Santa Rosa de Lima y la Virgen del Perú ya tienen lugar en el corazón del Vaticano

Tras una emotiva ceremonia con León XIV

Santa Rosa de Lima y la Virgen del Perú ya tienen lugar en el corazón del Vaticano

Dos piezas de arte sacro, fruto del trabajo de jóvenes artistas peruanos, fueron instaladas en los Jardines Vaticanos como signo visible de la fe del pueblo del Perú y de su aporte a la Iglesia universal.

(ACI/InfoCatólica) Este sábado, en un acto marcado por la emoción y por el sentido profundamente eclesial de la devoción popular, el Papa León XIV inauguró en los Jardines Vaticanos una imagen de Santa Rosa de Lima y un mosaico mariano dedicado a las principales advocaciones de la Virgen María veneradas en el Perú. Las dos obras, donadas por la Conferencia Episcopal Peruana, han quedado instaladas junto al Torreón de San Juan, en un lugar especialmente significativo del Estado de la Ciudad del Vaticano, como testimonio visible de la fe del pueblo peruano y de su aportación a la Iglesia universal.

La ceremonia se celebró en presencia de los obispos del Perú, que se encuentran en Roma con motivo de su visita ad limina. En ese contexto, León XIV quiso subrayar la profundidad del vínculo que le une al país sudamericano, donde desarrolló su labor como misionero y obispo. Durante el acto, el Pontífice afirmó: «Esta decisión renueva los profundos lazos de fe y amistad que unen al Perú, un país tan querido para mí, con la Santa Sede».

 

La imagen de Santa Rosa de Lima —reconocida como la primera santa de América— ha sido realizada por el joven escultor peruano Edwin Morales. La escultura está tallada íntegramente en travertino blanco procedente de Huancayo, en los Andes peruanos, un detalle que subraya el origen concreto y popular de esta ofrenda. El encargo fue confiado a la Familia de Artesanos Don Bosco, una comunidad de jóvenes artistas de los Andes del Perú formados en arte y en investigación religiosa por el P. Ugo De Censi, salesiano y fundador de la Operación Mato Grosso, fallecido en 2018.

La obra no se limita a presentar un retrato devocional, sino que representa uno de los episodios místicos más significativos de la vida de la santa limeña. La escena alude al momento en que, en la iglesia de Santo Domingo de Lima y contemplando a la Virgen del Rosario, Rosa vio aparecer al Niño Jesús entre los brazos de María, quien le pidió que se convirtiera en su esposa. El anillo y las flores que el Niño ofrece a Rosa aparecen como signo visible de ese desposorio espiritual, expresando con claridad la dimensión sobrenatural de una existencia enteramente entregada a Dios.

La escultura integra, además, una simbología cuidadosamente trabajada que recorre el itinerario vital de Santa Rosa. El ancla, presentada como signo de esperanza, remite a su milagrosa intercesión en 1615, cuando Lima fue amenazada por piratas. El rosario recuerda su pertenencia a la Tercera Orden de Santo Domingo. Y la rosa alude al nombre con el que fue conocida desde niña y que confirmó definitivamente en el sacramento de la Confirmación, recibido de manos de Santo Toribio de Mogrovejo, que en 2026 celebra un año jubilar por los 300 años de su canonización.

Junto a la estatua, se inauguró un amplio mosaico mariano, igualmente confiado por la Conferencia Episcopal Peruana a la Familia de Artesanos Don Bosco. El proyecto iconográfico fue diseñado por el artista peruano Lenin Álvarez y busca reflejar la riqueza y diversidad de la devoción mariana en el Perú, mostrando una geografía espiritual donde la fe del pueblo se reconoce bajo múltiples advocaciones, sin perder de vista el corazón doctrinal de la piedad católica.

En la parte superior del mosaico figura la Virgen de la Puerta. En el centro se encuentra la Inmaculada, subrayando de modo explícito la centralidad del dogma de la Inmaculada Concepción. En el lado izquierdo aparecen tres representaciones de la Virgen de la Candelaria, una de las advocaciones más antiguas y veneradas del país. En el lado derecho se muestran tres imágenes vinculadas a la protección: la Virgen de la Merced, que libera de las cadenas; la Virgen del Carmen, asociada a la promesa del escapulario; y la Virgen de la Evangelización, que ofrece el rosario a los fieles.

La realización del mosaico requirió seis meses de trabajo y contó con la participación de ocho jóvenes artistas de las Escuelas Taller Don Bosco, bajo la guía de Lenin Álvarez. Los rostros de la Virgen María y algunos detalles de los medallones fueron ejecutados con la técnica del micromosaico, aprendida gracias a la colaboración de Gabriele Mattiacci y Emanuela Rocchi, de la Fábrica de San Pedro, un dato que pone de relieve tanto la exigencia artística del proyecto como su integración en la tradición de artes sacras vinculada al Vaticano.

En su intervención, León XIV quiso agradecer de manera particular a los artistas y a todos los que hicieron posible la culminación de estas obras. Sus palabras situaron el acontecimiento en una perspectiva de alabanza a Dios y de contemplación de la belleza como camino hacia el Creador: «Congregados en este hermoso lugar, donde todo nos habla del Creador y de la belleza de lo creado, deseo agradecer en primer lugar a los artistas que han realizado estas obras y a quienes han hecho posible que hoy podamos disfrutar de este grato acontecimiento».

El Papa subrayó también el mensaje espiritual que acompaña a estas imágenes, insistiendo en la llamada de Dios a la santidad, que no es privilegio de unos pocos sino destino al que todos los fieles están convocados: «Estas bellas obras nos recuerdan la grandeza de la vocación a la que Dios nos llama, es decir, la vocación universal a la santidad. Los animo a ser, con la gracia de Dios, testimonio y ejemplo de esa santidad en el mundo de hoy».

En la ceremonia participó además el embajador del Perú ante la Santa Sede, Jorge Ponce Sandoval, quien agradeció al Papa «esta nueva muestra de cariño» hacia su país y reiteró que el Perú lo espera «con esperanza, con fe y con gratitud y afecto que trasciende océanos y continentes». Sus palabras fueron recibidas con aplausos por los presentes. El diplomático concluyó con una invitación directa al Pontífice: «Cada uno de los peruanos, yo en nombre de todos ellos, muchas gracias. Y, como ya sabe, lo esperamos muy pronto en el Perú», aludiendo a la posibilidad de un viaje papal este mismo año a la nación andina, donde León XIV desarrolló durante dos décadas su labor misionera y donde fue Obispo de Chiclayo.

Con la instalación de Santa Rosa de Lima en los Jardines Vaticanos, la donación peruana adquiere un valor simbólico evidente: se sella un vínculo firme entre la primera santa del Nuevo Mundo y la Sede del Sucesor de Pedro. La presencia de estas obras —una dedicada a la santidad concreta de una hija de Lima y otra a la devoción mariana de un pueblo— queda como ofrenda de fe, cultura y esperanza nacida del corazón del Perú y destinada a la Iglesia universal.

1 comentario

enrique Cheli Pedraza
Ver en GOOGLE CATHOLIC NET
Gracias ¡¡¡

Santa Rosa de Lima
1/02/26 10:39 PM

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