(InfoCatólica) León XIV ha hecho pública este lunes su primera encíclica, Magnifica humanitas, un documento de 245 números que aplica los principios de la Doctrina Social de la Iglesia al desafío de la inteligencia artificial y que constituye, por su alcance, una verdadera summa del magisterio social para la era digital.
Firmada el pasado 15 de mayo, en el 135.º aniversario de la Rerum novarum de León XIII, la carta encíclica lleva por subtítulo «sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial» y plantea a la humanidad una «elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos».
El documento, dividido en cinco capítulos más introducción y conclusión, no se limita a un análisis temático de la inteligencia artificial. Los dos primeros capítulos recorren el desarrollo de la Doctrina Social desde Pío XII hasta el Papa Francisco y exponen sistemáticamente sus principios, que el Pontífice define como «una teología de la comunión en la historia» (§27). Solo a partir del capítulo tercero la encíclica entra de lleno en la IA. La decisión estructural es significativa: León XIV no quiere que la inteligencia artificial se lea como un apéndice, sino como «una transformación que interpela desde dentro las categorías de la Doctrina social» (§17).
Babel o Jerusalén
Dos imágenes bíblicas vertebran toda la encíclica: la torre de Babel (Gn 11,1-9) y la reconstrucción de los muros de Jerusalén por Nehemías (Ne 2-6). La primera representa la empresa concebida sin referencia a Dios, sustentada por una uniformidad que elimina la diversidad y sacrifica la dignidad en aras de la eficiencia. La segunda, la obra compartida de un pueblo que pone a Dios en el centro y reconstruye los vínculos «incluso antes que las piedras» (§8). «La primera elección no es entre un «sí» o un «no» a la tecnología», escribe León XIV, «sino entre construir Babel o reconstruir Jerusalén: entre un poder que pretende dominar el cielo y un pueblo que, en presencia de Dios, se pone a trabajar unido para levantar de nuevo las murallas de la convivencia fraterna» (§9).
La tecnología no es neutra: importa cómo se diseña
La premisa de Magnifica humanitas es que la tecnología no es «un mal en sí misma», pero tampoco es neutra, «porque asume el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza» (§9). El Pontífice advierte contra el «paradigma tecnocrático» ya denunciado por Francisco en Laudato si', un paradigma que «busca reducir todo a un objeto de dominio» (§92). La encíclica sostiene que no basta con preguntarse para qué fin se emplea la IA: es indispensable interrogarse sobre cómo se diseña un sistema y «qué idea de persona y de sociedad queda inscrita en los datos y en los modelos que lo guían» (§104).
Frente al transhumanismo y el poshumanismo, que interpretan el progreso como superación de los límites humanos, León XIV propone un humanismo cristiano en el que el ser humano está «llamado a trascenderse a sí mismo, no para huir de la realidad o despreciar el límite, sino para realizarse en el amor» (§127). El pasaje teológicamente más denso del documento recurre a santo Tomás de Aquino para fundamentar que la distancia entre la naturaleza humana y la vida divina es «infinita» y que solo Dios puede salvar esa desproporción. La gracia, no la técnica, es el verdadero «más que humano». «Llegamos a ser plenamente humanos cuando somos más que humanos, cuando le permitimos a Dios que nos lleve más allá de nosotros mismos para alcanzar nuestro ser más verdadero» (§128), escribe León XIV citando Evangelii gaudium.
Dignidad, derechos y bienes digitales de destinación universal
La encíclica distingue cuatro dimensiones de la dignidad humana: moral, social, existencial y ontológica, con primacía de la ontológica. «La dignidad fundamental de cada persona no se adquiere, no debe ganarse ni necesita ser demostrada» (§53). León XIV define el aborto provocado, el asesinato de inocentes y la eutanasia como «decisiones gravemente ilícitas» (§55) y es particularmente firme sobre el derecho de los pueblos: «Cualquier intento o proyecto de eliminar o someter una nación es gravemente inmoral y, por lo tanto, inaceptable» (§64).
Al abordar la destinación universal de los bienes, la encíclica incluye explícitamente las nuevas formas de propiedad digital: «patentes, algoritmos, plataformas digitales, infraestructuras tecnológicas, datos» (§67), y advierte de que cuando estos bienes quedan concentrados en pocas manos «se crea un nuevo desequilibrio que contradice el destino universal de los bienes y alimenta la brecha entre incluidos y excluidos». La función social de la propiedad privada «no debe ser considerada como una mera opinión teológica, sino como una doctrina cierta de la Iglesia» (§66).
Desarmar la IA: subsidiariedad invertida
La encíclica reformula el principio de subsidiariedad para el contexto digital: el «nivel superior» que absorbe competencias, datos y capacidad de decisión «no es el Estado, sino todo gran actor económico y tecnológico» que fija «las condiciones de acceso, las reglas de visibilidad y las mismas posibilidades de participación» (§71). La subsidiariedad exige que estos procesos «no se impongan desde lo alto de modo opaco y unilateral» (§71).
