(LifeSiteNews/InfoCatólica) El Tribunal Supremo Judicial de Massachusetts ha confirmado por unanimidad la medida cautelar que impide a la ciudad de Quincy instalar sendas estatuas de san Miguel Arcángel y san Florián ante su nuevo edificio de seguridad pública.
El tribunal fundamentó su decisión en el carácter y la novedad de las esculturas. Según el fallo, las imágenes «son grandes y quedarán exentas, son completamente nuevas y no una presencia de largo arraigo, están estrechamente vinculadas a una religión determinada y, por tanto, pueden transmitir al público que las contemple un apoyo implícito del Gobierno a esa religión y, como consecuencia, la subordinación de las demás religiones».
La demanda, respaldada por la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU), sostenía que la instalación vulneraba la Declaración de Derechos de Massachusetts al suponer un respaldo institucional al catolicismo. Las estatuas, ya terminadas, permanecen almacenadas a la espera de una resolución definitiva.
La ciudad anuncia que seguirá luchando
El Ayuntamiento, dirigido por el alcalde Thomas Koch, mantiene que las esculturas honran a los servicios de emergencia y no promueven religión alguna. En declaraciones difundidas por su portavoz, Lisa Aimola, la Alcaldía afirmó: «Los bomberos y policías de Quincy se juegan la vida por esta ciudad cada día, y estas estatuas fueron elegidas para honrar su valentía, su servicio y su sacrificio. La decisión es decepcionante, pero es preliminar, y seguiremos luchando por la posibilidad de conmemorar a nuestros servicios de emergencia en lo que la ley permita».
C. J. Doyle, de la Catholic Action League de Massachusetts, fue considerablemente más severo con los magistrados. «La decisión de hoy es desafortunada, pero tampoco sorprendente. No hay un solo conservador constitucional en un tribunal de siete miembros, el más antiguo tribunal de apelación en funcionamiento ininterrumpido de los Estados Unidos», declaró.
Doyle añadió que el fallo «apunta a la voluntad de imponer un criterio rígido y absolutista en las cuestiones de Iglesia y Estado que no se corresponde con las prácticas tradicionales de la Commonwealth», y denunció que la sentencia «ignora el papel de estos dos santos en la cultura y la iconografía de los servicios de emergencia». Recordó asimismo que existe arte religioso repartido por edificios públicos del estado, incluidos la Casa del Estado y la Biblioteca Pública de Boston, sin que ello haya motivado demanda alguna.
El caso vuelve ahora al Tribunal Superior del condado de Norfolk, donde continuará el procedimiento sobre el fondo del asunto.
Lo antiguo se tolera, lo nuevo se prohíbe
El razonamiento de los magistrados merece atención detenida, porque en él está contenido el criterio con el que se irá vaciando progresivamente el espacio público. Lo religioso se tolera cuando es antiguo —cuando es, en palabras del propio fallo, una presencia «de largo arraigo»— y se prohíbe cuando es nuevo. Dicho de otro modo: la fe queda admitida como reliquia arqueológica heredada del pasado y vetada como acto vivo de un pueblo presente. Bajo ese criterio, ninguna generación podrá volver a poner en pie lo que las anteriores levantaron.
Conviene recordar además lo que se ha prohibido exactamente. San Florián es patrono de los bomberos y san Miguel lo es de policías y militares desde hace siglos, en toda la cristiandad y también fuera del ámbito estrictamente católico. Que un tribunal resuelva que reconocer públicamente ese hecho equivale a «subordinar» a las demás religiones dice muy poco de la neutralidad del Estado y bastante de la hostilidad concreta hacia una confesión concreta.







