(NCRegister/InfoCatólica) Woody, Buzz Lightyear, Jessie y toda la pandilla de Toy Story regresan este verano a las salas de cine con una nueva historia. Tras el último episodio de la saga, que dejó atónitos a padres e hijos por presentar a niños una relación homosexual entre una pareja de lesbianas que se besaban en pantalla, muchos padres católicos aguardaban con inquietud lo que pudiera depararles esta nueva entrega.
En el frente de la ideología LGBT, los padres pueden estar tranquilos: a diferencia de «Lightyear», esta edición no promueve la agenda LGBT. En cambio, aborda de frente un asunto espinoso: la tecnología. La protagonista, la niña Bonnie, recibe como nuevo juguete una tableta inteligente, mientras sus viejos amigos esperan con impaciencia una próxima aventura que no llega porque ella permanece absorta frente a una pantalla. Jessie pasa a ser el juguete principal y Woody queda olvidado en el armario, y toda la cuadrilla debe unirse para salvar a Bonnie de las garras de su nueva «amiga», Lilypad, que consume todo su tiempo y le abre las puertas de un mundo digital con todos sus peligros.
Cinco claves de la película
1. El mensaje es accesible y funciona. La idea de que la tecnología nos aísla de las relaciones del mundo real se transmite con claridad, incluso a los más pequeños. Una niña de siete años, tras ver la película el Día del Padre, reprendió a su padre por estar pendiente del teléfono: había comprendido perfectamente la premisa del filme.
2. La cinta se mantiene lejos de la ideología woke. A diferencia del desastre de «Lightyear», que llevó a algunos cines a censurar una escena, esta entrega no promueve la agenda LGBT, un alivio para tantos padres que conservan buenos recuerdos de las películas originales de su infancia.
3. Presenta la tecnología como algo «que se preocupa», lo cual resulta inquietante. En un momento de la historia, la tableta Lilypad decide marcharse porque comprende el daño que está causando a su joven dueña. Aunque conmovedor, está muy lejos de la realidad: el objetivo de las grandes tecnológicas es la adicción a la pantalla, no autolimitarse. La tecnología no es amiga del niño.
4. Se aborda y se muestra el ciberacoso. A lo largo del filme, Bonnie comienza a recibir mensajes digitales hirientes que la sumen en la angustia y la tristeza, un reflejo realista de lo que viven demasiados niños hoy, aunque la dureza de esas escenas podría resultar excesiva para los más pequeños e impresionables.
5. ¿Aludió el Papa León a la película? Hablando a los niños del campamento de verano del Vaticano el 22 de junio, el Santo Padre lanzó un mensaje sorprendentemente afín al espíritu de la cinta: «También en la familia: la familia que está reunida, no basta con que estemos todos allí. Cada uno mira su teléfono. Es muy importante aprender a hablar, a conversar, a encontrarse bien con los demás, a jugar juntos y también a rezar juntos, porque, aunque podamos tener la Biblia y algunas oraciones en el teléfono, Dios no quiere mirar el teléfono: Dios quiere mirar nuestro corazón, nuestra vida.»
La trampa del marketing en el mundo real
Quizá lo más preocupante sea la estrategia comercial que rodea a la película. En las tiendas se vende ya un dispositivo físico «Lilypad», fabricado por LeapFrog y dirigido a niños de entre 3 y 5 años, presentado como aparato de iniciación para que los pequeños «se mantengan conectados» enviando mensajes con emojis y textos predefinidos. Con un híbrido real de juguete y tableta dirigido a mentes tan tiernas, queda claro que a la industria tecnológica poco le importan los juguetes de verdad que acumulan polvo en las estanterías.
Con estudios recientes que advierten de alteraciones en la «materia blanca» de los cerebros infantiles por el exceso de pantalla —algo a lo que el propio Papa León alude en su primera encíclica—, no hay razón alguna para poner un dispositivo digital en manos de un niño que todavía está aprendiendo a hablar y a desenvolverse en el mundo físico. Si se ve la película, conviene aprovecharla para conversar con los hijos sobre cómo navegar el mundo digital y, sobre todo, no olvidar la invitación del Papa: dejar los dispositivos este verano, recuperar los juguetes reales y el juego compartido.






