(InfoCatólica) Roma locuta, causa finita, ¿verdad? Parece que en Alemania no es así. Muy poco han tardado los alemanes en responder a la decisión de Roma de rechazar la petición de los obispos germanos, que querían permitir que los laicos pronunciaran la homilía durante la Misa.
La respuesta, eso sí, no la han dado directamente los obispos alemanes al Vaticano, quizá porque eso podría obligar a Roma a actuar con mayor firmeza. Lo que han hecho ha sido optar por una vía indirecta, respondiendo a través de entrevistas y artículos de sus teólogos preferidos en el portal informativo en línea de los obispos alemanes. Todo ello bien ilustrado con diversas fotos de mujeres alemanas predicando en Misa.
El catedrático y liturgista de la diócesis alemana de Erfurt, Benedikt Kranemann, ha criticado duramente la reciente decisión del Vaticano en el portal Katholisch.de, perteneciente a la Conferencia Episcopal Alemana. En su opinión, el documento enviado por el prefecto del Dicasterio para el Culto Divino, el cardenal Arthur Roche, supone un retroceso respecto a la sinodalidad y la participación que la propia Iglesia dice querer promover.
Como desde el punto de vista teológico su postura es insostenible, Kranemann intenta trasladar la cuestión al plano meramente práctico y reprocha al Vaticano la calidad de la predicación le importe menos que el hecho de que el predicador haya recibido la ordenación sacerdotal. Según el liturgista, lo que hay que tener en cuenta es la preparación teológica y la capacidad comunicativa del predicador. Planteada así la cuestión, señala que muchos agentes pastorales laicos tienen una sólida formación bíblica y teológica y, por lo tanto, serían preferibles a sacerdotes menos formados. En particular, indica que es contrario a los llamamientos a fortalecer el papel de la mujer en la Iglesia que las religiosas con gran experiencia espiritual y un profundo conocimiento de la Escritura no puedan pronunciar la homilía.
El liturgista también apela a los hechos consumados, señalando que en muchas diócesis alemanas desde hace décadas es habitual que prediquen los laicos, entre ellos mujeres, en las celebraciones eucarísticas, con supuestamente buenos resultados pastorales.
Por último, se lamenta de que el Vaticano no haya tenido en cuenta el gran descenso del número de sacerdotes en Alemania. El propio Kraneman, sin embargo, no parece haber considerado que precisamente ese tipo de cambios que propone son los que han vaciado los seminarios y las parroquias.
De forma paralela y también en el portal propiedad de la Conferencia Episcopal, el teólogo pastoralista Christian Bauer, profesor de la Universidad de Münster, ha criticado el dictamen del Vaticano. Para él, la negativa de Roma no supera el clericalismo, sino que refuerza una concepción excesivamente clerical de la predicación, ligada a la ordenación sacerdotal.
Bauer considera que los obispos alemanes se quedaron cortos, porque solo pedían un indulto (es decir, una excepción de la normativa para Alemania) en lugar de plantear una reflexión más profunda sobre la naturaleza del ministerio de la predicación. Para él, si un laico ha sido nombrado por el obispo, cuando predica no habla en nombre propio, sino de la Iglesia, aunque no haya recibido el sacramento del Orden.
Al igual que Kranemann, apela a la práctica cotidiana de muchas parroquias alemanas. Asombrosamente, su argumento es que ya en 1988 se produjo una prohibición similar y en Alemania siguieron haciendo lo que les pareció mejor.
El teólogo, en efecto, no oculta que desea que ocurra algo parecido tras esta nueva intervención del Vaticano y utiliza el portal informativo de los obispos alemanes para defender esa forma de actuar. Es muy difícil no interpretar este hecho como un mensaje oficioso a los fieles de esos mismos obispos de que la práctica de las homilías laicales continuará diga lo que diga Roma.






