(InfoCatólica) Durante mucho tiempo se intentó ridiculizar a los que señalaban la labor destructiva de la moral emprendida por Paglia en la Academia Pontifica por la Vida y en el Instituto Juan Pablo II para la Familia. Ahora el propio Paglia lo confirma. El daño está hecho. El mal causado por muchos sacerdotes y responsables de dirección de almas intentando silenciar a quienes siquiera se escandalizaban por lo que estaba ocurriendo, va más allá del abuso de conciencia, porque esto también lo es.
En la mente de muchos católicos está el nombre de esas personas que lanzaban a los fieles el conjuro de ser «antiFrancisco», y de la desconfianza que generan ahora cualquier ellos mismos.
Un año después de la muerte del Papa Francisco, el arzobispo Vincenzo Paglia ha ofrecido el relato más pormenorizado hasta la fecha de las reformas que según él, el pontífice le encomendó en las dos grandes instituciones vaticanas dedicadas a la bioética y la familia.
En una extensa entrevista publicada el 21 de mayo en la revista italiana Settimana News, Paglia reconoce sin anestesia que Francisco sintió «la necesidad de adaptar la doctrina a los nuevos tiempos», especialmente en lo relativo a la homosexualidad y a los divorciados en situaciones irregulares, y admite que el «núcleo neurálgico» de toda la operación fue el cuestionamiento de la ley natural como fundamento inmutable de la moral sexual y familiar.
La entrevista, concedida al cumplirse un año del fin del mandato del arzobispo al frente de la Pontificia Academia para la Vida (27 de mayo de 2025), repasa el proceso íntegro de reforma de esa institución y del Instituto Teológico Pontificio Juan Pablo II para las Ciencias del Matrimonio y la Familia, los dos grandes proyectos de reorientación doctrinal del pontificado de Francisco en el ámbito de la moral.
Un encargo gestado desde los sínodos sobre la familia
Paglia sitúa el punto de partida en los dos sínodos sobre la familia convocados por Francisco en 2014 y 2015, en cuyas sesiones los asuntos más debatidos fueron, recuerda, la homosexualidad, las situaciones matrimoniales irregulares y la comunión a los divorciados vueltos a casar. Con Amoris Laetitia (2016) como marco de referencia, el Papa le expresó su deseo de que continuara trabajando en ese campo.
Antes de ese encargo explícito, Francisco ya le había pedido que preparara un texto sobre Humanae Vitae con ocasión de su quincuagésimo aniversario. «El Papa Francisco sentía la necesidad de adaptar la doctrina a los nuevos tiempos», siempre segú Paglia, mencionando la homosexualidad y los divorciados en situaciones irregulares como los ámbitos concretos que Francisco tenía en mente. «Me pidió que preparara un texto que subrayara su carácter profético, mostrando también algunos necesarios aggiornamenti. Preparé un texto con la colaboración de un grupo de teólogos. Lo apreció mucho.»
Poco después de la publicación de Amoris Laetitia, Francisco lo convocó y le formuló el encargo directamente: «Querría confiarte la reorganización del Juan Pablo II y de la Pontificia Academia para la Vida». El arzobispo explica que el Papa lo dijo queriendo significar que ambas instituciones «debían ser repensadas dentro de esta ampliación de perspectiva: todavía no adecuadamente madurada teológicamente ni culturalmente equipada en la sensibilidad católica actual».
Hay que recordar que el Papa Francisco no invitó al Instituto al primer sínodo, del que tenía que salir el instrumentum laboris. También es cierto que aun así tampoco salieron adelante los deseos del Papa que tuvo que cambiar los criterios de aceptación una vez que los Padres conciliares ya habían manifestado su voto.
El corazón de la reforma: cuestionar la ley natural
Sin evasivas, Paglia identifica el eje doctrinal de toda la operación: «Uno de los puntos neurálgicos de toda la operación fue el replanteamiento del concepto de «naturaleza», que estaba en la base de una visión estática e inmutable de la ley natural, y con él la puesta en cuestión del paradigma esencialista e ahistórico en el que se había apoyado toda la teología moral sexual y familiar desarrollada hasta ahora». Y añade con llamativa candidez: «Aquí los 'opositores' entendieron bien: había en juego una reforma muy profunda».
Paglia describe el modelo anterior como la reducción de la moral a «la aplicación de un algoritmo doctrinal de la moralidad y la disciplina», incapaz de dialogar con la vida real de las personas. Critica asimismo la defensa de los «valores no negociables» promovida durante el pontificado de Benedicto XVI, que califica de excesivamente «moralista» y basada en «principios abstractos». Tanto la Pontificia Academia como el Instituto Juan Pablo II, afirma, se habían convertido en «lugares de una pronunciada resistencia doctrinal a la enseñanza pontificia, que se pretendía más coherente con la verdad cristiana que la perspectiva trazada por Amoris Laetitia». Y añade, sin rodeos, que el Juan Pablo II «se había convertido más en un símbolo de resistencia a Francisco que en una auténtica inspiración intelectual. No es de extrañar que, en algunos puntos, se defendieran posiciones más restrictivas que las de Pío XII».
