El Papa celebra el aniversario de su elección con una visita pastoral a Pompeya y Nápoles
Saludo del Papa a los fieles congregados delante de la catedral de Nápoles | © Vatican News

El Rosario como escuela de fe, la caridad como respuesta y la paz como urgencia

El Papa celebra el aniversario de su elección con una visita pastoral a Pompeya y Nápoles

León XIV ha dedicado el primer aniversario de su elección a una jornada de oración y cercanía en Pompeya y Nápoles, con un doble llamamiento: a la paz mundial desde el Rosario y a la justicia social desde el compromiso de todos.

(InfoCatólica) El Papa León XIV ha celebrado el primer aniversario de su elección con una intensa jornada pastoral en Pompeya y Nápoles, marcada por la devoción mariana, el llamamiento a la paz mundial y la exhortación a construir una ciudad más justa. «Exactamente hace un año, cuando me fue confiado el ministerio de Sucesor de Pedro, era precisamente el día de la Súplica a la Virgen del Santo Rosario de Pompeya. Por eso debía venir aquí, para poner mi servicio bajo la protección de la Virgen Santa», declaró el Pontífice ante miles de fieles congregados en la plaza del Santuario.

La visita, que se prolongó desde primera hora de la mañana hasta el anochecer bajo el lema «Caminaba con ellos», llevó al Papa a presidir la Misa solemne en el Santuario de la Virgen del Rosario de Pompeya, encontrarse con el clero y los consagrados en la catedral de Nápoles y dirigirse a más de 30.000 napolitanos en la Plaza del Plebiscito.

En el «Templo de la Caridad»: el amor realiza milagros

El Santo Padre partió en helicóptero del Vaticano a las 8:00 y aterrizó en Pompeya poco antes de las 9:00. Su primer encuentro tuvo lugar en la Sala Trapani del Santuario, donde se reunió con las personas acogidas en las obras de caridad del llamado «Templo de la Caridad».

Allí, León XIV evocó la figura de san Bartolo Longo, a quien él mismo canonizó el pasado 19 de octubre, y definió el Santuario como «un lugar de gracia» donde la Virgen del Rosario y su fundador reúnen a personas de toda condición «para conducirlas a la única fuente de ese amor universal que solo puede dar al mundo serenidad y armonía: para conducirlas a Dios».

El Papa recordó que el santo llamaba a este valle «lugar del amor que calienta el corazón» y «triunfo de fe y caridad», y subrayó que en las obras caritativas del Santuario «se experimenta cada día la fuerza de la Resurrección de Cristo que, en el amor, regenera los corazones para la vida buena del Evangelio». Destacó además que san Bartolo Longo encontró en Pompeya una tierra marcada por la pobreza, la enfermedad y la violencia, pero supo descubrir en cada persona «el rostro de Cristo». «A quienes le decían que aquellos jóvenes repetirían el destino de sus padres, respondía que el amor puede llevar al bien incluso a los muchachos más difíciles», relató el Pontífice.

En el corazón de su mensaje, León XIV situó la oración y el Santo Rosario como «el motor oculto que hace posible todo lo demás», y pidió a los presentes asumir un «programa de vida»: ser hombres y mujeres de oración, «espejos claros y humildes» de la luz de Dios. Dirigiéndose especialmente a los niños y jóvenes, describió a Jesús como «el Amigo que nunca nos abandona ni nos rechaza, el Hermano que nos comprende y camina siempre con nosotros».

Saludo a los enfermos y oración ante san Bartolo Longo

A su llegada al Santuario, el Papa fue recibido por monseñor Pasquale Mecerino, Rector del templo, y saludó a un grupo de personas enfermas y con discapacidad. «¡Qué hermoso día! ¡Cuántas bendiciones nos ha concedido el Señor hoy! Me siento como la primera persona bendecida por estar aquí, en el Santuario de Nuestra Señora, en el día de la Súplica, en este aniversario», exclamó visiblemente emocionado.

