(InfoCatólica) Hace una semana, el Papa León XIV quiso reanudar una antigua tradición abandonada en los últimos años del pontificado anterior: la bendición de los corderos en el día de Santa Inés (cuyo nombre significa corderilla en latín), relacionada con la posterior entrega de los palios a los arzobispos metropolitanos el día de San Pedro y San Pablo, también abandonada por el Papa Francisco.
Llamativamente, el vaticanista Austen Ivereigh criticó públicamente el hecho en la red social X como una práctica contraria a la ecología: «en la era de Laudato Si, ¿es correcto tratar así a los animales?».
Pertenece a un conjunto de vaticanistas aduladores del Papa Francisco que ya empiezan a manifestar su desagrado con el Papa León XIV, lo que el blog Wanderer califica de 'los viudos', personas que medraron en el anterior pontificado y se resisten a reconocer la nueva realidad.
Sin citarle expresamente el obispo Barron ha querido comentar la cuestión:
Algunos comentaristas se opusieron recientemente a la recuperación por parte del papa León de la antigua tradición de bendecir corderos en la festividad de Santa Inés. Durante la breve ceremonia, los animales fueron sostenidos con delicadeza, bendecidos y luego devueltos a sus cuidadores. Sin embargo, este momento pacífico y simbólico fue criticado como una forma de crueldad e incluso como una violación del espíritu de Laudato si, con el argumento de que los corderos fueron confinados momentáneamente.
Tales reacciones ilustran una tendencia en ciertos sectores del comentario católico contemporáneo a imponer lentes ideológicas sobre prácticas que son a la vez tradicionales, humanas y de carácter sacramental. El impulso de leer malicia o contradicción en gestos ordinarios, incluso tiernos, refleja una ansiedad más profunda por controlar los símbolos en lugar de comprenderlos. Cuando cada acción se trata como una declaración política o una transgresión moral, la reverencia da paso a la sospecha y el sentido común es desplazado por la indignación performativa.
Lo que revelan estos episodios no es una nueva sensibilidad moral, sino una pérdida de proporción. Los rituales y símbolos de la Iglesia, especialmente los arraigados en siglos de tradición, merecen ser interpretados con caridad y profundidad teológica, y no sometidos a los juicios reflexivos de las guerras culturales.







