(CatholicWorldReport/InfoCatólica) Los cristianos de Pakistán lloran la muerte de un católico de 61 años, acusado de blasfemia, que falleció bajo custodia tras meses de deterioro de su salud, un hecho que renueva la preocupación por el trato a los presos vulnerables y por el uso abusivo de las leyes de blasfemia del país.
Amir Peter, hermano menor del capuchino P. Henry Paul, párroco de la iglesia de San Francisco en Lahore, murió el 1 de julio tras sufrir graves complicaciones médicas mientras permanecía en prisión preventiva, a la espera de juicio, en la cárcel Camp Jail de Lahore. Padre de tres hijos, había sido ingresado en un hospital la noche del 30 de junio, cuando su estado empeoró.
Peter fue arrestado en julio de 2025 después de que un comerciante musulmán lo acusara de hacer comentarios despectivos sobre el profeta Mahoma. Permaneció entre rejas hasta su muerte, pese a que sus abogados aseguraban que los peritos médicos lo habían declarado mentalmente incapaz de afrontar el juicio a causa de una demencia avanzada.
Más de 200 personas asistieron a su funeral el 2 de julio, celebrado por el arzobispo de Lahore, Mons. Khalid Rehmat, en la iglesia de San José. «Toda la comunidad capuchina y la Iglesia están con el padre Henry Paul y su familia. Nos solidarizamos con ellos», declaró el prelado, que había regresado a Lahore apenas un día antes tras recibir el palio de manos del Papa León XIV el 29 de junio, solemnidad de San Pedro y San Pablo, en la Basílica de San Pedro. «Sentimos orgullo de que mi hermano no abandonara su fe cristiana hasta el último momento», afirmó el P. Paul.
«Murió antes de que se hiciera justicia»
Según su equipo legal, la salud física y mental de Peter se deterioró de forma sostenida durante su detención. «Fue acusado falsamente de blasfemia. Advertimos repetidamente sobre su estado físico y mental cada vez peor y sobre la urgente necesidad de un tratamiento médico adecuado. Lamentablemente, pese a estos esfuerzos, falleció antes de que pudiera hacerse justicia», declaró Katherine Sapna, directora ejecutiva de Christians' True Spirit, la organización de asistencia jurídica que lo representaba.
«Lloramos la pérdida de un hombre cuya vida se truncó trágicamente en medio de un proceso legal viciado. Su grave condición médica fue ignorada y se le negó una atención sanitaria oportuna y adecuada», añadió, exhortando a líderes religiosos, organizaciones civiles e instituciones del Estado a garantizar que nadie sea privado de su dignidad, del debido proceso ni de la atención médica esencial por acusaciones falsas o prejuicios sociales.
«La vulnerabilidad de las víctimas del uso abusivo de las leyes de blasfemia es extrema. Ni la enfermedad mental ofrece protección», señaló Samson Salamat, católico y presidente del movimiento Rwadari Tehreek (Movimiento por la Tolerancia Religiosa), tras asistir al funeral. «La junta médica del Instituto de Salud Mental de Punjab ya había declarado a Peter no apto para el juicio. Nadie está a salvo del uso indebido de estas leyes, ni siquiera el hermano de un sacerdote. En lugar de reaccionar solo ante casos individuales, Pakistán necesita reformas de fondo. De lo contrario, las promesas de proteger a las minorías religiosas quedan vacías», advirtió.
Presos con enfermedades mentales
Las organizaciones de derechos humanos han expresado en repetidas ocasiones su preocupación por el trato a los presos con enfermedades mentales en Pakistán. En su Informe Mundial 2024, Human Rights Watch señaló que la escasa conciencia sobre la salud mental contribuye al abuso y el abandono de los reclusos con discapacidades psicosociales, y que las cárceles del país sufren una grave falta de profesionales de salud mental.
La muerte de Peter llega pocos meses después del fallecimiento de otro destacado acusado cristiano de blasfemia: en octubre de 2025, el pastor Zafar Bhatti, fundador de la Jesus World Mission Church, murió de un paro cardíaco en su casa de Rawalpindi tres días después de salir de prisión, donde había pasado 13 años enfrentando cargos de blasfemia.








