«El Señor no nos pide medir la fecundidad de la Iglesia con criterios de número, visibilidad o influencia»
El Papa con los participantes en la 82ª Asamblea Plenaria de la CEI | © VaticanMedia

La «lógica de la pequeñez» frente al activismo eclesial

«El Señor no nos pide medir la fecundidad de la Iglesia con criterios de número, visibilidad o influencia»

León XIV clausuró la 82.ª Asamblea de los obispos italianos con una llamada a «volver a poner el Evangelio en el centro» y a rechazar toda medición numérica del éxito de la Iglesia.

(InfoCatólica) «Volver a poner el Evangelio en el centro»: con esta urgencia interpeló León XIV a los obispos italianos en el Aula del Sínodo del Vaticano el jueves 28 de mayo, al concluir la 82.ª Asamblea General de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI). En un discurso de densa carga pastoral, el Papa urgió a los pastores a mirar la realidad con los ojos del Resucitado, a robustecer el camino sinodal como estilo permanente y a rechazar cualquier medición cuantitativa o tecnocrática de la misión de la Iglesia.

La mirada del Resucitado

Recordando sus recientes visitas a Pompeya, Nápoles y Acerra, el Pontífice reconoció que «muchas señales nos hablan de cansancio, de fragmentación, de soledad» y que en las comunidades «podemos sentir a veces el cansancio de transmitir la fe, la dificultad de involucrar a las nuevas generaciones». Pero, añadió, «el Evangelio nos despierta».

León XIV propuso la mirada de Jesús sobre las multitudes como antídoto al desaliento: «no ve un problema que resolver, ve una cosecha, ve el campo de Dios» (cf. Lc 10,2). La primera tarea de los obispos es «hacer nuestra la mirada del Señor», sin quedarse «solamente en las quejas por los terrenos endurecidos» ni detenerse «simplemente en los datos estadísticos», sino aprender a contemplar, «con los ojos del Resucitado, la cosecha que Dios mismo nos prepara».

El eje de esa mirada es el Evangelio. León XIV evocó a San Francisco de Asís, en el octavo centenario de su tránsito al cielo, y remitió a la Evangelii nuntiandi de Pablo VI y a la Evangelii gaudium del Papa Francisco: «es del Evangelio de donde nace la fe, como encuentro vivo con Cristo, muerto y resucitado, presente en su Iglesia».

Iniciación cristiana y comunidades acogedoras

León XIV instó a una renovada atención a la iniciación cristiana, subrayando que «no puede pensarse únicamente como preparación para los Sacramentos». La definió como el «seno materno en el que una comunidad engendra a la fe e introduce en la vida pascual, en la comunión con el Señor y en la fraternidad eclesial». Recurrió al documento final de la XVI Asamblea del Sínodo de los Obispos para afirmar que el Bautismo solo se comprende plenamente «dentro de la Iniciación Cristiana», es decir, del itinerario por el que el Señor «nos introduce en la fe pascual y nos incorpora a la comunión trinitaria y eclesial».

El Papa trazó a continuación el perfil de las comunidades capaces de transmitir la fe: aquellas en las que «la Palabra de Dios no permanece en los márgenes, sino que ilumina las decisiones; donde la Eucaristía es verdaderamente fuente y culmen; donde los pobres no son destinatarios externos de un servicio, sino hermanos y hermanas en quienes el Señor nos habla; donde los jóvenes son rostros, voces e historias con las cuales dialogar; donde las familias no son dejadas solas y las heridas no son ocultadas, sino presentadas al Señor con humildad».

El camino sinodal, sin tecnocracia

León XIV respaldó la intención de los obispos italianos de convertir el Camino Sinodal en «un estilo permanente», precisando su significado eclesial: «La Iglesia sinodal es aquella en la que cada uno, según su propia vocación, puede ofrecer el don recibido del Espíritu para la edificación común». La participación, afirmó, «no es una concesión: es una exigencia de la comunión y de la misión», que debe convertirse en «método, responsabilidad y criterio de verificación».

Pero el Papa advirtió con claridad contra una interpretación puramente organizativa o tecnocrática del proceso. «No se trata de imitar esquemas organizativos externos, ni de reducir todo a una eficiencia administrativa», señaló. La pregunta que debe guiar cualquier reforma estructural de la CEI es otra: qué fisonomía ayuda hoy a los pastores «a anunciar mejor el Evangelio, a caminar juntos y a hacer posible una participación efectiva, ordenada y fecunda». «Cuando esta revisión se vive en el Espíritu», concluyó, «no debilita la comunión, sino que la purifica».

El valor de lo esencial

El discurso culminó con una llamada al «valor de lo esencial», fundamentada en la «lógica de la pequeñez» como verdadera fuerza de la Iglesia. Retomando su intervención en el Encuentro de Oración en Estambul del pasado 28 de noviembre de 2025, León XIV citó textualmente: «Cuando miramos con los ojos de Dios, descubrimos que Él ha escogido el camino de la pequeñez para descender en medio de nosotros. [...] Esta lógica de la pequeñez es la verdadera fuerza de la Iglesia. En efecto, esta fuerza no reside ni en sus recursos ni en sus estructuras, ni los frutos de su misión derivan del consenso numérico, de la potencia económica o de la relevancia social. La Iglesia, al contrario, vive de la luz del Cordero y, reunida en torno a Él, es impulsada por los caminos del mundo por la fuerza del Espíritu Santo».

A partir de esa premisa, el Pontífice lanzó la exhortación que vertebró el cierre de su discurso:

«¡Tengamos el valor de lo esencial! El valor de comunidades menos preocupadas por conservarlo todo y más libres para anunciar a Cristo. El valor de una catequesis que sea camino de iniciación y de formación permanente para la vida cristiana. El valor de parroquias acogedoras y misioneras, donde las familias se reencuentren y se renueven con la savia del Evangelio. El valor de escuchar a los jóvenes sin domesticar sus preguntas. El valor de dejarnos evangelizar por los pobres».

León XIV encomendó el camino de la Iglesia italiana a la Virgen María, Madre de la Iglesia, pidiendo que ayude a los obispos a custodiar «lo esencial», a «engendrar en la fe», a «caminar con el Pueblo de Dios» y a «reconocer la voz del Señor que todavía llama, consuela y envía».

 

 

1 comentario

Cordá Lac
Si no importan los números, quiere decir que no importa cuántos se condenan al infierno.
29/05/26 7:40 PM

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