(InfoCatólica) El P. Thomas Reese SJ es un conocido oponente de la liturgia preconciliar. En un artículo de reciente aparición, sin embargo, esa oposición llega a unos extremos inusitados, hablando de su «odio» por la Misa antigua, a la que compara con un «zombi». Con ello va mucho más allá de la simple preferencia por la liturgia nueva y parece caer de lleno en el rechazo visceral de dos milenios de tradición litúrgica de la Iglesia.
En su artículo aparecido en Religion News Service, titulado «Por qué odio la antigua Misa en latín: una confesión», el P. Reese utiliza un formato de diálogo imaginario entre un confesor y un penitente, quizá para dejar un pequeño margen a la excusa de que solo está explorando ideas o invitando a la discusión. Es, de hecho, una excusa que ya utilizó frecuentemente cuando era director de la revista jesuita America e invitaba a escribir en ella a multitud de autores que rechazaban la fe y la moral de la Iglesia. Benedicto XVI identificó correctamente la táctica del jesuita norteamericano y le obligó a dimitir, algo que el P. Reese parece no haberle perdonado nunca.
En su diálogo seudosocrático, el P. Reese muestra un grado de aversión a la liturgia antigua que resulta inquietante. En efecto, no parece tener inconveniente en hablar de «mi odio hacia la antigua Misa en latín».
Asimismo, en una increíble falta de respeto, asegura que «la antigua Misa en latín es como un zombi […] pensamos que había muerto, pero sigue resurgiendo». Según explica, «creíamos que desaparecería o que la gente se conformaría con asistir a una versión en latín de la nueva liturgia. Pero no fue así».
El buen jesuita nos asegura que «no odio a quienes asisten a la antigua Misa en latín. Muchos son personas buenas y piadosas». Eso sí, los pobrecillos no están bien catequizados y «con una mejor catequesis, creo que apreciarían la nueva liturgia», señala con una marcada condescendencia.
A pesar de que, cuando entró al noviciado, al P. Reese le «encantaba» la Misa antigua, como jesuita aceptó el cambio a la liturgia nueva, al principio solo por obediencia. De todas formas, «una vez que nos adaptamos a la nueva liturgia, me encantó».
De estar encantado con la Misa nueva a odiar la antigua hay un abismo, sin embargo. Hay muchísimos millones de católicos que están contentos de asistir al rito ordinario de la Misa sin por eso despreciar la liturgia que sus antepasados y tantísimos santos celebraron. ¿Por qué odia el P. Reese la liturgia antigua? No queda muy claro, aparte de alguna anécdota. Por ejemplo, nos asegura que, como hay muchas santas vírgenes, «estaba harto de escuchar la parábola de las vírgenes prudentes e insensatas». Aparentemente, el impenitentemente heterodoxo jesuita no concibe siquiera la posibilidad de que esa parábola sea una crucial advertencia del cielo para él. Asimismo, nos asegura que, con la liturgia antigua, «en la práctica ignorábamos al Espíritu Santo», algo que resulta muy difícil de sostener.
Claro que el jesuita también muestra una llamativa ignorancia de la liturgia actual, cuando dice, por ejemplo, que «en la Eucaristía, oramos con Jesús, no a él». Una afirmación que, sin duda, será una sorpresa para cualquier persona que atienda medianamente en la Misa nueva y recuerde, entra muchas, esta oración:
Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ven, Señor Jesús.
O esta:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus Apóstoles: «La paz os dejo, mi paz os doy», no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia, y conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
O esta otra:
Oh, Dios que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu cuerpo y de tu sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
En conjunto, en cualquier caso, el P. Reese tampoco parece ser partidario de la Misa nueva, sino de una liturgia aún por inventar y que cambiaría constantemente, porque «nuestra tradición es cambiar», con «nuevas reformas», lecturas diferentes, una traducción inglesa que el Vaticano ya tuvo que abrogar en tiempos del cardenal Ratzinger por sus heterodoxias y una multitud de nuevas plegarias eucarísticas inventadas.
Conviene tener en cuenta que el historial teológico del P. Reese incluye perlas como la defensa de la anticoncepción, el matrimonio gay, la ordenación de las mujeres o el relativismo religioso, la negación de la transustanciación, la idea de que, hoy, el cambio climático es la «cuestión provida número 1» y muchas otras heterodoxias y disparates. Todo eso no impidió que sus superiores le nombraran editor de la revista jesuita norteamericana más importante, pero al menos a nosotros nos da una pista. Quizá ahí esté la clave de ese odio que no se avergüenza en demostrar a la Misa antigua y su deseo de cambiar también la Misa nueva en clave heterodoxa: ¿no será que lo que realmente le molesta es la fe de la Iglesia y su irritante presencia en la liturgia?







