(InfoCatólica) Un pastor forjado en el exilio es el nuevo líder de una de las iglesias más antiguas del cristianismo. El Sínodo de la Iglesia caldea, reunido en Roma del 9 al 12 de abril, ha elegido al arzobispo Emil Shimoun Nona, de 58 años, como patriarca de la comunidad caldea, en sustitución del Cardenal Louis Raphaël Sako, que renunció al cargo el pasado 10 de marzo. El nuevo patriarca ha elegido el nombre de Mar Pablo III Nona y afronta la tarea de reunificar una Iglesia marcada por el desplazamiento, las tensiones internas y la dispersión de sus fieles entre Irak y la diáspora.
Una elección en Roma bajo mandato de unidad
La sesión canónica del Sínodo fue presidida por el arzobispo Habib Hormiz, de Basora, en calidad de administrador patriarcal, con la participación de 17 obispos caldeos procedentes de todo el mundo. Según el comunicado oficial del Patriarcado Caldeo, tras «deliberaciones espirituales y fraternales profundas, realizadas en un marco de oración y discernimiento eclesial», los padres sinodales procedieron a la elección conforme a las normas canónicas.
El propio patriarca electo «ha anunciado la aceptación de la elección expresando su confianza en la gracia de Dios y su compromiso de ejercer el servicio patriarcal con espíritu de honestidad y responsabilidad, en plena comunión con los Padres sinodales y al servicio de la unidad y la misión de la Iglesia caldea en la patria y en los países de la diáspora». El comunicado sinodal concluye con un llamamiento a todos los fieles caldeos, clero y laicos, a unirse en torno al nuevo patriarca y sostenerlo «con la oración y el trabajo conjunto para el bien de la Iglesia y el crecimiento de su misión».
En el Sínodo no participó el Cardenal Sako. Según informa AsiaNews, el patriarca dimisionario quiso dejar libertad de elección a los obispos sin influencias ni presiones externas, en una Iglesia que en los últimos años ha atravesado desacuerdos que llegaron a rozar un cisma en su fase más aguda.
Del exilio de Mosul a la diáspora australiana
Nacido en 1968 en Alqosh, en el norte de Irak, Nona es una figura destacada dentro de la Iglesia caldea. Ejerció como arzobispo de Mosul, donde guió a la comunidad cristiana en uno de los períodos más dramáticos de su historia reciente: el avance del Estado Islámico en 2014, que provocó el desplazamiento masivo de miles de cristianos de la ciudad y sus alrededores y lo forzó al exilio. Posteriormente asumió el cargo de Visitador Apostólico para los caldeos en Europa y, más tarde, fue nombrado arzobispo para Australia y Nueva Zelanda, cargo que desempeñaba desde Sídney en el momento de su elección.
Su trayectoria encarna la doble realidad de una Iglesia enraizada en Oriente Medio pero cada vez más presente en la diáspora. La presencia cristiana en Irak ha sufrido un drástico declive en las últimas dos décadas: según las fuentes consultadas, los fieles caldeos en el país rondan actualmente los 300.000, frente a cifras muy superiores antes de la invasión estadounidense de 2003. La guerra, la inestabilidad y la violencia extremista han acelerado una emigración que ha engrosado las comunidades caldeas en Europa, Norteamérica y Australia.
«Un padre en la fe»: el perfil trazado por León XIV
Las deliberaciones del Sínodo estuvieron precedidas por una audiencia del Papa León XIV con los obispos caldeos el 10 de abril, en la que el pontífice trazó un exigente perfil para el nuevo patriarca. «Que el nuevo Patriarca sea ante todo un padre en la fe y un signo de comunión con todos y entre todos», pidió el Papa, que exhortó a los obispos a dejarse guiar por el Espíritu Santo y a buscar «no lo que parece más útil a los ojos del mundo, sino lo que es más conforme al corazón de Cristo».
León XIV subrayó que «vivir según el Evangelio, es decir, en la mansedumbre y en la búsqueda paciente de la unidad», no es «ir a contracorriente» ni algo «contraproducente», sino que «se revela como el camino más sabio, porque el amor es la única fuerza que vence el mal y derrota la muerte». Y pidió que Su Beatitud fuera «un hombre de las Bienaventuranzas: no llamado a realizar gestos extraordinarios ni a causar revuelo, sino a una santidad cotidiana, basada en la honestidad, la misericordia y la pureza de corazón». «Que sea Pastor capaz de escuchar y acompañar, porque la autoridad en la Iglesia es siempre servicio y nunca hegemonía», añadió.
El pontífice no eludió una referencia velada a las crisis internas que han sacudido a la Iglesia caldea. «Os recomiendo que seáis atentos y transparentes en la administración de los bienes, sobrios, mesurados y responsables en el uso de los medios de comunicación, prudentes en las declaraciones públicas, para que cada palabra y cada comportamiento contribuya a edificar, y no a herir, la comunión eclesial y la testimonianza de la Iglesia», advirtió. Al mismo tiempo, reconoció con gratitud «los significativos aportes de Su Beatitud el Cardenal Louis Raphaël Sako y los notables esfuerzos por él realizados».
Guardianes de una memoria herida
León XIV situó a la Iglesia caldea en un amplio horizonte histórico y teológico. Recordó que sus raíces se hunden en la Iglesia apostólica primitiva y que llevó «el Evangelio más allá de los confines del Imperio romano, hasta la India y China». «Sois custodios de una memoria viva y noble, de una fe transmitida a lo largo de los siglos con valentía y fidelidad», afirmó, para añadir que esa historia está «marcada por pruebas muy duras: guerras, persecuciones, tribulaciones que han azotado a vuestras comunidades y dispersado a muchos fieles por el mundo».
El Papa instó a los obispos a acompañar a los fieles laicos para que «se sientan alentados, a pesar de todas las pruebas, a permanecer firmes en la fe recibida de los Padres y a quedarse en sus territorios». «Las regiones en las que surgió la luz de la fe no pueden prescindir de los creyentes en Jesús, de los cristianos, que están en Oriente Medio como las estrellas en el cielo», afirmó, reclamando para los cristianos de la región «verdadera libertad religiosa y plena ciudadanía, sin ser tratados como huéspedes o como ciudadanos de segunda clase».
Una Iglesia entre la patria y la diáspora
La Iglesia católica caldea es una Iglesia oriental sui iuris en plena comunión con Roma, descendiente directa de la antigua Iglesia de Oriente. Sus orígenes se remontan a los santos Mar Addai y Mar Mari, discípulos de Santo Tomás Apóstol, y su sede patriarcal se encuentra en la catedral de San José, en Bagdad. Cuenta con eparquías y diócesis en Irak y en todo el mundo, desde Canadá y Estados Unidos hasta Australia y el norte de Europa. Al nuevo patriarca le corresponde ahora la difícil tarea de mantener la cohesión entre las comunidades que permanecen en Irak y una diáspora que, lejos de ser provisional, se ha convertido en una realidad permanente.