La Academia: de la bioética clásica a la inteligencia artificial
En la reforma de la Pontificia Academia para la Vida, el arzobispo dice haber partido de una redefinición del propio término «vida»: ya no circunscrito al debate sobre el aborto o la eutanasia, sino entendido como «categoría totalizante» en su dimensión antropológica «y hasta cósmica». El punto de inflexión doctrinal lo marcó el propio Francisco en la carta Humana Communitas, enviada con motivo del 25 aniversario de la institución. «Es un manifiesto clarísimo de la nueva visión que el Papa alentaba», afirma Paglia, reconociendo que el texto ha pasado en gran medida inadvertido.
Para materializar ese giro, la Academia amplió su membresía más allá de los teólogos moralistas e incorporó expertos en robótica, ingeniería, economía e inteligencia artificial, así como miembros de otras tradiciones religiosas y profesionales no creyentes. De esa apertura surgió la colaboración con Microsoft e IBM que en 2020 alumbró la «Rome Call for AI Ethics», a la que se sumaron posteriormente otros grandes actores tecnológicos. Paglia narra cómo el proceso arrancó de una visita al Instituto Italiano de Tecnología de Génova, donde al ver robots en funcionamiento comprendió la urgencia de incorporar esas perspectivas al trabajo de la Academia.
Paglia defiende también la polémica incorporación de la economista Mariana Mazzucato como miembro de la Academia, pese a las críticas suscitadas por sus posiciones en materia de aborto. El arzobispo sostiene que esa oposición fue «un pretexto para atacar toda la obra de reestructuración que se estaba llevando adelante», y recuerda que el propio Francisco intervino personalmente para respaldar el nombramiento de manera pública: «La elegí yo».
Un instituto «recreado» desde sus cimientos
La reforma del Instituto Juan Pablo II resultó aún más radical. La institución, fundada bajo el pontificado de Juan Pablo II, estaba según Paglia «fuertemente centrada en la moral conyugal» y en la «pareja generante», con escasa atención a las dimensiones sociales y relacionales de la vida familiar. Tras deliberarlo con Francisco, la conclusión fue que una remodelación parcial no bastaba: «Había que recrearlo».
Así nació el Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II para las Ciencias del Matrimonio y la Familia, con un plan de estudios completamente rediseñado que incorporó nuevas disciplinas: eclesiología, teología dogmática, filosofía, derecho y ciencias humanas. El objetivo declarado era construir «una teología de la familia compleja y articulada», superando la concentración exclusiva en la moral sexual conyugal. El arzobispo señala al profesor Pierangelo Sequeri como artífice académico de esa refundación.
El momento más delicado del proceso fue, reconoce Paglia, «el enfrentamiento muy duro con algunas figuras que habían dirigido y dado forma a la institución en su fase anterior». Las describe como «un grupo reducido, con una perspectiva moral precisa y escolástica, que se había apoderado de hecho del instituto». Para subrayar la importancia estratégica de la nueva institución, Francisco creó la figura del Gran Canciller y se la confió al propio Paglia, un cargo que el arzobispo califica de «anómalo» para un instituto universitario, pero deliberadamente significativo.
La síntesis teológica y la conexión con Fratelli tutti
El fruto más visible de todo ese recorrido es, según Paglia, el volumen La gioia della vita. Un percorso di etica teologica (Librería Editrice Vaticana, 2024), en el que confluye también la reflexión sobre la «actualización de Humanae Vitae» y que propone «un nuevo paradigma de la ética de la vida humana y de la existencia». El libro fue publicado con ocasión del 25 aniversario de la encíclica Evangelium Vitae de Juan Pablo II.
El arzobispo revela, en el cierre de la entrevista, que fue iniciativa suya sugerir a Francisco el tema de la fraternidad como categoría teológico-política central de su magisterio. «Él la acogió: la encíclica Fratelli tutti (2020) nace en este horizonte. Después de Laudato si' (2015), que identifica en la casa común el problema ecológico, la pregunta inevitable se convierte en: ¿quién habita esta casa? Los pobres son todos hermanos. Ese es el hilo que conecta los dos documentos», concluye Paglia.
Qué hará León XIV
El Santo Padre ha convocado para octubre de 2026 a los presidentes de las Conferencias Episcopales del mundo para un discernimiento sinodal sobre la pastoral familiar, en el décimo aniversario de «Amoris laetitia».
Con la confesión de la génesis y objetivos declarados por Paglia tiene la ocasión propicia para tomar decisiones graves al respecto.







