«Uno ve los milagros constantemente»: el misionero español que transforma vidas en los suburbios de Lima
Padre Julio Alonso Ampuero | Crédito: Cortesía

Misión en las periferias del sur de Lima

«Uno ve los milagros constantemente»: el misionero español que transforma vidas en los suburbios de Lima

Los retiros de sanación interior, la atención a ex drogadictos y las horas interminables en el confesionario han convencido al sacerdote de que «el encuentro con Cristo es lo que te libera y sana todas las heridas».

(ACI Prensa/InfoCatólica) Un sacerdote misionero español lleva más de una década dedicando sus fines de semana a evangelizar en la Diócesis de Lurín, al sur de Lima, y asegura que los frutos espirituales de esta misión son tan abundantes que habla sin dudar de «milagros».

El padre Julio Alonso Ampuero centra su apostolado en la Casa de Retiros Sagrada Familia de Lurín, desde donde imparte retiros espirituales, escucha confesiones y ofrece formación bíblica y atención pastoral a personas en situación de vulnerabilidad.

«La verdad es que es una bendición, porque prácticamente cada fin de semana hay grupos que asisten al retiro», declaró el sacerdote. «Uno ve los frutos. Uno ve el bien que hace a las personas», añadió. Y refiriéndose a la privilegiada posición del sacerdote ante las conciencias ajenas, fue directo: «Uno ve los milagros constantemente».

Los retiros más solicitados son los de sanación interior y los destinados a parejas —incluyendo novios y convivientes—, con el objetivo de acercarlos al sacramento del matrimonio. «También hemos estado insistiendo en los retiros de silencio, porque vemos que hay una necesidad de recogimiento, una necesidad de echar raíces, y una necesidad de fortalecer esa relación con el Señor», explicó.

Una misión accesible a los más pobres

Uno de los pilares de la Casa de Retiros es la gratuidad para quienes no pueden costear su participación. «Si hay personas que no pueden pagar, o que sólo pueden pagar una parte, las acogemos igualmente. La Divina Providencia siempre ha mirado por nosotros, y nunca hemos pasado necesidad», explicó el padre Ampuero.

El fruto de los encuentros con Dios resulta visible a simple vista: «Basta con ver la alegría con la que las personas salen al final de un retiro; la diferencia en sus rostros entre el día en que llegan y el día en que se marchan». Muchos repiten la experiencia. «Me ha hecho tanto bien que quiero volver a hacerlo», le dicen.

«He encontrado aquí una gran apertura al Evangelio»

El padre Ampuero llegó al Perú en 2011, tras años de servicio pastoral y formación académica en España e Italia. Especialista en Sagrada Escritura, cursó estudios en Roma y Jerusalén por indicación de sus superiores, y ejerció como profesor de «Introducción a la Sagrada Escritura y las Epístolas de san Pablo» en el Instituto de Estudios Teológicos Superiores San Ildefonso de Toledo, además de desempeñarse como formador en el seminario durante varios años. Tiene en su haber casi 30 publicaciones sobre formación bíblica y espiritual.

La presencia de sacerdotes de Toledo en el sur de Lima se remonta a varias décadas, cuando comenzaron a trabajar en Villa El Salvador, distrito marcado aún hoy por la pobreza.

Lo que más le ha impactado desde su llegada es la apertura del pueblo peruano a la fe: «En España ha habido una secularización muy fuerte en las últimas décadas. Mi experiencia al llegar aquí es que, en general, no era así. He encontrado una gran apertura al Evangelio, una gran apertura a las verdades de la fe». También destacó la cercanía de la gente hacia sus sacerdotes y el aprecio por el Sacramento de la Reconciliación: «A veces uno puede pasar horas escuchando confesiones, y la gente busca al sacerdote; a veces simplemente para desahogarse, para compartir sus problemas, y para encontrar un poco de consuelo y esperanza».

Evangelizando entre los más vulnerables

Además de los retiros, el padre Ampuero ejerce su ministerio en el albergue Sembrando Esperanza, que acoge a 150 hombres: ancianos, personas con enfermedades mentales y rescatados de la calle, muchos de ellos ex drogadictos.

«Estas personas, que a menudo lo han perdido todo, pueden llegar a conocer lo más grande de todo: el amor de Dios», afirmó. Y sobre el poder de la fe ante la adicción fue tajante: «Sabemos que en los casos de adicción, es la fe en Cristo, el encuentro con Cristo, lo que puede liberarte de manera más radical». «Ese encuentro con Cristo es lo que te libera y sana todas las heridas».

El secreto de tan intenso apostolado, según el sacerdote, es la vida de oración: «Para mí, la oración es mi fortaleza diaria, y no la cambiaría por nada. Es lo que te da oxígeno; es lo que te fortalece; es lo que te permite cargar también con los pesos de tus hermanos».

A los jóvenes que sienten la llamada a la vida religiosa o consagrada les dejó un mensaje sin rodeos: «No tengáis miedo. Cuando Dios nos llama a algo, siempre provee los medios para llevarlo a cabo». Y recordó una máxima del papa Benedicto XVI: «Dios no quita nada; más bien, lo da todo».

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