De ahí el llamamiento a «desarmar la IA», que León XIV explica con precisión: «romper la equivalencia entre poder tecnológico y derecho a gobernar» (§110). No para renunciar a la tecnología, sino para «impedirle el dominio sobre lo humano», sustraerla de los monopolios y «hacerla discutible, refutable, y por tanto habitable». El Papa reclama un código ético sometido a criterios de justicia social compartida, «porque no serviría de nada una IA más moral, si esta moral es decidida por unos pocos» (§107), y afirma que ya no es posible confiar únicamente en la «mano invisible» del mercado: «la política tiene la tarea de orientar las dinámicas económico-tecnológicas hacia el bien común» (§163).
Verdad, educación y protección de los menores
La encíclica dedica amplio espacio a la verdad como bien común y elemento esencial de la democracia, con un llamamiento a una «ecología de la comunicación» (§137). El Papa cita a Hannah Arendt: los súbditos ideales del totalitarismo son «las personas para quienes ya no existe la distinción entre el hecho y la ficción» (§134).
León XIV reclama «aprender a prescindir de la IA» (§140) y apostar por la escuela como lugar donde se aprende a «buscar y amar la verdad» (§143). Un pasaje particularmente contundente aborda la protección de los menores en el entorno digital: la encíclica denuncia la exposición precoz a contenidos pornográficos e hipersexualizados, los fenómenos de captación y explotación sexual de menores online, y el ciberacoso. León XIV pide expresamente «intervenciones legislativas que establezcan límites de edad, responsabilicen a los proveedores de servicios» y prevean «protecciones específicas contra toda forma de explotación y violencia sexual en internet» (§142).
Trabajo, familia y nuevas esclavitudes
En el ámbito laboral, la encíclica advierte de que «los «nuevos modos» de trabajar no son necesariamente mejores» (§150) y aboga por una renovación de las organizaciones sindicales (§155) y por superar el PIB como parámetro de desarrollo (§159). La familia, fundada en la unión estable entre un hombre y una mujer, es «bien social primario» y «célula fundamental e insustituible de toda organización comunitaria» (§165).
La encíclica denuncia las nuevas esclavitudes generadas por la economía digital: desde la explotación de quienes trabajan en la extracción de tierras raras, con «cuerpos marcados, mutilados, consumidos» (§173), hasta un colonialismo de datos que se apropia de «flujos sanitarios, perfiles epidemiológicos, mapas genéticos y datos demográficos» como «nuevas tierras raras del poder» (§178). León XIV pide «sinceramente perdón» en nombre de la Iglesia por la tardanza histórica en condenar la esclavitud, mencionando bulas papales que regularon o legitimaron la reducción a servidumbre, y presenta esa memoria como ejemplo del crecimiento doctrinal de la Iglesia en la comprensión de la Revelación (§176).
Superar la «guerra justa» y desarmar las armas nucleares
El último capítulo aborda la guerra en la era digital. «No existe algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable» (§198), afirma León XIV, que reitera la necesidad de superar la teoría de la «guerra justa» en favor del diálogo, la diplomacia y el perdón (§192). El Pontífice denuncia la evolución de los arsenales nucleares, incluida la perspectiva de usos «tácticos», califica de «errónea» la creencia en la disuasión nuclear como condición indispensable de seguridad y lamenta que las principales potencias atómicas no se hayan adherido al Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, en vigor desde 2021 (§194).
«Quien utiliza el nombre de Dios para legitimar el terrorismo, la violencia o la guerra, traiciona su rostro», advierte León XIV, y exhorta al diálogo interreligioso como vía de paz (§223). Ante la crisis del multilateralismo, el Papa pide «reformas profundas» para la ONU y el sistema político internacional (§226).
La civilización del amor: pequeñas y tenaces fidelidades
Frente a la cultura del poder, León XIV invoca a san Agustín: «Dos amores han dado origen a dos ciudades: el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios, la terrena; y el amor de Dios hasta el desprecio de sí, la celestial» (§130). Y cita a J.R.R. Tolkien para ilustrar el alcance de la responsabilidad personal: «No nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir» (§213). La civilización del amor «no nace de un gesto único y espectacular, sino de una suma de fidelidades pequeñas y tenaces, que hacen frente a la deshumanización» (§213).
La encíclica se cierra con una espiritualidad eucarística, recogiendo la imagen de san Agustín dirigida a los neófitos: «sobre la mesa del Señor está puesto el misterio que vosotros mismos sois» (§234), y culmina con el Magnificat de María como clave para leer la historia «desde abajo, con los ojos de quien sufre, no con la óptica de los potentes» (§244). El título mismo del documento conecta con el cántico mariano: incluso en la era de la inteligencia artificial, concluye el Papa, «el Señor sigue haciendo nuevas todas las cosas» (§245) y es posible «testimoniar la belleza de una magnífica humanidad habitada por Dios».
El propio León XIV remite para mayor profundización a dos documentos recientes: la nota Antiqua et Nova, publicada conjuntamente por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe y el Dicasterio para la Cultura y la Educación, y Quo Vadis, Humanitas?, de la Comisión Teológica Internacional, ambos citados con frecuencia en el aparato de notas de la encíclica.








