(InfoCatólica) El Papa León XIV ha proseguido este miércoles su ciclo de catequesis sobre los documentos del Concilio Vaticano II dedicando la Audiencia General a la dimensión sacerdotal y profética del pueblo de Dios, tal como la describe el segundo capítulo de la Constitución dogmática Lumen gentium.
Ante los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, el Pontífice ha subrayado que el Bautismo sella de forma permanente la identidad del creyente y lo constituye en miembro activo de la Iglesia: «El primer sacramento, el que sella para siempre nuestra identidad y del que tendríamos que estar siempre orgullosos es el del bautismo», ha afirmado, recogiendo unas palabras de su predecesor, el Papa Francisco.
El sacerdocio común nace del Bautismo
León XIV ha recordado que, según la enseñanza de los Padres conciliares, el Señor Jesús instituyó mediante la nueva y eterna Alianza un reino de sacerdotes, constituyendo a sus discípulos en un «sacerdocio real» (1 Pe 2,9). Este sacerdocio común de los fieles, ha explicado, se recibe con el Bautismo, que habilita para rendir culto a Dios y para confesar la fe ante los hombres.
El Papa ha añadido que el sacramento de la Confirmación refuerza este vínculo eclesial: los bautizados «se enriquecen con una fuerza especial del Espíritu Santo, y con ello quedan obligados más estrictamente a difundir y defender la fe, como verdaderos testigos de Cristo, por la palabra juntamente con las obras» (LG, 11). Esta consagración, ha precisado, fundamenta la misión común que une a ministros ordenados y fieles laicos.
La Eucaristía, centro del sacerdocio real
El ejercicio de este sacerdocio real se despliega de múltiples maneras, todas orientadas a la santificación del creyente, pero encuentra su culmen en la participación en la ofrenda eucarística. El Santo Padre ha señalado que la oración, el ascetismo y la caridad activa son expresiones de una vida renovada por la gracia, y ha citado la síntesis conciliar: «El carácter sagrado y orgánicamente estructurado de la comunidad sacerdotal se actualiza por los sacramentos y por las virtudes» (LG, 11).
El sensus fidei, facultad de toda la Iglesia
Una parte sustancial de la catequesis se ha centrado en la dimensión profética del pueblo de Dios. León XIV ha introducido el concepto del sensus fidei, el sentido sobrenatural de la fe, apoyándose en la precisión que hizo en su día la Comisión Doctrinal del Concilio: este sentido de la fe es «como una facultad de toda la Iglesia, gracias a la cual en su fe reconoce la revelación transmitida, distinguiendo entre lo verdadero y lo falso en las cuestiones de fe».
El Pontífice ha subrayado que este don no pertenece a cada fiel a título individual, sino a los creyentes en cuanto miembros del pueblo de Dios en su conjunto. La Lumen gentium relaciona esta realidad con la infalibilidad de la Iglesia: «La totalidad de los fieles, que tienen la unción del Santo, no puede equivocarse cuando cree», enseña el texto conciliar (LG, 12).
De ello se deduce, ha explicado el Papa, que la Iglesia como comunión de fieles (incluidos los pastores) no puede errar en la fe, y que cada persona bautizada es un sujeto activo de evangelización, llamado a dar testimonio coherente de Cristo.
La vitalidad carismática del pueblo de Dios
En la parte final de su intervención, León XIV ha puesto de relieve la acción del Espíritu Santo, que distribuye sus dones entre los fieles de toda condición para la renovación y edificación de la Iglesia. Ha destacado como ejemplo de esta vitalidad carismática la vida consagrada, que «continuamente brota y florece por obra de la gracia», así como las formas asociativas eclesiales.
El Papa ha concluido con una exhortación a los presentes: «Despertemos en nosotros la conciencia y la gratitud de haber recibido el don de formar parte del pueblo de Dios; y también la responsabilidad que esto conlleva».