Antes de revestirse en la sacristía para la celebración eucarística, el Pontífice se detuvo unos minutos en oración en la capilla dedicada a san Bartolo Longo. A continuación, en la Capilla de la Reconciliación, donde decenas de confesionarios bordean el perímetro, saludó a los obispos y sacerdotes presentes.

El Rosario, oración que devuelve la vida a Jesús

La Misa solemne comenzó a las 10:30 en la Plaza de Bartolo Longo, ante miles de fieles y retransmitida en pantallas gigantes. En su homilía, León XIV reflexionó sobre el Ave María, a la que definió como «una invitación a la alegría», y explicó que el Rosario constituye un camino privilegiado para contemplar a Cristo con la mirada de María.

«La repetición de esta oración es como el eco del saludo del ángel Gabriel, un eco que atraviesa los siglos y conduce al creyente hacia Jesús, visto con los ojos y el corazón de la Madre», afirmó. Comparó la repetición del Ave María con un acto de amor: «¿No es propio del amor repetir sin cansarse: "Te quiero"?». Un acto que, «sobre las cuentas de la corona», conduce a Jesús y a la Eucaristía, «fuente y culmen de toda la vida cristiana».

El Papa insistió en la dimensión cristológica y eucarística del Rosario: «Si la Liturgia de las Horas marca los tiempos de la alabanza de la Iglesia, el Rosario marca el ritmo de nuestra vida, devolviéndola continuamente a Jesús y a la Eucaristía». Y recordó que generaciones de creyentes «han encontrado en el Rosario una escuela sencilla y profunda de fe, capaz de custodiar tanto la espiritualidad popular como las expresiones más elevadas de la mística cristiana».

El Pontífice recordó también el vínculo entre el nombre que eligió y León XIII, Papa que impulsó ampliamente la devoción al Rosario a través de «un amplio Magisterio».

San Bartolo Longo, apóstol del Rosario y de la caridad

Una parte importante de la homilía se dedicó a la figura de san Bartolo Longo, cuya devoción mariana estuvo inseparablemente unida a la caridad concreta hacia los más pobres. «Fue apóstol del Rosario y apóstol de la caridad», afirmó el Papa, recordando su labor en favor de huérfanos, hijos de presos y personas vulnerables: «En esta Ciudad mariana acogió a huérfanos e hijos de presos, mostrando la fuerza regeneradora del amor. También hoy aquí los más pequeños y los más débiles son acogidos y cuidados en las Obras del Santuario».

«La paz nace dentro del corazón»

Antes de concluir la homilía, desde un Santuario cuya fachada san Bartolo Longo concibió como monumento a la paz, el Papa elevó una Súplica por la paz mundial: «Las guerras que todavía se combaten en muchas regiones del mundo exigen un compromiso renovado no solo económico y político, sino también espiritual y religioso. La paz nace dentro del corazón. No podemos resignarnos a las imágenes de muerte que cada día nos presentan las noticias».

León XIV concluyó invitando a los fieles a renovar su confianza en Cristo: «Ninguna potencia terrena salvará al mundo, sino solo la potencia divina del amor, que Jesús nos ha revelado y donado».

En la catedral de Nápoles: testigos de Cristo y sembradores del futuro

Tras el almuerzo en el Salón Marianna, el Papa se trasladó en helicóptero a Nápoles, donde fue recibido por el Cardenal Domenico Battaglia, arzobispo de la ciudad, y las autoridades civiles. En la catedral, se encontró con los obispos, el clero, los religiosos y las religiosas de la diócesis.

«Es una gran alegría para mí visitar esta ciudad, tan rica en arte y cultura, situada en el corazón del Mediterráneo y habitada por un pueblo singular y alegre, a pesar de las dificultades que enfrenta», comenzó el Pontífice, que desarrolló su reflexión a partir del pasaje de los discípulos de Emaús (Lc 24,13-31).

León XIV contrastó el «cuidado» con el «abandono», señalando que el más preocupante no es solo el de las calles y las periferias, sino aquel que afecta a la existencia misma, «cuando no se preservan la belleza y la dignidad». Exhortó a cultivar el «cuidado interior» del corazón, de la humanidad y de las relaciones, especialmente entre quienes ocupan puestos de responsabilidad en la Iglesia.

