(InfoCatólica) No hay datos oficiales sobre el número exacto de sacerdotes extranjeros en los Estados Unidos, ya que prestan servicio en multitud de lugares, diócesis, órdenes religiosas y tareas temporales diferentes. A grandes rasgos, se estima que el 24 % de los sacerdotes católicos en los Estados Unidos han nacido en otros países, según el Estudio Nacional de Sacerdotes Católicos de 2022 realizado por The Catholic Project de la Universidad Católica de América. Es decir, dado que hay aproximadamente 34,000 sacerdotes en activo en los Estados Unidos, esto significa que los sacerdotes extranjeros son alrededor de 8.000.
Estos sacerdotes provienen de multitud de países, pero los más numerosos son los procedentes de México, Vietnam, India, Nigeria, Filipinas y Colombia. Su papel es especialmente importante en diócesis rurales y zonas con una grave escasez de sacerdotes, donde el clero internacional suele atender parroquias que de otro modo no contarían con un sacerdote residente.
Puesto que casi uno de cada cuatro sacerdotes en el país norteamericano es extranjero, el procedimiento para conseguir un visado por razones religiosas (R-1) constituye una preocupación fundamental para multitud de diócesis, congregaciones y asociaciones católicas.
El Presidente Trump, decidido a fomentar el papel de las confesiones cristianas en la vida estadounidense, ha eliminado diversos obstáculos burocráticos creados por la administración anterior. En particular, ha abrogado las cuotas para los visados religiosos y la obligación de permanecer un año fuera de Estados Unidos antes de solicitar un nuevo visado religioso, un requisito que impedía una colaboración duradera y continua de los sacerdotes extranjeros con las diócesis y congregaciones estadounidenses.
No obstante, el endurecimiento de la política exterior y migratoria ha supuesto la creación de otras dificultades. La administración Trump ha establecido prohibiciones de entrada para los ciudadanos de distintos países considerados peligrosos para la seguridad de los Estados Unidos, de manera que los sacerdotes procedentes de esos países encuentran grandes dificultades para entrar en el país.
Según informa el National Catholic Register, en la diócesis de Fairbanks (Alaska), 14 de los 26 sacerdotes en activo han nacido fuera del país, y varios de ellos proceden de Nigeria, Zimbabue o la República Democrática del Congo, naciones afectadas por las nuevas restricciones. Los responsables diocesanos advierten de que la incertidumbre sobre la renovación de sus permisos de residencia pone en riesgo la atención sacramental de comunidades muy aisladas geográficamente.
La situación no es exclusiva de Alaska. Diócesis como San Francisco, Yakima, Sioux City, Lake Charles u Ogdensburg reconocen que recibir y conservar sacerdotes extranjeros resulta hoy más complejo, mientras que otras, como Springfield (Illinois), consideran que las recientes reformas han aliviado parte de los problemas heredados de años anteriores.
Los cambios de diversos trámites burocráticos no suelen ser una de las mayores preocupaciones de los católicos. Sin embargo, en un contexto de escasez de vocaciones locales, cuando cerca del 90 % de las diócesis dependen en buena medida de sacerdotes y religiosos nacidos en el extranjero, esos trámites pueden traducirse en una drástica reducción de los sacerdotes disponibles para celebrar los sacramentos y atender pastoralmente a los fieles.







