León XIV defiende la ciencia rigurosa como aliada de la fe ante la negación de la verdad objetiva
En el aniversario de la llegada del hombre a la Luna, León XIV recorre las instalaciones de la «Specola Vaticana» en Castel Gandolfo. 20 de julio de 2025. | © VaticanMedia

135 años de la Specola

León XIV defiende la ciencia rigurosa como aliada de la fe ante la negación de la verdad objetiva

El Papa recibe a la Vatican Observatory Foundation y advierte de que la mayor amenaza para la ciencia y la fe ya no es su viejo enfrentamiento, sino la negación de la verdad objetiva.

(InfoCatólica) El Papa recibió este lunes en audiencia a los miembros de la Vatican Observatory Foundation y pronunció un discurso en el que reivindicó el papel de la astronomía como vínculo entre la contemplación de Dios y el rigor científico. León XIV advirtió de que tanto la ciencia como la religión se enfrentan hoy a una amenaza «quizá más insidiosa» que el viejo conflicto entre ambas: la de quienes niegan la existencia misma de la verdad objetiva.

La Specola Vaticana, 135 años al servicio de la verdad

El Pontífice recordó que hace 135 años su predecesor León XIII refundó la Specola Vaticana para que «todos puedan ver claramente que la Iglesia y sus pastores no son contrarios a la ciencia verdadera y sólida, ya sea humana o divina, sino que la abrazan, la fomentan y la promueven con la mayor dedicación posible» (cfr. Ut mysticam, 14 de marzo de 1891). En aquel momento, explicó León XIV, la ciencia se presentaba cada vez más como fuente de verdad en contraposición con la religión, y la Iglesia sentía la urgencia de contrarrestar la percepción creciente de que fe y ciencia eran enemigas.

«Hoy, sin embargo, tanto la ciencia como la religión afrontan una amenaza diferente y quizá más insidiosa: la de quienes niegan la existencia misma de la verdad objetiva», afirmó el Papa. Y añadió que demasiadas personas en el mundo «rechazan reconocer lo que la ciencia y la Iglesia enseñan claramente: que tenemos la solemne responsabilidad de custodiar nuestro planeta y de garantizar el bienestar de quienes lo habitan, especialmente los más vulnerables, cuya vida se ve amenazada por la explotación irresponsable tanto de las personas como del mundo natural».

La astronomía, tesoro universal amenazado

León XIV dedicó una parte significativa de su discurso a la astronomía como experiencia contemplativa accesible a todos. «La capacidad de mirar con asombro el sol, la luna y las estrellas es un don concedido a todo ser humano, independientemente de su condición social o de sus circunstancias», señaló. Contemplar el cielo, prosiguió, «nos invita a ver nuestros miedos y nuestras carencias a la luz de la inmensidad de Dios» y constituye «uno de los últimos tesoros de belleza abiertos a todos, pobres y ricos», así como «una de las últimas fuentes de alegría verdaderamente universales» en un mundo «tan dolorosamente dividido».

Sin embargo, advirtió de que también este don se encuentra amenazado. Parafraseando a Benedicto XVI, el Papa observó que «hemos llenado nuestros cielos de una luz fabricada por el hombre que nos ciega a las luces que Dios ha puesto en ellos», una imagen que, según sugirió el pontífice emérito, resulta elocuente del pecado mismo (cfr. Homilía, 7 de abril de 2012).

Una religión de la Encarnación

En la parte final de su discurso, León XIV ofreció una fundamentación teológica del compromiso de la Iglesia con la investigación científica. «La nuestra es una religión de la Encarnación», afirmó. Citando la Escritura, recordó que «desde el principio, Dios se ha dado a conocer a través de las cosas que ha creado» (cfr. Rm 1,20) y que «Dios amó tanto su creación que envió a su Hijo para que entrara en ella y la salvara» (cfr. Jn 3,16).

«No sorprende, por tanto, que personas de fe profunda se sientan impulsadas a explorar los orígenes y el funcionamiento del universo», concluyó el Papa, quien definió el deseo de comprender la creación como «el reflejo de ese deseo inquieto de Dios que habita en lo profundo de cada alma».

El Pontífice agradeció el trabajo de la Fundación, cuyo apoyo permite a los científicos del Vaticano participar en el diálogo con la comunidad científica mundial, compartir la astronomía con estudiantes de todo el mundo y mantener los telescopios y laboratorios del Observatorio como «lugares donde se encuentra la gloria de la creación de Dios con reverencia, profundidad y alegría».

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