(kath.net/InfoCatólica) El 1 de mayo de 2026, el LASK, el club de fútbol de Linz (Austria), conquistó el ÖFB-Cup —la Copa de Austria— al derrotar al SCR Altach por 4:2 en la final. El delantero estadounidense Samuel Adeniran fue el jugador más determinante del encuentro, anotando dos de los cuatro goles del equipo y convirtiendo en realidad un sueño que el club llevaba 61 años esperando: el segundo título de Copa de su historia. Pero el momento más memorable de la jornada llegó después del pitido final.
«JESÚS es Rey»: un mensaje sin rodeos para toda Austria
Ante las cámaras de la televisión pública austriaca ORF, Adeniran apareció con una camiseta en la que se leía con letras claras: «JESUS ist König» —«JESÚS es Rey»—. En la entrevista que siguió, el delantero no dejó lugar a ninguna duda sobre a quién quería dedicar el título: dio gracias abierta y públicamente a Jesucristo por la victoria.
El gesto de Adeniran no pasó desapercibido en un país donde la presencia pública de la fe cristiana es cada vez más rara. Proclamar el señorío de Cristo en televisión nacional, en el momento de mayor visibilidad de su carrera deportiva, es un testimonio que trasciende el mundo del fútbol y llega a donde pocas palabras podrían llegar.
Un campeón que sabe de quién viene todo
El testimonio de Adeniran se inscribe en una larga tradición de deportistas de élite que, en el momento culminante de su carrera, no se olvidan de Dios. Lejos de reservar la fe para la vida privada, el delantero del LASK eligió el escenario más público posible para agradecer a Aquel a quien reconoce como rey de su vida. En un mundo del fútbol que con frecuencia convierte en ídolos a sus estrellas, su actitud es un recordatorio de que el verdadero campeón sabe de dónde viene todo lo que tiene, y no se avergüenza de reconocerlo.







