(InfoCatólica) El arzobispo de Tarragona, Joan Planellas, ha sorprendido a sectores eclesiales catalanes al rechazar públicamente la idea de una Conferencia Episcopal Catalana independiente de la española. En una entrevista concedida al diario Ara, el prelado, considerado habitualmente cercano a posiciones nacionalistas dentro del episcopado catalán, afirmó con rotundidad que una estructura propia «nos empobrecería muchísimo».
Un giro inesperado
Las declaraciones llaman especialmente la atención porque durante años determinados ambientes eclesiales y culturales catalanes han defendido la creación de una conferencia episcopal diferenciada de la Conferencia Episcopal Española (CEE). Planellas, sin embargo, no dejó lugar a la ambigüedad: «Quizá seré políticamente incorrecto, pero creo que una Conferencia Episcopal Catalana con los diez obispos que tenemos y la realidad que tenemos, nos empobrecería muchísimo. Y ahora estoy mucho más convencido que antes».
El argumento del arzobispo no fue principalmente político sino práctico y pastoral: el reducido número de obispos, la falta de estructura suficiente y la enorme carga de trabajo que implicaría sostener una organización independiente. «Formar parte de la Conferencia Episcopal supone una riqueza brutal», añadió, citando como ejemplo un reciente documento de la CEE sobre el emotivismo religioso, en cuya elaboración los obispos catalanes participan activamente y en la que, subrayó, «somos bienvenidos».
La reacción en medios eclesiales catalanes
Oriol Trillas, analista del blog Germinans Germinabit, califica las palabras de Planellas como un auténtico entierro de una vieja aspiración. Trillas sostiene que el máximo representante del sector nacionalista del episcopado ha arrojado «a la papelera» años de energías, documentos y propuestas, movido por el más pragmático de los argumentos: la insuficiencia de recursos y estructura propios.
De este modo, mantiene, uno de los referentes del sector catalanista del episcopado parece enfriar definitivamente un debate que durante décadas generó documentos, tesis y propuestas recurrentes en ciertos ambientes eclesiales catalanes.
Planellas enfría también la sucesión de Omella
En la misma entrevista, el arzobispo de Tarragona se pronunció sobre otro asunto que genera expectación en la Iglesia catalana: la sucesión del cardenal Juan José Omella al frente de la archidiócesis de Barcelona. Planellas descartó que los relevos sean inminentes: «No creo que este y otros relevos en la Iglesia catalana sean inminentes ni se vayan a producir este año, por mucho que se insista en que se producirán después de la visita del Papa. Tengo la impresión de que el tema se puede alargar».
El prelado elogió además la trayectoria de Omella, a quien describió como «un hermano mayor», y destacó su buena salud y gestión.
Barcelona, una sede compleja
Trillas coincide en su análisis con la lectura de Planellas y señala que el proceso de sucesión «ni tan siquiera se ha iniciado». En su valoración, se trata de una sede compleja, sin candidatos claros y con varias voces intentando posicionar nombres. Según apunta el analista, entre los perfiles que suenan figura el del arzobispo de Sevilla, a quien, sostiene Trillas, se estaría presionando desde la presidencia de la CEE para que abandone sus reticencias iniciales. Muchos obispos, añade, verían con buenos ojos un arzobispo de Barcelona que actuase como contrapeso al cardenal José Cobo.
Trillas recuerda además que el propio Omella habría indicado a los diáconos ordenados a finales de abril que podría ser él mismo quien los ordenase sacerdotes, lo que sugiere que su permanencia en el cargo se prolongará al menos durante el próximo curso pastoral.
Sin embargo otras informaciones apuntan a un candidato inesperado, ya obispo.







