(ACI Prensa/InfoCatólica) El obispo de Aberdeen, en Escocia, Mons. Hugh Gilbert, ha declarado excomulgado al P. Michael Mary Sim, rector de la Congregación de los Hijos del Santísimo Redentor, comunidad conocida habitualmente como los Redentoristas Transalpinos. La medida, hecha pública el 25 de julio, es consecuencia directa de la participación del sacerdote en una ordenación ilícita.
El decreto: culpable de cisma
En el texto difundido por la diócesis, el prelado escocés no deja lugar a la ambigüedad: «Lamentablemente, considero al P. Michael Mary culpable de los cargos presentados en su contra, especialmente el de cisma».
La consecuencia canónica es triple. El decreto establece que el sacerdote «queda declarado excomulgado, destituido de su cargo eclesiástico y se le prohíbe celebrar la Misa o cualquier otro sacramento».
Mons. Gilbert califica lo ocurrido como una ruptura clara con la Iglesia, expresión con la que describe la participación del rector en la consagración episcopal celebrada sin mandato pontificio.
Advertencia a los fieles de la diócesis
El obispo de Aberdeen no se limita a sancionar al rector. Su declaración se extiende a toda la comunidad, de la que afirma que sus miembros «se han apartado de la comunión de la Iglesia Católica, y los fieles de la diócesis no deben mantener relación alguna con ellos».
Se trata de una advertencia pastoral de alcance práctico inmediato: los católicos de Aberdeen quedan avisados de que la asistencia a las celebraciones de esta comunidad no constituye ya un acto de comunión con la Iglesia, sino lo contrario.
Una comunidad que rechazó el Concilio y a los Papas
La congregación, que regenta el monasterio de Golgotha en la isla escocesa de Papa Stronsay, había anunciado con anterioridad su rechazo al Concilio Vaticano II y a los Romanos Pontífices posteriores al mismo. La consagración episcopal ilícita, celebrada sin autorización de la Santa Sede, fue el paso que consumó formalmente esa ruptura.
El caso ilustra una vez más que el problema de fondo en estas rupturas no es litúrgico, sino de comunión y obediencia. Ninguna forma del rito romano, por venerable que sea, puede sostenerse al margen de la autoridad del Sucesor de Pedro, y quien pretende conservar la tradición rompiendo con quien la custodia acaba perdiendo precisamente aquello que decía defender.







