(InfoCatólica) Una hostia consagrada que no se disolvió en agua y que presentó manchas rojizas ha causado sorpresa en la Diócesis de Santa Rosa de Lima, en Guatemala. El obispo diocesano, el dominico monseñor José Cayetano Parra Novo, O.P., ha ordenado iniciar el proceso de discernimiento mientras pide cautela a los fieles.
Los hechos se remontan al jueves 30 de julio, durante una Misa celebrada con motivo de la Semana Eucarística Misionera en un colegio privado de Cuilapa, localidad situada a unos 65 kilómetros al sureste de Ciudad de Guatemala. Según el comunicado publicado el 22 de agosto por la Catedral Niño Dios de la diócesis, el sacerdote que presidía la celebración advirtió que uno de los jóvenes que había recibido la comunión «estaba sacándose la Sagrada Hostia de la boca y rápidamente se acercó a él, pudiendo impedir que la tirara al suelo».
El celebrante procedió entonces conforme al protocolo establecido para estos casos: depositó la hostia en un vaso de cristal con agua, dentro de la capilla de la casa parroquial, a la espera de que se disolviera de forma natural.
Una hostia intacta con manchas rojizas
Una semana después, el 6 de agosto, un colaborador parroquial que realizaba labores de limpieza en la capilla comprobó que la hostia no se había disuelto y que presentaba «unas manchas rojas, que podría ser sangre», según recoge el comunicado. Un diácono y otro sacerdote fueron llamados de inmediato y verificaron personalmente el fenómeno.
En los días siguientes, el párroco de la Catedral Niño Dios recogió testimonio del colaborador que hizo el hallazgo, de los dos sacerdotes, un diácono y tres laicos que observaron directamente la hostia en ese estado. El 15 de agosto, el párroco compartió fotografías del caso con monseñor Parra Novo. Una semana más tarde, el 22 de agosto, la parroquia decidió hacer público el comunicado.
Un discernimiento que «llevará su tiempo»
La catedral ha pedido expresamente a los fieles «prudencia y mesura» y ha recordado que, a lo largo de la historia, la Iglesia «ha recibido el testimonio de la presencia real y substancial de Jesucristo en la Eucaristía, bajo esta forma tan singular de manifestación». No obstante, ha subrayado que estos casos «no han sido nada comunes ni sencillos de discernir, por lo que no se pueden llamar milagros hasta que se concluya toda una investigación que se debe realizar y llevará su tiempo».
La hostia se encuentra reservada «en un lugar especial y no estará en exposición pública», mientras el obispo establece «las indicaciones para el discernimiento necesario y poder realizar un estudio de esta posible manifestación eucarística».
Para que un presunto milagro eucarístico sea reconocido, la Iglesia exige un proceso riguroso: debe existir certeza absoluta sobre la cadena de custodia de la hostia, el obispo debe dar testimonio de un hecho extraordinario, se convoca un panel científico con expertos acreditados cuyos análisis deben corroborarse entre sí. Solo cuando todas estas condiciones se cumplen puede la Iglesia pronunciarse.
Un precedente local y una invitación espiritual
El caso ha despertado un eco particular en Cuilapa. Según recoge Tribune Chrétienne citando al diario guatemalteco La Hora, la localidad ya vivió en el pasado un fenómeno religioso que generó gran conmoción: el llamado «Cristo de los Portentos», un crucifijo del que se afirmó que sudaba sangre. La historia ha resurgido en las redes sociales a raíz del nuevo episodio eucarístico.
El comunicado de la catedral no se limita a pedir cautela. Invita también a los fieles a reparar las ofensas al Santísimo Sacramento, a participar con mayor devoción en la Misa y a frecuentar la confesión. Y cierra con una frase que remite al centro de la fe católica: «Jesús está vivo en la Eucaristía, no es algo, es Alguien».







