarla».
«No podemos hacer la guerra a quien participa devotamente en la misa»
Preguntado por la petición de abrogar las restricciones, Sarah ha sido tajante: «El acceso a las formas rituales reconocidas y existentes desde hace siglos no puede ser artificiosamente limitado por decretos. Si un rito no sirviese a la fe, desaparecería por sí solo; si, por el contrario, custodia y promueve la fe, no debemos limitarlo, porque limitaríamos la preservación y difusión de la fe misma».
Respecto a la aversión al latín y al canto gregoriano en ciertos sectores eclesiásticos, el cardenal la ha atribuido a «algunos círculos culturales autorreferenciales» y ha vaticinado que se trata «únicamente de un problema generacional: cuando pase la generación de los sesentayochistas, pasarán también estos infundados unilateralismos que mortifican la talla cultural misma del catolicismo latino».
A los fieles que recorren largas distancias para asistir a una misa en la forma extraordinaria, el purpurado ha dirigido palabras de aliento, expresando su admiración y señalando que «el fenómeno está conociendo una difusión creciente». Sarah ha apelado a la jerarquía eclesiástica a leer los signos de los tiempos actuales y no seguir anclada en los del 68, «llegando aún con retraso», para abrir espacios de diálogo fraterno. «No podemos como Iglesia hacer la guerra a quien participa devotamente en la misa solo porque prefiere una forma en lugar de otra: es una actitud miope y del todo ideológica, por tanto no pastoral y no cristiana. Es dañina, destructiva para la Iglesia», ha concluido.