El Papa describió Nápoles como «una ciudad de mil colores, donde la cultura y las tradiciones del pasado se funden con la modernidad y la innovación», pero también «marcada por un gran sufrimiento e incluso ensangrentada por la violencia». En ese contexto, afirmó que la fe cristiana no puede limitarse a un «acontecimiento emocional», sino que debe penetrar «profundamente en el tejido de la vida y de la sociedad».

Abordó con franqueza la sensación de impotencia que experimentan los sacerdotes cuando sus palabras y acciones «parecen insuficientes para las nuevas preguntas y desafíos de hoy, especialmente los de los jóvenes», una carga que corre el riesgo de «abrumarnos, desgastarnos y agotar nuestras energías». Frente a ello, instó a practicar «el arte de la cercanía» y a superar el individualismo mediante nuevas formas de vida comunitaria, haciéndose eco de una exhortación que ya pronunció el Papa Francisco en su encuentro con los sacerdotes de la diócesis de Cassano all'Jonio en 2014.

«Escúchense unos a otros, caminen juntos, creen una sinfonía de carismas y ministerios, y así encuentren maneras de pasar de un ministerio pastoral de conservación a un ministerio misionero capaz de llegar a la vida concreta de las personas», pidió. Y concluyó con un encargo directo: «¡No teman, no se desanimen y sean, por esta Iglesia y por esta ciudad, testigos de Cristo y sembradores del futuro!».

En la Plaza del Plebiscito: que el mal no abrume el anhelo de vida

La última gran etapa de la jornada reunió a más de 30.000 personas en la Plaza del Plebiscito. El Papa fue recibido con vítores y música, en un ambiente festivo que él mismo celebró. Tras las intervenciones del Cardenal Battaglia, del alcalde Gaetano Manfredi y de dos jóvenes que ofrecieron su testimonio, León XIV tomó la palabra.

El Pontífice reconoció la «dramática paradoja» de una ciudad que vive un aumento de la actividad turística y un mayor dinamismo económico, pero «sigue marcada por una brecha social» que deja periferias territoriales y existenciales. Enumeró sin rodeos los problemas sin resolver: disparidad de ingresos, falta de infraestructuras, criminalidad organizada, desempleo, abandono escolar y fragilidad familiar.

«Ante estas realidades, que a veces adquieren dimensiones preocupantes, la presencia y la acción del Estado son más necesarias que nunca, para dar seguridad y confianza a los ciudadanos y restar espacio a la delincuencia organizada», afirmó con rotundidad.

Al mismo tiempo, destacó la labor de los «auténticos héroes sociales» napolitanos que trabajan con dedicación y humildad para que «la justicia, la verdad y la belleza se abran paso en las calles, en las instituciones y en las relaciones». Valoró iniciativas como la Casa de la Paz, la Casa Bartimeo, la plataforma de diálogo intercultural e interreligioso, la labor de Cáritas diocesana y el compromiso de los jóvenes en los oratorios, experiencias que definió como «signos concretos de una Iglesia joven y de una ciudad capaz de regenerarse».

El Papa exhortó a los napolitanos a devolver a su ciudad su vocación de ser «capital de la humanidad y la esperanza», sin conformarse con hacer de ella «una simple "postal" para los visitantes». «La paz nace en el corazón del hombre, se manifiesta en las relaciones, se arraiga en los barrios y en las periferias, y se extiende hasta abarcar toda la ciudad y el mundo», afirmó.

Consagración a la Virgen y regreso al Vaticano

La jornada concluyó con la visita del Papa a la Basílica de San Francisco de Paula, donde saludó a la Comunidad de los Padres Mínimos y a las autoridades, pronunció un discurso y realizó el Acto de Consagración a la Virgen María, seguido de la bendición. Tras despedirse con un «¡Viva Napoli!», León XIV abordó el helicóptero en la Rotonda Díaz para emprender el regreso al Vaticano, con llegada prevista a las 19:30.

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