(InfoCatólica) León XIV ha llamado este jueves a los responsables del Dicasterio para la Evangelización a promover una misión cristocéntrica y kerigmática, rechazando cualquier tentación de suavizar las exigencias del Evangelio para ganar relevancia social. En su discurso a los participantes en la sesión plenaria de la Sección para las Cuestiones Fundamentales de la Evangelización en el Mundo, el Papa advirtió de la «indiferencia religiosa generalizada» que se extiende por Occidente, impulsada por una cultura tecnológica e hipermediática que reduce el mensaje cristiano a «una opinión entre tantas».
El Jubileo, escuela de esperanza
Antes de abordar los retos presentes, el Papa expresó su agradecimiento al Dicasterio por «la gran labor realizada [...] durante el Jubileo del año pasado», que congregó en Roma a más de 33 millones de peregrinos. El Año Santo convirtió la esperanza en «protagonista de la vida cristiana» en todo el mundo, una virtud que León XIV describió como la «hermana menor» de la fe y la caridad: aquella que, «casi sin que se note, arrastra a las dos mayores». «El mundo tiene más que nunca sed de esperanza», afirmó, instando a no interrumpir su anuncio «sostenido por la promesa del Señor Jesús de permanecer siempre con nosotros» (cf. Mt 28,18-20).
La crisis de fe y el vacío tecnológico
Sin ningún tipo de rodeos, el Santo Padre constató que la Iglesia no puede ignorar la magnitud de la crisis espiritual contemporánea: «No podemos subestimar que, sobre todo en los países de Occidente, la crisis de la fe, junto con otros factores socioculturales, ha dado lugar a una indiferencia religiosa generalizada. A muchos, la fe les parece que ya no es relevante para su vida». El peligro más profundo, advirtió, es la pérdida del impulso hacia «lo que hay de más propiamente humano, es decir, la búsqueda del sentido», en un contexto en que «las grandes cuestiones existenciales quedan sin respuesta, mientras se extiende una cultura tecnológica que debería satisfacer todas las necesidades».
En las sociedades hipermediáticas y consumistas, añadió, «todo mensaje corre el riesgo de ser percibido como una opinión entre tantas otras», porque ese clima cultural «reduce la capacidad de aprender con paciencia y de recorrer con esfuerzo un camino de búsqueda personal de la verdad».
Evangelii gaudium, brújula de la misión
Frente a este panorama, León XIV propuso como instrumento central la exhortación apostólica Evangelii gaudium del Papa Francisco, señalando que, tal como indicó en una carta a los cardenales del 12 de abril de 2026, este documento «no se limita a introducir nuevos contenidos, sino que recentra todo en el kerigma como corazón de la identidad cristiana y eclesial». «Por lo tanto, los invito también a ustedes a retomar Evangelii gaudium en su labor a todos los niveles, para promover una misión «cristocéntrica y kerigmática, que nace de un encuentro con Cristo capaz de transformar la vida».
Los jóvenes, abiertos al Evangelio
El Papa dedicó especial atención a la demanda espiritual que crece entre las nuevas generaciones, patente durante el Jubileo de los Jóvenes: «La nueva generación no tiene prejuicios hacia el Evangelio; al contrario, muchos, cuando lo redescubren, desean conocerlo mejor, porque perciben que en él se esconde el secreto para ser verdaderamente felices». Esta apertura, subrayó, exige una respuesta «creíble y coherente» que no dependa «de la eficiencia de las estructuras ni de la relevancia social, ni tampoco del consenso que se pueda obtener en algún momento», sino de la confianza en «la guía del Espíritu Santo».
Testimonio, no negociación con el Evangelio
Ante la tentación de adaptar el mensaje para hacerlo más digerible, León XIV fue categórico: «Ciertamente, no es diluyendo los contenidos y suavizando las exigencias como se puede hacer atractivo el cristianismo, sino dando testimonio con humildad y valentía de »el camino, la verdad y la vida« que ha convertido y santificado a tantas personas».
Para fundamentar esta convicción, el Papa recurrió a las palabras de Benedicto XVI: «Lo que necesitamos en este momento de la historia son hombres que, a través de una fe iluminada y vivida, hagan creíble a Dios en este mundo. [...] Solo a través de hombres que han sido tocados por Dios, Dios puede volver a los hombres» (en La Europa de Benedicto en la crisis de las culturas, Siena 2005). De ahí su conclusión: «La santidad de la vida, por lo tanto, sigue siendo siempre la forma más convincente de la belleza de la fe cristiana que trasciende los tiempos y se propone a toda cultura».
Catecúmenos y confirmados: más allá del sacramento
León XIV dedicó la parte final del discurso a la catequesis y al acompañamiento de quienes ingresan en la Iglesia. Con satisfacción, señaló el «número cada vez más significativo» de personas que solicitan el bautismo, pero advirtió que el acompañamiento de los catecúmenos no puede concluir con la celebración del sacramento: «La tarea posterior exige la misma responsabilidad, es decir, la de ofrecer un ambiente en el que encuentren respuesta las expectativas que los llevaron a adherirse a Cristo y a su Iglesia». Las comunidades parroquiales, recalcó, deben tender a ese «alto grado» de la vida cristiana» (cf. San Juan Pablo II, Novo millennio ineunte, 31) para garantizar a los nuevos bautizados un espacio de crecimiento coherente, «fruto de relaciones interpersonales vividas en el amor y el servicio recíproco».
Un cuidado análogo, concluyó, merece el acompañamiento de los jóvenes que reciben el sacramento de la Confirmación, cuyas iniciativas resultan más eficaces cuanto mayor es «la atención dirigida a cada uno de ellos personalmente, reflejo del amor único y personal del Señor».







