(InfoCatólica) El obispo de la diócesis italiana de Ventimiglia-San Remo, Mons. Antonio Suetta, ha puesto en práctica una iniciativa provida muy original: ha dedicado la nueva campana de la iglesia de su palacio episcopal a los niños no nacidos.
La dedicación se realizó el pasado 28 de diciembre de 2025, festividad de los Santos Inocentes, asesinados por los soldados del rey Herodes. Aunque los Santos Inocentes eran niños ya nacidos, es habitual en el movimiento provida pedir su intercesión, ya que los niños abortados también son inocentes y también se acaba cruelmente con su vida.
La campana de la iglesia lleva la inscripción «Por todos los niños no nacidos» y suena cada día a las ocho de la tarde. Con su dedicación, el obispo desea que sea «un recordatorio permanente de la plaga a menudo olvidada y oscurecida del aborto». Se trata, en efecto, de un hecho incómodo para la sociedad italiana: en Italia se realizan setenta mil abortos anuales. A ese respecto, el prelado espera que el sonido de la campana fomente la oración y la reflexión sobre la ley inmoral que permite el aborto provocado.
Varios políticos progresistas no han tardado en reaccionar airadamente ante la iniciativa del obispo. Un concejal ha hablado despectivamente de «propaganda moral» y ha señalado que se trata de un intento de vulnerar la «autodeterminación femenina». Un político provincial, por su parte, ha afirmado que «la diócesis debería cuestionar sus prioridades».
El obispo ha señalado que «contrariamente a los prejuicios expresados por muchos respecto a esta iniciativa, el toque de esta campana es en apoyo a la vida y no pretende ser una invectiva contra las mujeres que han abortado». Algo evidente, por otro lado. Puesto que el sonido de una campana no puede vulnerar ninguna autodeterminación, ni existe ninguna ley que prohíba que la Iglesia proclame su doctrina moral, solo cabe deducir que a estos políticos lo que les molesta es otra cosa: que se llame la atención sobre la misma existencia los niños no nacidos abortados.
En ese sentido, Mons. Suetta ha indicado que, precisamente porque que el aborto es legal en muchos países, pero se realiza lejos de la vista del público, se ha producido una preocupante «habituación» entre la población. Ojos que no ven, corazón que no siente, dice el refrán. Como resultado, la gente ha perdido la conciencia de que el aborto es un pecado e ignora la terrible realidad del procedimiento.
Un estudio realizado recientemente en Holanda ha mostrado que, en general, la ciudadanía no conoce bien lo que permite la legislación abortista. Así, en los Países Bajos la mayoría de la gente no es consciente de que está permitido matar a niños no nacidos que ya podrían sobrevivir fuera del vientre de la madre, en la 24ª semana de embarazo, algo que es rechazado por la mayor parte de la población.
Lo cierto es que gran parte del apoyo al aborto está basado en la ignorancia. Esto explica que los abortistas hagan grandes esfuerzos por mantener oculta la realidad del aborto, ya sea prohibiendo la exhibición de fotos de niños abortados u oponiéndose a las iniciativas de realización obligatoria de ecografías antes del aborto.
Mons. Suetto destaca por su forma clara de hablar, sin miedo a decir la verdad aunque alguien pueda ofenderse. A ese respecto, resaltó en una entrevista concedida hace dos años a La Nuova Bussola el peligro que tienen los obispos de hablar de forma “«vacía y a veces engañosa», porque «el riesgo del relativismo omnipresente e imperante siempre está al acecho». Asimismo, resaltó que «un pastor nunca debe eludir el grave deber de decir la verdad en su totalidad».








