(InfoCatólica) Pocas veces el nombramiento de un Nuncio ocupa titulares fuera del país. Y es que sucecer a Mons. Eterović en Alemania es una tarea complicada.
El Papa León XIV ha aceptado la renuncia por edad del arzobispo Nikola Eterović como nuncio apostólico en Alemania y ha nombrado como sucesor al arzobispo neerlandés Hubertus van Megen, según anunció el Vaticano este jueves. El relevo se produce en un momento especialmente delicado para las relaciones entre Roma y la Iglesia en Alemania, marcadas por el debate en torno a la Conferencia Sinodal que pretende institucionalizar las reformas iniciadas con el Camino Sinodal.
Un diplomático forjado en África
Van Megen nació el 4 de octubre de 1961 en Eygelshoven, una localidad neerlandesa situada a escasos kilómetros de la frontera alemana, en la diócesis de Roermond, para la que fue ordenado sacerdote el 13 de junio de 1987. Poco después ingresó en el servicio diplomático de la Santa Sede, donde acumuló destinos en Somalia, Brasil, Israel, Eslovaquia y la representación vaticana ante las Naciones Unidas en Ginebra.
En 2014, el Papa Francisco lo nombró nuncio en Sudán y arzobispo titular de Novaliciana. Recibió la consagración episcopal de manos del cardenal secretario de Estado Pietro Parolin. Poco después asumió también la nunciatura en Eritrea. En 2019 fue trasladado a Kenia y Sudán del Sur, donde ejerció simultáneamente como observador permanente ante el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y ante ONU-Hábitat en Nairobi.
De una Iglesia en crecimiento a una Iglesia en crisis
Tras doce años como nuncio en el continente africano, Van Megen llega a un país donde la Iglesia afronta elevadas cifras de abandono y una profunda crisis de confianza. El contraste no le es ajeno. Durante una ordenación episcopal en Kenia en 2024, el arzobispo afirmó: «Las enseñanzas de la sociedad occidental sobre el aborto, la eutanasia y la teoría de género son síntomas claros de una sociedad que ha perdido su brújula interior y navega sin rumbo en el tormentoso mar de los deseos humanos, sacudida y debilitada en todos los sentidos». En aquella misma intervención hizo suyas las palabras del cardenal Fridolin Ambongo, arzobispo de Kinshasa, que meses antes había calificado a la Iglesia en Europa de «debilitada».
La Conferencia Sinodal, el gran expediente pendiente
El nuevo nuncio hereda de Eterović un expediente especialmente sensible: la proyectada Conferencia Sinodal. Con este órgano permanente, la Iglesia en Alemania pretende que obispos y laicos adopten conjuntamente posiciones sobre cuestiones de relevancia nacional e incluso participen en decisiones presupuestarias supradiocesanas. Su puesta en marcha, prevista para el otoño, depende aún de la recognitio vaticana.
El antecedente inmediato, el Camino Sinodal iniciado en 2019 como respuesta al escándalo de abusos, se convirtió en una fuente constante de fricción con Roma. Las reivindicaciones aprobadas en ese proceso –entre ellas la ordenación de mujeres y una mayor participación de los laicos en el gobierno eclesial– provocaron repetidas advertencias del Vaticano. El propio Eterović escribió a los obispos alemanes en febrero de 2023 para precisar, «por encargo oficial», que «ni siquiera un obispo diocesano puede erigir un consejo sinodal a nivel diocesano o parroquial».
¿Diplomático o guardián de la ortodoxia?
Van Megen ha descrito con notable franqueza la tensión inherente a su cargo. En una entrevista con Vatican News el pasado verano, reconoció: «Que exista una tensión entre lo que dice el Papa y lo que ocurre en una Iglesia local es a veces difícil». Y añadió: «Para eso es uno diplomático, para maniobrar entre esas dos realidades –la del Vaticano y la Iglesia universal, y la de la Iglesia local– y ser un constructor de puentes». Sin embargo, concluyó sus palabras con una precisión significativa: «Pero al final se trata de la obediencia a Pedro, y esa es mi primera responsabilidad».
La frase sugiere que Van Megen podría interpretar su papel de forma similar a Eterović, quien se entendió desde el principio no como moderador entre sensibilidades eclesiales, sino como portavoz y transmisor de las posiciones romanas. Sus intervenciones ante las asambleas plenarias de la Conferencia Episcopal Alemana (DBK) consistían habitualmente en exposiciones sobre doctrina y derecho canónico que, con el tiempo, generaron malestar entre parte del episcopado, según la interpretación de Katholisch, lo que es un buen síntoma para los católicos.
El presidente de la DBK, el obispo Heiner Wilmer SCJ, dio la bienvenida al nuevo nuncio y destacó su experiencia en regiones de crisis: «Su larga trayectoria en la diplomacia vaticana, precisamente en regiones de crisis como Sudán, Sudán del Sur y Eritrea, demuestra que es una personalidad que anuncia el Evangelio con valentía y convicción y busca el diálogo».
El relevo de Eterović, que ejerció como nuncio en Berlín durante casi trece años desde septiembre de 2013, abre en todo caso una ventana de oportunidad para reconducir unas relaciones que en los últimos tiempos habían comenzado a distenderse tímidamente.






