(MondayVatican/InfoCatólica) En un artículo publicado en MondayVatican, el periodista italiano Andrea Gagliarducci analiza el discurso que León XIV pronunció la semana pasada en la sesión plenaria del Dicasterio para la Doctrina de la Fe y puede dar algunas pistas sobre el futuro de este órgano eclesial y otras líneas del pontificado.
Al comienzo de su pontificado, León XIV quiso «finalizar los documentos que el Papa Francisco había dejado sobre la mesa», pero no estaba claro en qué medida el Papa mantendría la postura del dicasterio o qué cambios introduciría. En ese sentido, se esperaba que el discurso de León XIV explicase sus planes para el futuro.
El tono del discurso fue «sereno y tranquilo». El Papa recordó los documentos publicados durante los dos últimos años y destacó «la gran labor del dicasterio». Aun así, ese plazo de dos años dejaba significativamente fuera, por unos pocos días, la «muy controvertida Fiducia supplicans», sobre la bendición de parejas del mismo sexo o irregulares, publicada en diciembre de 2023.
En cualquier caso, esa recapitulación de los dos últimos años, «en cierto modo, pareció señalar el cierre de un capítulo» y «marcó la conclusión de un camino que comenzó con el Papa Francisco y terminó con la publicación de los últimos documentos». Así, el Papa delimita el fin de una etapa y es probable que ahora «moldee el Dicasterio para la Doctrina de la Fe en una dirección diferente».
La pregunta del millón: ¿significa esto que el cambiará el prefecto? Según Gagliarducci, «todos suponen que el cardenal Víctor Manuel Fernández, amigo personal del Papa Francisco y su principal defensor, está destinado a jubilarse muy pronto».
El periodista italiano, sin embargo, no lo tiene tan claro, porque «el discurso del Papa revela un cambio del método de trabajo, pero ciertamente no el cambio de un prefecto». En ese sentido, «parece improbable que el Papa reemplace a un prefecto, por muy fuera de lugar que esté, cuando por razones prácticas tiene que realizar un importante cambio generacional». En efecto, la edad media de los altos cargos de la curia es muy elevada: el cardenal Michael Czerny que cumplirá 80 años en julio, los cardenales Marcello Semeraro, Arthur Roche, Kurt Koch y Kevin Farrell ya han cumplido 75, mientras que el cardenal Lazarus You Heung-sik, prefecto del Dicasterio para el Clero, pronto cumplirá 75.
En esta situación de otros muchos cambios por motivos de edad, es improbable que el Papa toque las cabezas de dicasterios más jóvenes sin necesidad. En cambio, «le resulta más fácil dar una dirección, una línea clara, y eso es lo que está sucediendo ahora mismo».
La línea que León XIV ha comenzado a trazar para el Dicasterio «es, sin duda, un cambio», por muy cuidadosa y delicadamente que lo haya expresado. «Se aleja de una postura francamente agresiva impulsada e incluso inaugurada por el Papa Francisco».
Otra diferencia clara con el pontificado anterior es la ausencia de personalismo. Según Gagliarducci, «resulta extremadamente difícil comprender quiénes son los hombres de León XIV, y quizás lo cierto sea que no existen en absoluto». El nombramiento del arzobispo Filippo Iannone como Prefecto del Dicasterio de los Obispos o el del arzobispo Redaelli como Secretario del Dicasterio del Clero no surgen de una amistad personal, sino del reconocimiento de sus habilidades. Quizás la única persona verdaderamente perteneciente al círculo de León XIV entre los nuevos colaboradores sea su secretario, monseñor Edgard Rimcauyna. Los amigos del Papa, al menos por ahora, «permanecen al margen de las funciones gubernamentales».
Muchos esperan con ansia grandes cambios, pero, según Gagliarducci, lo más probable es que el Papa siga tomándose tome las cosas con calma: «una larga fase de estudio, podríamos decir, se está transformando en una larga despedida». Aún «está por ver si el Papa cambiará primero las actitudes y después a las personas o viceversa».
En ese contexto, concluye el periodista Italiano, «quizá lo esperable sea la normalidad. A fin de cuentas, para eso fue elegido el Papa».







