(InfoCatólica) El arzobispo de Detroit, Mons. Edward Weisenburger, participó recientemente en la inauguración de una nueva mezquita y sede del Instituto Islámico de América en Dearborn Heights (Michigan). Durante su intervención, uso palabras muy elogiosas hacia la comunidad musulmana y su nuevo centro religioso, que parecen haber ido más allá de lo protocolario para entrar en un terreno teológicamente peligroso.
El arzobispo, al llegar a la futurista mezquita Imam Al-Hasanain, afirmó que en la mezquita se sentía «plenamente la presencia divina», algo que llama la atención al tratarse de un prelado católico. «No hay lugar donde sienta mayor honor, fraternidad y bondad, y desde el momento en que llegué a esta hermosa propiedad hoy, sentí plenamente la presencia divina», explicó el arzobispo.
Podría ser simplemente una forma poco afortunada de expresarse, pero Mons. Weisemburger continuó afirmando que «todas las iglesias, todas las mezquitas, todas las sinagogas, todos los lugares donde Dios se manifiesta y toca con su dedo son sagrados».
«Este es un lugar verdaderamente maravilloso y sagrado», remachó después, de forma aún más sorprendente, «un lugar que, creo, llevará a toda la humanidad a una comunión más profunda con nuestro único Dios». Para Mons. Weisenburger, se trataba de un día de «gran, gran alegría», porque se había «establecido un nuevo lugar de santidad en la comunidad».
Resulta difícil armonizar estas afirmaciones con la fe de la Iglesia, según la cual la única comunión posible con Dios es la que se realiza a través de la salvación por la muerte y resurrección de Jesucristo. También creemos los católicos que Dios no se ha manifestado en el Islam, sino que la auténtica Revelación es propia de Israel en el Antiguo Testamento y de la Iglesia en el Nuevo. En ese contexto, no es posible hablar de lugares sagrados que no sean cristianos, a no ser que sea en un sentido meramente subjetivo.
Multitud de fieles se han sentido indignados por las palabras del arzobispo, recogidas en redes sociales. En efecto, parece muy difícil no concluir que sus afirmaciones rozan o caen de lleno en la vieja herejía del indiferentismo religioso, que pretende que todas las religiones son caminos para llegar a Dios. El catolicismo, en cambio, cree firmemente que Jesucristo es el único camino para llegar a Dios y que no hay salvación fuera de Él.
La Iglesia ha condenado innumerables veces el indiferentismo religioso, que es diametralmente opuesto a la fe católica. Durante el pontificado de Juan Pablo II, la declaración Dominus Iesus de la Congregación para la Doctrina de la Fe se dedicó específicamente a recordar que no hay otros caminos u otras revelaciones aparte de la Revelación cristiana: «es, por lo tanto, contraria a la fe de la Iglesia la tesis del carácter limitado, incompleto e imperfecto de la revelación de Jesucristo, que sería complementaria a la presente en las otras religiones» (Dominus Iesus 6).
A pesar de ello, por desgracia, el indiferentismo religioso vuelve a aparecer una y otra vez, incluso en boca de obispos, sacerdotes y religiosos. El mismo Papa Francisco afirmó en varias ocasiones, con su forma habitualmente poco clara de expresarse, que la existencia de diferentes religiones era «una riqueza».
Mons. Weisenburger ha sido arzobispo de Detroit durante poco más de un año, pero ese tiempo no ha estado libre de polémicas. No mucho después de su toma de posesión, causó un considerable revuelo al aplicar de forma restrictiva el motu proprio Traditionis Custodes para limitar todo lo posible el uso de la liturgia antigua en la archidiócesis. También despidió sin contemplaciones del seminario diocesano a tres profesores cuyo aparente defecto era ser demasiado conservadores u ortodoxos: Ralph Martin, Eduardo Echeverría y Edward Peters.
No queda claro por qué se puede «sentir plenamente la presencia divina» en una mezquita, pero no en una Misa según la liturgia antigua o cuál es esa «comunión más profunda con nuestro único Dios» que se obtiene en una mezquita, pero no en las enseñanzas de profesores que se toman en serio toda la fe católica, incluida la declaración Dominus Iesus.






