(InfoCatólica) El acto desbordó todas las previsiones con una afluencia inmensa de jóvenes. Desde la delegación del gobierno en Madrid se cifró en medio millón las personas asistentes.
En su saludo al Pontífice, el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, describió a esa juventud como la que quiere «alzar la mirada para no quedar encerrados en lo inmediato ni en la desesperanza», y le agradeció su presencia con las palabras: «Gracias por venir a ayudarnos a levantar la mirada».
El Papa mantuvo un diálogo con seis jóvenes, previamente elegidos, que le preguntas sobre sus referentes espirituales, su experiencia misionera en Perú, el discernimiento de la voluntad de Dios, el testimonio cristiano, el compromiso social y el sentido de la vida.
Sobre su etapa en Perú, el Pontífice dijo:
«Recuerdo sobre todo el testimonio de fe de la gente, marcada por muchas dificultades, pero llena de esperanza. Precisamente el encuentro con las heridas y las alegrías del pueblo me hicieron crecer en el camino del seguimiento de Jesús».
A la pregunta de cómo reconocer la voz de Dios entre tantas voces, León XIV señaló tres instrumentos: el silencio, la oración y la Palabra.
«Al liberarnos del estruendo de mil voces, reconocemos que algunas engañan nuestros deseos, otras nos compran sin alimentarnos, otras hablan por interés. En el silencio comprendemos que las ideologías pasan, mientras la verdad permanece», afirmó.
Y añadió una advertencia dirigida a la generación digital:
«Muchas cosas en las redes nos engañan, nos cuentan mentiras. Buscad siempre la verdad».
Sobre el papel de los cristianos en la sociedad, León XIV subrayó que los jóvenes están llamados a «dar una nueva dirección a la sociedad, convirtiéndose en protagonistas del cambio a partir de sus vínculos cotidianos, en la familia, en la universidad y en el trabajo».
«¡Sed humanos!»
El momento central del discurso papal fue una consigna que resumió toda la noche. León XIV urgió a los jóvenes a rechazar la superficialidad y convertirse en «hombres y mujeres de carne y hueso»:
«La misión que os confío es precisamente esta: que seáis humanos. Sí, ¡sed humanos!: hombres y mujeres de carne y hueso. No apariencias, sino rostros fiables. Personas que buscan la justicia porque tienen hambre de ella, como del pan de cada día. Sed humanos como lo es Cristo, el hombre perfecto, el Resucitado que comparte con nosotros la historia en todo tiempo».
León XIV lanzó también un llamamiento a no tener miedo: ni a la vocación religiosa, ni a expresar lo que se siente en el corazón, ni a formar una familia. En un momento espontáneo se dirigió a la multitud con las palabras:
«Podéis cambiar la historia, hacedlo con amor».
El Papa, emocionado
La vigilia se cerró con la Adoración Eucarística, que transformó la plaza en un espacio de recogimiento y silencio. El Papa no pudo evitar emocionarse de forma visible al ver a cientos de miles de jóvenes adorando al Señor.







